Murió amando a quien nunca lo amó.
Noar Wil, el joven omega más brillante del Reino de Solaria, lo apostó todo por un amor que resultó ser una trampa cuidadosamente tejida por las manos del hombre al que idolatraba. Años de humillación, traición y dolor terminaron en el silencio de un cuarto vacío — su corazón demasiado roto para seguir latiendo.
Pero entonces algo imposible ocurre.
Noar despierta diez años atrás, con todos sus recuerdos intactos, en la noche en que su historia con Léo estaba a punto de comenzar. Esta vez, sin embargo, conoce el precio de ese amor.
Esta vez, elige diferente.
En lugar de seguir los pasos que lo llevaron a la destrucción, acepta el compromiso que siempre rechazó: casarse con Maximiliano Ferom, el temido Archiduque del Extremo Norte. Un hombre de hierro y silencio, cuyas feromonas huelen a nieve pura y cuyas palabras pesan como sentencias. Un hombre que, desde el primer momento en que sostiene a Noar en sus brazos, hace una promesa que no tiene intención de romper.
Estás a salvo. Y nadie te hará daño mientras estés conmigo.
Lo que Noar esperaba era solo un matrimonio de conveniencia — posición, protección, distancia del pasado. Lo que no esperaba era que ese hombre frío pudiera derretirse tan despacio, tan profundamente, tan irrevocablemente.
Y no esperaba que su propio corazón, tan convencido de que nunca más amería, fuera precisamente el primero en traicionarlo.
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La historia detrás de mi regreso.
Noar estaba sentado en la cama. Max había salido después de recibir una carta de su padre, el Alfa de la frontera.
Mirando por la ventana, veía caer la nieve en silencio. Su mano permanecía firme sobre el vientre todavía plano, mientras imaginaba su vida en el futuro, junto a sus bebés.
El lobo blanco se acercó, reduciendo su tamaño, y se recostó en el regazo de Noar.
Con delicadeza, Noar acariciaba el suave pelaje.
— Pequeño omega, debes olvidar el pasado y vivir tu vida en el presente… — dijo el lobo blanco, mirando hacia el horizonte.
Noar se sorprendió.
— ¿Tú sabes…?
— Sí. En tu vida pasada, fuiste marcado por un amor que destruyó tu vida y la de todos a tu alrededor. Pero en esta vida, tus decisiones cambiaron. No necesitas tener miedo de amar… — dijo el lobo, mirando más allá de las montañas cubiertas de nieve.
— Pero tengo miedo… Miedo del amor… — dijo Noar, cubriéndose el rostro con la mano.
— Si sigues teniendo miedo de amar y de confiar en Maximiliano en esta vida, no podrás ser feliz.
— ¿Cómo… cómo lo hago? ¿Cómo dejo atrás el pasado?
— Ya lo dejaste, en el momento en que decidiste no amar a esa persona. Solo necesitas dejar el dolor en tu vida pasada y vivir plenamente esta nueva vida.
Noar abrazó al lobo blanco.
— Gracias, Luz… Gracias, Luz. Quiero ser feliz en esta vida…
— Sí, lo serás.
Después de calmar sus pensamientos, Noar sintió curiosidad sobre cómo Luz sabía que había regresado diez años al pasado.
— Luz, ¿cómo sabes sobre mi vida pasada?
— Soy tu lobo guardián en esta vida y también lo fui en la vida pasada. Pero, por algún motivo, nacimos separados y nunca nos encontramos antes de tu muerte.
— ¿Cómo…?
— Te contaré lo que ocurrió después de tu muerte. Tu hermano mayor, Nero, vino al Extremo Norte en busca de ayuda para su país. Cuando el padre de Max escuchó lo que le había pasado a su amigo, ordenó que Maximiliano fuera a Solaria junto con Nero. Max llevaría consigo el ejército del Norte. Pero, antes de que partieran, recibieron la noticia de que tu padre había sido asesinado.
La desesperación de tu hermano era evidente, pero aun así suplicó que fueran a buscarte.
Entonces marcharon hacia Solaria. Cuando llegaron a la mansión del conde, ya era tarde — ya habías dado tu último suspiro. Tu hermano irrumpió en la mansión y, al ver tu cuerpo frío en un ataúd simple de sirviente, y las carcajadas de Léo al verlo llorar por ti, quebró el último resquicio de su razón.
Lo torturó durante mucho tiempo, hasta dejarlo morir en agonía.
Max, al presenciar la escena, no interfirió, pues comprendía el dolor de Nero. Fue hasta el ataúd, retiró tu cuerpo pequeño y pálido y lo cubrió con su manto, llevándolo lejos de aquel lugar que te había lastimado.
Después de eso, Solaria cayó en el caos. La familia Liz fue borrada de la historia, y el nombre de tu familia fue limpiado de la acusación de traición. Tu hermano no quería permanecer más en Solaria, así que partió con Max, llevando tu cuerpo y las urnas de tus padres.
Se realizó un entierro tradicional del Norte para tus padres y para ti. Fuiste vestido con ropas tradicionales del Norte y colocado en un ataúd de cristal, rodeado de flores lunares. Parecías tranquilo, como si solo estuvieras dormido.
Fue en ese momento que te vi y sentí el vínculo de guardián. Lloré, porque el niño al que debía proteger había muerto sin su guardián a su lado. Pero noté algo extraño: tu destino decía que debías tener una vida larga y feliz. Cuando vi cómo habías vivido antes de morir, lloré de tristeza. Tu destino fue injusto. No debiste haber sufrido.
Tu cuerpo aún cargaba arrepentimientos. Entonces sacrifiqué la mitad de mi energía espiritual para darte una segunda oportunidad de cambiar tu destino.
— Fuiste tú… — las palabras salían con un nudo en la voz, ahogadas por las lágrimas.
— Sí. Las memorias de tu vida pasada debían quedar selladas, pero por algún motivo desconocido regresaste con ellas intactas. Por eso caí en un sueño profundo y no pude encontrarte. Solo podía esperar tu llegada.
Noar abrazó al lobo blanco, llorando.
— Gracias… En esta vida seré muy feliz… — dijo Noar, besando y abrazando al lobo.
— Sí. Y en esta vida te protegeré… — respondió él, lamiendo las mejillas de Noar en un gesto de cariño.
Después de escuchar al lobo blanco, Noar decidió no tener más miedo de amar, confiar y enfrentar cualquier cosa.
En esta vida, él elegiría su propio destino.
Por sus padres y su hermano, viviría una vida sin preocupaciones.