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PUDRETE PARÍS... AHORA AMARÉ A HÉCTOR

PUDRETE PARÍS... AHORA AMARÉ A HÉCTOR

Status: Terminada
Genre:Romance / Traiciones y engaños / Mundo de fantasía / Completas
Popularitas:4.2k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Helena ha vivido dos veces… y en ambas terminó muerta.

En su primera vida eligió a Menelao, creyendo que un rey podía ofrecerle amor y protección. Descubrió demasiado tarde que detrás de su corona había un hombre celoso, posesivo y cruel, capaz de convertir el matrimonio en una prisión.

En su segunda vida huyó de él y creyó en las promesas de París. Fue otro error. París solo quería presumir de su belleza, beber, divertirse y convertirla en un trofeo. Cuando Troya cayó, Helena volvió a morir.

Pero la tercera vez será diferente.

Cuando llega el momento de escoger esposo, Helena recuerda a un joven que una vez le ofreció un pañuelo mientras lloraba: Héctor, príncipe de Troya. Un hombre que todavía es soltero, noble y libre.

Sin dudarlo, Helena lo elige.

Ahora deberá conquistar su corazón… y desafiar una historia que sabe que terminará con Héctor muerto en batalla.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El milagro en su vientre

Los días transcurrían en Troya con una calma dulce y serena. No había mensajeros, ni amenazas, ni sombras de guerra. Solo el sol que caía sobre los muros antiguos, el canto de los pájaros en los jardines y la paz que reinaba en el corazón de los dos recién casados. Pero algo nuevo, silencioso y maravilloso empezaba a crecer dentro de Helena, algo que ella aún no terminaba de comprender.

Todo comenzó una mañana, al despertar. Se levantó de la cama de golpe, con el estómago revuelto y una náusea repentina que no le dio tiempo a controlar. Corrió hacia el balcón y apenas se asomó cuando el vómito la venció, con el cuerpo temblando y una debilidad extraña que la dejó sin fuerzas.

—¡Helena! —Héctor estuvo a su lado en un instante, sosteniéndola por los hombros, con el rostro lleno de preocupación—. ¿Qué te pasa, mi amor? ¿Estás bien?

Ella no pudo responder de inmediato. Se limpió la boca con el dorso de la mano, respiró hondo varias veces y sintió cómo el calor le subía a las mejillas.

—No sé… —murmuró, aún sintiendo el malestar en el estómago—. Me desperté y de repente sentí asco. No sé qué fue.

Héctor la tomó de la mano y la llevó de vuelta a la cama, la sentó con cuidado y le acarició la frente con ternura.

—Estás caliente. ¿Te duele algo? ¿La cabeza? ¿El vientre? Dime y llamaré al sanador de inmediato. No quiero que te pase nada.

—No es dolor, Héctor —respondió ella, pensativa, llevándose una mano al pecho—. Es… una sensación rara. Lleva unos días. A veces me mareo al levantarme, otras veces tengo un sueño inmenso a cualquier hora, y hoy… esto. No sé qué me ocurre.

Él frunció el ceño, cada vez más inquieto, y se dirigió hacia la puerta.

—No esperaré. Voy a llamar al médico ahora mismo. Que te examine y te diga qué tienes.

—Espera —lo detuvo ella, suavemente, y su voz se llenó de una emoción nueva, brillante—. No es necesario. Creo que… creo que ya sé lo que es.

Héctor se detuvo en seco. Se giró lentamente hacia ella, con el corazón latiéndole con fuerza, y la miró, esperando, sin atreverse a imaginar lo que su mente empezaba a sospechar. Helena se llevó una mano al vientre, con una delicadeza infinita, y sus ojos se llenaron de lágrimas que brillaban bajo la luz de la mañana.

—Héctor… creo que estás esperando un hijo. Que vamos a tener un hijo.

El silencio llenó la habitación. Héctor parpadeó, como si no hubiera entendido bien las palabras, y dio un paso lento hacia ella, como si temiera que fuera un sueño del que despertaría de un momento a otro.

—¿Un… hijo? —susurró, con la voz quebrada por la emoción—. ¿Tú… yo… vamos a ser padres?

—Sí —confirmó ella, con una sonrisa que le iluminó todo el rostro—. Los síntomas, el cansancio, esta náusea de las mañanas… lo reconozco. Es lo mismo que vi en mi hermana cuando esperaba a su pequeño. Estoy segura, mi amor. Vamos a tener un bebé. Un hijo nuestro.

Por un instante, él no dijo nada. Solo se quedó mirándola, con los ojos brillantes de lágrimas contenidas, como si estuviera viendo el milagro más grande que el mundo pudiera ofrecer. Luego, soltó una risa emocionada, se arrodilló frente a ella y puso sus grandes, cálidas y fuertes manos sobre el vientre de su esposa, con una delicadeza que parecía imposible en un guerrero como él.

—Un hijo… —repitió, casi sin aliento, acercando su rostro a su vientre—. Nuestro hijo. ¡Helena! No sabes lo feliz que me haces. Más feliz que cualquier victoria, más que cualquier corona, más que todo lo que alguna vez soñé. Voy a ser padre. Tú me das el regalo más grande que existe.

Se levantó de un salto, la tomó entre sus brazos y la alzó suavemente, girándola con cuidado, como si ella fuera lo más precioso y frágil del universo entero.

—¡Vamos a tener un hijo! —exclamó, besándola en la frente, en las mejillas, en los labios, una y otra vez—. Un trozo de ti y de mí. Que crecerá aquí, en Troya, amado, protegido, rodeado de todo lo bueno. Será fuerte y valiente, como su padre. Será bondadoso y sabio, como su madre. Será el hijo que merecemos.

Helena se aferró a él, sintiendo cómo la emoción la desbordaba por completo. En sus dos vidas anteriores, nunca había tenido esto. Nunca había sentido crecer una vida dentro de ella, nunca había tenido un amor tan firme y tan verdadero que le diera una familia, un futuro, algo que construir cada día.

—Te quiero, Héctor —susurró contra su pecho, escuchando los latidos de su corazón, que ahora latían también por esa pequeña vida que empezaba ahí—. Más de lo que las palabras pueden decir.

—Y yo a ti, mi esposa, mi vida, mi todo —respondió él, besándola con una ternura infinita—. Gracias por darme esto. Gracias por hacerme el hombre más feliz del mundo. Ahora tengo dos razones para protegerte, dos razones para vivir, dos corazones que dependen de mí. Y juro por todo lo sagrado que nada ni nadie os hará daño.

Esa mañana, el sol entró por la ventana y los envolvió a los dos, como una bendición. No había guerra, no había amenazas, no había recuerdos dolorosos. Solo ellos dos, y la pequeña vida que empezaba a crecer en el vientre de Helena, uniendo sus destinos para siempre, más allá de cualquier tiempo, de cualquier destino, de cualquier historia anterior.

—Debemos decírselo al rey Príamo y a la reina Hécuba —dijo Héctor, sin poder dejar de sonreír, tomándola de la mano—. Tienen que saber que viene un nuevo miembro a la familia. Que nuestra alegría se multiplica. Troya debe saber que crece, que tiene futuro, que la vida sigue y vence a todo.

—Sí —respondió Helena, apretando su mano—. Vamos a decírselo. Y que todos sepan que hay algo nuevo, hermoso y puro empezando entre nosotros. Algo que nadie podrá manchar ni destruir.

Caminaron juntos hacia los aposentos reales, con las manos entrelazadas, el corazón lleno y una sonrisa que no se les borraría en todo el día. Helena miró a su esposo, al hombre que amaba, y supo con certeza absoluta: esta vida era la buena. Esta era la suya. Y este hijo sería la prueba más hermosa de que el amor verdadero siempre encuentra el camino, incluso cuando el destino ya había escrito otra cosa.

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Carolina💖
Mi hermana no nos dejaba dormir con su llanto. Fueron 7 meses eternos hasta que una noche increible durmió hasta la madrugada. Fue un regalo invaluable
EspirituCreativo: Jajaja
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Carolina💖
🎼Ta ta ta taaaannnn!!!🎶
EspirituCreativo: Cha cha chaaaa
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Elba Lucia Gomez
a ver casi Diosa y protegida por Apolo y es tonta agggg😝
Carolina💖
Ya en el primer capítulo di mi voto. Aguante Helena!! Elige tu propio destino
EspirituCreativo: Dale helena no nos defraudes
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Dora Guzman Pacherres
Ojalá no suceda nada, la envidia es mala consejera. Espero y puedan ser felices realmente.
EspirituCreativo: Continúa leyendo, jeje
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