Soy Natalia Salazar. Tengo veintitrés años y jamás imaginé que una amistad de la infancia pudiera convertirse en algo más.
En Puerto Marina nadie pronunciaba el apellido Salazar sin bajar la voz. Mi padre era el hombre más temido de la ciudad, y crecer bajo su sombra significó vivir entre guardaespaldas, reglas y puertas cerradas. Mientras otros hacían amigos en la escuela o salían los fines de semana, yo aprendí a mirar el mundo desde lejos.
Pero no estaba completamente sola.
Tenía a Marcos y a Alex.
Nos conocíamos desde niños y, aunque rara vez podíamos vernos fuera de los eventos organizados por nuestras familias, ellos eran lo más parecido a una vida normal que había tenido.
Hasta aquella noche.
Lo vi entre la multitud y algo cambió.
No fue una mirada, ni una sonrisa, ni una palabra bonita. Fue algo peor: la sensación de que, por primera vez en mi vida, estaba a punto de desear algo que nunca debería haber querido.
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INFANCIA
Soy Natalia Salazar tengo 23 años. fui una persona callada y obediente a lo que se me decía siempre siendo cuidadosa al hablar, con quién o a quien le dirigía la palabra y siempre siendo observada o ignorada no podía hablar con nadie sin que mi apellido pesara encima de mi, nadie quería hablar o acercarse a un Salazar o eso es lo que yo elegia creer, aunque en el fondo sabía que no era cierto porque mis dos hermanos mayores pudieron tener una vida "normal" o lo que yo llamaba normal.
Salir con amigos, tener novias, poder andar con normalidad sin que nadie los esquivé era algo que siempre quise también, pero era todo lo contrario de lo que me pasaba a mi...
el único momento que pude ser una persona normal y vivir sin que me esquiven por ser la única mujer de la familia Salazar, fue de niña.
mi papa trabaja en exportación de armas con países extranjeros, o eso al menos como fachada, además es el jefe de la mafia en toda marina y aquí su palabra es ley
soy la única hija mujer de la familia Salazar porque mi madre falleció cuando yo tenía 6 años y tanto mi padre como mis hermanos me protegían sin importar que, tanto que no dejaban que nadie se me acercara y por eso todo el mundo me esquivaba o me ignoraba como si yo no existiera
Cuando mi madre falleció yo no entendía muy bien, pero sabía que ella no volvería jamás y que ya nadie jugaría conmigo como ella lo hacía. Yo me encerré en mi misma y no jugaba con nadie, pedía que me llevarán a ver el mar de marina, era la vista más hermosa que había y la que mejor me reconfortaba ya que era el lugar favorito de mi madre
Ya había pasado un año y mi rutina era simple, me despertaba, saludaba a mi padre y a mis hermanos. luego de desayunar me sentaba en un sillón que teníamos en el comedor y después de un rato pedía para ir a ver el mar.
Un día como cualquier otro iba a pedir que me llevarán a ver el mar y mi padre como nunca me pidió que me quedara, que iba a recibir a unos viejos amigos. Yo con muy pocas ganas obedecí y me comporte como se me exigía hacerlo.
3 horas después llegaron los invitados de mi padre y fue ahí cuando vi a dos niños ,Marcos y Alex. eran callados y obedientes igual que yo, no hablaban si no les decían, no emitían ninguna especie de sonido hasta que nos pidieron ir a jugar para poder charlar de negocios
Fuimos al piso de arriba, ahí tenía una biblioteca que desde que falleció mamá no utilizaba. Yo no era de hablar con nadie en ese entonces. yo me sentaba y miraba por la ventana la hermosa vista que entraba en una esquina de ese mágico lugar que ella había creado para nosotros al igual que la visita de marina, los árboles verdes oscuro algunos altos otros pocos más bajos, las casas que habían en las montañas cerca del río, las calles que se veían eran pacíficas no había mucho ruido, era tranquilo, Hera hermoso.
Marcos
…¿por qué te sientas ahí sola?¿estás llorando?¿por qué?…
Alex
…ten, es una caricatura. creo que te va a gustar y ya no llores quieres, ven a leer con nosotros
Era raro el sentimiento que estaba sintiendo, era como volver a jugar, a divertirme con ella. así jugamos y nos reímos toda la tarde
Nosotros eramos iguales en cierto modo ellos iban a terminar trabajando para sus padres o incluso para el mío y yo sabía que iba a terminar siendo moneda de cambio pero nada de eso importaba cuando jugamos y desde ese momento habíamos prometido ser amigos siempre
ellos estuvieron viviendo en marina tres años ya para entonces yo tenía 10, Marcos tenía 13 y Alex 15, a punto de cumplir 16. Cómo todas las tardes ellos vendrían a jugar y a leer libros. Se hizo la hora y no llegaron, los espere otro rato más y no vino ninguno de ellos. Así esperé varios días hasta que me rendí y dejé de esperar
sentia que se me saldría el corazón del pecho, pero ya conocía la sensación de ese dolor, del abandono involuntario. Costó pero lo superé
Los años pasaron más rápido de lo que imaginé
La biblioteca seguía siendo mi refugio. Desde que mamá murió, ese lugar se convirtió en el único sitio donde el silencio no me pesaba. Cada libro era una forma de escapar, aunque fuera por unas horas, de la vida que me había tocado
Aquel día no era diferente. Tomé el libro que había dejado a medias la noche anterior y estaba a punto de acomodarme en el viejo sillón junto a la ventana cuando uno de los empleados golpeó la puerta
… Señorita Natalia, su padre desea verla en el despacho.
Fruncí apenas el ceño. Mi padre nunca me llamaba sín un motivo importante.
Cerré el libro con cuidado y respiré hondo antes de bajar las escaleras
…¿me mandó a llamar?… Pregunté al entrar
Mi padre levantó la visita de unos documentos
…si. esta noche asistirás conmigo a una reunión. Unos viejos colegas organizaron un evento y considero que ya es hora de que empieces a acompañarme .
Por fuera asentí con tranquilidad
…cómo usted diga, padre
Por dentro era completamente distinto
Era la primera vez que saldría a un evento con el, tal vez sonará insignificante para cualquiera, pero para mí era una oportunidad de ver un mundo que siempre había observando desde lejos
así como tampoco tenía idea de que aquella noche iba a cambiar mi vida para siempre