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HASTA QUE SEAS MÍA

HASTA QUE SEAS MÍA

Status: En proceso
Genre:Matrimonio contratado / Posesivo / Divorcio
Popularitas:14.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Enn Gómez

Isabella Mason creyó que su matrimonio con Alan sería para siempre.

Lo amó, lo apoyó cuando no tenía nada y permaneció a su lado mientras él construía la vida que siempre quiso. Pero con el éxito llegaron la distancia, la ambición y la certeza de que amar a alguien no siempre significa ser suficiente para quedarse.

Cuando su matrimonio se derrumba, Alexander Blackwood aparece con una propuesta imposible: divorciarse y casarse con él.

Alexander está a punto de anunciar su candidatura presidencial. Isabella necesita empezar de nuevo.

El acuerdo parece sencillo.

Hasta que deja de serlo.

Porque Alexander Blackwood nunca entra en una historia por casualidad.

NovelToon tiene autorización de Enn Gómez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1

Si alguien me hubiera pedido, en aquel entonces, que describiera un día cualquiera de mi vida con Alan, no habría sabido por dónde empezar sin sonreír como una tonta. Ahora, mirando atrás, me doy cuenta de que esa sonrisa era casi un acto de fe.

Siempre despertaba antes que él.

El despertador sonaba a las cinco cuarenta y yo lo apagaba al primer timbre para regalarle unos minutos más de sueño. Alan casi nunca descansaba lo suficiente. Podía acostarse de madrugada después de pasar horas frente a la computadora y, aun así, levantarse convencido de que aquel sería el día en que alguien por fin respondería uno de sus correos.

Mientras él dormía, yo preparaba café.

Era malo, terriblemente malo.

Durante los primeros meses comprábamos el más barato que encontrábamos y algunas mañanas recalentaba el del día anterior porque desperdiciar cualquier cosa me parecía un lujo que no podíamos permitirnos.

Ese tipo de pensamientos eran nuevos para mí. Había crecido en una casa donde nunca tuve que preguntarme cuánto costaba la comida, si una factura podía esperar o si comprar algo significaba renunciar a otra cosa. Todo estaba ahí antes de que yo pudiera necesitarlo. Con Alan aprendí lo contrario. Aprendí a mirar precios, a esperar ofertas, a estirar el dinero hasta fin de mes y a distinguir entre lo que quería y lo que realmente necesitaba.

También aprendí a cocinar, aunque al principio no demasiado bien. Quemé más comidas de las que me gustaría admitir, arruiné ropa intentando lavarla y hubo días en que terminé llorando de frustración por cosas que, desde fuera, parecían insignificantes. Nunca se lo contaba a Alan. No porque me avergonzara, sino porque no quería que pensara que me arrepentía.

No lo hacía.

Extrañaba a mi familia. Extrañaba a mis padres, a mi hermana y la sensación de entrar a una casa que había sido mía desde siempre. Pero no quería volver. Aquella vida era difícil, sí, aunque también era la primera que había elegido completamente por mí misma.

Nuestro departamento era pequeño. Tenía una sola habitación, una cocina estrecha y paredes tan delgadas que terminamos conociendo demasiado bien los hábitos de los vecinos. Algunas noches se escuchaban discusiones, televisores a todo volumen y otras cosas bastante menos discretas que conseguían hacernos reír bajo las sábanas. Con el tiempo, incluso terminé tomando cariño a esas paredes. Eran feas, estaban mal aisladas y, aun así, eran completamente nuestras.

No teníamos oficina. La sala era suficiente. La mesa de centro estaba siempre cubierta de hojas, diagramas, tazas vacías, cargadores y presentaciones impresas que Alan corregía una y otra vez. Al principio yo solo ayudaba con cosas pequeñas: revisaba la ortografía de sus correos, corregía frases demasiado largas y buscaba información que pudiera servirle.

Después empecé a involucrarme más. Mucho más.

Alan tenía buenas ideas, pero algunas veces se quedaba atrapado dentro de ellas. Daba por sentado que todo el mundo veía lo que él veía y, cuando intentaba explicarlo, terminaba complicándolo demasiado. Yo aprendí a ordenar, a simplificar y a mirar las propuestas como las miraría alguien que no había pasado meses pensando en ellas.

Empecé a investigar mercados, revisar cifras, comparar modelos de negocio y reorganizar presentaciones enteras. Sin darme cuenta, también descubrí que era buena en eso. No había imaginado que lo sería.

Durante toda mi vida me habían preparado para ser una mujer educada, competente, agradable, capaz de moverse en cualquier salón sin cometer errores. Pero nadie me había enseñado lo mucho que podía disfrutar resolver un problema difícil a las dos de la madrugada o encontrar la forma exacta de explicar una idea para que alguien finalmente quisiera escucharla.

Alan había creado la empresa, pero yo también estaba construyendo algo, aunque mi nombre no apareciera en ninguna parte. Eso nunca me molestó entonces. La empresa era su sueño y yo solo quería ayudarlo a convertirlo en realidad.

El primer año fue el más duro. Las negativas llegaban una tras otra. Algunos correos nunca recibían respuesta. Había reuniones que parecían ir bien y después no llevaban a ninguna parte. Hubo meses en que parecía que estábamos atrapados en el mismo punto.

Alan se frustraba. Yo también. Pero casi nunca al mismo tiempo.

Cuando él quería rendirse, yo encontraba una razón para seguir. Cuando era yo quien empezaba a perder la paciencia, bastaba con verlo volver a intentarlo para recordar por qué estábamos haciendo todo aquello.

Vivíamos cansados, comíamos mal y dormíamos poco. Aun así, había algo emocionante en esos días, algo que nunca volví a sentir de la misma manera. Cada pequeña victoria parecía enorme: una respuesta positiva, una segunda reunión, un nuevo contacto, cualquier señal de que alguien, en algún lugar, empezaba a tomarnos en serio.

Y poco a poco, aunque todavía viviéramos contando cada gasto y sin saber exactamente qué iba a ocurrir al mes siguiente, empecé a sentir que todo aquel esfuerzo nos estaba llevando a alguna parte. Tal vez no tan rápido como queríamos, pero ya no parecía que estuviéramos completamente detenidos.

Yo también había cambiado.

Estaba a unos meses de cumplir veintitrés años. Mi familia no sabía de mí y mi cuenta bancaria estaba casi vacía. Aun así, me sentía orgullosa. No solo de Alan, también de mí.

Había sobrevivido. Había aprendido. Había dejado de ser la muchacha que no sabía ni cuánto costaba llenar una despensa y me había convertido en alguien capaz de resolver cosas sola. Eso, aunque entonces no lo entendiera del todo, iba a terminar siendo uno de los mayores regalos de aquellos años.

Nunca me detuve a preguntarme cuánto de mí estaba dejando en el camino. Nunca me lo pregunté hasta que fue demasiado tarde para hacerlo con calma.

Porque ahora, con la distancia que solo dan el tiempo y el dolor, entiendo algo que entonces me habría parecido imposible: yo amaba lo suficiente por los dos y confundí esa suficiencia con reciprocidad. Un amor que una sola persona sostiene, por más real y grande que se sienta desde dentro, en realidad nunca fue tan fuerte como yo quise creer.

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GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Bueno, buenísimo. 👏👏🤗🇨🇴🇨🇴
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Entonces quién le mandó los papeles del divorcio Sería que Alexander hizo algo? No creo.......mejor dicho, no quiero creerlo. 🤔🇨🇴🇨🇴🇨🇴
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Y no habló de la mujer que estaba con él en la oficina, la amante, porque para estar tan tranquilos , durmiendo, tendría que ser alguien por quien tenía sentimientos, diría yo. 🤨🤔🧐🇨🇴🇨🇴🇨🇴
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Ave María. 🤗👏🇨🇴🇨🇴🇨🇴
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Bello, el vestido.👏🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Francisca Leguizamon
por fin párese que bamos a sentir que no solo hay miradas y eso es bueno
mariela
Por fin Alexander dijiste la palabra mágica te amo Isabella desde hace años carga ese sentimiento y ella le gusta lo extraña ya se acostumbró a dormir con él que bueno que ya se confesó y ella sabe a qué atenerse.
mariela
Alexander falló en no decirle a Isabella lo de Alan Reed total ellos ya se habían separado hay que saber también si el estafó a su propia empresa y si lo hizo porque.
Noiraly Tovar
Me gusta mucho la historia.....💞💞💞💞💞💞💞💞💞💞💞
mariela
Isabella se está enamorando de Alexander lo extraña cuando no está lo espera así que no me extraña que dentro de poco consuman su noche de boda.
Ahora que hizo Alan en qué negoció turbio se metió por eso estaba perdido andará escondido 🤔🤔🤔❓❓❓❓❓🤔
mariela
Isabella poco a poco ya te acostumbraras a tener la presencia de Alexander en tu vida seguro amaneces enredada a él.
Francisca Leguizamon
Hasta ahora es muy bueno para ser cierto , a ver cuando hay acción?
mariela
La boda resultó como la habían planeado lo que Isabella todavía no ha descifrado de Alexander es que la mujer que ama y ha esperado por ella eres tú Isabella veremos cuando se dará cuenta.
Que es de la vida de Alan Reed que fue lo que realmente le pasó 🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
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Qué le habrá pasado al cucaracho traicionero? 🧐🤔🇨🇴
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O sea, van a estar en abstinencia por años....😂😂🤭🤭🤭🤭🙂‍↔️🤪🇨🇴🇨🇴🇨🇴
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Clasistas.......🧐🇨🇴
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Pensé que iba a demostrarle que la había extrañado, un abrazo, palabras tiernas.....los adinerados....🧐🥺🇨🇴🇨🇴🇨🇴
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Y el golpe para Alan...🤭🤭🤭🇨🇴🇨🇴🇨🇴
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Alan es un rastrero, oportunista, infiel, trepador, desgraciado.....🧐😂😂🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Francisca Leguizamon
Está interesante es de no creer que chicas que han crecido con todo lo material se aya enamorado de un don nadie
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