Ella renace con la posibilidad de salvarse a ella y a su familia.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Casa Morozov 2
El duque Morozov acababa de dejar algo muy claro sin necesidad de decir una sola palabra.
Esa mujer le pertenecía completamente.
No había duda posible.
No era solo por el título de prometida.
Era la forma en que la miró.
Fría.
Silenciosa.
Peligrosamente posesiva.
Como si cualquier persona que cruzara ciertos límites estuviera destinada a desaparecer.
El ambiente frente a la mansión Morozov era peligrosamente tenso.
Demasiado.
Y todos podían sentirlo.
Los guardias permanecían rígidos.
Los sirvientes apenas respiraban.
Incluso el viento parecía haberse detenido entre los jardines cubiertos de nieve.
Y en medio de todo eso…
Aaron Hoffman seguía completamente atrapado mirando a la hermosa mujer rubia como si hubiera olvidado cualquier instinto de supervivencia.
Arely sintió ganas de lanzarle algo en la cabeza.
[Aaron.]
[Mueve las piernas.]
[Aléjate de la prometida del hombre aterrador.]
Pero su hermano parecía hipnotizado.
La mujer era realmente hermosa.
Tenía ojos claros y delicados rasgos elegantes, pero lo más extraño era que no parecía arrogante ni fría como muchas nobles.
Más bien…
Parecía feliz..
Aaron finalmente reaccionó apenas.
Sonrió lentamente.
Y Arely sintió terror inmediato.
Porque esa era exactamente la sonrisa que usaba antes de tomar malas decisiones.
—Mis disculpas —dijo Aaron con calma elegante—. No sabía que lady Morozov estaba comprometida.
El duque Morozov no respondió de inmediato.
Solo lo observó.
Y sinceramente…
Eso era peor.
Mucho peor.
Porque había algo aterrador en la quietud de ese hombre.
No parecía enojado.
No levantaba la voz.
Pero daba la sensación de que podía destruir a alguien sin alterar el pulso.
Arely decidió intervenir antes de que Aaron muriera.
Avanzó rápidamente hacia adelante e hizo una reverencia elegante.
—Lamento la descortesía de mi hermano, duque Morozov.
Los ojos grises del hombre se movieron lentamente hacia ella.
Y por primera vez, Arely entendió por qué todos le temían tanto.
Su mirada era absurdamente intensa.
Como si analizara absolutamente todo.
Por un instante sintió que el aire se volvía pesado.
[Por Dios…]
[¿Así se siente mirar directamente a un villano de novela?]
Su antiguo yo habría estado emocionadísimo.
Su yo actual quería sobrevivir.
Aaron finalmente pareció recuperar el sentido común.
—Arely exagera. Solo admiraba el paisaje.
—El paisaje tiene nombre —respondió Morozov fríamente.
Silencio.
Arely quería enterrarse viva.
Los guardias parecían preparados para presenciar un asesinato en cualquier momento.
Y aun así…
La mujer rubia terminó rompiendo la tensión inesperadamente.
—Nikolai
Su voz fue suave.
Casi cautelosa.
El duque Morozov desvió apenas la mirada hacia ella.
Ella sonrió ligeramente.
—Nuestros invitados acaban de llegar.
Aquello pareció suavizar mínimamente el ambiente.
Solo mínimamente.
Morozov volvió a mirar a los hermanos Hoffman.
—Bienvenidos al ducado Morozov.
Su tono seguía siendo frío, pero al menos ya no parecía listo para arrancarle la cabeza a Aaron.
Probablemente.
Arely decidió aceptar esa pequeña victoria.
Aaron sonrió con naturalidad absurda.
—Agradecemos la hospitalidad.
[Aaron por favor deja de hablar.]
Pero, para sorpresa de Arely, Morozov no respondió agresivamente.
Simplemente observó a Aaron unos segundos más.
Como evaluándolo.
Midiéndolo.
Luego habló con tranquilidad inquietante.
—Lord Hoffman.
Aaron levantó apenas una ceja.
—¿Sí?
—Le recomiendo mantener distancia de lo que es mío.
El silencio fue inmediato otra vez.
Directo.
Brutal.
Sin intención de esconderlo.
La mujer rubia bajó ligeramente la mirada, claramente avergonzada.
Y Arely sintió que acababa de presenciar exactamente el tipo de escena que habría obsesionado a Elena en su vida pasada.
Un hombre frío.
Territorial.
Peligroso.
Completamente posesivo.
[Ah…]
[Entiendo perfectamente por qué las protagonistas de novelas toman malas decisiones.]
Se obligó mentalmente a reaccionar.
[No.]
[No vamos a romantizar hombres aterradores.]
Aaron, increíblemente, terminó riéndose un poco.
—Entendido.
Arely lo miró horrorizada.
[¿Por qué te ríes?]
[¿Quieres morir?]
Pero algo inesperado ocurrió.
Los labios del duque Morozov se curvaron apenas.
Una sonrisa mínima.
Pequeñísima.
Pero sinceramente mucho más aterradora que su expresión fría.
—Bien.
Los sirvientes parecieron respirar nuevamente cuando el duque comenzó a alejarse.
Aaron observó al hombre unos segundos antes de murmurar:
—Definitivamente es aterrador.
Arely lo miró con cansancio absoluto.
—Intentaste coquetear con la esposa a los treinta segundos de llegar.
Aaron sonrió.
—Técnicamente no alcancé a hacerlo.
—Porque Morozov apareció como un demonio invocado.
Aaron soltó una carcajada.
Y mientras ambos comenzaban a seguir a los sirvientes hacia el interior de la mansión, Arely lanzó una última mirada al duque Morozov.
El hombre caminaba delante de todos con calma absoluta.
Dominando el ambiente entero sin esfuerzo.
Y por alguna razón…
Ella tuvo el extraño presentimiento de que aquel viaje iba a complicarse muchísimo más de lo esperado.
Arely apenas vio el rostro del duque Morozov…
Comprendió perfectamente el peligro.
Ese hombre no era alguien con quien pudiera bromearse.
Ni provocarse.
Ni mucho menos coquetear con su esposa frente a él.
Así que avanzó rápidamente antes de que alguien muriera.
—Disculpen…
Su voz salió amable.
Educada.
Intentando aliviar el ambiente.
Hizo una reverencia impecable frente a la pareja.
—Soy Arely Hoffman.
Después señaló discretamente a su hermano, que seguía mirando a la hermosa mujer rubia como un hombre completamente hechizado.
—Y él es mi hermano Aaron Hoffman.
Arely sonrió con diplomacia.
—Fuimos enviados por nuestro padre, el duque Hoffman, para concretar los acuerdos comerciales.
Pero el duque Morozov apenas la escuchó.
Porque toda su atención seguía fija en Aaron.
En la forma descarada en que seguía observando a su esposa, Gia.
Como si no pudiera apartar los ojos.
Y eso estaba comenzando a despertar algo realmente oscuro dentro de Nikolai Morozov.
Arely lo notó inmediatamente.
Porque la expresión del duque no cambió.
Seguía tranquilo.
Frío.
Silencioso.
Pero había algo inquietante en sus ojos grises ahora.
Algo peligrosamente posesivo.
Como un depredador observando una amenaza.
Aaron finalmente pareció darse cuenta de que estaba caminando directo hacia su funeral.
Parpadeó un poco y sonrió con naturalidad.
—Mis disculpas. Lady Morozov es muy hermosa.
Silencio.
Absoluto.
Los guardias parecieron tensarse todavía más.
Arely sintió cómo su alma abandonaba lentamente el cuerpo.
[Aaron.]
[¿Por qué dirías eso?]
Gia abrió ligeramente los ojos, claramente sorprendida por la honestidad descarada.
Y Nikolai Morozov…
Sonrió apenas.
Una sonrisa mínima.
Oscura.
Terrible.
—Lo sé.
La respuesta fue tranquila.
Demasiado tranquila.
Eso era peor.
Mucho peor.
Porque daba la impresión de que estaba conteniéndose activamente.
Aaron, inconsciente del peligro como siempre, soltó una pequeña risa.
—Ahora entiendo por qué parece tan protector.
Arely quería golpearlo con una pala.
Gia pareció incómoda.
Muy incómoda.
Incluso dio un pequeño paso más cerca de Nikolai casi inconscientemente.
Y eso empeoró todo.
Porque los ojos de Morozov descendieron apenas hacia el movimiento de ella.
Luego volvieron lentamente hacia Aaron.
Territoriales.
Peligrosos.
Como si estuviera dejando claro que incluso respirar demasiado cerca de Gia podía considerarse una provocación.
Arely intervino rápidamente otra vez.
—Mi hermano suele hablar demasiado cuando está nervioso.
Aaron giró hacia ella indignado.
—¿Nervioso yo?
—Aaron.
—Estoy siendo completamente educado.
—Aaron.
—Solo dije que lady Morozov..
Arely le enterró discretamente el tacón en el pie.
Aaron se quedó callado inmediatamente.
Por primera vez desde que llegaron.
Nikolai observó aquella escena en silencio.
Y, extrañamente…
Pareció encontrarla ligeramente entretenida.
No mucho.
Pero lo suficiente para que la tensión asesina disminuyera apenas.
Gia finalmente habló con suavidad.
—Espero que hayan tenido un buen viaje..
Su voz contrastaba muchísimo con la de su esposo.
Era cálida.
Delicada.
Y sinceramente Arely comenzó a entender el problema.
Porque incluso ella, siendo mujer, podía notar que Gia era el tipo de persona que despertaba instintos protectores casi inmediatamente.
Especialmente en un hombre como Nikolai Morozov.
El duque finalmente apartó un poco la atención de Aaron y miró a Arely.
—Lady Hoffman.
Ella sostuvo su mirada con calma diplomática.
Aunque por dentro estaba sobreviviendo apenas.
—Duque Morozov.
Él la observó unos segundos.
Analizándola.
Como si intentara entenderla.
—He oído bastante sobre usted.
Eso sorprendió ligeramente a Arely.
—¿Sobre mí?
—La hija del duque Hoffman que salvó varios acuerdos comerciales del norte.
Aaron sonrió orgullosamente al escuchar eso.
—También humilla contadores profesionales. Es aterradora.
Arely lo ignoró elegantemente.
Pero Nikolai seguía observándola.
Y ella tuvo la extraña sensación de que aquel hombre veía demasiado.
Muchísimo más de lo que dejaba notar.
Aaron finalmente entendió la amenaza esta vez.
Probablemente porque incluso él dejó de sonreír por un segundo.
Arely suspiró internamente.
[Perfecto.]
[Llevamos aquí menos de diez minutos y Aaron ya activó los instintos homicidas del hombre más aterrador del imperio.]
Definitivamente aquel viaje iba a ser un desastre.