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Cuestiones Del Corazón

Cuestiones Del Corazón

Status: Terminada
Genre:Venganza / Amor-odio / CEO / Completas
Popularitas:7.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

Ester Villaseñor es una joven soñadora, llena de ilusiones y protegida por el poder de su familia. Pero su mundo perfecto se desmorona cuando se cruza en el camino de Vincent Vane, un hombre enigmático consumido por el dolor y la sed de venganza. Diez años atrás, un trágico accidente le arrebató al amor de su vida... y el culpable lleva el mismo apellido que Ester. Decidido a hacer pagar a la familia del responsable, Vincent utilizará a Ester como la pieza clave de su cobro. Lo que ninguno anticipó es que, en medio del odio y el engaño, nacerá una atracción prohibida que amenazará con destruirlos a ambos.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo XIV Amenaza en las sombras

La luz de la tarde se filtraba débilmente por los ventanales blindados de la oficina presidencial de las Empresas Vane. Vincet permanecía sentado tras su imponente escritorio de caoba, con la mirada fija en una serie de informes financieros que no lograban capturar del todo su atención. A sus treinta y seis años, la frialdad en su rostro se había acentuado, convirtiéndolo en una figura implacable, inaccesible para todos.

Unos golpes secos en la puerta de roble interrumpieron el silencio.

—Adelante —ordenó Vincet con voz grave, sin levantar la vista.

Elías entró a la oficina. Su postura, habitualmente firme y profesional, denotaba una inusual rigidez. Sostenía entre sus manos una carpeta de piel negra que depositó directamente sobre el escritorio de Vincet.

—Señor Vane, tenemos un problema en el sector de exportaciones —comenzó Elías, ajustándose la corbata con cierto nerviosismo—. Un nuevo competidor ha entrado al mercado internacional y está absorbiendo nuestras cuotas de participación a un ritmo alarmante.

Vincet alzó lentamente la mirada, mostrando un leve destello de irritación.

—Las firmas locales no tienen el capital para competir con nosotros, Elías. Lo sabes bien.

—No se trata de una firma local —intervino Elías de inmediato, señalando la carpeta—. Es un conglomerado extranjero que desembarcó en el país hace apenas unos meses. Su estratega principal es una empresaria misteriosa. Nadie conoce su rostro ni su origen exacto, pero en cuestión de semanas ha logrado arrebatarle contratos clave a los De la Vega y está acorralando nuestras filiales en el exterior. Su agresividad comercial no es normal; parece diseñada específicamente para golpear las estructuras de nuestro imperio y de los Villaseñor.

Vincet abrió la carpeta, observando los gráficos de pérdida de mercado y las cifras de inversión de la misteriosa firma extranjera. Algo en la precisión de los ataques financieros le provocó una extraña punzada en el estómago, una inquietud que no experimentaba desde hacía años.

Antes de que pudiera emitir una orden, las puertas dobles del despacho se abrieron de par en par.

Un bastón con empuñadura de plata resonó sobre el suelo de mármol. Alejandro Vane, el patriarca de la familia, avanzó hacia el centro de la habitación.

Su cabello, completamente teñido de canas, contrastaba con la firmeza de su postura y unos ojos oscuros que conservaban una perspicacia intacta, capaz de leer las intenciones y debilidades de cualquier persona en cuestión de segundos.

Elías hizo una breve inclinación de cabeza en señal de respeto y se retiró en silencio, cerrando la puerta tras de sí.

—Veo que finalmente algo logra alterar tu monotonía, Vincet —dijo Alejandro con voz pausada pero contundente, apoyando ambas manos sobre su bastón mientras observaba a su hijo.

—Es solo un contratiempo comercial, padre —respondió Vincet, cerrando la carpeta con brusquedad—. Nada que no pueda resolver antes del cierre del trimestre.

Alejandro soltó una leve risa amarga y caminó lentamente hacia el ventanal, contemplando la ciudad.

—No me refiero a los negocios. Me refiero a ti —sentenció el anciano, girándose para clavar su mirada en los ojos cansados de su hijo—. Mírate. Posees la fortuna más grande de la región, has aplastado a tus enemigos y, sin embargo, vives encerrado en esta torre como un fantasma.

Vincet apretó la mandíbula, pero guardó silencio. Alejandro dio dos pasos hacia el escritorio, reduciendo la distancia entre ambos.

—Han pasado dieciséis años desde la muerte de Alma —soltó el patriarca con una frialdad calculada—. Dieciséis años desde esa tragedia que destrozó a nuestra familia. Entendí tu luto, entendí tu rabia y tu sed de venganza contra los Villaseñor. Pero no voy a permitir que destruyas la dinastía Vane entregándote a una soledad eterna.

—Padre, no empieces con esto otra vez... —advirtió Vincet, con la voz cargada de una tensión peligrosa.

—¡Es mi deber como tu padre! —interrumpió Alejandro, golpeando ligeramente el suelo con su bastón—. No puedes seguir pagando una culpa que no te corresponde. Necesitas rehacer tu vida, Vincet. Un hombre de tu posición necesita una esposa, un heredero, alguien que le dé sentido al imperio que hemos construido. No voy a ver cómo mi apellido muere contigo por culpa de los fantasmas del pasado.

Vincet se puso de pie, imponiendo su figura, pero el anciano no se inmutó ni un solo milímetro. La astucia de Alejandro siempre había estado un paso por delante.

—Esta noche cenamos juntos en la mansión —ordenó Alejandro, utilizando un tono que no admitía réplica—. E invitado a una joven de excelente familia que ha regresado recientemente del extranjero. Es hora de que dejes de mirar hacia el abismo y comiences a asegurar el futuro. Te espero a las ocho en punto, Vincet. Y no aceptaré excusas.

Sin dar espacio a una protesta, el anciano se giró y caminó hacia la salida con paso firme.

Vincet se quedó solo en la inmensidad de su oficina. Miró la carpeta sobre su escritorio con el reporte de la empresaria extranjera y luego la silla vacía donde su padre había dictado su sentencia. Por primera vez en seis años, las aguas estancadas de su fría existencia comenzaban a moverse con fuerza, impulsadas por la manipulación de su padre y la amenaza de un enemigo invisible que acechaba desde las sombras.

Elías volvió a entrar a la oficina una vez que salió el patriarca, cerrando la puerta con suavidad tras de sí para devolverle al despacho ese silencio sepulcral que solía dominar la vida de su jefe.

—Mi padre insiste en que rehaga mi vida, él no entiende que no me interesa establecerme con nadie —soltó Vincet, dejando escapar un suspiro pesado mientras se pasaba una mano por la frente, exhausto por la presión constante.

—El señor Vane solo se preocupa por usted, él sabe que su tío está listo para poner las manos en el imperio que con tanto esfuerzo ustedes han construido —explicó Elías con seguridad, manteniendo una postura firme pero comprensiva frente al magnate.

—El tío Matías y mi primo son unas sanguijuelas y antes de que pongan un dedo sobre mi fortuna prefiero donar todo lo que tengo —sentenció Vincet con desprecio, ajustándose los puños de la camisa con brusquedad.

—Yo coincido con su padre, debería intentar conocer a alguien y formar una familia —insistió Elías en un tono más pausado, cruzando las manos al frente.

—También piensas como mi padre, pero sabes bien que eso es imposible… no tengo derecho a ser feliz cuando por mi culpa acabé con un ser puro e inocente.

Las palabras de Vincet estaban cargadas de un dolor antiguo y lacerante, tan vivo como el primer día.

Se levantó del sillón de piel y caminó hacia el imponente ventanal. Apoyó una mano contra el cristal helado y contempló la inmensidad del cielo, que a esa hora de la tarde comenzaba a teñirse de tonos grises y purpúreos. Ese firmamento infinito, hermoso y distante, le recordaba inevitablemente la luz de Ester, la pureza que él mismo se había encargado de sofocar. El dolor intenso que aún sentía por su muerte le oprimió el pecho con la fuerza de un torniquete. Ningún banquete organizado por su padre, ninguna alianza social y ninguna mujer en el mundo podrían borrar la condena que él mismo se había impuesto: amar eternamente a un fantasma y pagar su culpa en la soledad más absoluta.

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valeska garay campos
hermosa historia,corta y sin mucho drama
Al final supieron renacer como pareja
Maria Mongelos
Ester debe sanar su corazón y darse otra oportunidad con Vincent
Maria Mongelos
Miranda, elegiste el bando equivocado y te va a costar muy caro
valeska garay campos
🤬🤬🤬🤬
ANALIA ✨🌹🍀
woww que capitulo tan intenso 👏👏👏 felicidades escritora !!!!
Maria Mongelos
Gracias querida escritora 💕
Maria Mongelos
Sigue soñando Mirando, Vincet no se va a dejar tan fácil más ahora que apareció Iker
Maria Mongelos
Vincent, deberías de ser más pillo, Iker no estas euro con los cuervos que tienes como tío y primo
Maria Mongelos
Griten, lloren, saquen todo lo que tienen adentro pero Iker ya decidió por ustedes, él quiere a su papá
Maria Mongelos
Vincent, no tienes derecho a reclamarle nada. tu sólito la destruiste, ahora a ver como resuelves esto
Maria Mongelos
Vincent, no tienes derecho a reclamarle nada. tu sólito la destruiste, ahora a ver como resuelves esto
Maria Mongelos
Vas a llegar tarde Ester porque Iker ya estación su papá. Me encanta😍
Maria Mongelos
Iker es mi idolo💕
Maria Mongelos
Seguramente fué el tío o el primo y el6culpando a los Villaseñor
Maria Mongelos
Te dije Vincent que ibas a sufrir, bien merecido lo tienes
Maria Mongelos
Ojalá Vincent e Ismael se enteren pronto qué son padres
Maria Mongelos
Samantha con la hija de Ismael y Ester con un hijo de Vincent, esto está buenísimo
Maria Mongelos
Me encanta, ya quiero saber co.o termina esta guerra
Maria Mongelos
Como que el padre la ayudó? Fué todo un teatro? El viejo siempre supo que estaba viva
Maria Mongelos
Siii!!! Eso, Ester, volviste para darle su merecido.
Dale con todo por idiota
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