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La Esposa Del Ceo Ciego

La Esposa Del Ceo Ciego

Status: Terminada
Genre:Enfermizo / Amor-odio / Romance / Completas
Popularitas:92.8k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Lobelia

Francisco Valois, un magnate que perdió la vista y su imperio tras un atentado, acepta un matrimonio de conveniencia con Andrea, quien promete ser sus ojos y devolverle el poder. Mientras Francisco la desprecia creyéndola una oportunista, Andrea oculta una verdad devastadora: padece una enfermedad terminal y ha planeado su muerte para donarle sus córneas y asegurar el futuro del hombre que ama en secreto.

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capitulo 01

​La oscuridad no era negra; era un vacío denso, una presión constante sobre los párpados que Francisco intentaba desesperadamente ignorar. Lo último que su memoria registraba no era el fuego, sino un silencio antinatural justo antes de la detonación. El brillo del cristal de su oficina estallando bajo el sol de la tarde había sido el acto final de su visión. Ahora, solo quedaba el olor penetrante a antiséptico y el pitido rítmico de una máquina que le recordaba, con una crueldad metálica, que seguía vivo.

​Francisco apretó las sábanas del hospital. El algodón era áspero, una textura nueva que sus dedos, antes acostumbrados a la suavidad de las plumas estilográficas y la seda de sus corbatas, ahora registraban con una intensidad dolorosa. Intentó abrir los ojos. El esfuerzo le provocó una punzada eléctrica que le recorrió el cráneo como un rayo. No hubo luz. Ni siquiera una sombra o un destello de esperanza. Solo ese abismo blanco y punzante detrás de las vendas que le oprimían la cabeza.

​—¿Hay alguien aquí? —su voz sonó rasposa, despojada de la autoridad que solía hacer temblar las salas de juntas de medio mundo.

​El silencio que siguió no fue de vacío, sino de acecho. Francisco, cuya mente seguía siendo un radar de precisión, agudizó el oído. Escuchó el roce casi imperceptible de unos zapatos de suela de cuero sobre el suelo de granito. Un perfume caro, demasiado cargado de pachulí y ambición, invadió su espacio personal. Era el perfume de su tía, Beatriz.

​—Estamos aquí, Francisco. Todos estamos aquí —dijo ella. Su tono pretendía ser compasivo, pero Francisco detectó el filo de la impaciencia vibrando en su garganta.

​Él giró la cabeza hacia la fuente del sonido. El gesto, antes natural y regio, ahora se sentía torpe, como el de un depredador al que le hubieran arrancado los colmillos y los sentidos. Se sintió expuesto, una pieza de exhibición rota en una cama de metal.

​—"Todos" es una palabra multitudinaria para una habitación de hospital, Beatriz —replicó él, intentando recuperar su tono gélido—. ¿Dónde está mi abogado? ¿Dónde está el informe de daños de la sede central? ¿Quién ha sido el responsable de esto?

​Escuchó un suspiro colectivo, un coro de decepción fingida. No solo estaba Beatriz; estaban sus primos y su tío Julián. Podía oír la respiración pesada de Julián, la de un hombre que ha pasado décadas esperando heredar un reino que jamás tuvo el talento de construir.

​—Francisco, querido —intervino Julián, y Francisco sintió una mano pesada y sudorosa apoyarse en su hombro. Se encogió instintivamente. El contacto físico, sin el aviso visual previo, se sentía como una agresión—. Los médicos han sido muy claros. Las lesiones nerviosas son… extensas. El atentado de los Moore no solo destruyó tu oficina, destruyó tu capacidad de gestión. No puedes ver un balance, no puedes firmar un contrato, no puedes mirar a los ojos a un inversor.

​—Mi cerebro no está en mis ojos, Julián —espetó Francisco. Sus dedos se clavaron en las barandillas de la cama con tal fuerza que los nudillos le ardieron—. Puedo dictar órdenes. Puedo escuchar informes. Mi visión no es la empresa, mi mente lo es.

​—La empresa es imagen, Francisco —dijo Beatriz, y el sonido de sus pasos se movió por la habitación mientras caminaba como una leona rodeando a una presa herida—. Mañana abren los mercados. ¿Qué crees que pasará cuando los accionistas sepan que el "Genio de las Finanzas" está atrapado en un laberinto de sombras? El Grupo Valois caerá en picada. La junta no aceptará a un líder que no puede distinguir un aliado de un enemigo en la misma mesa.

​Francisco sintió un nudo de bilis en la garganta. La traición no era nueva para él; el mundo corporativo le había enseñado que la lealtad tiene un precio, pero la velocidad con la que su propia sangre había afilado los cuchillos era asombrosa. Apenas habían pasado cuarenta y ocho horas desde que el mundo se volvió negro y ya estaban allí, con el buitre de la ambición picoteándole los restos.

​—He preparado unos documentos —continuó Julián, y el sonido del papel crujiendo cerca de su rostro fue como el siseo de una serpiente—. Es una cesión temporal de poderes. Un fideicomiso administrativo. Yo tomaré las decisiones difíciles mientras tú… bueno, mientras te acostumbras a tu nueva condición. Si es que alguna vez lo logras.

​—No voy a firmar nada en la oscuridad —dijo Francisco, su voz temblando ligeramente. No era de miedo, era de una furia contenida que amenazaba con desbordarlo y destruir todo a su paso—. Salgan de aquí. Todos. Ahora mismo.

​—No tienes opción, sobrino —la voz de Beatriz se volvió afilada como un bisturí—. La junta directiva ya tiene la moción de incapacidad sobre la mesa. Si no firmas por las buenas, mañana a las nueve un juez dictaminará que no eres apto. Te quitarán hasta el derecho de decidir qué comes. Firma, conserva un poco de dignidad y déjanos salvar lo que queda de tu nombre.

​Francisco se quedó inmóvil. En su mente, intentó reconstruir el plano de la habitación. Sabía que había una mesilla a su derecha. Recordaba haber escuchado el goteo de una jarra minutos antes. Extendió la mano con brusquedad, buscando un arma, un objeto, algo que le devolviera un fragmento de control en ese universo invisible. Sus dedos rozaron el cristal frío y, por un error de cálculo milimétrico que le dolió más que la ceguera, la jarra se volcó.

​El estruendo del agua cayendo al suelo y el cristal rompiéndose fue ensordecedor para sus oídos hipersensibles.

​—Mírate —susurró Julián con una mezcla de lástima fingida y asco real—. Ni siquiera puedes servirte un vaso de agua sin causar un desastre. ¿Cómo pretendes detener a los Moore? Firma, Francisco. Hazlo por el apellido que tanto dices defender.

​Francisco sintió una lágrima traicionera y caliente resbalar por debajo de las vendas. No era una lágrima de tristeza, sino de una impotencia que le quemaba las entrañas. Estaba rodeado de traidores y, por primera vez en su vida adulta, no podía ver por dónde vendría el siguiente golpe. La oscuridad lo había despojado de su armadura.

​—Largo —rugió, esta vez con una fuerza que hizo que los pasos en la habitación retrocedieran de golpe—. Si vuelven a entrar sin mi abogado personal, me encargaré de que, aunque sea lo último que haga con los ojos cerrados, todos ustedes terminen en la absoluta miseria. ¡Fuera!

​Escuchó los murmullos indignados, los pasos rápidos alejándose y, finalmente, el portazo seco de la suite privada que retumbó en sus sienes.

​Se quedó solo. El silencio regresó, pero esta vez era un silencio pesado, cargado de la realidad de su nueva existencia. Francisco dejó caer la cabeza hacia atrás en la almohada, sintiendo el vacío en el pecho. Estaba atrapado en una caja de terciopelo negro. Su imperio se desmoronaba, su familia lo había dado por muerto profesionalmente y el hombre que había planeado el atentado probablemente estaba brindando en ese mismo instante.

​—Maldita sea —susurró al vacío, apretando los puños.

​Necesitaba un milagro. Necesitaba a alguien que no le tuviera miedo a su oscuridad ni a su temperamento. Alguien que pudiera ser sus ojos sin intentar robarle el alma en el proceso. Pero en su mundo de tiburones y contratos de acero, la lealtad era un mito que el dinero no solía comprar.

​Francisco no lo sabía, pero al otro lado de la puerta, una mujer de paso ligero y mirada decidida acababa de ver salir a los Valois. Ella llevaba un secreto en el corazón y una propuesta en los labios que cambiaría el destino de su oscuridad para siempre. Pero por ahora, Francisco solo podía escuchar el eco de su propia soledad en la habitación 402, deseando, por primera vez en su vida, que la luz volviera solo para ver la cara de quienes lo habían abandonado.

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Mirian Elizabeth Vidal Brito
hila
Gloria Galvan
Bellísima historia, muchas gracias escritora 🥰
Josefina Giovanna Distefano
ÉSTE HOMBRE ES MÁS HIDIOTA DE LO QUE PENSÉ, ESTAN BIEN LOS DOS Andrea Y ÉL,
Y BUSCA EL PROBLEMA DONDE NO LO HAY
Josefina Giovanna Distefano
AVECES NECESITAMOS LAS PERSONAS MALAS PARA VER MAS CLARO
Cliente anónimo
Maria M. Rosario
Bonita historia, llena de tantas realidades. Felicidades.
Maria M. Rosario
Muy bonita, llena de muchos sentimientos. Felicidades.
Maria M. Rosario
Waoo, las vueltas del destino
Maria M. Rosario
Que pena q tanto obtaculos superados ahora los sentimientos de culpa los vaya a separar.
Maria M. Rosario
Siempre existe un sacrificio para von estos casos. La familia del donante tienen una enteresa unica.
Maria M. Rosario
Muy bonito el capitulo lleno de muchos sentimientos.
Maria M. Rosario
Acaba y sincerate con él. Y ver q alternativas pueden lograr juntos.
Maria M. Rosario
No entiendo pq ella tanto misterio si lo q el no save es q ella se acerco buzcando q le pague su operacion o eso creo.
Maria M. Rosario
Que bonito. A veces la ceguera no es solo de los ojos, muchas veces es nuestro recentimiento a no querer aceptar.
Warriorgame
En su situación, cualquier decisión es peligrosa. Quizás pueda ser buena idea aceptar la oferta, si bien es muy arriesgada.
Warriorgame
Lo primero que se me ocurre aquí es que existe la tecnología actualmente para conseguir algo de visión. No es barato pero alguien como él podría obtenerlo.
Pris
El apellido no es valois? Ahora es Valdivia
Pris
No se dijo que era ella l del capital ? Porque cree entonces que lo va a robar
Tere Jimenez
muy interesante el inicio de la novela
Maria Antonieta Benitez Raygoza
una hermosa historia de amor y sacrificio que me tuvo en una angustia y desesperación que finalmente se resolvió... gracias escritora me encantó su historia... un detalle al calce...cuando en mi lectura llegaban con los órganos del accidentado a la sala de cirugía Argentina metía su segundo gol contra Inglaterra en la semifinal del mundial 2026...pero no podía dejar de leer con angustia de saber cómo resultaba las cirugías
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