Alessia es hielo, poder y control absoluto. Tras la sospechosa muerte de su padre, dirige un imperio multimillonario donde no se permiten las debilidades. Matteo es un genio informático humilde y brillante, un becado universitario ajeno a la crueldad de la alta sociedad. Dos mundos opuestos que colisionan en una alianza digital inquebrantable... y una atracción posesiva que ninguno puede frenar.
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Capítulo 16: Cicatrices Compartidas y un Refugio Seguro
Dos días después, los médicos finalmente le dieron el alta a Matteo. Aunque los golpes ya no ponían en riesgo su salud, su cuerpo seguía débil y cubierto de moretones. Al salir del hospital, Alessia no contempló ni por un segundo dejarlo regresar a su modesto departamento en la periferia. Con una determinación inquebrantable, ordenó a su chofer que los llevara directo a su penthouse. Quería tenerlo cerca, vigilar su recuperación y asegurarse de que nadie pudiera volver a ponerle una mano encima.
La convivencia en el departamento durante esos días de reposo transformó por completo la dinámica entre ambos. Lejos de la frialdad de la oficina y del caos de la universidad, el ambiente se volvió pacífico, cálido y doméstico. Alessia se encargaba personalmente de que Matteo tomara sus medicamentos, preparándole té y sentándose a su lado en el enorme sofá de la sala. La timidez inicial del joven ingeniero comenzó a disiparse, reemplazada por una profunda gratitud y una comodidad que jamás había sentido con nadie.
Una noche, mientras la lluvia golpeaba suavemente los ventanales de Milán, la atmósfera se volvió sumamente íntima. Sentados frente a la chimenea, Alessia miró las heridas que aún sanaban en el rostro de Matteo y, por primera vez, decidió bajar por completo su guardia y abrir su corazón.
—Nunca le hablo de esto a nadie, Matteo... pero verte así me recordó lo indefensa que me sentí hace años —confesó Alessia con la mirada fija en el fuego, con una voz suave que destilaba una vulnerabilidad inédita—. Mi padre era mi pilar, el hombre que construyó todo este imperio. Cuando murió, me quedé completamente sola en un mundo de tiburones corporativos que querían despedazarme. Tuve que enterrar mis sentimientos y ponerme una armadura de hierro para que nadie me viera débil y poder defender su legado. Sé lo que es tener miedo y no tener a nadie que te cuide.
Matteo la escuchó con el corazón encogido, descubriendo el dolor oculto detrás de la imponente presidenta de la corporación. Sintiendo que ella le estaba entregando su secreto más sagrado, el joven genio se llenó de valor y decidió abrirse por completo con ella, devolviéndole esa confianza tan pura.
—Yo... yo también sé lo que es la soledad absoluta, Alessia —dijo Matteo, llamándola por su nombre de pila por primera vez, con los ojos humedecidos—. Cuando era muy pequeño, mis padres murieron en un terrible accidente de tránsito. Me quedé huérfano de la noche a la mañana. No me quedó familia, ni dinero, ni un lugar seguro. Crecí en un hogar de acogida, donde nadie me prestaba atención y donde la única forma de sobrevivir y huir de esa realidad era refugiarme en los libros y en las matemáticas. Estudiar era mi único boleto de salida. Por eso me dolió tanto lo que pasó en la universidad... porque esa beca y mi esfuerzo eran lo único que tenía en la vida. Hasta que apareciste tú.
Alessia sintió un nudo en la garganta al escuchar la trágica infancia de Matteo. Se acercó a él lentamente, pasó sus brazos alrededor de su cuello y lo atrajo hacia su pecho en un abrazo profundo, tierno y protector. Matteo se aferró a su cintura, escondiendo el rostro en su hombro, dejando ir por fin toda la tensión y el dolor acumulados durante años.
En ese abrazo de almas rotas, la unión entre la poderosa empresaria y el estudiante becado se selló para siempre. Ya no se trataba solo de atracción física o de un romance prohibido; se habían convertido en el refugio del otro, encontrando en sus pasados trágicos la fuerza para un futuro inquebrantable.