⚠️🚫🔞Gus se ve arrastrado al peligroso entorno de Arlo, un lugar donde el lujo se mezcla con la letalidad de la mafia. En esta atmósfera de alta tensión y misterio, la resistencia inicial de Gus se transforma en una fascinación oscura hacia su captor. Atrapado en una red de secretos y deseos intensos, Gus deberá decidir si luchar por su antigua vida o sucumbir a la magnética y peligrosa atracción de un hombre que no acepta un no por respuesta. Una historia de poder, entrega y los límites del alma.🔞🚫⚠️
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Delirio
El olor a pólvora quemada y a sangre fresca transformó el pasillo trasero del teatro en una zona de guerra en cuestión de segundos. Arlo Baxter permanecía pegado a la pared de hormigón, con la espalda firme contra la superficie y la pistola semiautomática de grueso calibre sostenida a la altura de su rostro. Su respiración era pausada, rítmica y fría; la adrenalina de un enfrentamiento armado no le provocaba pánico, sino una claridad letal que le venía de familia. Su padre le había enseñado que un verdadero líder de la mafia nunca pierde la compostura, ni siquiera cuando tiene la muerte a un centímetro de distancia.
Con un movimiento fluido de sus hombros, Arlo se asomó por la esquina del corredor. Los tres hombres encapuchados avanzaban en formación táctica. Eran profesionales enviados por el cartel rival del muelle, tipos que sabían cómo moverse en la oscuridad. Pero Arlo jugaba con una ventaja que ellos ni siquiera podían imaginar.
Bajó la vista hacia su mano izquierda. Los dos hilos de energía carmesí brillaban con un tono rojo sangre intenso y vibrante. Sentía las pulsaciones de Gus Fletcher a través de las líneas, un latido desbocado, aterrorizado pero profundamente conectado a su voluntad. El cantante seguía acostado en el sofá del camerino, temblando por los efectos del beso y el pánico del tiroteo exterior.
—Cometieron un error al venir a mi territorio —murmuró Arlo para sí mismo, con su voz gruesa y áspera apenas audible en la penumbra.
Arlo salió de la cobertura de la pared con la velocidad que asustaría a cualquiera. Apuntó con el brazo derecho completamente rígido y apretó el gatillo dos veces en una ráfaga limpia y coordinada. El silenciador integrando ahogó las detonaciones, convirtiéndolas en dos soplos secos de aire comprimido.
Los dos primeros atacantes cayeron al suelo al instante, con impactos certeros en el centro del pecho que tiñeron sus chalecos tácticos de un rojo espeso.
El tercer encapuchado reaccionó con rapidez, lanzándose hacia atrás para cubrirse detrás de un contenedor de equipo técnico de metal. Comenzó a disparar a ciegas por el pasillo, astillando las paredes de madera del teatro y rompiendo las luces del techo. El corredor quedó sumido en una oscuridad casi total, rota únicamente por el resplandor carnal de los hilos de Arlo.
Sin embargo, mientras mantenía al último tirador bajo fuego de contención, Arlo sintió un tirón violento y punzante en la palma de su mano izquierda. El lazo carmesí se estiró con un zumbido eléctrico invisible que le recorrió el brazo. Su instinto criminal, agudizado por años de sobrevivir en los bajos fondos, le gritó que algo andaba mal en el camerino.
A través de la conexión del hilo, Arlo percibió una presencia extraña cerca de Gus. Un cuarto asesino había burlado la seguridad exterior del teatro, utilizando los conductos de ventilación o las entradas de servicio del backstage, y acababa de romper el cristal de la ventana trasera del camerino privado para eliminar al cantante estrella.
La furia fría de Arlo explotó. Nadie tocaba lo que era suyo. Nadie se atrevía a ponerle una mano encima a su dócil.
Arlo se pegó de nuevo a la pared del pasillo oscuro, a diez metros de la puerta del camerino. No podía entrar físicamente a proteger a Gus sin exponerse al tirador del pasillo. Pero no lo necesitaba. Tenía los hilos. Tenía el control absoluto de la anatomía del cantante.
Cerró los ojos por un milisegundo, concentrando toda su voluntad y su fuerza mental en las líneas carmesí que nacían de sus dedos. Abrió la mano izquierda y movió los dedos con una precisión milimétrica, como un titiritero experto manipulando a su muñeco más preciado en medio de una función macabra.
—Muévete, Gus —ordenó Arlo en un susurro, tensando el hilo de la muñeca y el del tobillo del joven de forma simultánea.
Dentro del camerino, Gus Fletcher se encontraba paralizado por el pánico, tirado en el sofá con los ojos verde café abiertos de par en par. El cristal de la ventana lateral acababa de estallar en mil pedazos, y un hombre corpulento vestido de negro, con un cuchillo militar táctico en la mano derecha, había saltado al interior de la habitación. El asesino tenía la mirada fija en el pecho del cantante, listo para silenciarlo antes de que pudiera dar la alarma.
((Pido disculpas mis Chickis, como que mi mente no quiere abandonar "El Fantasma" 🫣👻💥))
Gus intentó gritar, intentó mover las piernas para correr hacia la puerta, pero su cuerpo no respondió a sus propias órdenes cerebrales.
En lugar de eso, una corriente eléctrica y caliente, de un tono rosa abrasador, le recorrió los músculos de arriba abajo. Gus soltó un jadeo ahogado cuando sintió que una fuerza invisible, masiva y completamente dominante tomaba el control de sus tendones. Sus propios ojos vieron cómo su cuerpo operaba de manera ajena a su voluntad, con una agilidad y una fuerza descomunales que no le pertenecían.
A diez metros de distancia, en el pasillo oscuro, Arlo movió los dedos índice y medio de la mano izquierda hacia arriba con un tirón seco.
En el camerino, el cuerpo de Gus se elevó del sofá con un resorte perfecto, esquivando la primera estocada del asesino por una milésima de segundo. El cuchillo militar cortó el aire, rasgando el cuero del sofá. El cuerpo de Gus se posicionó en una postura de combate impecable, con las piernas firmes y el torso inclinado hacia adelante, manteniendo el equilibrio de forma milagrosa a pesar de estar usando solo sus pantalones de cuero negro y la camisa desabrochada.
—¿Qué demonios...? —exclamó el asesino, sorprendido por los reflejos sobrehumanos del artista.
Arlo sonrió de medio lado en la penumbra del pasillo, sintiendo la resistencia física del atacante a través del lazo. Movió su mano izquierda en un semicírculo rápido hacia la derecha, imitando un golpe de artes marciales.
Guiado por la mano del mafioso, el brazo derecho de Gus se lanzó hacia adelante con una velocidad pasmosa. El cantante cerró el puño con una rigidez de piedra y le propinó un puñetazo directo a la mandíbula del asesino. El impacto del hueso contra la carne resonó con un crujido seco en el camerino. El hombre corpulento tambaleó hacia atrás, soltando el cuchillo por el dolor del golpe. Gus sentía el ardor del impacto en sus propios nudillos, pero el dolor desaparecía de inmediato, mitigado por la calidez sedante del hilo rojo que le recorría los tendones.
El asesino, enfurecido, intentó abalanzarse de nuevo sobre Gus, buscando taclearlo con su peso corporal para llevarlo al suelo.
Arlo reaccionó de inmediato desde el corredor exterior. Con un movimiento sincronizado de su mano izquierda, cerró el puño y tiró del hilo del tobillo de Gus, mientras con su brazo derecho disparaba una última bala a ciegas por el pasillo para mantener a raya al tercer tirador del cartel.
En el camerino, la pierna izquierda de Gus se movió sola en una patada circular ascendente, un movimiento limpio y cargado de una potencia bruta que el cantante jamás habría podido ejecutar por su cuenta. El pie de Gus impactó directamente en el estómago del atacante, hundiéndose en sus costillas y levantándolo unos centímetros del suelo. El asesino soltó una bocanada de saliva y aire retenido antes de salir despedido hacia atrás, estrellándose de cabeza contra la mesa de madera oscura. El mueble se partió en dos y el hombre quedó inconsciente en el suelo, rodeado de astillas y vidrios rotos.
Gus Fletcher quedó de pie en medio del camerino destrozado, jadeando de forma violenta, con el pecho cubierto de sudor y la camisa completamente abierta, revelando su torso. Su respiración salía en pequeños espasmos de pura excitación involuntaria. Ver que su propio cuerpo había neutralizado a un asesino profesional gracias al control a distancia de Arlo Baxter le provocaba un delirio mental insoportable. El hormigueo en su bajo vientre explotó en una corriente ardiente y líquida; la sumisión física al titiritero invisible se había transformado en una adicción absoluta de la que ya no había retorno.
Afuera, en el pasillo, Arlo escuchó el ruido del mueble rompiéndose y sintió que la línea carmesí se estabilizaba, transmitiendo el latido seguro y dócil del cantante. Sabiendo que su propiedad estaba a salvo, Arlo se concentró en terminar el trabajo en el corredor.
Salió de su cobertura por completo, ignorando las balas que rozaban las paredes de hormigón. Apuntó al contenedor de metal donde se escondía el último tirador del cartel rival. Arlo no dudó; avanzó con pasos firmes y pesados, mostrando toda su imponente altura y su musculatura bajo la luz parpadeante de las emergencias rojas del teatro.
El asesino intentó asomar la cabeza para disparar, pero Arlo fue más rápido. Presionó el gatillo tres veces seguidas. Dos proyectiles impactaron en la estructura metálica, obligando al hombre a retroceder, y la tercera bala atravesó el hombro del atacante, derribándolo sobre la alfombra ensangrentada.
Arlo llegó hasta el hombre herido, que gemía de dolor mientras intentaba alcanzar su arma tirada en el suelo. El jefe de la mafia le plantó su bota de cuero directamente sobre la mano, aplastándole los dedos con una fuerza despiadada que hizo crujir los huesos. El asesino soltó un grito ahogado.
—¿Quién los envió? —preguntó Arlo. Su voz gruesa y desprovista de cualquier rastro de humanidad, resonó en el pasillo como la de un verdugo—. Habla rápido si quieres que la bala vaya a tu cabeza y no a tus rodillas.
—El... el cartel de Trevi —jadeó el tirador, con los ojos abiertos por el pánico absoluto al ver la mirada negra e implacable del líder de la familia Baxter—. Querían... querían quitarte los muelles esta noche... pensaron que estarías distraído con el cantante...
Arlo sonrió de una manera fría y letal. Su mandíbula se tensó con una resolución que no admitía piedad. Levantó la pistola, apuntó directamente entre los ojos del asesino y apretó el gatillo por última vez, terminando con la amenaza del pasillo con un soplo seco de aire comprimido.
Guardó el arma dentro de su saco negro con total tranquilidad, se acomodó los puños de la camisa blanca y caminó hacia la puerta del camerino de Gus. Al abrirla, sus ojos recorrieron los destrozos de la habitación, se detuvieron un segundo en el hombre inconsciente junto a la mesa rota y finalmente se fijaron en el joven artista, que continuaba de pie en el centro del salón, temblando de sumisión y deseo, arrastrando las dos líneas de energía carmesí que parpadeaban con un tono rosa protector bellísimo.
La confrontación de la mafia había terminado en las sombras del teatro, pero para Arlo Baxter, el verdadero control sobre la vida y el cuerpo de Gus Fletcher acababa de sellarse con la sangre de sus enemigos en una noche que el cantante jamás podría olvidar.