NovelToon NovelToon
El CEO Que Se Convirtió En Mi Doctor: Amor En Secreto

El CEO Que Se Convirtió En Mi Doctor: Amor En Secreto

Status: Terminada
Genre:CEO / Romance / Completas
Popularitas:6.1k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Renata Sinclair lleva años casada con un hombre que la mira como si fuera un mueble más de su casa. Sin caricias, sin besos, sin palabras dulces… ni siquiera de noche comparten la cama. El rechazo constante ha despertado en ella un fuego que no logra apagar: su cuerpo pide lo que su alma anhela, y la ausencia de afecto se transformó en un deseo incontrolable que la avergüenza y la consume. Desesperada por salvar su matrimonio y sanar esa parte rota de sí misma, acude a una consulta médica privada. Allí conoce al doctor Gabriel Sterling: hombre alto, imponente, mirada de acero y voz que la eriza con cada sílaba. Es autoritario, directo, exigente… y despierta en ella algo que ni su propio cuerpo logra entender. Cuando Renata se atreve a acercarse a su esposo una última vez, buscando recuperar lo que perdieron, recibe la humillación más cruel de su vida. Destrozada, volverá a los brazos —y a la cama— del doctor, sin imaginar que él oculta un secreto: detrás de esa bata blanca.

NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1: El silencio que Grita

La casa era enorme, fría y excesivamente silenciosa. Tres años de matrimonio y Renata Sinclair se sentía más sola que cuando vivía en su pequeño apartamento de estudiante. Las paredes de mármol y los suelos de madera pulida devolvían el eco de sus propios pasos como si el lugar quisiera recordarle constantemente que allí nadie la esperaba, que nadie la buscaba. Su esposo, Andrés, entraba y salía como si ella fuera un mueble más de la sala. Le hablaba de facturas, de cenas con socios, de impuestos… pero nunca de sentimientos. Nunca de lo que ocurría —o mejor dicho, de lo que no ocurría— entre las sábanas de seda que ella elegía con ilusión al principio.

Había pasado más de un año desde la última vez que la tocó de verdad. Un roce fugaz en la mano al cruzar el pasillo, un beso seco y rápido en la frente antes de irse a trabajar… eso era todo. Ni abrazos, ni caricias, ni palabras tiernas que aliviaran el peso de los días vacíos. Y Renata, joven, hermosa y llena de vida, se consumía por dentro como una vela encendida por ambos extremos.

Al principio pensó que era culpa suya. Cambió su cabello, probó cortes y tonos buscando una mirada suya que nunca llegó. Compró lencería fina de seda y encaje, escondida entre sus ropas para que nadie en el servicio se enterara. Preparó sus platos favoritos con paciencia de novia. Se quedó despierta hasta medianoche esperándolo, con el corazón latiéndole esperanzado cada vez que oía el motor del coche… para verlo pasar por la puerta, entrar a su estudio y cerrar la puerta sin siquiera mirarla. Todo fue inútil. Él la miraba y apartaba la vista, como si su sola presencia le molestara. Le decía que estaba cansado, que tenía estrés laboral, que no tenía tiempo para “esas tonterías”.

Con el paso de los meses, el rechazo se convirtió en un hábito… y el deseo de Renata en una obsesión incontrolable que la aterraba. Su cuerpo se rebeló contra el abandono. A veces se despertaba empapada en sudor, el corazón desbocado, soñando con manos grandes y firmes que la recorrían entera, con labios ardientes que besaban su cuello y susurros graves que le decían cuánto la deseaban, cuánto la necesitaban. Pero al abrir los ojos, solo encontraba el frío vacío del colchón a su lado, la almohada intacta, la oscuridad que se burlaba de ella.

Comenzó a imaginar escenas en cualquier momento: en la cafetería, en el supermercado, sentada sola en el cine. Rostros anónimos se mezclaban en su mente con caricias que nunca había recibido. Se avergonzaba de sí misma, se odiaba por ser así, por no poder apagar ese fuego que la consumía desde dentro. Se decía que era una mujer decente, una esposa fiel… ¿por qué su mente se empeñaba en traicionarla así? Sabía que algo andaba mal. Sabía que esa hambre insaciable no era normal, que era la herida supurante de tantos rechazos acumulados.

Una mañana se miró al espejo y apenas se reconoció. Ojeras marcadas bajo unos ojos que antes brillaban, labios mordidos por la ansiedad, manos que apretaban el borde del lavabo con fuerza hasta que los nudos se le pusieron blancos.

—Necesito ayuda —susurró, y su voz tembló como una hoja—. No puedo seguir así. Me estoy perdiendo.

Buscó discretamente, evitando que conocidos o amigos de la familia se enteraran, sabiendo cómo hablaban siempre en su círculo, cómo juzgaban todo sin conocer nada. Encontró el nombre en una publicación especializada, escondida entre páginas de decoración y negocios: Doctor Gabriel Sterling. Especialista en salud sexual y bienestar emocional. El consultorio ocupaba una planta entera en el rascacielos más exclusivo del centro financiero. Nadie la conocería allí. Nadie sabría quién era.

El día de la cita, Renata temblaba de pies a cabeza mientras el ascensor subía, piso tras piso, alejándola de su vida cotidiana hacia algo que no sabía si la sanaría o la destruiría más. Llevaba un vestido sobrio color verde oliva, mangas largas, cuello cerrado, intentando cubrirse lo más posible… y aun así sentía que todos sus pensamientos indecentes brillaban en su frente como un cartel luminoso.

Cuando cruzó la puerta, la sala de espera estaba vacía. La recepcionista le indicó pasar sin hacer esperar. El despacho era amplio, de líneas rectas y tonos oscuros, libros en estanterías de madera noble, una ventana panorámica que devolvía toda la ciudad a sus pies. Olía a madera seca, a café recién hecho y a algo masculino, intenso, que se le quedó pegado a la memoria desde el primer instante.

Y entonces lo vio.

Gabriel estaba de pie junto a la ventana, de espaldas a la puerta, observando el horizonte con las manos entrelazadas a la espalda. Era alto, inmensamente alto, con hombros anchos que llenaban su bata blanca como si la prenda se quedara pequeña ante su presencia física. Al oírla entrar, giró lentamente.

Sus ojos eran oscuros, profundos, como pozos sin fondo que la atravesaban de un vistazo, despojándola de secretos antes de que pudiera pronunciar palabra. Tenía rasgos tallados con dureza: mandíbula cuadrada y firme, nariz recta, pómulos marcados, cabello negro azabache peinado hacia atrás con rigurosa perfección. Pero lo que la dejó sin aire fue esa mirada: no era la mirada distraída de su esposo, ni la mirada educada de conocidos. Era una mirada que la veía a ella, de verdad, como si pudiera ver su deseo latiendo bajo la piel.

—Señorita Sinclair —dijo, y su voz fue grave, profunda, un sonido grave y aterciopelado que le bajó desde la nuca hasta los huesos, erizándole cada vello del cuerpo—. Pase. Siéntese, por favor.

Renata avanzó como si caminara sobre vidrios rotos, con las piernas que apenas le respondían, y tomó asiento frente a su escritorio. Sentía el calor subirle por el cuello, encendiéndole las mejillas. No sabía por dónde empezar, cómo poner en palabras todo aquel caos que vivía en silencio desde hacía años.

—Leí sus notas preliminares —continuó él, sentándose en su sillón sin dejar de observarla ni un instante—. Me indica que lleva un tiempo experimentando cambios en su impulso sexual, tras un prolongado periodo de… ausencia de intimidad con su esposo. ¿Es correcto lo que he leído?

Renata asintió con la cabeza gacha, las manos apretadas con fuerza sobre su regazo.

—Es peor —murmuró con voz quebrada—. Es mucho peor, doctor. Él… no me toca. No me mira. Hace más de un año que ni siquiera duerme conmigo en la misma cama. Y yo… —se le trabó la garganta, las lágrimas quemándole los ojos— yo no puedo dejar de pensar en ello. No puedo controlarlo. En todas partes, a todas horas… mi mente se va por caminos de los que no debería pasar. Me da vergüenza. Me siento sucia. Como si estuviera haciendo algo malo solo por sentir.

Gabriel se inclinó hacia adelante, apoyando los antebrazos sobre el escritorio, acortando la distancia entre ambos. Su cercanía era abrumadora, segura, imponente.

—Míreme, Renata. —Ella alzó la vista obligada por el tono firme de su voz—. Escúcheme bien: no hay ninguna vergüenza en lo que siente. Ninguna. Su cuerpo responde a lo que le niegan sistemáticamente. Es instinto. Es naturaleza pidiendo lo que se le debe. Lo que usted llama “problema” es, en realidad, su ser completo gritando por ser atendido. No se castigue por estar viva. El problema no es su deseo. El problema es que no sabe qué hacer con él, porque nadie jamás le enseñó a vivirlo con salud.

Sus palabras cayeron sobre ella como agua fresca en un desierto. Nadie jamás se lo había dicho así. Nadie jamás la había defendido de sí misma.

—¿Y se puede arreglar? —preguntó ella, con la esperanza brotando frágil y temblorosa en el pecho—. ¿Puedo volver a ser normal? ¿Recuperar mi matrimonio?

Gabriel la recorrió con la mirada lentamente, desde sus ojos hasta sus labios, y se quedó ahí un segundo más de lo necesario, como si se le escapara el control.

—Todo se puede sanar si hay voluntad —respondió con voz un poco más ronca que antes—. Pero le advierto desde ahora: mi método no es suave. Exige verdad completa. Sin máscaras. Sin miedos. Y obediencia absoluta a mis indicaciones. ¿Está dispuesta a entregarse al proceso, Renata?

—Sí —susurró ella, y el corazón le dio un vuelco cuando supo que no solo hablaba del tratamiento—. Haré todo lo que usted diga.

—Bien —asintió él, y una sombra de sonrisa cruzó fugazmente sus labios, tan breve que no estuvo segura de haberla visto—. Nos veremos dentro de tres días. Venga dispuesta a hablar de todo. Y recuerde: aquí dentro nada es vergonzoso.

Cuando salió al pasillo, Renata se apoyó contra la pared fría, respirando con dificultad, las piernas convertidas en algodón. No sabía si era esperanza lo que sentía… o si acababa de poner un pie en un camino del que jamás podría regresar. Y lo peor —o lo mejor— era que no le importaba en absoluto.

1
Norvelys Del Valle Atopo Macayo
tenia que decirle me das asco pedaslo de basura como él le dijo primero
Norvelys Del Valle Atopo Macayo
tenia que decirle me das asco pedaso de basura como él le dijo primero
Norvelys Del Valle Atopo Macayo
y como el marido no la ve ni se dijo cuenta que salio ese debe de tener a otra
Norvelys Del Valle Atopo Macayo
después de esa tremenda cojida ya no importa nada l dejo boba😘😘😘😘🥳
Norvelys Del Valle Atopo Macayo
pobre mujer y así hay mujeres reprimida por hombres que son unas basura no las dejen ser felices con ellos y si ellos
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: ¡Qué palabras tan hermosas y verdaderas! Gracias por ver y sentir la historia de Renata con el corazón tan abierto. Tienes toda la razón: ella representa a tantas mujeres que sufren en silencio… y su camino es demostrar que sí se puede salir, sí se puede amar y ser feliz. Gracias por tu apoyo y por estar siempre aquí 🫶 Un abrazo enorme! 🤗
total 1 replies
Chela Guidoni
mostra fotos
Eliana Angulo
ya va aparecer una resbalosa 🤭
Eliana Angulo
se volvió frío por persona que lo hicieron sentir culpable por algo que fue accidental
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: ¡Lo has captado perfectamente! No eligió ser así: el dolor y la culpa injustada construyeron ese muro para protegerse. Pero las heridas comparten… y sanan también. Gracias por ver más allá de su frialdad
total 1 replies
Eliana Angulo
porque será que siempre la familia es la que los traicionan
Eliana Angulo
me ha encantado tu historia... muy bien desarrollado cada capítulo 👍😍
Eliana Angulo
me ha encantado tu historia... muy bien desarrollado cada capítulo 👍😍
Eliana Angulo
pero ve ha este prepotente... el piensa que todos los hombres son como el 🤬
Eliana Angulo
pero no sé a divorciado y ya quiere que todo mundo sepa que está con el otra posesiva🤭🤭 hay Renata
Eliana Angulo
Gabriel que posesivo eres🤭🤣🤣
Eliana Angulo
jajajaja que si lo conozco... dale lo conozco muy bien 🤭🤣
Eliana Angulo
porque no decirle las cosas de una vez🤔 no veo la necesidad de ocultar lo que es en verdad si es que quiere algo serio con ella
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: Entiendo perfectamente tu punto, es muy razonable, Gabriel oculta su identidad por miedo y por seguridad: su mundo es peligroso y quería acercarse a Renata sin que ella se asustara o corriera riesgos. Pero ya verás que no tardará en confesarle todo… ¡y valdrá la pena la espera! 🫶 Gracias por tu apoyo y por estar aquí 🤗💖
total 1 replies
Eliana Angulo
un hombre como Gabriel necesitaba Renata👏👍
Eliana Angulo
si está loca y leda tanto asco que hace con ella🤬 🤬
Eliana Angulo
Pobre de Renata, haciendo todo para arreglar una relación que solo hacen sentir menos😡
Eliana Angulo
lo bueno fue que busco ayuda 👏
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play