✅️Tras ser traicionado y reducido a una sombra, el brillo de Ian se apagó. Pero Ronen, un alfa de fuerza serena, llega para ser su escudo. Entre acordes rotos y traumas del pasado, su amor incondicional será la melodía que cure al omega, devolviéndole su voz y su lugar bajo el sol.
Esto puro amor😍✅️
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Eclipse
La oscuridad en la habitación de Ian no era solo por las cortinas cerradas. Era una oscuridad que parecía nacer de sus propios pulmones. Hacía meses que el joven omega no permitía que un rayo de sol tocara su piel. Se miró al espejo del baño y no pudo evitar recordar la letra de esa canción que había escrito en sus mejores tiempos: ya no sabía quién era el que lo miraba de vuelta. Sus ojos, antes chispeantes bajo las luces del escenario, eran ahora cuencas vacías rodeadas de ojeras violáceas. Había una partitura arrugada en el lavabo, mojada por las lágrimas de una noche que no recordaba haber terminado.
Su aroma, que alguna vez fue una mezcla dulce de lavanda fresca y miel espesa, ahora se sentía rancio, amargo. Era el olor de alguien que se estaba rindiendo. Las botellas vacías de alcohol y los envoltorios de comida rápida se acumulaban en las esquinas como recordatorio a su derrota. Cada rincón de la habitación gritaba un silencio que se le clavaba en los oídos, sustituyendo las ovaciones por una estática insoportable.
-Ian, por favor, abre la puerta.- La voz de su mánager, Milo, sonaba amortiguada desde el pasillo -He traído a alguien que puede ayudarte. La agencia no va a esperar más, los medios están inventando cosas horribles sobre tu retiro. Dicen que has recaído, que has perdido la voz... Ian, la industria no perdona el vacío.- casi sollozaba.
Ian se hizo un ovillo en el suelo, abrazando sus rodillas. Milo era la única persona que realmente parecía preocupada por él, pero Ian no quería su lástima. Cada vez que Milo intentaba acercarse, Ian lo rechazaba con palabras hirientes, esperando que se cansara y lo dejara solo en su miseria. Quería que lo odiara, porque si alguien lo amaba, Ian sentía la obligación de sanar, y no creía tener las fuerzas para recoger sus propios pedazos.
-¡Vete, Milo!- Gritó Ian, su voz quebrada, raspando una garganta que no había cantado en un siglo -Dile a la agencia que me den por muerto. Ya no hay música, ya no hay omega... solo queda esto. Soy un eco, ¿no lo entiendes? Un eco que se está apagando.-
De repente, su teléfono vibró sobre la alfombra. Un mensaje de su padre: "Necesito otros cinco mil para la deuda del casino. No me hagas quedar mal, recuerda que yo te hice famoso". Ian sintió un nudo en el estómago, un vacío agrio que lo hacía querer vomitar. Su propio padre lo veía como un cajero automático, una mina de oro que se estaba secando. Esa presión, sumada al recuerdo del alfa que lo había destrozado, aquel que olía a tierra mojada y cedro, y que le había robado hasta el último gramo de confianza, lo hacía querer desaparecer. Aquel alfa le había enseñado que su valor radicaba solo en lo que podía entregar, nunca en quién era.
Pero entonces, algo cambió. Un aroma comenzó a filtrarse por la rendija de la puerta.
No era el olor de Milo. Era algo nuevo, potente pero increíblemente sereno. Era eucalipto fresco, como el de un bosque después de un incendio, mezclado con el calor reconfortante del sol de primavera. Era un aroma que exigía respeto pero que, extrañamente, no asustaba. No intentaba doblegar su voluntad con feromonas agresivas ni marcar territorio con soberbia. Era una invitación, no una orden.
Ronen, el nuevo guardaespaldas de 30 años, estaba del otro lado de la madera. Sus hombros eran anchos, capaces de cargar con el peso del mundo, pero sus manos eran las de alguien que sabía sostener un pájaro herido sin aplastarlo. Había crecido en un hogar lleno de amor, criado por dos madres que le enseñaron que la fuerza de un alfa reside en su capacidad de proteger, no de destruir. Sabía que un omega herido no necesitaba un carcelero, sino un refugio.
-Ian...- Dijo Ronen con una voz profunda y tranquila que hizo que el omega levantara la cabeza de entre sus brazos -No vengo a obligarte a cantar. No me importa el contrato, ni la prensa, ni la deuda de tu padre. Vengo a cuidar que nadie te obligue a hacer lo que no quieres. Abre la puerta. No soy tu enemigo, y no voy a permitir que tú mismo lo seas.-
Ian se quedó helado. Por primera vez en meses, el eclipse en su pecho pareció ceder un milímetro. Ese aroma a sol de primavera se sentía como una promesa, una luz cálida que comenzaba a quemar la neblina rancia de su desesperación. No sabía si estaba listo para aceptar la mano de aquel extraño, pero por primera vez, el silencio de la habitación no se sintió tan eterno.
⚠️✅️ ¡Holis Chikis! Acompáñenme en esta nueva aventura. Prometo que Ronen es "todo lo que está bien". Esto es amor puro y sano. Es un bálsamo para sanar el corazón.
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