Morir en una balacera de la mafia y despertar como la villana tonta de una novela de época no estaba en mis planes. Ahora soy Elara de Valois, y todos esperan que llore, que ruegue por el amor del Príncipe Heredero o que muera a manos de mi prometido, el temible Archiduque Killian.
Los rumores dicen que es un asesino despiadado, pero cuando cruzo miradas con él, solo veo a alguien de mi especie. Él cree que soy una damisela de cristal a la que puede romper fácilmente. Qué gran error. No sabe que bajo este vestido de seda se esconde la mente de una criminal profesional.
Dos lobos en un mismo territorio no pueden convivir en paz... a menos que decidan incendiar el imperio juntos.
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capítulo 7
ELARA:
El olor a sangre y ceniza todavía impregna el aire de la calle de la capital cuando los guardias del Archiduque Romanov terminan de asegurar el perímetro.
Afuera los cuerpos de los asesinos yacen inmóviles sobre el frío pavimento y tras la matanza, regresamos al interior del vehículo.
El silencio vuelve a reinar entre las paredes de terciopelo, pero es un silencio espeso, cargado de una electricidad completamente diferente a la de antes.
Me acomodo en mi asiento, alisando las faldas de mi vestido rojo sangre, el cual ahora tiene una rasgadura en la pierna que deja ver mi piel.
Mis manos no tiemblan y el pulso me va a mil por hora, pero es por la pura adicción al peligro.
El Archiduque guarda su espada real en la vaina con un clic metálico que resuena con fuerza y se sienta frente a mí, pero esta vez no me quita los ojos de encima.
Sus rubíes encendidos brillan en la penumbra con una intensidad que casi puedo sentir físicamente, me observa como si fuera el misterio más letal y hermoso que ha cruzado en su vida.
—Es usted una criatura fascinante, Lady de Valois.
Su voz es un susurro áspero, un rugido contenido que reverbera en el pequeño espacio.
—Ninguna mujer de la alta sociedad sabe cómo romper el brazo de un asesino con esa frialdad y mucho menos clavar una daga a la distancia con perfecta puntería militar.
—Ya se lo advertí, Archiduque.
Respondo reclinando la espalda con elegancia y ladeando la cabeza con una sonrisa felina.
—Las mujeres de su corte son de cristal, yo soy de acero y el Príncipe Heredero piensa que un par de matones de pacotilla van a detenerme, es más estúpido de lo que imaginé… Le salvé la espalda, por cierto. De nada.
El carruaje vuelve a ponerse en marcha, avanzando a paso lento por los callejones oscuros hacia las puertas de la mansión de mi familia.
El trayecto es corto, demasiado corto para la tensión que nos envuelve.
Cuando el vehículo finalmente se detiene en la entrada principal de la casa de Valois, el cochero no se atreve a abrir la puerta de inmediato, dándonos un último momento de absoluta privacidad.
El Archiduque Romanov se levanta de su asiento y se traslada al mío sentándose justo a mi lado.
Su imponente tamaño y sus hombros anchos me acorralan sutilmente contra el respaldo y su calor corporal me invade por completo, rompiendo toda gélida distancia protocolaria y las tontas reglas de etiqueta.
—El Norte es un lugar frío y despiadado mi futura Archiduquesa.
Murmura inclinando su rostro hacia el mío con sus ojos descendiendo peligrosamente hacia mis labios.
— Pero creo que usted va a encender mis tierras hasta las cenizas.
—¿Me está teniendo miedo, Archiduque Romanov?
Lo provoco en un susurro acortando los escasos centímetros que nos separan, sintiendo el ritmo acelerado de su respiración contra mi piel.
—No Lady de Valois… Me estoy volviendo adicto.
Responde y antes de que pueda añadir una sola palabra, su mano enguantada se desliza con firmeza por mi cuello, atrapando mi mandíbula con una posesividad que me corta el aliento.
El Archiduque Romanov me reclama los labios en un beso profundo, dominante y devastador.
No es un beso casto ni un roce tímido de la nobleza; es un beso salvaje, un choque de dos fuerzas letales que se reconocen como iguales después de haber sobrevivido a la muerte.
Su boca es cálida, firme y hambrienta, devorando la mía con una urgencia que me enciende la sangre y lejos de asustarme, rodeo su cuello con mis brazos, hundiéndome en el contacto y respondiendo con la misma intensidad de una jefa de la mafia que jamás se deja dominar sin pelear.
El beso se prolonga robándonos el aire en la penumbra del carruaje, una mezcla perfecta de peligro, pasión y posesión pura.
Siento la dureza de su pecho contra el mío, el crujido de su uniforme militar y la promesa implícita de que, a partir de esta noche, nuestras almas están ligadas en el mismo infierno.
Él saborea la victoria y el peligro en mis labios, y yo saboreo el poder en los suyos.
Cuando finalmente se separa un milímetro, sus ojos rubíes están más oscuros que nunca fijos en mi boca entreabierta y enrojecida.
Sus dedos dan una última caricia lenta en mi mejilla, justo donde antes limpié la sangre, antes de soltarme.
—Considere esto como el verdadero sello de nuestro compromiso.
Dice con la voz más grave, rota y ronca de lo habitual.
— La veré en el altar en tres días, Lady de Valois... No se le ocurra morir antes.
—Haga lo mismo Archiduque... Sería una lástima que me dejara plantada después de esto.
Respondo recuperando mi sonrisa altiva y recuperando el aire mientras me coloco de pie.
Abro la puerta del carruaje por mi cuenta y bajo con paso firme hacia el vestíbulo de mi mansión sintiendo el fuego de su mirada clavado en mi espalda.
Toco mis labios con la yema de los dedos mientras los sirvientes me miran escandalizados por mi vestido rasgado y mis manchas de batalla.
Definitivamente el "Monstruo del Norte" acaba de encontrar a su dueña, y yo acabo de encontrar mi juego favorito.
necesito fotos de ese guardián 🤭