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Entre Dos Mundos

Entre Dos Mundos

Status: En proceso
Genre:Escuela / BL / LGBT
Popularitas:471
Nilai: 5
nombre de autor: Luis Fernando Sanchez

Mateo Rivera llega a una prestigiosa universidad de Estados Unidos con una beca que representa la oportunidad de cambiar su vida. Acostumbrado a luchar por cada oportunidad, sabe que no puede permitirse cometer errores. Alexander Whitmore, en cambio, nació rodeado de privilegios. Hijo de una de las familias más importantes de la ciudad, tiene un futuro prácticamente asegurado. Pero detrás de su apellido, su dinero y la imagen de una vida perfecta existe una presión que pocos conocen. Sus caminos se cruzan durante su primer día de universidad. Al principio, solo son dos estudiantes que comienzan a hablar. Después, poco a poco, se convierten en amigos. Entre conversaciones, miradas y momentos compartidos, algo comienza a cambiar entre ellos. Pero mientras Mateo empieza a descubrir lo que realmente siente, Alexander tendrá que enfrentarse a sus propios miedos. Porque enamorarse de Mateo significa desafiar un mundo al que siempre ha pertenecido. Un mundo donde las apariencias importan, donde su familia tiene una reputación que proteger y donde mostrar quién es realmente podría cambiarlo todo. Dos chicos. Dos mundos completamente diferentes. Una historia que comienza con una simple mirada. Entre Dos Mundos es una historia de amor, amistad, descubrimiento y valentía, donde ambos tendrán que decidir si vale la pena luchar por lo que sienten.

NovelToon tiene autorización de Luis Fernando Sanchez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4

— Capítulo 4: La sexta firma

La oscuridad cayó sobre la sala 214.

Mateo sintió cómo Alexander tomaba su mano inmediatamente.

Ninguno de los dos se movió.

La voz que habían escuchado continuaba resonando en sus cabezas.

“Ahora ya saben demasiado.”

—¿Quién está ahí? —preguntó Alexander.

No hubo respuesta.

Mateo intentó mantener la calma.

—Alexander…

—Estoy aquí.

—La puerta.

Alexander volvió a intentar abrirla.

Nada.

—Está cerrada.

Mateo sacó su teléfono y encendió la linterna.

La luz iluminó lentamente la habitación.

Las mesas.

Las sillas.

Los documentos.

La carpeta abierta.

Pero no había nadie.

—¿Dónde está la persona que habló? —preguntó Mateo.

Alexander recorrió la habitación con la mirada.

—No lo sé.

Mateo volvió a mirar la lista.

Los nombres seguían ahí.

Carlos Rivera.

Thomas Miller.

Ethan Whitmore.

Richard Whitmore.

David Anderson.

Victoria Whitmore.

Alexander tomó la hoja.

—Mi madre no puede estar involucrada.

Mateo lo miró.

—No sabemos eso.

Alexander levantó la mirada.

—La conozco.

—Yo también conozco a mi padre.

Alexander guardó silencio.

Mateo señaló la hoja.

—Y aun así descubrimos que nos ocultaba cosas.

Alexander bajó la mirada.

—Tienes razón.

Un ruido se escuchó detrás de ellos.

Ambos se giraron.

La ventana estaba abierta.

—¿Estaba abierta antes? —preguntó Mateo.

—No.

Alexander corrió hacia ella.

Miró hacia afuera.

El segundo piso daba hacia una zona de árboles y un estacionamiento.

No había nadie.

Entonces vio algo.

—Mateo.

—¿Qué?

Alexander señaló el suelo.

Abajo había un automóvil negro.

El mismo que los había estado siguiendo.

Pero antes de que pudieran hacer algo, el automóvil arrancó.

—¡Tenemos que salir! —dijo Alexander.

Alexander volvió a la puerta.

Esta vez encontró algo debajo del picaporte.

Una pequeña pieza metálica.

La retiró.

La puerta se abrió.

Mateo lo miró sorprendido.

—¿Estaba puesta para que no pudiéramos abrir?

—Parece que sí.

Salieron al pasillo.

Todo estaba completamente vacío.

—¿Y Ethan? —preguntó Mateo.

Alexander negó.

—Nunca llegó.

Mateo miró la hora.

11:46 p. m.

—Entonces alguien utilizó su teléfono para atraernos aquí.

Alexander comprendió inmediatamente.

—O alguien sabía que Ethan nos iba a escribir.

—Eso significa que esa persona está muy cerca de ustedes.

Alexander guardó los documentos.

—Tenemos que hablar con mi madre.

A la mañana siguiente, Alexander llegó a la casa Whitmore.

Mateo no fue con él.

Habían decidido que era mejor que Alexander hablara primero con Victoria.

La encontró en la sala.

Estaba tomando café mientras revisaba unos documentos.

—Mamá.

Victoria levantó la mirada.

—Alexander. ¿Qué haces aquí tan temprano?

—Necesito preguntarte algo.

Victoria dejó la taza sobre la mesa.

—Claro.

Alexander sacó la fotografía que había encontrado.

La colocó frente a ella.

Victoria la miró.

Era la fotografía del 17 de agosto.

Su expresión cambió.

Alexander lo notó.

—¿Conoces esta foto?

Victoria permaneció en silencio.

—Mamá.

Ella respiró profundamente.

—¿Dónde la encontraste?

—En la oficina de David.

Victoria levantó la mirada.

—¿Fuiste allí?

—Sí.

—Alexander…

—Y encontramos algo más.

Sacó la lista.

La colocó junto a la fotografía.

Victoria leyó los nombres.

Cuando llegó al suyo, dejó de respirar durante un instante.

—¿Quién hizo esta lista?

—No lo sé.

—¿Quién más la vio?

—Mateo.

Victoria se levantó.

—No debieron encontrar esto.

Alexander sintió un escalofrío.

—Entonces sí sabes qué significa.

Victoria caminó hacia la ventana.

—Hace tres años hubo una situación muy complicada.

—Eso ya lo sé.

—No sabes todo.

—Entonces cuéntamelo.

Victoria permaneció mirando hacia el jardín.

—David vino a verme una semana antes del 17 de agosto.

Alexander se quedó inmóvil.

—¿Por qué?

—Me dijo que había descubierto movimientos de dinero que no podía explicar.

—¿De Whitmore Holdings?

—Sí.

—¿Y qué hiciste?

Victoria tardó en responder.

—Le dije que hablara con Richard.

Alexander frunció el ceño.

—¿Y lo hizo?

—Sí.

—¿Qué pasó después?

Victoria bajó la mirada.

—Richard se enfadó.

—¿Con David?

—Mucho.

Alexander sintió que algo no encajaba.

—¿Por qué?

Victoria lo miró.

—Porque David no había descubierto solamente una cuenta.

—¿Qué descubrió?

Victoria respondió en voz baja:

—Había alguien dentro de la empresa utilizando información de Whitmore Holdings para mover dinero a través de otras compañías.

Alexander abrió los ojos.

—¿Quién?

Victoria negó.

—Nunca lo supimos con certeza.

—¿Y Carlos?

—Carlos fue una de las personas que terminaron pagando las consecuencias.

Alexander apretó los puños.

—¿Mi padre lo sabía?

—Sí.

—¿Y lo ocultó?

Victoria cerró los ojos.

—Richard pensó que proteger a la empresa era más importante que explicar todo.

Alexander quedó en silencio.

—¿Y tú?

Victoria lo miró.

—Yo no estuve de acuerdo.

Mientras tanto, Mateo esperaba en una cafetería con Daniel y Sophie.

—¿Dónde está Alexander? —preguntó Sophie.

—Hablando con su madre.

Daniel dejó su teléfono sobre la mesa.

—¿Crees que Victoria está involucrada?

Mateo negó.

—No lo sé.

—Pero su nombre estaba en la lista —dijo Sophie.

—Sí.

Daniel se inclinó hacia él.

—Hay algo que no entiendo.

—¿Qué?

—Si alguien quería ocultar todo esto durante tres años, ¿por qué ahora quiere que ustedes encuentren los documentos?

Mateo se quedó pensando.

—Porque quizá no quiere ocultarlo.

Sophie lo miró.

—Entonces, ¿qué quiere?

Mateo respondió:

—Que lo descubramos.

Los tres permanecieron callados.

Daniel frunció el ceño.

—¿Y por qué nosotros?

Mateo miró hacia la ventana.

—Porque quizá somos parte de algo que comenzó antes de que naciéramos.

Alexander salió de la casa de sus padres casi una hora después.

Llamó a Mateo.

—Necesito verte.

—¿Qué pasó?

—Mi madre sabe de David.

Mateo se incorporó.

—¿Qué dijo?

—Que David descubrió movimientos de dinero dentro de la empresa.

—¿Y Victoria estaba involucrada?

—Su nombre aparece en la lista, pero ella dice que intentó detenerlo.

Mateo permaneció en silencio.

—Alexander.

—¿Sí?

—Hay algo más.

—¿Qué?

—Mi padre recibió otra llamada.

Alexander se quedó quieto.

—¿De David?

—Sí.

—¿Qué dijo?

—Que la noche del 17 de agosto comenzó antes de lo que creemos.

Alexander cerró los ojos.

—Entonces necesitamos encontrar a Thomas.

Mateo asintió.

—Sí.

A varios kilómetros de allí, un hombre abrió una puerta.

Thomas Miller estaba sentado dentro de una habitación.

Tenía las manos libres.

No parecía herido.

Pero estaba cansado.

Frente a él había una mesa.

Sobre ella estaban varios documentos.

El hombre que lo había llevado hasta allí permanecía de pie.

—Ya encontraron la oficina —dijo.

Thomas levantó la mirada.

—Lo sé.

—También encontraron la lista.

Thomas suspiró.

—Entonces ya empezó.

—¿Quieres detenerlo?

Thomas negó.

—No.

—¿Por qué?

Thomas miró una fotografía.

En ella aparecían Carlos y él tres años atrás.

—Porque Carlos merece saber la verdad.

El hombre tomó la fotografía.

—¿Y Mateo?

Thomas permaneció en silencio.

—También él —dijo finalmente.

—¿Y Alexander?

Thomas lo miró.

—Alexander es el problema.

El hombre frunció el ceño.

—¿Por qué?

Thomas respondió:

—Porque si descubre lo que realmente ocurrió, su familia se va a romper.

Esa tarde, Mateo y Alexander se encontraron en una pequeña zona del campus.

Alexander se sentó junto a él.

—Mi madre dice que David descubrió una red de movimientos financieros.

Mateo lo escuchó atentamente.

—¿Y tu padre?

—Sabía que David estaba investigando.

—¿Lo amenazó?

—No me lo dijo directamente.

—Pero podría haberlo hecho.

Alexander asintió.

—Sí.

Mateo sacó la hoja que habían encontrado.

—Hay algo que me preocupa.

—¿Qué?

—La lista.

Alexander la miró.

—¿Los nombres?

—No. El orden.

Alexander frunció el ceño.

—¿Qué tiene de especial?

Mateo señaló.

—Carlos. Thomas. Ethan. Richard. David. Victoria.

—¿Y?

—Todos tuvieron contacto directo con el proyecto.

Alexander comprendió.

—Pero Victoria no.

—Exactamente.

Alexander se quedó pensando.

—Entonces quizá la lista no señala a las personas responsables.

—¿Qué señala?

Mateo miró la hoja.

—A las personas que sabían algo.

Alexander respiró profundamente.

—Entonces hay alguien más.

—Sí.

—Alguien que no aparece aquí.

Mateo asintió.

—Y probablemente esa sea la persona que estamos buscando.

Esa noche, Carlos estaba nuevamente en su taller.

Había extendido varios documentos sobre una mesa.

Mateo entró.

—Papá.

Carlos levantó la mirada.

—¿Qué haces aquí?

—Necesito preguntarte algo.

—¿Qué?

Mateo puso la fotografía frente a él.

—¿Quién es la tercera persona?

Carlos miró la imagen.

La misma fotografía que había recibido.

Durante varios segundos no dijo nada.

—Papá.

Carlos finalmente habló.

—Se llamaba Samuel.

Mateo frunció el ceño.

—¿Samuel qué?

Carlos negó.

—No recuerdo su apellido.

—¿Trabajaba con ustedes?

—No exactamente.

—¿Entonces qué hacía allí?

Carlos tomó aire.

—Era el representante de la empresa que financiaba el proyecto.

Mateo sintió que todo encajaba.

—¿Qué empresa?

Carlos levantó la mirada.

Y antes de responder, escucharon un golpe en la puerta.

Ambos se giraron.

Otro golpe.

Más fuerte.

Carlos se levantó.

—Quédate aquí.

—Papá…

—No salgas.

Carlos caminó hacia la puerta.

La abrió.

No había nadie.

Solo había un sobre en el suelo.

Carlos lo recogió.

Lo abrió.

Dentro había una fotografía.

Mateo se acercó.

En ella aparecían Carlos y Samuel.

Pero había algo extraño.

La fotografía no era del 17 de agosto.

Era de dos días antes.

En la parte trasera había una frase:

“Pregúntale a Carlos por qué Samuel llegó antes que David.”

Mateo miró a su padre.

—¿Quién era Samuel?

Carlos cerró los ojos.

—El hombre que nos advirtió que no firmáramos aquel contrato.

Mateo sintió un escalofrío.

—¿Y qué pasó con él?

Carlos no respondió.

El teléfono de Mateo comenzó a vibrar.

Era Alexander.

Mateo contestó.

—¿Sí?

La voz de Alexander sonó preocupada.

—Mateo, tenemos un problema.

—¿Qué pasó?

—Mi madre acaba de recibir una llamada.

—¿De quién?

Alexander guardó silencio unos segundos.

—De David.

Mateo sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.

—¿Qué dijo?

Alexander respondió:

—Dijo que quiere reunirse con nosotros.

—¿Cuándo?

—Mañana.

—¿Dónde?

Alexander respiró profundamente.

—En el lugar donde comenzó todo.

Mateo miró a Carlos.

—¿Dónde?

Alexander respondió:

—En el almacén.

Mateo se quedó inmóvil.

El mismo almacén donde Carlos y Thomas habían discutido la noche del 17 de agosto.

—¿A qué hora?

—A las ocho.

Mateo cerró los ojos.

Otra vez las ocho.

Pero esta vez había algo diferente.

David había dado una condición.

Solo podían ir Mateo y Alexander.

Y no podían avisarle a nadie.

Continuará…

1
Max
Pero si ya te lo dijo 👀
Max
Ya cállese señor 🤗
Max
Más inoportuno imposible 🤦‍♀️
Max
Juju alguien se está enamorando 👀
Max
Awww 🤭
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