Mariana odió el libro dramático que leyó. Y como castigo, el libro la teletransporta dentro de la historia. dónde ahora es la protagonista muda y tonta.
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Capitulo 1
Mariana sostenía el libro abierto entre sus manos, sentada con una postura relajada que poco a poco se fue tensando a medida que avanzaba en la lectura, sus ojos recorrían cada línea con atención pero su expresión cambiaba, no había emoción romántica ni tristeza, lo que crecía en ella era incomodidad, una sensación constante de que todo lo que estaba leyendo iba en una dirección equivocada, y aun así continuó porque necesitaba terminarlo.
La historia no se detenía en suavizar nada, la protagonista, Lucero, era una joven muda dentro de una familia donde su voz no hacía falta porque nadie tenía intención de escucharla, su padre era un hombre autoritario que no disimulaba su desprecio, su media hermana disfrutaba hacerle la vida difícil con comentarios y acciones constantes, mientras que su madre vivía en una posición débil, obligada a soportar la presencia de la concubina del marido, una mujer que caminaba por la casa como si fuera la verdadera dueña, sin respeto, sin límites, generando incomodidad en cada espacio.
Lucero no tenía aliados reales, su condición la dejaba en desventaja, no podía defenderse con palabras ni explicar lo que sentía, dependía de gestos que muchas veces eran ignorados o malinterpretados, y aun así la historia no la mostraba buscando formas de fortalecerse, sino resistiendo en silencio, acumulando frustración, miedo y una necesidad constante de escapar.
El conflicto principal se presentaba con claridad, su padre ya había decidido su futuro, Lucero debía casarse con Marcel Everth, un marqués mayor que ella, un hombre con poder y posición, alguien que no necesitaba el consentimiento de una joven sin voz para concretar un acuerdo, mientras que la media hermana recibiría un destino que muchos considerarían mejor, un matrimonio con un joven duque recién ascendido, una unión que prometía prestigio y reconocimiento.
Mariana levantó la mirada un momento, frunciendo el ceño, luego volvió al libro, no iba a dejarlo a medias.
La narrativa avanzaba hacia el punto donde Lucero comenzaba a rechazar su destino, no con una estrategia buena sino con una negación emocional, había escuchado rumores sobre Marcel Everth, comentarios que decían que el marqués no tenía interés en las mujeres, que su inclinación era otra y que ese matrimonio sería solo una fachada, esa idea se instaló en su mente como un rechazo inmediato, no quería formar parte de algo así, no quería vivir en un matrimonio sin sentido, sin afecto, sin espacio propio.
En lugar de buscar otra salida, la historia la llevó hacia el mozo de cuadra, un hombre que representaba una vía de escape fácil, alguien que le hablaba con cercanía, que parecía entenderla sin necesidad de palabras, que le ofrecía atención en un entorno donde ella no la recibía, y así comenzó una relación basada en la necesidad más que en el conocimiento real.
Mariana negó ligeramente mientras leía esa parte, pero no se detuvo.
El mozo le propuso huir, le dijo que podían irse lejos, comenzar de nuevo, vivir sin las restricciones de su familia, pero no se quedó ahí, también le dijo que necesitaban dinero, que sin eso no podrían sobrevivir, que debía tomarlo de su casa, que era la única forma de asegurar un futuro.
Lucero aceptó.
La escena siguiente mostraba a su madre intentando detenerla, no con gritos sino con desesperación contenida, intentando hacerla entender que esa decisión era un error, que no conocía realmente al hombre con el que pretendía huir, que estaba poniendo su vida en riesgo, pero Lucero no escuchó, no quiso hacerlo, su necesidad de escapar era más fuerte que cualquier advertencia.
Mariana apretó ligeramente el libro en ese punto.
Lucero empujó a su madre.
No fue un accidente. Fue una acción directa, una decisión tomada en medio de su impulso, dejando atrás a la única persona que, aunque limitada, intentaba protegerla.
Luego huyó.
La historia avanzó rápido hacia el bosque, hacia la promesa de libertad que nunca se concretó, el mozo de cuadra cambió, dejó de ser el hombre cercano y pasó a ser alguien frío, alguien que solo había esperado el momento adecuado.
Lucero no tuvo oportunidad de reaccionar.
La mató. Se llevó el dinero. La dejó en el bosque sin nada más que el resultado de sus decisiones.
Mariana cerró el libro con un movimiento seco, mostraba molestia, se quedó en silencio unos segundos como si estuviera procesando todo lo que acababa de leer.
—Lucero murió por estúpida.
Su voz no fue alta, pero sí directa, sin suavizar la conclusión.
Se levantó ligeramente de su asiento, caminó un par de pasos, luego miró el libro otra vez con evidente desacuerdo.
—Tenía opciones, tenía advertencias, tenía a su madre tratando de detenerla, y aun así decide confiar en alguien que claramente tenía otras intenciones —movió la cabeza con incredulidad—. Esto no es tragedia, es una cadena de malas decisiones.
Intentó cerrarlo por completo, pero algo no encajó, la tapa no respondió como esperaba, se quedó a medio camino, sus dedos no se movieron con normalidad, frunció el ceño y lo intentó otra vez.
—¿Qué pasa ahora…?
El aire cambió, la sensación fue inmediata, su cuerpo se tensó sin que pudiera evitarlo, el espacio a su alrededor pareció perder estabilidad.
Miró el libro.
—No, no me gusta esto…
Intentó soltarlo, pero no pudo, sus dedos no respondieron, la sensación aumentó, no era dolor, pero sí algo que la empujaba, como si estuviera siendo arrastrada sin moverse.
—Oye…
No terminó cuando el libro la absorbió de golpe.
El mundo cambió. Su cuerpo reaccionó con un movimiento brusco cuando sintió el suelo bajo sus manos.
Hierba.
Abrió los ojos de inmediato.
La luz del sol la obligó a parpadear varias veces, el aire era diferente, más limpio, más directo, su respiración se aceleró mientras se incorporaba rápidamente.
Miró a su alrededor.
Un jardín amplio, flores organizadas, árboles podados, todo indicaba una propiedad grande, su mirada bajó al suelo frente a ella.
Un mantel extendido. Comida organizada. Una cesta abierta. Era un picnic.
Negó de inmediato. Intentó hablar mejor, pero su voz no salió, solo aire, sus ojos se abrieron más, se llevó la mano al cuello con rapidez, presionó ligeramente como si eso fuera a devolverle la voz.
—… ah…
Nada.
Se levantó de golpe, sus movimientos torpes por la urgencia, miró sus manos, no eran las suyas, la piel, la forma, todo era diferente, bajó la mirada a su ropa, el vestido no le pertenecía, la tela, el diseño, todo coincidía con lo que había leído.
Sacudió la cabeza con fuerza.
“No, no, no…"
Pero el silencio fue la única respuesta.
Giró sobre sí misma, buscando algo que rompiera esa realidad, algo que dijera que esto era un error, pero todo encajaba demasiado bien, el jardín, el picnic, el entorno.
Se quedó quieta.
Su respiración intentó estabilizarse poco a poco. Miró el mantel otra vez. Recordó la escena.
Ese momento estaba en el libro. No había duda. Se llevó una mano al rostro, sus ojos mostraban un miedo que no podía ignorar.
Lucero.
Bajó la mano lentamente. Se miró una vez más. Intentó hablar.
Nada.
Apretó los labios con fuerza.
El miedo seguía ahí, pero su mente comenzó a reaccionar de otra manera, ya no estaba solo intentando entender, estaba evaluando, recordando cada detalle de la historia, ubicando en qué punto se encontraba.
Aún no había huido. Aún no había robado el dinero. Aún no había muerto.
Se enderezó lentamente.
Respiró más profundo.
Se tocó el cuello otra vez, con menos desesperación y más conciencia.
No podía hablar. Eso era un problema. Pero no era el final. Miró el jardín con atención, no como alguien perdida sino como alguien que necesitaba entender su entorno para tomar decisiones.
—…
No iba a seguir el mismo camino. No iba a repetir los errores de Lucero.
Y esta vez, esta historia no iba a terminar de la misma manera.
miserable
Es inteligente y sensata y buena persona 🥰🥰