Se dice que existe una Primera Dimensión, el origen y el punto de unión de todas las demás. Un lugar donde los límites entre mundos se quiebran y nuevas realidades nacen, incluso en la era moderna, cuando la humanidad cree haber dejado atrás a los dioses. Mi nombre es EAU VITALE.Soy la última creación de la Diosa de la Nada, también llamada la Primera Diosa.
Fui la última humana que suplicó por su vida antes de ser asesinada por tres seres sobrenaturales que se proclamaron superiores incluso a los propios dioses. Pero la muerte no fue mi final. Como me dijo la diosa al rescatarme: la vida es un ciclo… y la reencarnación también. Mi reencarnación no es común. No regreso como humana. Renazco dentro de distintos seres sobrenaturales, una y otra vez, con el mismo propósito: equilibrar el poder que fue devuelto a estas criaturas cuando los dioses, desesperados, rogaron por la supervivencia de sus creaciones.
Soy el equilibrio entre dimensiones.
La consecuencia de la soberbia divina.
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Capítulo 6: Ecos del pasado
Capítulo 6: Ecos del pasado
El silencio dominó la sala durante varios minutos.
Nadie habló.
Ni siquiera Antonio.
Hasta que Vicente se levantó bruscamente de su asiento y golpeó la mesa con ambas manos.
El sonido retumbó por toda la habitación.
—Los cazadores desaparecieron hace siglos —gruñó furioso—. Desde que los humanos comenzaron a considerarnos simples leyendas, mitos y cuentos para niños.
Una de las duendes tembló ligeramente antes de hablar.
—No es mentira… nosotros los vimos. Vimos cómo asesinaron niños y…
Su voz se quebró.
Graham tomó suavemente su mano intentando calmarla.
Luego levantó la vista hacia Andrea.
—No vine a pedir caridad —dijo con firmeza—. Solo refugio para mi gente. No viviremos dentro de la manada… podemos establecernos en la montaña y trabajar extrayendo minerales para ustedes.
Andrea intercambió una mirada con Vicente antes de responder.
—Eso no puedo decidirlo sola. Debo consultarlo con el Alfa y con los ancianos de MoonBlack. Pero hasta entonces… pueden quedarse aquí.
Los hombros de Graham parecieron relajarse apenas.
—Gracias, Luna.
Andrea hizo una seña a una omega cercana.
—Guíalos a las habitaciones del ala norte.
La omega inclinó la cabeza y condujo al pequeño grupo de duendes escaleras arriba.
Cuando finalmente quedaron solos, Vicente dejó escapar un largo suspiro.
—Antonio, trae a los ancianos.
—Sí, Alfa.
El beta salió inmediatamente de la sala.
Vicente volvió su mirada hacia Charles.
—¿Qué opinas?
Charles permaneció apoyado contra una pared con los brazos cruzados.
—No creo que estén mintiendo.
Vicente apretó la mandíbula.
—Pero los cazadores desaparecieron hace siglos. Los humanos dejaron de creer en nosotros hace mucho tiempo.
Andrea lo miró seriamente.
—Graham me salvó la vida una vez. No pienso darle la espalda ahora. Y tú sabes muy bien que tampoco podemos ignorar esto.
Vicente guardó silencio unos segundos antes de hablar.
—Esperaremos a los ancianos. Entonces decidiremos.
Andrea giró lentamente hacia Charles.
—Bella se quedará contigo hasta que resolvamos qué haremos con Graham y los demás.
Charles abrió los ojos con exageración.
—Me estás dando la tarea más peligrosa de toda la noche, Luna. Si esa niña se hace un rasguño, tú misma arrancarás mi cabeza.
Vicente soltó un pequeño gruñido.
—Es una orden de tu Luna. Y más te vale cuidarlos bien.
Charles levantó las manos fingiendo rendición.
—Discúlpeme, Alfa —dijo con tono burlón—, pero la Luna dijo Bella… no sus dos cachorros problemáticos. Además, no soy niñero.
Andrea entrecerró los ojos peligrosamente.
—Charles… no provoques a Naylam.
El brujo sonrió apenas.
—Ella no lo haría. Pero cuidaré a Bella.
Su expresión divertida desapareció lentamente.
—Aunque entiendo por qué están preocupados… ese niño de cabello blanco también me inquieta.
Vicente volvió a sentarse lentamente.
—Lo que me preocupa son los cazadores. Si todo esto es verdad… tendré que informar al Rey Alfa.
Andrea negó suavemente con la cabeza.
—Mejor avisa directamente a la Luna. Ni Seth ni Rai tienen paciencia para manejar algo así.
Charles soltó una pequeña risa.
—Dos Reyes Alfas… y una Luna capaz de controlarlos a ambos.
Mientras tanto, en una de las habitaciones del ala norte, Graham caminaba de un lado a otro lleno de ansiedad.
Su esposa y sus dos hijos lo observaban en silencio.
—Cálmate, Graham —dijo la mujer suavemente—. Los lobos son leales a su manada. Si dieron su palabra, la cumplirán.
Graham pasó una mano por su rostro.
—Carmilla… esto no es un juego.
Su mirada se volvió oscura.
—No les dije toda la verdad.
La duende lo observó preocupada.
—No les dije que los renegados y los cazadores están trabajando juntos.
El silencio cayó sobre la habitación.
—Tampoco hablaste de los otros problemas —susurró Carmilla—. Pero por ahora… me conformo con que nos permitan quedarnos.
En ese momento, un aroma dulce llenó lentamente el aire.
Un aroma cálido.
Reconfortante.
Los pequeños duendes relajaron sus cuerpos casi de inmediato.
Como si aquella esencia pudiera alejar sus miedos.
En la casa de Charles, Bella dormía profundamente entre Rafael y Andy.
La tormenta afuera golpeaba las ventanas mientras el bosque permanecía extrañamente silencioso.
Entonces…
Bella abrió los ojos de golpe.
Su respiración estaba agitada.
Rafael despertó inmediatamente.
—¿Qué pasó, Bella?
Ella llevó una mano a su pecho.
—Alguien… alguien me estaba mirando.
Andy se levantó rápidamente revisando toda la habitación junto a Rafael.
—No hay nadie aquí —dijo Andy.
Pero Bella seguía temblando.
—Eran unos ojos negros… muy negros, como los de Altair, pero no me transmitian el mismo calor… y me miraban fijamente.
Rafael se acercó abrazándola con suavidad.
—Solo fue un sueño. No pasa nada. Yo estoy aquí.
Andy salió unos segundos de la habitación y regresó con un vaso de leche tibia.
—Toma.
Bella sostuvo el vaso entre sus pequeñas manos intentando calmarse.
Muy lejos de allí…
En la casa principal de MoonBlack, los ancianos llegaban para debatir sobre el destino de los duendes y la posible aparición de los cazadores.
Sin saber…
Que aquellos ojos negros que Bella había visto en sueños también estaban creciendo en algún lugar del mundo.
Esperando.
Preparándose.
Quizás… para la última batalla.