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Historia De Una Reina Renacida

Historia De Una Reina Renacida

Status: Terminada
Genre:Romance / Matrimonio arreglado / Reencarnación / Completas
Popularitas:5.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Lelixi

Los malentendido de mantener un amor oculto, los fantasmas de un rey que no sabe expresar amor y una segunda op0rtunodad que Anastacia no desperdiciaría

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El Despertar del Titán

​El amanecer se abrió paso a través de los ventanales de la cámara real, bañando la estancia en un tono dorado y tibio.

​Anastasia despertó lentamente, sintiendo un peso firme y protector sobre su cintura. Nataniel la mantenía pegada a su pecho, con un brazo rodeando su cuerpo y la cabeza sepultada en su cabello oscuro. El monarca aún dormía, pero incluso en el sueño, su agarre era posesivo y atento, como si temiera que al soltarla ella se desvaneciera en el aire.

​Anastasia sonrió con dulzura y alzó la mano para delinear suavemente el contorno de su mandíbula marcada y las líneas de su rostro. Al sentir el leve toque de sus dedos, las pestañas oscuras de Nataniel se agitaron y sus ojos azules se abrieron de golpe, alerta por instinto militar.

​Sin embargo, al fijar la vista en el rostro de su esposa, la tensión en la mirada del rey se disolvió al instante, reemplazada por una calidez profunda y desarmada.

​—Buenos días, mi reina —susurró Nataniel con la voz ronca por el sueño, inclinándose para darle un beso tierno en los labios.

​—Buenos días, Nataniel —respondió ella, acariciándole la mejilla—. ¿Has dormido bien?

​—Jamás en toda mi vida había dormido en paz —confesó el rey, apretándola un poco más contra su cuerpo—. Pensé que al despertar descubriría que todo había sido un espejismo creado por mi mente.

​—Es real, Nataniel. Estoy aquí y no me iré a ninguna parte.

​La transformación en la conducta de Nataniel a lo largo del día fue motivo de constante asombro para toda la fortaleza. Durante la reunión matutina del consejo de estado, aunque el monarca mantuvo su autoridad implacable ante los ministros y condes del norte, su tono de voz carecía del veneno amargo de épocas pasadas. Además, rompió la reunión antes de lo habitual expresando abiertamente que deseaba almorzar en los jardines en compañía de la reina.

​Los nobles y duques del norte cruzaban miradas de incredulidad. El temible rey, a quien muchos consideraban una máquina de guerra sin corazón, caminaba ahora por los pasillos de la mano de Anastasia, atendiendo las opiniones de la joven reina con un respeto y una atención absolutos.

​Sin embargo, Anastasia no perdía de vista la realidad del reino. Sabía que la estabilidad política de Veloria era frágil. Los sectores más conservadores de la aristocracia norteña, encabezados por el anciano Duque Vane —un hombre severo que había servido al padre de Nataniel—, veían con recelo la influencia de una reina del sur sobre las decisiones del monarca.

​—Vuestra majestad parece estar sumamente complacido con las sugerencias de la reina Anastasia —comentó el Duque Vane con un tono sutilmente mordaz durante una pausa en la galería—. Esperemos que las costumbres suaves del sur no debiliten el rigor que las provincias del norte requieren para mantener el orden.

​Nataniel se detuvo en seco. Se giró hacia el anciano duque y lo miró desde su imponente estatura con una frialdad que heló la sangre del noble.

​—La reina Anastasia es la soberana de este reino por derecho y por mi propia voluntad, Duque Vane —respondió el rey con una voz helada que resonó en todo el pasillo—. Sus costumbres y su sabiduría son una bendición para este castillo. Si volviendo a escuchar la menor insinuación de que su presencia debilita la corona de Veloria, consideraré vuestras palabras como una afrenta directa a mi propia autoridad. ¿Ha quedado claro?

​El Duque Vane palideció de inmediato, realizando una reverencia apresurada y humilde.

​—Absolutamente claro, su majestad. Perdonad mi torpeza.

​Anastasia observó la escena al lado del rey. Comprendió que Nataniel defendería su honor con la ferocidad de un león, pero también reconoció que debía actuar con inteligencia diplomática para no alimentar facciones rebeldes en el consejo.

1
Bea Ro
hermosa novela
Dora Guzman Pacherres
Me hubiera gustado que le diga que esperaba otro hijo🥲 así sería un final épico y la felicidad fuera mayor.
Dora Guzman Pacherres
Sería fabuloso que le entregué a Bruno un ducado alejado en las fronteras para que pueda supervisar y controlar y de paso se lleve a Óscar así podrían ser felices juntos y nadie los odiaría 🤔🤔🤔🤔
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