"Daniela lo entregó todo por amor: tres años de matrimonio, sacrificios infinitos y una devoción ciega.
El día que decidió contarle a Alejandro que estaba embarazada, él le pidió el divorcio sin piedad, confesando que nunca la había amado de verdad y que se casaría con Camila, la mujer que realmente merecía estar a su lado.
Humillada, rota y sin nada, Daniela firmó los papeles y desapareció.
Cinco años después, la mujer que Alejandro descartó como si fuera basura regresa convertida en una de las empresarias más poderosas y despiadadas del país.
Ahora es Alejandro quien suplica, quien se arrodilla, quien descubre demasiado tarde que la esposa que abandonó se ha convertido en su peor pesadilla.
La venganza de Daniela apenas comienza… y será tan fría como el día en que él la destrozó."
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Camila toca fondo
Camila Montalvo ya no era la mujer elegante y altiva que había robado el marido de otra.
Estaba sentada en el suelo de su habitación de lujo, rodeada de botellas de vino vacías y pañuelos usados. Su cabello perfectamente planchado ahora era un desastre, el maquillaje corrido y los ojos hinchados de tanto llorar. El teléfono no dejaba de vibrar con mensajes de supuestas “amigas” que en realidad disfrutaban del espectáculo.
“¿Es verdad que sobornaste a una empleada?”
“La gente dice que eres una mantenida.”
“¿Cómo te sientes sabiendo que Daniela Éclat es más poderosa que tú ahora?”
Cada mensaje era como un cuchillo.
La puerta se abrió de golpe y entró doña Elena, furiosa.
— ¡Levántate! — gritó—. ¡Pareces una cualquiera! ¿Esto es lo que lograste con tus estupideces? ¡La empresa está perdiendo millones por tu culpa!
Camila levantó la mirada, llena de odio y desesperación.
— ¡Fue tu idea presionarla en el hospital! ¡Tú fuiste quien me dijo que la destruyera si regresaba! ¡Ahora todo es mi culpa!
Doña Elena la miró con desprecio.
— Yo nunca te dije que cometieras un delito. Sobornar a una empleada y dejar esa foto… fuiste tú sola, idiota. Alejandro ya está hablando de separarse. Dice que no puede seguir contigo después de lo que hiciste.
Camila soltó una risa histérica.
— ¿Separarse? ¡Que se separe! ¡Yo soy la que lo salvó de esa mujercita insignificante! Si no fuera por mí, todavía estaría atado a esa perra.
En ese preciso momento, la puerta volvió a abrirse. Alejandro entró con el rostro serio y una carpeta en la mano.
— Ya es suficiente — dijo con voz cansada pero firme—. Camila, los abogados me entregaron los papeles del divorcio. Firmé esta mañana.
Camila se levantó tambaleándose.
— ¿Qué? ¡No puedes hacerme esto! ¡Después de todo lo que he hecho por ti!
Alejandro la miró con lástima.
— Lo que hiciste fue destruirnos a todos. Amenazaste a Daniela con la foto de nuestro hijo muerto. Sobornaste gente. Ahora la policía te está investigando y la prensa nos está destrozando. Ya no puedo protegerte más.
Camila se lanzó hacia él, intentando golpearlo.
— ¡Todo esto es por esa maldita Daniela! ¡Ella te tiene embrujado! ¡Tú nunca la quisiste de verdad!
Alejandro la sujetó por las muñecas con firmeza pero sin violencia.
— La quise. La quise tanto que la destruí por cobardía. Y ahora pago las consecuencias. Tú también las pagarás. Los abogados recomiendan que te vayas del país por un tiempo. La denuncia de Daniela es fuerte.
Camila cayó de rodillas, llorando sin control.
— No… por favor… no me dejes. Yo te amo, Alejandro. Todo lo hice por amor.
— No — respondió él con tristeza—. Lo hiciste por ambición y por miedo a perder tu posición. Igual que yo. Los dos somos culpables.
Doña Elena observaba la escena con el rostro pálido.
— Esto no puede estar pasando… — murmuró—. Todo por esa mujer…
Alejandro se giró hacia su madre.
— Tú también tienes responsabilidad, madre. Fuiste tú quien me presionó para que dejara a Daniela. Fuiste tú quien la humilló mientras perdía a mi hijo. Si quieres salvar algo de esta familia, deja de atacar a Daniela y empieza a asumir tus errores.
Salió de la habitación sin mirar atrás.
Camila se quedó en el suelo, destrozada. Por primera vez en su vida, entendió lo que era perderlo todo.
Mientras tanto, en el hotel, Daniela y Rafael desayunaban juntos en la terraza privada de la suite. El sol del Caribe iluminaba la mesa y el mar brillaba al fondo.
Rafael leía las noticias en su teléfono y sonreía.
— Camila está acabada. La prensa la está destrozando. Alejandro pidió el divorcio esta mañana. Y las acciones de Montalvo siguen cayendo.
Daniela tomó un sorbo de café, con una expresión serena.
— Bien. Que sienta lo que es ser humillada públicamente.
Rafael dejó el teléfono y tomó su mano.
— ¿Cómo te sientes tú?
Daniela pensó un momento y respondió con honestidad:
— Libre. Por primera vez en cinco años, me siento realmente libre. Ya no es solo venganza, Rafael. Es justicia. Y también… es sanación.
Rafael se inclinó y la besó suavemente en los labios.
— Me alegra oír eso. Porque quiero seguir a tu lado en esta nueva etapa. No solo como amante. Como tu compañero, si tú me lo permites.
Daniela sonrió, esta vez con una calidez que Rafael no había visto antes.
— Poco a poco, Rafael. Pero sí… quiero intentarlo contigo.
En ese momento, Laura entró con expresión seria.
— Señora Éclat, tengo noticias importantes. Doña Elena acaba de llamar. Quiere reunirse con usted en privado. Dice que está dispuesta a negociar todo lo que sea necesario para detener el escándalo.
Daniela miró a Rafael y luego a Laura. Una sonrisa lenta y peligrosa apareció en sus labios.
— Dile que acepto la reunión. Pero será en mis términos. Mañana a las 11:00 a.m. aquí en el hotel. Y que venga sola.
Laura asintió y se retiró.
Rafael levantó una ceja.
— ¿Vas a negociar con la suegra?
Daniela tomó su mano y respondió con determinación:
— No voy a negociar. Voy a escuchar cómo se humilla. Y luego decidiré si le doy la estocada final… o si la dejo vivir con lo poco que le quede.
La venganza de Daniela estaba llegando a su punto más alto.
Camila había tocado fondo.
Ahora solo faltaba que doña Elena y Alejandro hicieran lo mismo.