Alessia es hielo, poder y control absoluto. Tras la sospechosa muerte de su padre, dirige un imperio multimillonario donde no se permiten las debilidades. Matteo es un genio informático humilde y brillante, un becado universitario ajeno a la crueldad de la alta sociedad. Dos mundos opuestos que colisionan en una alianza digital inquebrantable... y una atracción posesiva que ninguno puede frenar.
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Capítulo 15: Furia Cósmica y la Verdad al Descubierto
El rugido del auto deportivo de Alessia al llegar al campus universitario pareció el anuncio de una tormenta. Alessandro bajó del auto casi antes de que frenara por completo, abriéndose paso con severidad entre la multitud de estudiantes curiosos, mientras Alessia avanzaba con pasos que hacían retumbar sus tacones contra el suelo. Cuando llegó al baño y vio a Matteo en ese estado, pálido, con el rostro golpeado y la ropa empapada, la sangre se le congeló para luego transformarse en un fuego ardiente.
—Llama a la mejor ambulancia privada de Milán. Ahora mismo —le ordenó a Alessandro con una voz tan fría y gélida que cortaba el aire.
Alessia no se separó de Matteo ni un segundo. Lo acompañó en la ambulancia, tomándolo de la mano durante todo el trayecto hacia el hospital privado más prestigioso de la ciudad, conteniendo una furia implacable que amenazaba con destruir a cualquiera que se le cruzara. Mientras los médicos estabilizaban al joven genio en una habitación privada, Alessia llamó a su mano derecha.
—Alessandro, regresa a esa maldita universidad —le ordenó por teléfono, con la mandíbula tensa—. Usa mis influencias, presiona al rector, compra a quien tengas que comprar o revisa las cámaras. Quiero el nombre del infeliz que le hizo esto hoy mismo.
Alessandro cumplió la orden de inmediato. Con su impecable porte ejecutivo y la autoridad que le otorgaba el nombre de la corporación Romano, regresó al campus. No le tomó mucho tiempo presionar a las autoridades universitarias y conseguir que los testigos hablaran por miedo a represalias legales.
Unas horas más tarde, en la habitación del hospital, Matteo comenzó a abrir los ojos lentamente. El dolor en el cuerpo era agudo, pero lo primero que vio al enfocar la mirada fue la silueta de Alessia sentada a su lado. La imponente mujer se inclinó de inmediato, acariciándole la mejilla con una ternura infinita.
—Tranquilo, mi genio... Ya estás a salvo —susurró ella, aliviada de verlo despertar.
Matteo, sintiendo el calor de su mano y conmovido por el hecho de que ella estuviera allí cuidándolo, sintió cómo una barrera de timidez se rompía dentro de él. La confianza que le tenía a Alessia se consolidó en ese instante. Con la voz un poco débil, decidió abrirse con ella, aunque no le contó toda su vida de golpe.
—Desde que entré a esta universidad... las cosas han sido difíciles —confesó Matteo, bajando un poco la mirada—. El primer día conocí a Pietro. Él no soporta que alguien de la periferia, alguien con una beca como yo, tenga mejores notas o resalte más que él. Desde ese momento se encargó de hacerme la vida imposible... pero nunca había llegado tan lejos.
Alessia escuchaba en silencio, acariciando su cabello mientras acumulaba cada palabra en su mente. Justo en ese momento, la puerta de la habitación se abrió silenciosamente y entró Alessandro. Traía una expresión sombría y una carpeta en la mano. Al ver que Matteo estaba despierto y consciente, miró fijamente a Alessia.
—Tengo el informe completo, Alessia. Las cámaras y dos estudiantes lo confirmaron todo —dijo Alessandro con voz firme—. El que lideró la golpiza fue Pietro Bianchi. Y hay algo más que debes saber... Pietro es el hijo de Carlo Bianchi, tu rival de negocios.
La revelación cayó como una bomba en la habitación. Alessandro, por su parte, al procesar el daño que ese sujeto le había hecho al mejor amigo de Leo, sintió una furia interna profunda; sus puños se apretaron bajo las mangas de su saco, prometiéndose a sí mismo que ese infeliz pagaría caro el haber tocado a la gente que ahora le importaba.
Pero la reacción de Alessia fue de otro mundo. Su rostro no se inmutó; se volvió completamente una máscara de piedra, y sus ojos verdes se encendieron con una furia satánica e implacable. La coincidencia era perfecta: el hijo del hombre que quería destruir su imperio financiero se había atrevido a tocar, humillar y lastimar a la única persona que ella había decidido proteger con su vida.
Alessia se puso de pie lentamente, estirando su ropa con una calma aterradora que vaticinaba el peor de los castigos. Miró a Alessandro.
—Prepara todo, Alessandro —sentenció Alessia, con una sonrisa gélida y despiadada pintada en los labios—. No solo voy a destruir la carrera de ese infeliz de Pietro en esa universidad. Voy a usar esto para hundir a Carlo Bianchi, a su maldito apellido y a su empresa constructora. Los voy a dejar en la ruina absoluta. Nadie toca lo que es mío y vive para contarlo.