Ella renace decidida a cambiar su destino y a sobrevivir.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Carácter 1
A la mañana siguiente, la mansión Krugher ya estaba completamente revolucionada.
Desde muy temprano comenzaron a entrar y salir sirvientes.
El cocinero revisaba personalmente los ingredientes del desayuno.
Las doncellas cambiaban las flores de la habitación.
Y un segundo médico, especialista en embarazos de la nobleza, había llegado para realizar otra evaluación.
Davina, todavía adormilada, suspiró al verlo entrar.
[¿Otro más?]
[Espero que no me hagan beber otra cosa amarga.]
El médico era un hombre de mediana edad, amable y muy conversador.
Después de revisarla cuidadosamente, sonrió.
—Todo sigue igual.
Eso es una buena noticia.
Davina respiró aliviada.
El médico continuó.
—Debe seguir alimentándose bien. Descansar. Evitar esfuerzos excesivos. Y... Sacó un pequeño frasco de color verde oscuro.
Davina lo miró con desconfianza.
—¿Qué es eso?
—Una poción fortalecedora.
Ella olió el contenido.
Su expresión cambió inmediatamente.
—Huele horrible.
El médico sonrió.
—También sabe horrible.
Davina hizo una mueca.
—Gracias por la sinceridad.
La doncella le entregó el frasco.
Davina respiró profundamente.
—Por mi hijo...
Cerró los ojos.
Y bebió todo de un solo trago.
Apenas terminó...
Su rostro perdió todo el color.
Miró al médico con evidente indignación.
—¿Quién inventó esto?
El médico no pudo evitar reír.
—Una joven maga muy talentosa.
—Pues cocinera no era.
⸺Se lo diré a Megara
La doncella también tuvo que contener la risa.
Davina tomó rápidamente un vaso de agua.
Luego otro.
Y después un trozo de pan.
—Sigue sabiendo horrible...
Murmuró.
⸺Lady, es importante que descanse pero también debe hacer actividad física limitada cada dia, para fortalecer su cuerpo.
⸺Lo haré
Más tarde, recordando las indicaciones de ambos médicos, decidió salir un rato de la habitación.
No iba a correr.
Ni a hacer esfuerzos.
Solo quería caminar tranquilamente.
Además...
Sentía curiosidad por conocer la enorme mansión donde, aparentemente, todos habían decidido que viviría.
Los pasillos eran inmensos.
Había enormes ventanales.
Cuadros antiguos.
Armaduras decorativas.
Y jardines que podían verse desde casi cualquier lugar.
Una doncella caminaba junto a ella.
—¿Está cansada, lady Davina?
Ella negó con una sonrisa.
—No. La verdad... Caminar un poco me hace sentir mejor.
La doncella sonrió.
—El doctor dijo exactamente eso. Que un poco de actividad física sería beneficiosa.
Davina asintió.
—Mientras no sea un esfuerzo excesivo.
Continuaron caminando tranquilamente.
Hasta que doblaron una esquina.
Y se encontraron de frente con Jean.
El duque acababa de salir de una reunión con dos administradores.
Al verla caminando por los pasillos...
Frunció inmediatamente el ceño.
—Lady Davina.
Ella sonrió con naturalidad.
—Buenos días.
Jean observó a la doncella.
Luego volvió a mirar a Davina.
—¿Qué está haciendo?
Ella parpadeó.
—¿Caminando?
Él respondió con evidente desaprobación.
—¿Y por qué está paseándose por toda la mansión en lugar de descansar?
Davina lo miró confundida.
Jean continuó.
—Ayer el médico dijo que debía cuidarse. No recorrer la casa como si...
Hizo una breve pausa.
—...como si ya fuera la dueña de la mansión.
Silencio.
La sonrisa de Davina desapareció.
Lo miró fijamente.
Tan fijamente que incluso la doncella dio un pequeño paso hacia atrás.
[¿Qué acaba de decir?]
Jean sostuvo la mirada.
Davina respiró profundamente.
Después giró lentamente la cabeza hacia la doncella.
Con una calma sospechosa.
—¿Sería tan amable de repetirle al duque... las indicaciones del doctor?
La doncella tragó saliva.
Miró al duque.
Luego a Davina.
Y respondió con muchísimo cuidado.
—El doctor indicó buena alimentación. Descanso. Evitar esfuerzos excesivos. Y...
Hizo una pequeña pausa.
—También recomendó actividad física moderada. Como caminar diariamente unos minutos. Tal como él mismo explicó esta mañana.
El silencio fue absoluto.
Jean permaneció completamente inmóvil.
Había cometido un error.
La doncella esperó unos segundos.
Después dio un pequeño paso hacia atrás.
Como si quisiera desaparecer.
Jean sabía perfectamente que se había equivocado.
Pero... Era Jean Krugher.
Y reconocer un error en ese mismo instante...
Era algo que su orgullo simplemente no le permitía hacer.
Así que permaneció en silencio.
Sin disculparse.
Davina lo observó unos segundos más.
Esperó.
Cinco segundos.
Diez.
Nada.
Ni una sola palabra.
Entonces cruzó lentamente los brazos.
—Perfecto.
Su sonrisa volvió.
Pero era una sonrisa peligrosamente amable.
—Ya que quedó claro que no estaba haciendo nada incorrecto... Solo quiero aclararle una cosa.
Jean levantó una ceja.
Davina lo señaló con un dedo.
—No me interesa ser la señora de esta mansión.
El duque permaneció en silencio.
—Y su mansión...
Hizo una pausa.
La doncella cerró los ojos.
Sabía que aquello no terminaría bien.
Davina sonrió.
—Puede metérsela donde mejor le quepa.
La doncella dejó escapar un pequeño jadeo.
Uno de los administradores abrió mucho los ojos.
Nadie.
Absolutamente nadie.
Le hablaba así al duque Krugher.
Davina dio media vuelta con toda la dignidad del mundo.
—Vamos.
Le dijo a la doncella.
La joven tardó dos segundos en reaccionar.
—¡S-Sí, lady Davina!
Las dos comenzaron a alejarse por el pasillo.
Con paso firme.
Davina no volvió la cabeza ni una sola vez.
Solo cuando estuvo lo suficientemente lejos murmuró entre dientes.
—Orgulloso. Mandón. Y además incapaz de pedir disculpas.
La doncella no supo si responder o fingir que no había oído nada.
Optó por la segunda opción.
Mientras tanto...
Jean seguía inmóvil en el mismo lugar.
Uno de los administradores lo miró con evidente nerviosismo.
—¿Su excelencia...?
El duque no respondió.
Seguía observando el pasillo por donde Davina acababa de desaparecer.
Después de un largo silencio...
Soltó un suspiro casi imperceptible.
Pensó por un instante en ir tras ella.
Incluso en disculparse.
Pero descartó la idea inmediatamente.
[Después.]
Pensó.
[Lo haré después.]
Aunque, en el fondo, ni él mismo sabía cuándo era exactamente ese "después".
Porque si había algo tan grande como el ducado de los Krugher...
Era el orgullo de su propio duque.
Y, por desgracia para ambos, Davina Evans poseía exactamente el mismo carácter.
que en las noches se buscan a ver si algo hace que dejen ese orgullo para que su hijo nazca en un lugar estable con padres dejen su orgullo por el
Si me reí, pero se pasó de descarada, y Jean no va dejar de pasar la. oportunidad de satisfacerse de su esposa tóxica masoquista , pobre criatura cuando sea grande y pregunté cómo eran sus padres 🤣🤣
me fascina leer