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Tentaciones Prohibidas

Tentaciones Prohibidas

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance / Amor de la infancia
Popularitas:17.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Yance

El destino vuelve a reunirlos bajo el mismo techo, pero nadie sabe qué traerá consigo este reencuentro.
¿Encontrará Emma a alguien capaz de comprender su corazón?
¿Descubrirá que el amor puede llegar cuando menos lo espera?
¿O será una tentación inesperada la que ponga su mundo de cabeza?
En esta historia, nada está escrito todavía. Los sentimientos crecerán, los secretos saldrán a la luz y las decisiones de sus protagonistas irán marcando el rumbo.
Porque a veces, el corazón desea algo que la razón no sabe explicar… y la vida nos enfrenta a elecciones que jamás pensamos tener que hacer.
Bienvenidos a Tentaciones prohibidas.

NovelToon tiene autorización de Yance para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Sin miedos

Emma miró el reloj de la pared y abrió los ojos con sorpresa.

—¡Dios mío!

Leonardo se sobresaltó.

—¿Qué pasó?

Emma lo miró como si acabara de hacerle la pregunta más absurda del mundo.

—¡He quedado de verme con Lenna en una discoteca!

Leonardo arqueó una ceja y la observó de arriba abajo.

—¿Vas a salir vestida así?

Emma miró su minifalda negra y después volvió a observarlo.

—¿Qué tiene de malo mi ropa?

—No tiene nada de malo.

—Entonces, ¿por qué preguntas?

—Pensé que era ropa de estar en casa.

Emma cruzó los brazos.

—Leonardo Moretti, no empieces.

Él soltó una carcajada.

—Está bien. No he dicho nada.

Emma se levantó y señaló la puerta.

—Pues puedes acompañarme.

Leonardo la miró con desconcierto.

—¿A la discoteca?

—No, a dormir. ¡Claro que a la discoteca!

—¿Quieres que vaya contigo? Hace unos minutos me llamaste viejo.

—Pero no tienes nada mejor que hacer, anciano. Además, podrías divertirte un rato.

Leonardo fingió pensarlo con indignación.

—Bueno, tenía pensado quedarme en el departamento contemplando las paredes, pero puedo hacer una excepción.

Emma le lanzó un cojín.

Él lo atrapó en el aire.

Ella corrió hacia su habitación para terminar de arreglarse, mientras Leonardo se quedaba mirando la puerta con una sonrisa.

Había viajado para pedirle perdón y recuperar su confianza. No esperaba que aquella misma noche terminaran saliendo juntos, como en los viejos tiempos.

---

La discoteca estaba llena cuando llegaron.

La música retumbaba en los altavoces, las luces recorrían la pista y decenas de personas bailaban alrededor de las mesas.

Emma encontró a Lenna cerca de la barra y corrió a abrazarla.

—¡Por fin! —exclamó su amiga—. ¡Pensé que te habías quedado dormida! o que habías decidido comerte a Leonardo.

—¡Lenna!.

Lenna se apartó para observarla y entonces reparó en el hombre que estaba detrás de ella.

Abrió los ojos.

—¿Leonardo?

Él levantó una mano a modo de saludo.

—Hola, Lenna.

Ella miró a Emma y después a Leonardo.

—No puedo creerlo. ¿Se reconciliaron? - Hizo una pausa- ¿Escuchó lo que dije?.

Emma sonrió, algo avergonzada.

—Hablamos. Y voy a hacer como si no hubieras dicho nada de lo que dijiste.

-Amiga soy muy discreta, pero la música me hizo gritar.

-No eres para nada discreta, no finjas.

Lenna se llevó una mano al pecho, fingiendo inocencia.

—¿Yo? ¡Pero si soy una mujer muy discreta!

Leonardo soltó una risa.

—Claro. Discretísima.

—Tú no te metas, Moretti —replicó ella, señalándolo con un dedo—. Todavía estoy evaluando si mereces que te deje pasar una noche con nosotras.

—¿Una noche? Creí que veníamos a bailar, no a una entrevista de trabajo.

Emma se echó a reír.

—Basta, los dos. Esta noche hemos venido a divertirnos.

Lenna levantó las manos en señal de rendición.

Lenna observó a Leonardo con seriedad.

—Bueno... Entonces esta noche vamos a divertirnos.

—Está bien. ¡Entonces, a bailar!

Y así lo hicieron.

Bailaron durante horas.

Emma se reía cada vez que Leonardo intentaba seguir sus pasos y terminaba moviéndose de una manera tan exagerada que parecía estar imitando a un hombre mucho mayor.

—¡No puedo creer que bailes así! —gritó ella entre carcajadas.

—¡Estoy haciendo una interpretación artística!

—¡Estás haciendo el ridículo!

—¡El arte no siempre es comprendido por las masas!

Lenna tuvo que sujetarse el estómago de tanto reír.

Más tarde, cuando comenzó una canción que Emma conocía de memoria, tomó las manos de Leonardo y lo obligó a seguirla.

Él protestó durante unos segundos, pero terminó bailando con ella.

Se rio con ganas, la molestó, le hizo bromas y la escuchó contarle anécdotas de la universidad. Emma, por su parte, volvió a sentirse cómoda a su lado. Le habló de sus clases, de sus diseños y de una profesora que parecía empeñada en hacerles la vida imposible.

Leonardo la escuchaba con atención, preguntándole por sus proyectos y animándola a continuar.

—Algún día vas a diseñar vestidos para las mujeres más importantes del mundo —le dijo.

Emma sonrió.

—¿Tú crees?

—Estoy seguro.

—¿Y cómo sabes que soy tan buena?

Leonardo se encogió de hombros.

—Porque cuando hablas de tus diseños, te brillan los ojos. Y porque eres demasiado terca para rendirte.

Emma le dio un pequeño empujón.

—¡Eso último no era un cumplido!

—Claro que sí. Es tu mejor cualidad.

Ella se rio y apoyó brevemente la cabeza en su hombro mientras la música continuaba.

Leonardo sintió el impulso de rodearla con los brazos y mantenerla cerca.

No lo hizo.

Se limitó a sonreír y a seguir el ritmo de la canción.

Aquella noche no necesitaban resolver el futuro.

Por el momento, bastaba con recuperar el presente.

Las horas pasaron sin que se dieran cuenta. Bebieron algunos cócteles, aunque Leonardo se aseguró de que Emma también tomara agua y comiera algo.

Cuando ella quiso pedir otra bebida, él miró el reloj y negó con la cabeza.

—Creo que ya has bebido suficiente por esta noche.

Emma abrió la boca, indignada.

—¡Pero si tú también has bebido!

—Y por eso mismo estoy hablando desde la experiencia.

—Definitivamente, eres un anciano.

—Soy un hombre lleno de sabiduría.

—Eres un hombre lleno de canas.

Leonardo se pasó una mano por el cabello y adoptó una expresión orgullosa.

—Imaginarias. Todavía no encuentro ninguna. Soy un hombre guapo, y eso me lo recuerda mi espejo todos los días.

Emma soltó una carcajada.

—Eres un viejo guapo y presumido.

—Acepto el cumplido.

—¡No era un cumplido!

—Yo decido cómo interpretar tus palabras.

Alrededor de las tres de la madrugada, los tres estaban agotados. Lenna se despidió de Emma con un abrazo.

—Me voy. Em, avísame cuando llegues al departamento, ¿sí?

—¿Quieres que te acompañemos?

—No hace falta. Nos vemos mañana.

Emma la abrazó de nuevo y esperó a que se marchara con seguridad antes de dirigirse a Leonardo.

—Vamos nosotros también.

Leonardo las acompañó hasta el departamento. Durante el camino hablaron de tonterías, discutieron sobre cuál de los dos había bailado peor y terminaron riéndose otra vez.

Cuando llegaron, Emma dejó el bolso sobre una silla y se quitó los zapatos.

—Estoy muerta.

Lenna ya no estaba con ellos, así que Emma caminó arrastrando los pies hasta el sofá y se dejó caer sobre él, imitando a un zombi.

Leonardo se rio.

—¿Qué? —preguntó ella, mirándolo con los ojos entrecerrados.

—Nada. Solo estoy admirando tu elegancia.

—Sigue burlándote y te tocará dormir en la calle.

—Qué carácter.

Emma le lanzó una mirada amenazante, pero terminó sonriendo.

Después, cuando el silencio comenzó a instalarse, lo miró con una expresión más suave.

—Gracias por venir conmigo esta noche.

Él se apoyó en el respaldo del sofá.

—Gracias por invitarme.

—Me hacía falta reírme contigo.

Leonardo sintió que algo se le aflojaba en el pecho.

—A mí también, pequeña.

Emma bostezó y miró la hora.

—Es demasiado tarde para que busques un hotel. Puedes quedarte aquí esta noche.

Leonardo la observó durante unos segundos.

—¿Estás segura?

—Claro. Somos amigos, ¿no?

Él esbozó una sonrisa.

—Sí. Eso creo.

Emma le ofreció la habitación y le explicó dónde podía encontrar una manta. Sin embargo, cuando llegó el momento de dormir, Leonardo insistió en que ella no tenía por qué pasar la noche incómoda en el sofá.

Al final, acordaron compartir la cama, cada uno en su lado y con suficiente espacio entre ambos.

No pasó nada.

Solo una conversación tranquila sobre sus vidas y algunas bromas antes de que el cansancio terminara venciéndolos.

—No me robes la manta —murmuró Emma, ya medio dormida.

Leonardo sonrió en la oscuridad.

—Buenas noches, pequeña.

—Buenas noches, León.

---

A la mañana siguiente, la luz del sol se filtraba suavemente por las cortinas del dormitorio.

Leonardo abrió los ojos lentamente.

Durante unos segundos no supo dónde estaba. Después sintió el peso de una manta sobre sus piernas y escuchó una respiración tranquila a su lado.

Giró la cabeza.

Emma dormía profundamente.

Tenía el cabello rubio desparramado sobre la almohada y una mano cerca del rostro. Leonardo se quedó observándola unos segundos, recordando cómo habían terminado riéndose hasta la madrugada.

No había ocurrido nada entre ellos. Simplemente habían compartido una cama después de una noche agotadora.

Y eso era todo.

Se incorporó con cuidado para no despertarla y salió de la habitación.

Necesitaba una ducha.

Mientras el agua caía sobre su espalda, pensó en lo extrañamente bien que se había sentido durante las últimas horas. Por primera vez en semanas, no había tenido que luchar contra el impulso de alejarse de Emma. Habían conversado, se habían reído y, por un momento, todo había parecido sencillo.

Pero sabía que sus sentimientos no habían desaparecido.

Y también sabía que no podía permitirse olvidar por qué había decidido tomar distancia.

Cuando terminó, se vistió con la ropa del día anterior, se acomodó el cabello y salió del baño.

El aroma de algo recién preparado llegó hasta él.

Leonardo siguió el olor hasta la cocina.

Y allí encontró a Emma.

Llevaba ropa cómoda, el cabello recogido de cualquier manera y estaba frente a la estufa, concentrada en una sartén.

—Buenos días, chef —saludó él.

Emma giró la cabeza.

—Buenos días. ¿Dormiste bien?

—Bastante bien. Aunque alguien intentó robarme la manta y me golpeó las costillas en varias ocasiones.

Ella abrió la boca, escandalizada.

—¡Mentiroso! ¡Tú fuiste quien me la quitó! Además, yo ni siquiera me moví.

Leonardo se rio.

—Qué conveniente.

Emma volvió a concentrarse en el desayuno.

Sobre la mesa había fruta cortada, café recién preparado, jugo y una torre de panqueques que estaba terminando de acomodar en un plato.

Leonardo se acercó y miró la comida con auténtica sorpresa.

—Espera un momento… ¿tú cocinas?

Emma lo miró con fingida indignación.

—¿Qué clase de pregunta es esa?

—Una pregunta completamente válida. En todos estos años nunca te había visto preparar algo así.

Ella sonrió con orgullo.

—Soy una caja de sorpresas, León. Hay muchas cosas que no sabes de mí.

Él arqueó una ceja.

—¿Ah, sí?

—Muchas.

—Ahora me has dejado preocupado.

Emma soltó una carcajada y le puso un plato delante.

—Come antes de que cambie de opinión.

Leonardo tomó un trozo de panqueque y lo probó.

Masticó lentamente.

Después tomó otro bocado.

Emma lo observaba, esperando su veredicto.

—¿Y bien?

Leonardo la miró con absoluta seriedad.

—Tengo que admitir algo.

Ella contuvo la respiración, expectante.

—No sabía que cocinabas tan bien.

La sonrisa de Emma se hizo más amplia.

—Te lo dije. Soy una caja de sorpresas.

—Definitivamente. Aunque ahora tengo una pregunta importante.

—¿Cuál?

—¿Dónde has estado escondiendo todo este talento culinario durante dieciocho años?

Emma le lanzó una servilleta.

—¡Leonardo!

Él se rio tanto que tuvo que dejar el tenedor sobre la mesa.

Y Emma terminó riéndose también.

Durante el desayuno hablaron de todo un poco. Leonardo le preguntó por la universidad, por sus proyectos y por los diseños en los que estaba trabajando. Emma quiso saber cómo iban los negocios y si Tiago estaba bien.

Él le contó algunas anécdotas de su hijo, y ella sonrió al escucharlo hablar de él con tanto cariño.

Por un momento, Emma sintió que las semanas de distancia no habían existido.

Pero sabía que no podía aferrarse demasiado a aquella sensación.

Habían acordado recuperar su amistad, y eso era precisamente lo que estaban haciendo.

Paso a paso.

Sin exigencias.

Sin apresurarse.

---

Después del desayuno, Leonardo consultó la hora en su teléfono.

Su vuelo de regreso saldría pronto y todavía tenía que organizar algunas cosas antes de marcharse.

Dejó el aparato sobre la mesa y miró a Emma.

—Tengo que irme.

La sonrisa de ella se apagó apenas un instante.

—¿Tan pronto?

—Tengo que regresar. Hay asuntos de trabajo pendientes y no puedo desaparecer todo el fin de semana.

Emma asintió.

—Claro. Lo entiendo.

Leonardo se puso de pie y recogió sus cosas.

—Me gustó mucho verte, pequeña. Y me alegra que hayamos podido hablar.

Ella también se levantó.

—A mí me gustó que vinieras.

Él sonrió.

—¿Ves? No fue tan terrible tenerme por aquí.

—No te emociones. Sigues siendo insoportable.

—Y tú sigues siendo una pequeña diablilla.

Emma soltó una carcajada.

Leonardo la miró durante unos segundos, con una ternura que no se molestó en disimular.

Después señaló su ropa.

—Por cierto, tengo una petición.

Emma bajó la mirada hacia su short y luego volvió a observarlo.

—¿Qué pasa ahora?

—La próxima vez que salgas a una discoteca, no bebas demasiado.

Ella cruzó los brazos.

—¿Y?

Leonardo hizo una pausa antes de añadir:

—Y, si es posible, evita ponerte esa minifalda.

Emma se quedó mirándolo y después soltó una carcajada tan sonora que tuvo que apoyarse en la mesa.

—¡No puedo creerlo! ¡Te escuchas exactamente como mi padre!

Leonardo frunció el ceño.

—Emma, no me arruines el día, ¿quieres?

—Lo siento… Es que me lo recordaste.

—Emma Carter, estoy intentando tener una conversación seria contigo.

Ella lo miró con una sonrisa traviesa.

—Sí, te está saliendo fatal.

Él negó con la cabeza, divertido, y se acercó a ella.

—Cuídate, pequeña.

La sonrisa de Emma se volvió dulce.

—Tú también.

Leonardo le dio un beso en la frente y después la abrazó.

Fue un abrazo cálido, de esos que ambos conocían tan bien.

Pero esta vez Emma no tuvo que preguntarse si Leonardo se apartaría bruscamente o si al día siguiente volvería a evitarla.

Él la sostuvo entre sus brazos unos segundos más antes de separarse.

—Hablamos pronto, ¿sí?

—Sí.

—Y no te olvides de contarme cómo te va con tus diseños.

—Te enviaré fotografías.

Leonardo sonrió.

Después tomó sus cosas y caminó hacia la puerta.

Emma lo acompañó.

Antes de salir, él volvió a mirarla.

—Adiós, pequeña.

—Adiós, León.

La puerta se cerró suavemente.

Emma permaneció inmóvil unos segundos.

Después se llevó ambas manos al rostro y soltó un suspiro que terminó convirtiéndose en una sonrisa enorme.

El corazón le saltaba de emoción.

No había pasado nada extraordinario.

Sin embargo, Leonardo había regresado a su vida.

Había pedido perdón, la había escuchado, se había reído con ella y le había demostrado que no quería perder la relación que compartían.

Por ahora, eso era suficiente.

Emma regresó a la cocina y comenzó a recoger los platos, todavía con aquella sonrisa imposible de borrar.

No sabía qué ocurriría en el futuro.

Pero, por primera vez en semanas, no tenía miedo de pensar en él.

...****************...

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1
Yaz
definitivamente Leonardo es en caramelo, pero celoso como cualquier mortal 😉😉😉
Ana Elena Jiménez
supongo que con lo que hizo valentía quedó marcado y sus celos empeoraron pero caray para como lo pinta Camila,y se lo aguanto cinco años 🤷🤷🤷 además en ese momento ella era bastante liberal
Yura Ran: celoso y mala cama... no lo creo. porque lo cornean 😁
total 1 replies
Ana Elena Jiménez
exacto
Ana Elena Jiménez
yo digo que son inofensivos, eso espero😬😬🤭🤭
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja si un poquito 🤭🤭
Ana Elena Jiménez
después de una cuerneada , cualquiera puede volverse desconfiado 😬😬
Ana Elena Jiménez
😬😬😬😬
Ana Elena Jiménez
un beso accidental pero deseado 🤭🤭
Ana Elena Jiménez
😬😬😬🤭🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
qué lindo 🥰🥰🥰🥰al estilo de los tiempos de antes cuando los noviazgos eran a escondidas 🤭🤭
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭🤭
Betty Saavedra Alvarado
Los hombres son celosos por naturaleza Leo no es la excepción Vale lo engaño de la peor manera Camila no le aguanto su carácter
Ana Elena Jiménez
😮😮🤭🤭
Yura Ran: 😁🤪😍 ok Dios mio co.o se van aportar de besitos?
total 1 replies
Ana Elena Jiménez
ella si te entiende a la perfección 🥺🥺
Ana Elena Jiménez
bueno Leo a ponerse la diez, mueve los contactos que sea pero que esos miserables paguen,, porque me imagino que a eso se dedican 😡😡😡😡
Ana Elena Jiménez
ese es el verdadero apoyo 🫶🫶
Ana Elena Jiménez
así es 🥺🥺
Ana Elena Jiménez
🥺🥺🥺tú tienes personas que te aman y están dispuestas a buscarte ayuda profesional
Ana Elena Jiménez
🥺🥺🥺🥺pobre lenna, esos infelices tienen que pagar por lo que le hicieron
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