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La Reina Y El Genio

La Reina Y El Genio

Status: En proceso
Genre:Mujer fuerte/hombre frágil / Completas
Popularitas:413
Nilai: 5
nombre de autor: Andreina Marquez

Alessia es hielo, poder y control absoluto. Tras la sospechosa muerte de su padre, dirige un imperio multimillonario donde no se permiten las debilidades. Matteo es un genio informático humilde y brillante, un becado universitario ajeno a la crueldad de la alta sociedad. Dos mundos opuestos que colisionan en una alianza digital inquebrantable... y una atracción posesiva que ninguno puede frenar.

NovelToon tiene autorización de Andreina Marquez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19: Interrupciones y Celos

La densa neblina de dudas que se había instalado en la habitación principal seguía flotando en el aire. Alessia miraba a Matteo con una fijeza inusual, procesando una pregunta que jamás nadie le había hecho. Justo cuando abrió los labios, decidida a hablar seriamente con Matteo y a poner en palabras lo que ese tierno genio estaba provocando en su frío corazón, el agudo sonido del timbre del penthouse resonó por toda la propiedad, rompiendo el hechizo de golpe.

Alessia soltó un suspiro de frustración. Sabiendo que había despachado a los sirvientes y que la visita solo podía ser alguien de extrema urgencia, se puso de pie de inmediato. Sin pensarlo mucho, se colocó rápidamente la misma bata de seda blanca sobre su piel desnuda, se ajustó el cinturón y caminó hacia la salida de la habitación.

—No te muevas. Regreso de inmediato —le indicó a Matteo antes de bajar las escaleras.

Matteo se quedó solo en la gran cama, rodeado por el aroma de Alessia y el desayuno a medio terminar. No estaba decepcionado, pero se quedó sumamente pensativo, con la mente hecha un caos, preguntándose cómo demonios se iría a llevar a cabo la relación con su jefa y esperando con ansias que ella subiera para darle la respuesta que tanto necesitaba.

Sin embargo, el silencio de la casa le permitió escuchar los pasos de Alessia abajo y el eco de la puerta principal al abrirse. Matteo se asomó levemente por el pasillo del segundo piso y una punzada de incomodidad le atravesó el pecho al reconocer la voz del visitante: era Alessandro, que iba llegando temprano para darle las últimas noticias sobre la venganza contra los Bianchi.

Fue en ese preciso instante cuando Matteo cayó en cuenta de un detalle que lo encendió por dentro, despertando un sentimiento que nunca antes había experimentado: celos puros y duros.

Al notar que Alessia había bajado corriendo a recibir a otro hombre llevando solamente esa bata blanca y completamente desnuda por debajo, una oleada de posesividad lo dominó. Pensar que Alessandro pudiera notar la desnudez de su jefa bajo la seda le revolvió el estómago. Movido por ese impulso irrefrenable, el joven ingeniero se vistió a toda prisa con lo primero que encontró y bajó rápidamente las escaleras dispuesto a marcar territorio.

Al llegar a la planta baja, ignoró por completo la presencia del socio de la empresaria. Con paso firme, se acercó directamente a ella, la tomó con seguridad de la cintura y le plantó un beso. Aunque fue un beso breve, un leve pero firme roce de labios, la intención quedó perfectamente clara: estaba reclamando su lugar ante los ojos del visitante.

Al separarse, Alessandro se quedó completamente estático y sorprendido, mirando a Alessia con una clara confusión pintada en el rostro. Alessia, por su parte, se mostró asombrada por la inesperada y audaz reacción de Matteo; sin embargo, al cruzar miradas con Alessandro, simplemente se encogió de hombros restándole importancia al asunto, manteniendo su habitual postura imperturbable.

Rompiendo la repentina tensión, Alessia tomó el sobre de manila y se dirigió a Matteo para hablarle del plan y de lo que debía hacer.

—Alessandro ha conseguido los accesos financieros de los Bianchi —explicó ella con voz profesional—. Tú irás con Alessandro a la oficina a organizar los detalles del ataque informático. Él te dirigirá en las instalaciones, mientras que yo me quedaré aquí en la casa y trabajaré desde mi computadora para monitorear todo en paralelo.

Alessandro asintió, recuperando la compostura, y Matteo estuvo de acuerdo. Sin embargo, al notar que el socio de su jefa guardaba un silencio absoluto tras el atrevido gesto del beso, la timidez y los nervios golpearon a Matteo de golpe. Sintiéndose de repente apenado por lo que acababa de hacer, se encogió de hombros, dio media vuelta y subió corriendo a la habitación a cambiarse de ropa, buscando ponerse un traje elegante para estar a la altura y acompañar al hombre a la empresa.

Mientras Matteo estaba arriba vistiéndose, abajo en la sala, Alessandro rompió el silencio con una sonrisa de complicidad, mirando a la empresaria.

—Veo que las cosas van de maravillas con el muchacho, Alessia... —comentó en voz baja—. Dime una cosa, ¿sientes por él algo más fuerte que lo que hubo entre nosotros cuando estuvimos juntos?

Alessia no dudó ni un segundo. Clavó sus ojos verdes en los de su socio y respondió con total honestidad:

—Por ningún hombre en mi vida he sentido lo que siento por Matteo.

Lo que ninguno de los dos imaginaba era que Matteo ya venía bajando las escaleras con su traje puesto. Al detenerse a mitad de los escalones, escuchó perfectamente la confesión de Alessia y descubrió que ella y Alessandro habían tenido una relación en el pasado. La revelación le cayó como un balde de agua fría; no le gustó en absoluto lo que acababa de oír, lo que lo colocó aún más celoso y herido de lo que ya estaba.

Ocultando su molestia bajo una máscara de seriedad, bajó apresurado el resto de las escaleras. No comentó absolutamente nada sobre lo que escuchó, pero su actitud cambió por completo: se despidió de Alessia de una manera sumamente distante, evitando el contacto visual. Alessia lo notó de inmediato y quedó muy confundida por su repentina frialdad, aunque prefirió no decir nada en ese momento para no armar una escena frente a su socio.

Matteo caminó directo hacia la salida, seguido de cerca por el visitante. Pero antes de cruzar el umbral de la puerta, Alessandro se volteó hacia Alessia y le lanzó un último recordatorio:

—Por cierto, Alessia, tienes una invitación formal a una fiesta en la mansión de tu madre. Tu mamá ha estado insistiendo mucho en que vayas a visitarla y organizó esta celebración por su propio cumpleaños para asegurarse de que estés presente. No puedes faltar.

Al escuchar la mención de su madre y el compromiso familiar, Alessia sintió una profunda pereza. Aburrida, giró los ojos hacia arriba con fastidio y soltó un bufido antes de responder de mala gana:

—Bien. Ahí estaré.

Con una última mirada de misterio entre los tres, la puerta principal se cerró, dejando a Alessia sola en el penthouse con sus computadoras, mientras Matteo se marchaba a la empresa con el corazón lleno de dudas, celos y el peso de un pasado que no se esperaba.

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Santiago Navarro
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