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La Sangre Que Doblegó Al Rey

La Sangre Que Doblegó Al Rey

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Hombre lobo / Mujer poderosa
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Caami Puig

Sophia Clarkson, 17, heredera de Luna Plateada.
Kael Drevon, 24, rey de reyes de Colmillo Negro.

No se conocen. Pero el hilo los encontró.

A 600 kilómetros, ella se quema las manos para no correr hacia él.
Él apoya la frente en vidrio frío para no decir su nombre.

NovelToon tiene autorización de Caami Puig para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

*La Prueba de los Cachorros*

El patio de entrenamiento estaba cubierto de escarcha fina. Era invierno y el sol de las diez recién empezaba a calentar la piedra gris.

Aldric no esperaba clima cálido para probar a su gente. Y menos a los cachorros.

“Si no aguantan el frío, no aguantan la guerra”, había dicho hacía años. Y lo cumplía.

Doce cachorros de la camada de primavera temblaban en fila. Tenían entre diez y doce años. Pelo corto, uniforme gris de entrenamiento, marcas de raspones frescos en las rodillas. Ninguno lloraba. Ninguno miraba al piso. Sabían lo que pasaba si lo hacían.

Aldric estaba de pie frente a ellos, brazos cruzados. No sonreía. Nunca sonreía aquí.

Detrás de él, a dos pasos, estaban Lysandra, Sophia, Kaelen y Seris.

“Hoy no voy a enseñarles a pelear”, dijo Aldric. Su voz cortaba el aire. “Voy a enseñarles a elegir.”

Señaló con la barbilla a Sophia.

“Ella va a dirigir la prueba.”

Sophia dio un paso adelante. El silencio se hizo más denso.

“Mi nombre es Sophia Clarkson”, dijo. Sin preámbulos. Sin levantar la voz.

“En diez minutos van a entender qué significa pertenecer a la manada Luna Plateada.”

“No es para expulsarlos”, continuó. “Es para clasificarlos. La manada no deja atrás a los suyos. Pero necesita saber quién va al frente cuando el frío muerda de verdad.”

Sophia señaló el círculo de tierra helada en el centro del patio.

“Regla uno: no hay armas. Regla dos: no se mata. Regla tres: cuando estén en el suelo y no puedan levantarse, gritan ‘cedo’. Nadie se va de aquí hoy. Pero solo los que queden en pie al final entrenan con los guerreros esta semana.”

No hubo cuenta regresiva.

El caos duró dos minutos. Puños, barridas, llaves mal ejecutadas. Tierra y hielo volando. Para el minuto tres quedaban nueve de pie. Para el cinco, seis.

Sophia no entró al círculo. Rodeó el borde, caminando despacio. Sus ojos no seguían la pelea. Seguían las manos, los pies, las caras. La forma en que respiraban. A quién protegían. A quién traicionaban.

“Vos”, dijo, señalando a una chica de pelo castaño que se mantenía en el borde, esquivando sin atacar. “Sal del círculo.”

La chica paró en seco. “¿Por qué? ¡No me tocaron ni una vez!”

“Porque no arriesgaste”, dijo Sophia. “No servís en la vanguardia si esperás que otros mueran por vos. Vas al grupo de retaguardia. Entrenás el doble y volvés a probar la semana que viene.”

“Vos”, dijo, señalando al chico alto que había atacado primero. “Salí.”

“¿Yo? ¡Estoy ganando!”

“Estás peleando sucio y sin cabeza”, dijo Sophia. “Cobarde con los débiles, imprudente con los fuertes. Grupo de retaguardia.”

No necesitó alzar la voz. No necesitó tocar a nadie. Su mirada era suficiente. Los que nombró salían del círculo solos.

Quedaban cuatro en el centro.

Uno de ellos, Dorian Holt, estaba arrodillado respirando con dificultad. Pero no se había rendido. Tenía los puños apretados y miraba a Sophia directo a los ojos.

“Levántate, Dorian Holt”, dijo ella. “Te quedás en el centro.”

Los otros tres se miraron. Sabían que estaban acabados.

“Última oportunidad”, dijo Sophia, parándose frente al círculo. “Cedan ahora y nadie se rompe. No cedan, y lo hago yo. Sin sangre.”

Uno cedió y salió al borde. Otro dudó medio segundo de más. Sophia no se movió. Solo dio un paso hacia él. El chico tragó saliva y salió solo, sin que la tocara.

Quedó uno.

Orión Vex. Trece años, cicatrices viejas en los antebrazos. No atacaba. No se rendía. Solo esperaba.

Sophia entró al círculo. Se paró frente a él, a un brazo de distancia. No adoptó postura de pelea.

“Vos tenés nombre, ¿no?”

“Orión”, dijo él. Voz baja, firme.

“Orión Vex.”

“Bien, Orión Vex”, dijo Sophia. “Demuéstrame por qué no estás en el suelo.”

Orión se lanzó. Rápido. Sucio. Iba a la garganta.

Sophia se movió un paso al costado. Usó su impulso para hacerlo pasar de largo y caer de cara al hielo. No lo sujetó. No lo golpeó. Solo se quedó de pie sobre él.

“¿Cedes?” dijo.

Orión tenía la cara pegada al hielo. Podía sentir el frío cortándole la piel. Podía sentir el peso de su presencia más que el de su cuerpo.

“No”, dijo.

“¿Cedes?”

“No.”

Sophia lo miró un segundo más. Luego se apartó y le ofreció la mano.

Orión la miró como si le estuviera ofreciendo veneno. Luego la tomó y se puso de pie.

“Te quedás en el centro, Orión Vex.”

Quedaron cinco en el centro: Dorian Holt, Orión Vex, Derek Ash, y dos más que aguantaron sin ceder. Los otros siete formaron el grupo exterior. Nadie fue expulsado. Nadie se fue humillado.

Sophia se volvió hacia Aldric. “Terminó.”

Aldric asintió.

“Centro entrena con los guerreros esta noche. Borde entrena el doble hasta la próxima prueba. Nadie se queda atrás. Nadie se queda cómodo.”

Los siete del borde bajaron la cabeza. No había vergüenza. Había determinación.

Aldric se volvió a sus hijos.

“Bien hecho. Rápido, limpio, sin sangre innecesaria.”

“Eran lentos”, dijo Kaelen encogiéndose de hombros. “Yo los sacaba en dos minutos.”

“Y por eso perdiste tres duelos”, dijo Seris sin mirarlo. “Por apurado.”

Sophia no dijo nada. Miraba a Orión. El chico no le devolvía la mirada. Miraba el suelo, pero no con sumisión. Con cálculo.

_Ese va a ser problema o va a ser útil_, pensó. _Todavía no sé cuál._

“Padre”, dijo Sophia. “Llegó un emisario del norte hace una hora. Está esperando en la sala de guerra.”

Aldric arqueó una ceja.

“Del Rey de Reyes.”

“Sí”, dijo Sophia. “Viene solo. Sin escolta. Dice que trae un mensaje.”

“Vamos a averiguarlo”, dijo Aldric. Y empezó a caminar hacia el salón.

Sophia lo siguió. Antes de entrar, se detuvo y miró hacia atrás.

Orión seguía ahí, mirándola.

Ella sostuvo su mirada dos segundos y entró.

Detrás, el frío seguía mordiendo. Y en el norte, otro lobo se despertaba con el pecho apretado.

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Tamara Cruz
👏
Caami Puig
Hola buenas noches!
voy a estar subiendo capitulos día por medio. así tengo tiempo de planificar y crear. espero que le guste. estaba haciendo otra novela. pero no me convencio, asiq espero que está si puedan disfrutar. muchas gracias y cualquier cosa que quieran decirme bienvenido sea❤️❤️❤️❤️🥰🥰🥰🥰
ximijass: cuando esté completa, avisa!!!!🥰🥰🥰👏☺️
total 1 replies
Claudia Correa
es entretenida, y me gusta q la trama se desarrolle en Argentina
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