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Bajo La Luna De Sangré

Bajo La Luna De Sangré

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Romance / Hombre lobo / Completas
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Orozco

🐺 Sinopsis
En los bosques montañosos de Cali, la joven Valeria Andrade descubre que su destino está ligado a una antigua manada de hombres lobo. Cuando conoce a Adrián Blackwood, el alfa más poderoso del continente, una conexión irresistible los une. Pero una profecía anuncia que su amor podría salvar a todas las manadas… o destruirlas para siempre.
Traiciones, guerras entre clanes, secretos familiares y una pasión prohibida marcarán esta historia épica.

NovelToon tiene autorización de Orozco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

ojos dorados en la noche

Valeria no recordó con claridad cómo logró regresar a casa aquella madrugada.

Sus piernas se movían por instinto mientras su mente seguía atrapada en el claro del bosque, en aquellos ojos dorados que parecían haber visto directamente dentro de su alma. El colgante de plata descansaba en el bolsillo de su chaqueta, y aunque había intentado dejarlo caer varias veces durante el camino, una fuerza inexplicable la obligaba a conservarlo.

Su casa, una antigua finca a las afueras de Cali, estaba envuelta en el silencio de la madrugada. Las ventanas permanecían oscuras y el aroma de café de la tarde anterior aún flotaba en la cocina. Su abuela Elena, la única familia que le quedaba, dormía en la habitación del fondo.

Valeria cerró la puerta con cuidado, dejando las botas embarradas junto a la entrada. Niebla apareció entonces desde debajo de la mesa, moviendo la cola con total tranquilidad.

—¿Aquí estabas todo este tiempo? —susurró, entre molesta y aliviada.

El perro gimió suavemente y apoyó el hocico en su mano, como si percibiera que algo dentro de ella había cambiado.

Valeria subió a su habitación, encendió la lámpara del escritorio y vació los bolsillos de la chaqueta. Cuando el colgante de luna cayó sobre la madera, un reflejo plateado recorrió las paredes.

Era una pieza antigua, finamente trabajada. En la parte posterior había un grabado casi borrado por el tiempo: dos lobos enfrentados bajo una luna llena y, en el centro, un símbolo que no reconoció.

Al tocarlo de nuevo, un estremecimiento le recorrió la espalda.

No escuchó la voz esta vez, pero sintió un latido. No provenía del metal, sino de su propio pecho, como si su corazón hubiese encontrado un ritmo diferente.

—Estoy agotada —murmuró para sí misma—. Eso es todo.

Intentó convencerse de que la imagen del hombre de ojos dorados había sido producto del miedo. Sin embargo, al acostarse y cerrar los ojos, volvió a verlo con absoluta claridad.

Alto. Imponente. El cabello negro cayendo sobre su frente. La mandíbula tensa. Y esa mirada intensa que combinaba ferocidad y una extraña ternura.

Valeria se despertó sobresaltada poco antes del amanecer.

La ventana estaba abierta.

El viento agitaba las cortinas y, sobre el alféizar, encontró cuatro marcas profundas, como si unas garras hubieran arañado la madera.

Su respiración se aceleró.

Se acercó despacio y miró hacia el exterior.

Nada.

Solo el jardín cubierto por la neblina y los árboles oscuros del bosque en la distancia.

—No puede ser.

Guardó el colgante en el cajón de la mesa de noche y se prometió no volver a pensar en aquello.

Pero el destino no tenía intención de dejarla en paz.

A la mañana siguiente, la voz de su abuela la despertó.

—Valeria, el desayuno está listo.

Elena Andrade era una mujer de cabello plateado y ojos agudos que parecían ver mucho más de lo que admitía. A sus setenta años conservaba una presencia firme y elegante.

Valeria bajó a la cocina intentando parecer tranquila.

—Tienes mala cara —observó Elena mientras servía chocolate caliente.

—Dormí mal.

—¿Volviste al bosque?

Valeria se quedó inmóvil.

—¿Cómo lo sabes?

Elena sostuvo su mirada por un segundo demasiado largo.

—Porque tienes la misma expresión que tu madre la última vez que salió de noche.

El nombre de su madre siempre traía consigo un vacío doloroso. Había desaparecido cuando Valeria tenía cinco años. Nadie encontró nunca una explicación convincente.

—Abuela… ¿qué quieres decir?

Elena dejó la taza sobre la mesa.

—Hay secretos que no pueden permanecer enterrados para siempre.

Antes de que pudiera continuar, un fuerte golpe en la puerta interrumpió la conversación.

Valeria fue a abrir.

En el umbral había un hombre alto, vestido con una chaqueta negra. El cabello oscuro enmarcaba un rostro de rasgos perfectos y expresión severa.

Y sus ojos…

Eran dorados.

El aire abandonó los pulmones de Valeria.

Era él.

El hombre de sus visiones.

El mismo que había visto en su mente al tocar al lobo herido.

Por un instante, ninguno de los dos habló.

El desconocido parecía contener una emoción poderosa. Sus manos estaban tensas a los costados y su mirada recorría el rostro de Valeria con incredulidad.

—Valeria Andrade —dijo al fin con una voz grave y profunda.

No era una pregunta.

—¿Quién eres?

El hombre inclinó ligeramente la cabeza.

—Mi nombre es Adrián Blackwood.

Adrián Blackwood dio un paso atrás, como si temiera asustarla.

—Necesito hablar contigo.

Valeria sintió el impulso de cerrar la puerta.

—No creo que tengamos nada de qué hablar.

Elena apareció detrás de ella y, al ver al visitante, palideció.

—No —susurró.

Adrián dirigió la mirada hacia la anciana.

—Ha pasado mucho tiempo, Elena.

—Te dije que nunca regresaras.

La tensión en la cocina se volvió casi insoportable.

Valeria miró de uno a otro.

—¿Ustedes se conocen?

Elena apretó los labios.

—Entra —dijo finalmente.

Adrián cruzó el umbral con la misma cautela de un depredador contenido.

Niebla, que normalmente ladraba a los extraños, se acercó moviendo la cola y se sentó a sus pies.

—Traidor —murmuró Valeria.

Adrián esbozó una sonrisa breve, la primera señal de calidez en su rostro.

Tomaron asiento en la sala.

Valeria permaneció de pie.

—Empieza a hablar.

Adrián sostuvo su mirada.

—Lo que voy a decirte sonará imposible.

—Anoche vi un lobo del tamaño de un caballo y escuché una voz en mi cabeza. Mi estándar de “imposible” cambió bastante.

Por primera vez, Adrián pareció sorprendido.

—Entonces ya comenzó.

—¿Qué comenzó?

Él respiró hondo.

—El vínculo.

La palabra resonó dentro de Valeria como un eco.

—No entiendo.

Elena cerró los ojos, resignada.

—Porque es hora de que sepas la verdad.

Adrián se puso de pie y caminó hasta la ventana.

—Existen clanes de cambiaformas que han vivido ocultos durante siglos. Hombres y mujeres capaces de transformarse en lobos.

Valeria soltó una risa incrédula.

—Eso es absurdo.

—Y, sin embargo, viste a uno.

No tuvo respuesta.

—Yo soy el alfa de la manada Blackwood —continuó Adrián—. Y tú… eres mi compañera destinada.

Las palabras quedaron suspendidas en el aire.

Valeria sintió un calor intenso en el pecho, justo donde había guardado el colgante la noche anterior.

—No.

—No es algo que ninguno de los dos eligió.

—No me conoces.

—Mi lobo te reconoció en cuanto te vio.

Valeria retrocedió.

—Esto es una locura.

Elena se acercó y tomó sus manos.

—Tu madre también pertenecía a ese mundo.

Valeria la miró, devastada.

—¿Me mentiste toda la vida?

—Te protegí.

—¿De qué?

Adrián respondió con dureza.

—De aquellos que desean usar tu sangre.

—¿Mi sangre?

Elena asintió lentamente.

—Eres descendiente de la línea de Selene, la mujer mencionada en una antigua profecía.

Valeria sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

—No puede ser.

Adrián sacó algo del bolsillo y lo colocó sobre la mesa.

El colgante de luna.

El mismo que ella había guardado en el cajón.

Valeria llevó una mano a su pecho.

—¿Cómo…?

—Ese amuleto siempre encuentra a su portadora.

Lo tocó con dedos temblorosos.

Una visión la golpeó de inmediato.

Un círculo de lobos rodeando un altar de piedra.

La luna teñida de rojo.

Adrián, cubierto de sangre, arrodillado frente a ella.

Y una voz femenina susurrando:

—Solo la unión de la luna y la sangre podrá salvarlos.

Valeria se apartó con un grito.

Adrián la sostuvo antes de que cayera.

En el instante en que sus pieles se tocaron, una descarga recorrió ambos cuerpos.

Los ojos de Adrián brillaron con intensidad sobrenatural.

Su respiración se volvió agitada.

—Valeria…

Ella levantó la vista y quedó atrapada en su mirada.

Por un momento, todo el miedo se mezcló con una atracción imposible de ignorar.

Sintió que lo conocía.

Que una parte de ella lo había esperado durante toda su vida.

Y eso la aterrorizó más que cualquier otra cosa.

Se apartó bruscamente.

—Necesito estar sola.

Adrián inclinó la cabeza.

—Lo entiendo.

Se dirigió hacia la puerta, pero antes de salir se volvió hacia ella.

—No importa cuánto huyas del destino. Yo te encontraré.

Cuando se marchó, el silencio llenó la casa.

Valeria se dejó caer en el sofá.

—Dime que esto no está pasando.

Elena se sentó a su lado.

—Tu vida acaba de cambiar, hija.

Valeria cerró los ojos.

A través de la ventana, el bosque parecía más oscuro que nunca.

Y en lo profundo de los árboles, dos ojos dorados seguían vigilándola.

El vínculo había despertado.

Y con él, también lo habían hecho enemigos que llevaban años esperando el regreso de la heredera de la luna.

1
Yizeth Guesaco
me gusta esta historia 🐺
Yizeth Guesaco
interesante 🐺🐺🐺
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