Allison Sinclair se ve involucrada à la hora de salvar a un desconocido, sin saber que estaba ayudando nada más y menos que un temido y poderoso líder de la mafia, Darek Maxwell, el cual toma una decisión…la deberá proteger. Sin imaginar que con el paso del tiempo la atracción entre ambos será una chispa que desencadenará una pasión que levantará amenazas y traiciones…. Acompáñenme a descubrir que les deparará el destino a estos personajes. Y aquí vamos!
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Temerario
Derek levantó la mirada hacia la mujer, al escuchar esa confesión. Parpadeó un par de veces antes de volver a preguntarle.
— ¿Puedes repetirme eso? Mejor dicho quisiera saber más.
El silencio le respondió por unos instantes.
— ¡Si..! Un maldito monstruo que era su novio supuestamente, pero que tenía otros planes para mi hija. — Un traficante de personas. Ya la había vendido pero Ali lo descubrió,— le echó a perder el negocio lo metimos preso pero….
— ¡Salió….! Por no haber suficiente evidencia. Terminó el mafioso la frase.
Karen lo miró asintiendo.
—¡Quiere hacerle daño! — Le reveló. Una quietud pesada y sofocante que le erizó la piel, al recordar lo que pudo haber hecho contra su hija.
—¡Y aquí estamos! — Huimos en cuanto el abogado nos comunicó que saldría en un par de días. — Estamos seguras que nos buscará. Exclamó con los ojos aguados.
— ¿Confías en mí? — Preguntó con una idea rondando su cabeza.
— ¡Me lo has demostrado! — A pesar que te acabamos de conocer, me has dado la impresión que puedo hacerlo! Ni yo misma lo entiendo.
El mafioso sonrió complacido.
Ese infeliz a firmado su sentencia, no permitiré que vuelva a tocarle ni un cabello. Y no te preocupes lo enterraré antes de que vuelva a querer hacerle daño. — Entonces esto haremos.
— ¡Primer paso! — Ella no debe volver al club. Es por su propia seguridad.
— ¡Siguiente! — Convéncela de trabajar a mi lado en una de mis empresas. — Mandaré a mi asistente para que la dirija. Habrá alguien a su cuidado de incógnito por su puesto.
— ¿Porque haces esto? — Quiso saber la mujer. — Puedes hablarme con la verdad. Si yo confío en ti que sea equitativo. Expresó.
Derek se quedó pensando un instante.
— ¡Le debo mi vida! — Aparte, jamás me había sentido atraído por ninguna mujer como con ella.
— No se si debo alegrarme o asustarme. Asumió Karen con una sonrisa nerviosa.
— ¡Lidereo la mafia! — ¡Soy dueño de más de la mitad de la ciudad! — mato y entierro a mis enemigos. — Deberías temer. Sentenció el mafioso. Haciendo reír a la mujer.
UNA HABITACIÓN DE UN HOTEL
— Conozco un par de hombres aquí. Me deben un favor, creo que ya es hora de cobrarme. Exclamó Diego hacia Amanda, quien terminaba de vestirse.
— ¿La buscaras? — Preguntó la mujer mirándolo de reojo, pues había pensado que quizás ya se olvidaría de ella.
— No seas ridícula Amanda. — ¿A qué viene tu pregunta? — Sabes que a eso he venido, le dijo mirando la pantalla de su teléfono.
— ¿Estás seguro que es solo eso? — Preguntó con los celos a flor de piel.
— ¡Deja tus ridiculeces Amanda! — Tu sabías lo que pretendía con ella, además tú y yo solo follamos eres tú quien quieres seguirme. Le advirtió con mal humor.
Amanda exhaló, siempre lo supo, siempre se lo había dicho. De pronto se sintió deplorable. Lo observó alejarse con una llamada que había recibido.
— ¡La encontramos! — Dijo de pronto a viva voz con una sonrisa, y que Amanda le hizo pasar hiel por la garganta. Era su realidad.
Lo miró encerrarse en la ducha con el teléfono, mientras ella se consumía en la cama de frustración.
DEPARTAMENTO
—No tenía pensado volver a ese sitio mamá, de echo creo que estoy despedida. Agregó la chica. Ahora tengo que empezar a buscar otro empleo. Dijo decepcionada.
—Si me hicieras caso. — Yo en tú lugar le pediría un espacio al papacito que te llevo a su casa. Le dijo haciendo una de sus muecas aparentando desmayarse. — Haciéndo reír a las dos mujeres.
— No alucines Samy, crees que ese hombre me volvería a buscar y menos para ofrecerme un empleo, negó.
— ¿Y tú cómo sabes? — La vida puede traer sorpresas no solamente problemas. Será mejor que nos apuremos, — hoy empezamos a pintar ya me llegaron las pinturas. Mejor dense prisa. Argumento la mujer obligándolas a ponerse de pie.
PROPIEDAD DOUGLAS
— ¡Señor llego esto! — Exclamó uno de los hombres del Narco mafioso Elías, quien se extrañó. Era una caja de regalo.
—¡Ábrela…! Ordenó. — El hombre sin dudarlo obedeció. Tres envolturas como si fuera algo valioso haciendo más extraña la acción.
— Pero en el último jalón salto un pedazo de carne hasta que el mafioso se acercó con una punta de lápiz.
— ¡Una lengua! — ¡Hay más señor! Las orejas volvió a ver con la respiración agitada! Y los ojos. —Maldita sea, ya sabe que fui yo, lo hizo hablar. Asumió traspirando. Derek Maxwell era de temer y ya lo tenía en la mira.
— ¡Comunícame con Konrad Müller! — Ordenó poniendo la caja en la encimera.
Su hombre hizo la llamada pasándole el móvil, sabiendo que empezaría la guerra, pues habían provocado a un terrible asesino, y ahora con Konrad las cosas pintaban peor.
— ¿Te volviste loco? — Respondió Konrad en el otro lado de la línea. — como se te ocurrió provocarlo, bufo. Al menos un mes tendrás que esperar, estoy a días de casarme y no pienso dejar nada por ti. Te aviso cuando me sea posible, ve estudiando sus puntos fuertes. Farfulló colgando.
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