SIN SPOILER
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LAS PRIMERAS PALABRAS DE ERIK
Ocho meses pasaron rápidamente en el reino.
La primavera volvió a cubrir los jardines reales con flores y colores brillantes.
Y dentro del castillo…
todo giraba alrededor del pequeño príncipe Erik.
Los nobles lo adoraban.
Los sirvientes sonreían apenas lo veían.
Y Víctor parecía más satisfecho que nunca.
Porque finalmente tenía un heredero legítimo ante los ojos del reino.
Perfecto.
Exactamente como siempre había deseado.
Aquella mañana, el gran salón privado estaba lleno de luz cálida.
Varias doncellas observaban divertidas mientras Erik jugaba sobre una enorme manta rodeado de juguetes de madera y figuras doradas hechas especialmente para él.
El niño tenía mejillas suaves y cabello claro como el de su madre
Y aunque todavía era pequeño…
ya comenzaba a mostrar una personalidad inquieta.
Victoria permanecía sentada cerca observándolo en silencio.
Con el tiempo había aprendido a cuidar de Erik.
A cargarlo.
A dormirlo.
Incluso a sonreírle con sinceridad algunas veces.
Porque el bebé no tenía culpa de nada.
Pero aun así…
cada tanto aparecía aquella sensación extraña dentro de ella.
Ese vacío imposible de llenar.
Erik soltó una pequeña risa mientras intentaba alcanzar uno de los juguetes.
Las doncellas sonrieron enternecidas.
—El príncipe está de muy buen humor hoy.
Victoria asintió suavemente.
Entonces el niño levantó los brazos hacia ella.
—¡Ah… ah…!
La reina sonrió levemente y lo tomó entre sus brazos.
Erik sujetó el vestido de Victoria con sus pequeñas manos.
Y entonces…
habló.
—Ma
_ má
El salón quedó en silencio apenas un segundo.
Después las doncellas soltaron pequeños suspiros emocionados.
—¡Dijo su primera palabra!
—¡Escucharon eso!
Victoria quedó completamente inmóvil.
Observando al pequeño niño entre sus brazos.
“Mamá.”
La palabra hizo que algo dentro de ella se estremeciera.
Porque por un instante…
una imagen borrosa cruzó nuevamente su mente.
Una niña pequeña.
Cabello oscuro.
Diciendo esa misma palabra.
La reina sintió un fuerte dolor en el pecho.
Tan repentino que casi dejó escapar al niño.
Erik volvió a sonreír.
—Ma....má.
Victoria respiró temblorosamente.
Y la imagen desapareció otra vez.
Las doncellas seguían celebrando emocionadas sin notar el cambio en el rostro de la reina.
Pero Victoria sí lo notó.
Por primera vez…
aquellos recuerdos borrosos comenzaban a sentirse más reales.
Más cercanos.
Y eso la aterraba.
Muy lejos del castillo…
la antigua torre ya no se sentía como una prisión silenciosa.
Ahora estaba llena de vida.
Luna corría torpemente por uno de los enormes pasillos mientras Elena intentaba alcanzarla cargando varias mantas.
—¡Luna! ¡Más despacio!
La niña soltó una carcajada adorable antes de esconderse detrás de una vieja mesa llena de libros antiguos.
Con dos años y cuatro meses, Luna ya hablaba bastante bien.
Y también caminaba perfectamente.
Demasiado rápido para el gusto de Elena.
La pequeña tenía una enorme curiosidad por todo.
Le encantaba preguntar cosas.
Tocar todo.
Abrir libros que no debía.
—¿Qué es esto? —preguntó señalando unas runas dibujadas sobre una página vieja.
Elena se acercó suspirando.
—Son símbolos antiguos.
Luna inclinó ligeramente la cabeza observándolos fascinada.
La luz de las velas iluminó sus ojos distintos.
Y entonces ocurrió otra vez.
Las runas comenzaron a brillar débilmente.
Elena quedó inmóvil.
Luna sonrió emocionada.
—¡Mira!
La nodrisa sintió un pequeño escalofrío.
Porque aquello no era normal.
La niña apenas había rozado el libro…
y la magia había reaccionado.
Luna levantó la mirada hacia Elena completamente feliz.
—¿Lo hice yo?
La mujer intentó sonreír aunque por dentro comenzaba a sentir miedo.
—Creo… que sí.
Luna rio orgullosa.
Ajena al hecho de que, mientras el reino celebraba las primeras palabras de un príncipe…
la verdadera heredera comenzaba a despertar algo mucho más peligroso dentro de la vieja torre del hechicero.