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Renací Como Limpiadora ...Pero Soy La Madre Dela Hija Del CEO

Renací Como Limpiadora ...Pero Soy La Madre Dela Hija Del CEO

Status: En proceso
Genre:Mujer poderosa / CEO / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Lucía era una joven campesina traicionada por su prometido y su propia hermana, que la envenenaron para robarle todo. Pero el destino le da una segunda oportunidad: ¡despierta 5 años en el pasado! Esta vez no será la chica ingenua de las gallinas. Se infiltra como limpiadora en la empresa del multimillonario CEO Alejandro Montenegro para cobrarse venganza... sin saber que su hija genio de 5 años, la pequeña Mía, que también viajó en el tiempo, ¡se cruzará con su papá biológico en los pasillos! Ahora Lucía debe ocultar su identidad, destruir a los traidores y evitar que el CEO frío descubra que la niña inteligente y adorable que le sigue por todas partes es su heredera. ¿Podrá el amor florecer entre la limpiadora que manda en secreto y el hombre que no sabe que ya es papá?

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 7: La nota anónima

Llamé a Vega el lunes por la mañana. No para aceptar su propuesta. Para escuchar. Para saber qué jugaba.

—¿Con quién hablo? —preguntó una voz grave al otro lado de la línea.

—Soy Lucía Fernández. La de los huevos orgánicos. Usted me dejó una tarjeta en la feria.

—Ah, sí. La joven emprendedora. Me alegra que llamara. Mire, le seré directo, señorita Fernández. Represento a un grupo inversionista que está montando una empresa de distribución de productos orgánicos. Queremos proveedores locales, pequeños, pero serios. Y nos han hablado muy bien de sus huevos. Le ofrecemos un contrato de exclusividad: toda su producción a un precio un veinte por ciento superior al mercado. A cambio, usted no le vende a nadie más. ¿Le interesa?

Veinte por ciento más. Era una oferta tentadora. Pero yo sabía quién era Vega. Sabía que trabajaba para desmantelar la división orgánica de Montenegro. Sabía que si firmaba con él, estaba poniendo mi negocio en el bando equivocado.

—Necesito pensarlo —dije—. Le llamo la semana que viene.

—Tiene hasta el viernes —respondió él, y colgó.

Guardé el celular. Exclusividad. Veinte por ciento más. Era el trampa perfecta para una chica del pueblo que necesitaba dinero. Pero yo no era esa chica. No esta vez.

***

Esa noche, en el piso cuarenta y cinco, encontré la respuesta a mi pregunta.

Estaba limpiando la oficina de Alejandro cuando vi los documentos sobre su escritorio. No estaban guardados. Estaban abiertos, como si los hubiera estado estudiando minutos antes. Me acerqué, miré a ambos lados —la oficina estaba vacía, él se había ido a las nueve— y leí.

Era un informe de crisis. La división orgánica de Montenegro acababa de perder a su proveedor principal de huevos: una granja industrial en el sur que había tenido un brote de salmonela. Todos los lotes retirados. Escándalo en los medios. Las acciones caían. Y Vega y los suyos presionaban para vender la división, argumentando que "no era rentable ni segura".

Alejandro tenía una semana para encontrar un nuevo proveedor que cumpliera con los estándares orgánicos certificados, o la junta de accionistas le quitaría el control de la división.

Leí el informe completo. Luego leí los análisis de laboratorio. Luego miré la lista de proveedores alternativos que el equipo de Alejandro había preparado: todos eran grandes granjas industriales, todas con los mismos problemas, todas con precios inflados.

Ninguna era como la mía. Pequeña. Orgánica de verdad. Gallinas que salían al campo. Sin antibióticos. Sin hormonas.

Me quedé pensando. Si Alejandro no encontraba proveedor, perdería la división. Vega ganaría. Y yo perdería la oportunidad de que, algún día, el Grupo Montenegro comprara mis huevos.

Tenía que ayudarlo. Pero sin revelarme.

Miré la computadora de su oficina. Estaba bloqueada, por supuesto. Pero había otra computadora en la sala de reuniones, una que usaban los visitantes, sin contraseña. Entré, me senté, y escribí.

Una nota. Corta. Precisa. Sin firma.

*"Sr. Montenegro:

He leído su problema. La solución no es otra granja industrial. Busque pequeños productores locales con certificación orgánica real. Ellos tienen mejores productos, precios más bajos y no corren riesgos de salmonela porque sus gallinas viven en espacios abiertos.

Criterios de selección: menos de 500 gallinas, alimentación a base de maíz orgánico, acceso diario al pasto, análisis de laboratorio cada mes. En la región del sur hay al menos doce pequeñas granjas que cumplen. Una de ellas vende en la feria del pueblo los sábados. Pregunte por 'La Clara'.

No necesita agradecerme. Solo necesita salvar su división.

Una persona que sabe de gallinas."*

La imprimí. Doblé el papel. Lo dejé sobre su escritorio, justo encima del informe de crisis, donde lo vería primero al llegar.

Luego limpié todo rastro: cerré la computadora de la sala de reuniones, borré el archivo, me aseguré de que nada indicara que yo había estado ahí.

Y me fui, con el corazón latiéndome fuerte.

***

Alejandro llegó a su oficina a las siete de la mañana siguiente. Había dormido tres horas. Tenía la junta de accionistas en cinco días y no tenía solución.

Tiró la chaqueta sobre el sofá, se sirvió un café y se sentó frente al informe de crisis. Y entonces la vio.

La nota.

La leyó una vez. Dos veces. Tres.

—"Una persona que sabe de gallinas" —murmuró, pasando el dedo por el papel.

Llamó a Ricardo, su socio, que llegó en diez minutos.

—¿Qué es esto? —preguntó Ricardo, leyendo la nota.

—La solución —dijo Alejandro, sonriendo—. O una trampa. No lo sé todavía. Pero voy a averiguarlo. Verifica esas granjas del sur. Y encuentra a "La Clara". La que vende en la feria del pueblo los sábados. Quiero un informe completo para hoy.

Ricardo salió. Alejandro se quedó solo, mirando la nota. La letra era impresa, a computadora. No había huellas. No había firma. Nada que la identificara.

Pero él tenía una sospecha. Una sospecha que no se atrevía a nombrar.

Se levantó, fue a la ventana, miró la ciudad. Y sonrió.

—Estás jugando conmigo —murmuró—. No sé por qué. No sé qué quieres. Pero te voy a encontrar.

***

Cuatro días después, la junta de accionistas. Alejandro entró a la sala con una carpeta bajo el brazo. Vega estaba sentado al otro lado de la mesa, con una sonrisa de triunfo.

—Como verán —dijo Alejandro, distribuyendo documentos—. He encontrado un nuevo proveedor. No uno solo. Doce. Pequeñas granjas orgánicas locales, todas certificadas, todas con análisis de laboratorio impecables. Y a un precio un quince por ciento más bajo que el proveedor anterior.

Vega se puso pálido.

—¿Cómo...? —empezó.

—La división orgánica no se vende —continuó Alejandro, mirándolo fijamente—. Y yo tengo los números para demostrar que será rentable en seis meses. ¿Alguien tiene algo que decir?

Nadie dijo nada. La junta terminó con Alejandro manteniendo el control.

Cuando salió de la sala, Ricardo lo esperaba en el pasillo.

—Funcionó —dijo Ricardo—. Pero... Alejandro, ¿quién te dio esa información? Nadie en la empresa lo sabía.

Alejandro no respondió. Sacó la nota anónima de su bolsillo, la miró, y la guardó de nuevo.

—Eso —dijo— es lo que voy a averiguar.

***

Esa noche, yo limpiaba el piso cuarenta y cinco como de costumbre. Entré a la oficina de Alejandro. Y sobre su escritorio, en el mismo lugar donde yo había dejado la nota, había una nueva nota.

Una nota para mí.

La tomé. Decía:

*"Gracias. Funcionó. Quiero conocerte. Mañana, a las diez de la noche, en esta oficina. No te preocupes. Estaré solo. Y no le diré a nadie quién eres.

— A.M."*

Me quedé helada.

Él sabía. O al menos, sospechaba. Sabía que la nota venía de alguien que trabajaba de noche en el piso. Sabía que era alguien de la limpieza. Me estaba citando.

¿Iría?

Miré la nota. Miré la puerta. Miré mi reflejo en el cristal de la ventana: una chica de uniforme azul, con una panza que empezaba a notarse, con un imperio que construir y una venganza que cumplir.

—No —murmuré—. No puedo. Es demasiado peligroso.

Pero en el fondo, en una parte de mí que no quería reconocer, sabía que iría.

Porque había algo en ese hombre que me atraía más allá de la razón. Algo que me había atraído desde esa noche de hotel. Algo que, a pesar de todo, no podía ignorar.

Guardé la nota en el bolsillo. Terminé de limpiar. Y me fui, sabiendo que al día siguiente, a las diez de la noche, mi vida cambiaría para siempre.

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nezhan
Hola, Rosemary, muchas gracias por leer con tanto detenimiento y por tus excelentes preguntas. 💛

Sofía es mi hija de mi vida anterior. Cuando renací, ella ya estaba conmigo: una niña de cinco años que me dio la fuerza para empezar de nuevo. Su existencia es parte de mi pasado, de todo lo que perdí y de todo lo que decidí recuperar. No apareció de la nada; siempre estuvo ahí, siendo mi mayor motivación desde antes del primer capítulo.

En cuanto a la gallina Clara, es un elemento simbólico que dejé intencionalmente sin explicación detallada. Representa la protección de mis raíces, el espíritu de mi madre y el alma de la finca El Rosal. Es mi guardiana, y como tal, no necesita origen lógico: solo necesita ser sentida.
nezhan
Hola, Jessica, gracias por tu comentario. 🐔💛

Has comprendido perfectamente el espíritu de la historia. Los animales son, en efecto, nuestros guardianes silenciosos. La gallina Clara es la más especial de todos: su aparición y su mensaje en sueños representan la protección invisible que rodea a Lucía. Es la voz de su madre, la esencia de la tierra y el corazón de El Rosal velando por ella.

Me llena de alegría que logres percibir estos detalles. Tu sensibilidad hace que esta historia cobre aún más vida. ✨
Rosemary Hernandez
de dónde salió esa primera hija?
Jessica Flores
los animalitos son guardianes 🥰,y la gallina clara es su guardiana
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