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El Precio Del Mañana

El Precio Del Mañana

Status: En proceso
Genre:Terror / Aventura / Apocalipsis
Popularitas:329
Nilai: 5
nombre de autor: Anthony Medina

La guerra terminó, pero la pesadilla acaba de despertar.

NovelToon tiene autorización de Anthony Medina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 1: EL PESO DEL ACERO Y EL SILENCIO

El aire en los niveles inferiores de la Ciudadela Aegis siempre tenía un sabor a metal reciclado y a la humedad estancada de los filtros de agua. Era un aire que no alimentaba, solo mantenía el cuerpo funcionando. Elías Vane lo prefería así. Para él, el aroma dulce y floral que Alexia estaba logrando expandir en las cúpulas superiores, gracias a sus jardines de musgo purificador, era una distracción peligrosa. La comodidad era el primer paso hacia la tumba.

Elías se encontraba en el Sector de Entrenamiento Gamma.

Sus botas de combate, desgastadas y marcadas por el ácido de la sangre zombie de mil batallas, chirriaban rítmicamente contra el suelo de rejilla metálica. Frente a él, Jake intentaba recuperar el aliento.

El chico era la viva imagen de Marco: la misma determinación en los ojos, pero sin la piel curtida por el horror.

—Otra vez

—ordenó Elías. Su voz era un trueno bajo que no admitía réplica.

—Comandante... llevamos cuatro horas

—jadeó Jake, apoyando las manos en sus rodillas.

El sudor le empapaba el cabello oscuro, pegándolo a su frente.

—En el Oeste, las horas no se miden en el reloj, Jake. Se miden en cuánta energía te queda en los pulmones cuando una horda de Fase 4 decide que tu olor es el más apetecible de la zona

—Elías dio un paso al frente, ajustándose el guante de cuero reforzado

— Tu tío no te dejó conmigo para que te enseñara a cultivar flores en las cúpulas de Alexia.

Te dejó para que sobrevivieras a lo que viene. ¡Arriba!

Jake rugió de frustración y se lanzó hacia Elías.

El movimiento fue rápido, pero impulsivo.

Elías no necesitó fuerza sobrehumana; usó la inercia del chico.

Con un movimiento fluido de cadera y un giro de muñeca, desvió el golpe de Jake y lo proyectó contra el suelo.

El sonido del cuerpo impactando contra el metal resonó en toda la sala vacía.

Elías se quedó de pie, observándolo.

Su mano derecha descendió instintivamente hacia su cadera, donde descansaba el Acorde Magnético.

Sacó el arma y pulsó el gatillo de prueba. En lugar del zumbido armónico y potente que solía emitir hace un año, el dispositivo soltó un chirrido errático, una vibración que le recorrió el brazo como un calambre molesto. La luz del núcleo de neodimio parpadeó en un rojo mortecino.

—Mira esto

—dijo Elías, su tono ahora cargado de una seriedad gélida

—Esta es la "tecnología punta" que se supone debe protegernos. Se está muriendo, Jake. Los campos magnéticos ya no neutralizan la sinapsis del hongo como antes. El virus está aprendiendo a ignorar nuestras ondas. Si confías tu vida a este trozo de chatarra, estás muerto.

Guardó el arma con un movimiento seco.

—Mañana iremos a la armería.

Quiero que elijas un fusil de percusión mecánica. Plomo, pólvora y acero. Eso es lo único que no se queda sin batería cuando el mundo decide apagarse.

Jake se levantó lentamente, limpiándose la sangre del labio.

—Alexia dice que pronto no necesitaremos armas, Elías. Dice que la integración está haciendo que las Tierras Vivas sean menos hostiles.

Elías sintió un nudo en el estómago. La mención de Alexia siempre le provocaba esa mezcla de devoción y temor.

—Alexia es una mujer maravillosa, Jake. Es la mente más brillante que ha parido esta miseria de siglo. Pero ella mira al mundo a través de un microscopio, buscando belleza y orden. Yo miro al mundo a través de una mira telescópica, buscando amenazas. Ella está construyendo un futuro donde todos podamos ser hermanos. Yo estoy asegurándome de que lleguemos vivos al próximo lunes para verlo.

La puerta hidráulica del sector se abrió con un siseo de aire comprimido. Por el pasillo iluminado por luces LED de bajo consumo apareció Serena. Su rostro estaba pálido, y sostenía una tableta de datos con manos temblorosas.

—Elías...

—dijo ella, ignorando por completo el protocolo militar

— Tienes que venir. Alexia está en el Centro de Mando. La señal... ha vuelto a cambiar.

El camino hacia el Centro de Mando fue un ejercicio de contención emocional para Elías. A medida que subían por los ascensores hacia la superficie de la Ciudadela, el entorno cambiaba. Las paredes desnudas de hormigón daban paso a paneles de cristal y estructuras donde el musgo bioluminiscente crecía en patrones controlados, bañándolo todo con una luz esmeralda que parecía viva. El aire aquí arriba era más dulce, más puro, casi celestial.

Cuando entró en la sala, la vio.

Alexia estaba de pie frente al gran mapa holográfico del Oeste. Llevaba una bata técnica blanca sobre su uniforme de exploradora. Sus ojos oscuros estaban fijos en una frecuencia de onda que parpadeaba en la pantalla principal. Parecía una diosa rodeada de estrellas esmeralda. Elías se detuvo un segundo, sintiendo ese peso en el pecho que nunca se atrevería a confesar. La amaba con una intensidad que le quemaba las entrañas, pero se sentía como un lobo viejo intentando proteger a una criatura de cristal. Él era el barro y la sangre; ella era la luz y la ciencia.

—Dime que no es lo que creo

—dijo Elías, rompiendo el silencio.

Alexia se giró. Al verlo, una pequeña sonrisa, casi imperceptible, iluminó su rostro. Se acercó a él y, por un momento, Elías pensó que iba a tocarlo. Sintió el calor que emanaba de ella, ese aroma a tierra limpia que siempre la acompañaba.

—Es el latido, Elías

—dijo ella, su voz suave pero firme

— Pero no es aleatorio.

Es una firma neuronal directa. Proviene de una estación de investigación en las afueras de lo que antes era San Francisco.

—kael está muerto, Alexia. Yo mismo vi cómo los escombros lo aplastaban. No puede haber señales suyas.

—No es él, es su legado

—Alexia señaló un punto en el mapa

— Mi madre mencionó esta estación en su diario. Decía que allí se guardaba la "fase final" de la estabilización. Lo que sea que esté enviando esta señal, está usando la frecuencia de kael para asegurarse de que nosotros la escuchemos. Nos están invitando al Oeste.

Elías golpeó la mesa holográfica, haciendo que los datos vibraran.

—¡Es una trampa! ¿No lo ves? Los humanos que quedan fuera no son como los de Aegis. Hay tribus en el Oeste que se alimentan de la desesperación. Si saben que tenemos la tecnología de la Ciudadela, nos cazarán como animales.

Alexia dio un paso hacia él, acortando la distancia. Elías podía ver el brillo de inteligencia y esperanza en sus ojos.

—Por eso tienes que ir tú, Elías. Porque eres el único hombre en quien confío para cruzar ese infierno. Porque sabes cuándo disparar y cuándo escuchar. Necesito saber si hay una forma de terminar con el virus zombie de forma definitiva sin erradicar toda la vida en el proceso.

Elías la miró en silencio. Quería decirle que no fuera estúpida, que el mundo no merecía su sacrificio. Quería tomarla de los hombros y rogarle que se quedara en la seguridad de la montaña, donde él podría vigilar su puerta cada noche por el resto de su vida. Pero sabía que si hacía eso, ella dejaría de ser la Alexia que él amaba.

—Llevaré a Jake

—dijo finalmente, con la voz cargada de una resignación amarga

—Es hora de que vea lo que hay fuera de estas paredes de cristal.

—Elías...

—Alexia puso una mano sobre su brazo. El contacto fue humano, cálido, real. No hubo chispas mágicas ni mutaciones, solo el contacto de dos personas que se necesitaban mutuamente en un mundo que se caía a pedazos

— Ten cuidado. No sé qué haría si Aegis pierde a su mejor soldado.

No sé qué haría yo si te pierdo a ti, pensó Elías, pero sus labios solo formaron una respuesta profesional

—Asegúrate de que los filtros de aire sigan funcionando cuando regrese, Alexia. No quiero volver a una ciudadela que huela a muerto.

Se dio la vuelta y salió de la sala, sintiendo la mirada de ella en su espalda. Elías Vane no tenía poderes, no tenía simbiosis, no tenía nada más que su rifle y su entrenamiento. Pero mientras caminaba hacia la armería para prepararse para el viaje más peligroso de su vida, sabía una cosa quemaría el Oeste entero antes de permitir que algo apagara la luz de los ojos de Alexia.

1
Isabel Ortega
gracias por actualizar Escritor muy bueno.
Isabel Ortega
me equivoqué de nombre Celina
Isabel Ortega
Elías fiel a Alexia espero qué puedan escapar de Celia
T.gaitán
eso jake, aprende que no estás cultivando flores.
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