Para el mundo, Ada Medina de 35 años es una ingeniera en sistema muy exitosa en un campo dominado por hombres, pero para su familia, es solo la hermana que nunca superó a su amor de la infancia Sebastián Hernández, sin embargo, bajo la sombra de la etiqueta de “pagafantas” que su hermana Victoria con malicia se encargó de difundir, la realidad es que Ada guarda un secreto.
Desde hace años Ada vive un romance clandestino con Damián Hernández un valiente bombero de 37 años, y hermano mayor de Sebastián.
Al ser ambos los eternos postergados y los “segundos” de sus respectivas familias, han preferido mantener en secreto su “vínculo” bajo la imagen de una simple amistad para evitar el estallido de conflictos muy dolorosos.
Pero el silencio tiene un límite y Ada está a punto de demostrar que no es el plan B de nadie, y que el amor de su vida siempre estuvo ahí, esperando el momento adecuado para salir a la luz.
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Capítulo II: Bajo sus propias narices
Ada entrelazó su brazo con el de su padre, y fue un momento muy incómodo para ambos, y cuando las notas de la marcha nupcial se escucharon ellos comenzaron a andar, Gerardo caminaba con rigidez porque no quería estar allí, además de que sabía que su hija aceptó ser llevada al altar por él solo para complacer a su abuelo.
Paso a paso los invitados elogiaban lo hermosa que era la novia, lo activa que era en la comunidad, y lo afortunado y valiente que era el novio, Gerardo se sentía asfixiado porque de la persona que hablaban con tanto entusiasmo era una hija sobre la cual era mucho lo que desconocía, quería preguntarle por qué se casaba en esas circunstancias, y porque no le presentó formalmente a su prometido antes de la boda, pero en este punto ya sobraban las explicaciones, aunque su impresión fue monumental cuando al final del pasillo la persona que esperaba era Damián.
El resentimiento de Gerardo hacia Damián no solo se debía a las manipulaciones de Victoria acerca de que era un mujeriego, sino a la vez que casi se van a las manos por Damián defender a Ada cuando fue castigada injustamente, y fue justo en ese momento cuando Gerardo, a pesar de su furia, lo comprendió todo: no era simple afecto, ni una amistad de la infancia, sino que aquel "bruto" se había enamorado de su hija desde hacía mucho tiempo.
—No voy a permitir que te cases con ese hombre —masculló Gerardo, sin dejar de caminar—Tiene fama de mujeriego y es un tipo abiertamente violento.
—Es curioso que lo llames playboy —respondió Ada, con una calma que cortaba como el hielo—Cuando tú mantenías una familia paralela mientras estabas casado con mi madre, Victoria y yo tenemos la misma edad, papá; solo nos separan unos meses.
Ada no sabía de donde nació esa fama de Damián, pero suponía que eso era obra de su “querida hermana”, porque en los diecisiete años que duró su relación secreta nunca encontró ni un solo rastro de otra mujer en la vida de su prometido, y en cuanto a lo de "violento" no era más que el recuerdo de aquella vez que Damián, siendo joven, puso en su sitio a un grupo de amigos de Victoria los cuales pretendían humillarla.
—¡Ya supera el pasado! —siseó Gerardo lleno de ira.
—Lo superé, pero eso no implica que lo haya olvidado
—Es un discapacitado—añadió él con disimulado desdén observando el bastón.
Damián en ese momento se estaba recuperando de una lesión sufrida en su trabajo en donde casi pierde la vida rescatando a una familia en medio de un incendio, había sido condecorado por el alcalde de la ciudad como un héroe, y para Ada ver a su padre desdeñarlo por sus heridas en el cumplimiento del deber, fue la gota que colmó el vaso.
—Está convaleciente, papá, no es un lisiado —lo corrigió Ada con firmeza—Y aunque lo fuera, es el hombre que elegí, y no puedes hacer nada; porque si lo olvidaste, en este país, para celebrar una ceremonia de bodas antes debes haber pasado por el registro civil, así que estamos casados legalmente desde hace días.
Mientras tanto en los asientos el grupo observaba con reacciones muy diversas, Victoria se clavaba las uñas en la palma de su mano, recordaba con odio como desde joven intentó seducir al atractivo Damián, pero este la veía con desdén como si se tratara de un insecto incluso le mostraba una expresión de asco.
Sebastián aún seguía sin procesar que su propio hermano al que consideraba “un bruto” se hubiera quedado con la mujer que él siempre dio por sentada.
Mónica por su parte rechinaba los dientes porque esa molesta hijastra se había casado con un hombre excepcional y a sus ojos ella no merecía ni las sobras de un banquete.
Pero al final del pasillo frente al altar nada de eso importaba porque Damián solo observaba como Ada se acercaba con anhelo y ese enorme hombre, fuerte y valiente tenía los ojos enrojecidos debido a la emoción de casarse con ella.
Frente al altar Ada soltó finalmente el brazo de su padre, y caminó hacia Damián, se detuvo frente a él y sintió como con dedos temblorosos él levantó su velo, y al despejar la tela ella también tenía los ojos húmedos.
—Te amo —susurró ella, con un hilo de voz que solo él debía escuchar.
—Yo también ... te amo —respondió él con una sonrisa que iluminó su rostro cansado por la convalecencia.
El momento estaba tan cargado de emoción que los presentes se sentían muy conmovidos debido a esa conexión tan especial.
A pocos metros tanto Sebastián como Victoria los observaban con envidia, pensando en cómo era posible que esos dos que siempre fueron los relegados y considerados los desechos de sus familias, no solo eran ciudadanos respetados y admirados por su entorno, sino que entre ellos existía mucha complicidad, lo cual hacía que de repente su matrimonio no tuviera ningún sentido.
La ceremonia transcurrió sin mayores contratiempos más allá de hecho de que el novio se negaba a sentarse intentando cumplir con todos los ritos al pie de la letra, sin embargo, el hecho de que estuviera vivo ya era en sí un milagro, porque su cuerpo, aunque castigado por el accidente, respondía a una voluntad de hierro, aunque por consejos médicos no debía excederse.
—Me voy a enojar si no te portas bien —le susurró Ada al oído, mientras lo sostenía discretamente— Y sabes que, en mi estado, los disgustos no son buenos.
Damián la miró de reojo, suavizando de inmediato la expresión de su rostro y entrelazando sus dedos con los de ella.
—Está bien cariño, ya me voy a sentar... solo no te enojes —respondió él con un suspiro.
Damián a regañadientes aceptó el descanso, era un hombre muy fuerte porque otro en su misma situación aún estaría postrado en una cama de hospital, sin embargo, él insistió en casarse sin demora porque Ada estaba embarazada y quería que al nacer su hijo tuviera una familia completa, sin cargar con el estigma de los diecisiete años de ambigüedad entre sus padres.
No hubo baile entre los novios porque Damián no podía esforzar su cuerpo que se encontraba en recuperación, sino que en su lugar la novia bailó con su abuelo y luego con su hermano menor y este fue un momento muy divertido, de manera que nadie notó que no hubo un baile entre padre e hija.
Cuando Sebastián quiso bailar con ella se dio cuenta de que los colegas de Damián, sus “hermanos de fuego” habían hecho una fila para bailar con la novia haciéndolo a un lado.
Y mientras la amorosa pareja brindaba con sus invitados y escuchaban con atención el discurso del debilitado Don Aurelio el cual sentía que podía irse sin remordimientos ahora que su nieta finalmente había hallado su lugar. Entre tanto Sebastián acechaba su oportunidad, esperando a que Ada se dirigiera al tocador para interceptarla a la salida.
—Te lo tenías muy bien guardado —escupió él, destilando un odio que apenas lograba disimular—¿Cuánto tiempo llevas burlándote de todos nosotros?
Ada cruzó los brazos con una frialdad que lo descolocó, pensando en que pudo ver en él cuando era una adolescente y con tristeza comprendió que él le daba lo único que ella mendigaba de niña y era “atención”, no obstante, al crecer, Sebastián la convirtió en la "amiga enamorada y útil", y esa presencia incómoda que siempre estaba disponible, estas eran dinámicas propias de la juventud, pero ahora que se encontraban en sus treinta y cinco años, no tenía cabida en su vida.
—¿Acaso pensabas que mi vida se había terminado el día que escogiste a Victoria? —replicó Ada con una calma gélida—Y que te esperaría por siempre.
—Ada ... yo supuse que no te casabas, ni tenías novio porque aún me amabas—respondió Sebastián con prepotencia.
— Mira Sebastián no sé en qué mundo puedes pensar semejante tontería y lo único que lamento es no haberte dado un par de bofetadas el día que descubrí lo que realmente pensabas de mí.
Sebastián con un dejo de prepotencia pensando en que aún tenía un espacio en su corazón la retó:
—¿Entonces por qué no lo hiciste?—la retó buscando un rastro de dolor en sus ojos—¿Acaso no es porque en el fondo guardabas un poco de esperanza de que me divorciara de ella y volviera por ti?
—Por consideración a tu hermano—dijo Ada usando el nombre de su esposo como un escudo— Porque Damián es tan noble que, a pesar de lo mal que lo tratas, todavía te guarda afecto.
—¡No puedes estar enamorada de ese bruto! —siseó él, herido en su ego—Y mucho menos ahora, que no es más que un lisiado que necesita un bastón para mantenerse en pie.
Ada negó con la cabeza y soltó una risa seca porque Sebastián como siempre intentaba minimizar a su hermano, sin sospechar siquiera que era un hombre que lo superaba en todos los sentidos y la intensidad de lo que ellos compartían, porque si él supiera cuántas veces ella llegó a las reuniones familiares con la piel aun ardiendo por las caricias de Damián de la noche anterior, no sería tan presumido; pero Ada era una dama, y ese secreto era el tesoro más dulce de su intimidad con su esposo.
—Piensa lo que te dé la gana—dijo ella dándole la espalda—Pero esto no es despecho, ni resignación, mucho menos un premio de consolación, sino algo que tú y Victoria jamás entenderían ni en mil vidas y esta es la última vez que te permito que hablemos sobre este tema, hace diecisiete años que saliste de mi corazón y si fui buena contigo todo este tiempo es porque eres mi cuñado.
Mientras Ada se alejaba caminando hacia su esposo con mucho estilo enfundada en su exquisito vestido de novia estando embarazada de 16 semanas, se sentía muy satisfecha con la vida que de forma inconsciente había construido junto a Damián.
Entre tanto en la mente de Sebastián una pregunta le martillaba como un eco insoportable y era: ¿Cómo y cuándo, bajo sus propias narices, esos dos se habían convertido en el universo del otro?
hermosa me encantó 💕
en ningún momento ella se dejó almedendrar x esos atorrantes poca cosa , dejan mucho q desear como personas especialmente el padre