Juliet Montgomery siempre supo que amar a Nicholas Sterling era un error.
Él era el hombre que todas querían. El heredero perfecto. El futuro CEO de un imperio. Y también el único hombre incapaz de verla como algo más que una simple conocida.
Durante años guardó sus sentimientos en silencio, conformándose con observarlo desde la distancia mientras él entregaba su corazón a otra mujer.
Entonces, una decisión tomada por sus familias cambió sus vidas para siempre.
Un matrimonio.
Un acuerdo.
Una promesa que ninguno de los dos deseaba cumplir por las mismas razones.
Lo que Juliet no sabía era que el destino tenía planes mucho más crueles para ambos.
Porque algunas personas necesitan perderlo todo para descubrir quién estuvo a su lado desde el principio.
Y cuando Nicholas finalmente aprendiera a verla, tal vez ella ya no estaría esperando.
NovelToon tiene autorización de Camila Da Ponte para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Siempre Demasiado Lejos
Capítulo 12: Siempre Demasiado Lejos
Nicholas Sterling
No entendía por qué seguía pensando en aquella conversación de la terraza.
Había sido una conversación insignificante.
Breve.
Normal.
Juliet había estado hablando con Daniel Harrison durante gran parte de la noche y yo simplemente había hecho una observación.
Nada más.
No debería seguir recordándolo.
Y, sin embargo, ahí estaba otra vez.
Ocupando espacio en mi cabeza.
La semana siguiente fue una de las más ocupadas del año.
Lo cual agradecí.
Cuando estaba trabajando no tenía tiempo para pensar en cosas innecesarias.
Y últimamente había demasiadas.
Sterling Group estaba negociando una expansión importante y mi padre esperaba resultados impecables.
Como siempre.
—Necesitas dormir.
Levanté la vista.
Oliver estaba apoyado en la puerta de mi oficina.
—Necesitas aprender a tocar antes de entrar.
—Y tú necesitas una vida social.
Volví a mirar la computadora.
—¿Terminaste?
—Todavía no.
—Perfecto.
Mi hermano entró igual.
—Mamá quiere que vayas a cenar el domingo.
—No puedo.
—Ni siquiera preguntaste a qué hora.
—Porque la respuesta sigue siendo no.
Oliver suspiró.
—Algún día te arrepentirás de perderte tantas cosas.
—No estoy perdiéndome nada.
—Si tú lo dices.
Aquella noche tenía planes con Vivienne.
Por suerte.
Últimamente parecía ser una de las pocas cosas estables en mi vida.
Cuando llegué al restaurante ella ya estaba esperándome.
Como siempre.
Elegante.
Hermosa.
Impecable.
Vivienne tenía esa capacidad de captar la atención de cualquier lugar al que entrara.
—Pensé que cancelarías.
Comentó cuando me senté.
—¿Por qué?
—Porque llevas semanas trabajando demasiado.
Sonreí.
—Estoy aquí.
—Sí.
Pero algo en su voz sonó extraño.
Distante.
Aunque no le di demasiada importancia.
Durante la cena hablamos de muchas cosas.
Viajes.
Trabajo.
Proyectos.
Pero cada vez que intentábamos hablar de nosotros, la conversación parecía detenerse.
Como si ninguno supiera exactamente qué decir.
Era frustrante.
Y no entendía por qué.
Dos días después tuve una reunión en Montgomery Holdings.
Nada fuera de lo común.
Nuestros grupos empresariales colaboraban constantemente.
Al llegar encontré a Richard Montgomery esperándome.
—Nicholas.
—Richard.
Nos estrechamos la mano.
—Juliet preparó los informes.
Están excelentes.
Asentí distraídamente.
—No lo dudo.
Richard sonrió con evidente orgullo.
—Se ha convertido en una mujer extraordinaria.
Durante la reunión entendí exactamente a qué se refería.
Juliet participó activamente en cada decisión.
Respondió preguntas difíciles.
Corrigió detalles que otros habían pasado por alto.
Y lo hizo con una tranquilidad admirable.
Era buena en lo que hacía.
Muy buena.
Cuando terminó la reunión todos comenzaron a retirarse.
Yo estaba guardando algunos documentos cuando escuché risas en el pasillo.
Levanté la vista por simple curiosidad.
Y vi a Juliet.
Estaba hablando con Daniel Harrison.
Parecían cómodos juntos.
Naturales.
Como si se conocieran desde hacía mucho tiempo.
Daniel dijo algo que la hizo reír.
Y por primera vez me di cuenta de algo.
Hacía mucho que no veía a Juliet reír de esa manera.
La observé apenas unos segundos antes de volver a mis asuntos.
No era asunto mío.
Ni tenía por qué serlo.
—¿Todo bien?
La voz de mi padre me sacó de mis pensamientos.
—Sí.
—Pareces distraído.
—Mucho trabajo.
Respondí automáticamente.
William Sterling soltó una pequeña risa.
—Te pareces cada vez más a mí.
No estaba seguro de que aquello fuera un cumplido.
Esa misma noche regresé tarde a casa.
Después de revisar algunos correos pendientes, me serví una copa y me senté frente a las ventanas de mi despacho.
La ciudad brillaba a lo lejos.
Silenciosa.
Inmensa.
Y por primera vez en varios días me permití simplemente pensar.
Vivienne.
La empresa.
Mi familia.
El futuro.
Todo parecía estar exactamente donde debía estar.
Entonces, ¿por qué sentía que algo faltaba?
No tenía respuesta.
Y no me gustaba no tener respuestas.
Tomé un sorbo de whisky y cerré los ojos.
Quizás solo estaba cansado.
Sí.
Seguramente era eso.
Porque mi vida seguía exactamente el camino que había planeado.
Y yo nunca me equivocaba respecto a esas cosas.
Nunca.
Lo que todavía no sabía era que el destino estaba a punto de destruir cada uno de esos planes.
Y cuando eso ocurriera, descubriría que algunas de las personas más importantes de nuestra vida son aquellas que siempre estuvieron allí...
incluso cuando nosotros jamás nos molestamos en mirarlas. ❤️📖✨