NovelToon NovelToon
Señor Valdés, quiero el divorcio

Señor Valdés, quiero el divorcio

Status: En proceso
Genre:Mujer poderosa / Juego de roles / Triángulo amoroso / Amante arrepentido
Popularitas:22
Nilai: 5
nombre de autor: Alma Varela

El día de su cumpleaños, Elena Robles recibe decenas de felicitaciones. Ninguna viene de su esposo.
Mientras ella espera un abrazo, sus mellizos preparan un regalo para Marina, la media hermana de Elena. Adrián Valdés también tiene claras sus prioridades: Marina siempre va primero.
Después de años intentando ganarse un lugar en su propia familia, Elena deja su anillo junto a los papeles del divorcio y se marcha. Esta vez, no busca que él la siga. Quiere recuperar su vida.
Vuelve a la empresa tecnológica que ayudó a fundar y retoma la carrera que dejó por su matrimonio. Quienes la subestimaban solo conocían a una esposa callada. Están a punto de descubrir de lo que es capaz.
Adrián está acostumbrado a que Elena siempre lo espere.
¿Qué hará cuando ella deje de hacerlo?

NovelToon tiene autorización de Alma Varela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11

Capítulo 11. Ya no quería que los acercaran

Elena estuvo a punto de reír.

Álvaro le pedía a Adrián que cuidara a Marina.

Sabía que aquel hombre estaba casado con su otra hija. No podía ignorarlo: Marina y Adrián se habían conocido después de la boda de Elena.

Y, aun así, hablaba de ellos como si no hubiera ningún problema.

Adrián aceptó.

Elena permaneció detrás de la esquina mientras los dos intercambiaban unas palabras más. Luego vio a su esposo acompañar a Álvaro hasta el auto. Esperó a que subiera y no se marchó hasta que el vehículo se alejó.

Adrián rara vez mostraba tanta consideración. Reservaba esos gestos para unos cuantos mayores de su propia familia.

Con la abuela y el tío de Elena siempre había sido distante. Ella había tenido que medir cada palabra cuando le pedía ayuda para el negocio familiar. Casi nunca servía de nada.

Álvaro acababa de agradecerle un contrato.

Elena miró el lugar donde había estado el auto. Su padre también era el padre de Marina.

Adrián lo trataba así por ella.

Esperó a que su esposo se marchara y entró al Restaurante Buen Encuentro.

***

Después del trabajo, Elena pasó por su departamento para recoger los regalos que había preparado para Carmen y Ernesto Valdés.

La casa familiar estaba a las afueras de la ciudad, en una zona arbolada y tranquila. Era un buen lugar para vivir lejos del ruido, aunque llegar desde la oficina exigía tiempo.

Elena tardó una hora y media.

Acababa de estacionarse cuando oyó la risa de Lucía dentro de la casa.

Carmen la vio desde la sala y sonrió.

—¡Elena! Ven, siéntate conmigo.

Isabel Acosta, la madre de Adrián, estaba en un sillón cercano. Beatriz y Nicolás también estaban allí. Al verla entrar, las sonrisas de los tres se apagaron.

Elena lo notó.

Antes habría intentado encontrar alguna manera de agradarles. Esa tarde saludó, entregó los regalos al mayordomo y se acercó a Carmen.

—Buenas tardes.

La anciana le tomó la mano y la hizo sentarse a su lado.

—Estás más delgada. ¿Adrián te está haciendo pasar un mal rato?

Elena bajó la mirada.

—He tenido mucho trabajo.

No era toda la verdad.

Su matrimonio le había quitado el sueño más de una vez. Pero durante las últimas dos semanas también había pasado horas, después de la oficina, poniéndose al día en el desarrollo de software con inteligencia artificial. Algunas noches no dejaba los libros hasta la madrugada.

Quería volver a su profesión. Para eso tenía que prepararse.

Beatriz soltó una risa breve.

—Lo dices como si el Grupo Valdés no pudiera funcionar sin ti.

Isabel levantó su taza. Llevaba la ropa impecable y el cabello perfectamente arreglado.

—Si el trabajo te pesa tanto, renuncia. Nadie te pidió que fueras a trabajar allí.

—Eso —añadió Beatriz—. Aunque dudo que quiera perder la oportunidad de estar cerca de...

—Ya entregué mi renuncia —dijo Elena.

Beatriz dejó la frase a medias.

Isabel bajó la taza.

—En cuanto termine de entregar mis tareas, me voy.

Las dos la miraron sin saber qué decir.

Carmen apretó un poco su mano.

—Elena...

En ese momento se abrió el ascensor de la casa.

—¿Ya llegó mamá?

Lucía salió corriendo. Mateo venía detrás, con una cajita de piezas en las manos. La dejó sobre una mesa antes de acercarse.

—¡Mamá!

Lucía se lanzó a abrazarla.

Llevaban más de dos semanas sin hablar con ella. Allí, frente a su bisabuela, la niña sí parecía contenta de verla.

Elena la sostuvo un instante y le acarició la espalda. Después pasó una mano por el cabello de Mateo.

—Hola.

No les hizo preguntas. No les reclamó las llamadas que nunca habían hecho.

Carmen miró a los niños y dejó para otro momento la conversación sobre la renuncia.

—Hace mucho que no pruebo una de tus infusiones —le dijo a Elena—. ¿Nos preparas unas tazas?

Elena había crecido viendo a su abuela preparar infusiones. Conocía sus mezclas y sabía hacerlas suaves, sin dejar que el sabor se volviera amargo.

—Claro. Aunque ya casi es hora de cenar...

Beatriz la interrumpió.

—Exacto. Cuando lleguen Adrián y Tomás, nos sentamos a comer.

Ella prefería el café. Tampoco le gustaba que Carmen elogiara cualquier cosa que hacía Elena.

Adrián entró poco después.

Saludó a su abuela y a su madre. Miró a Elena apenas un segundo y eligió un sillón apartado.

Lucía salió enseguida de los brazos de su mamá.

—¡Papá!

Mateo también se acercó. Adrián abrazó a la niña y miró a su hijo mientras este le contaba algo.

Elena se quedó sentada junto a Carmen.

Entonces llegó Tomás, el hermano menor de Adrián. Todavía era adolescente. Entró con tanta energía que pasó por encima del brazo del sofá y cayó sentado.

—¿Todos me estaban esperando?

Beatriz le dio una palmada en la cabeza.

—Sí. Nos tienes muertos de hambre.

Tomás era el que hacía reír a la familia. Al verlo, Isabel se relajó y empezó a sonreír. Carmen también parecía más animada.

Como ya era tarde, la anciana pidió que sirvieran la cena.

Se reunieron los diez en el comedor pequeño. Ernesto ya los esperaba allí.

Elena se sentó junto a Mateo. Lucía quedó entre su hermano y Adrián; Carmen, al otro lado de su nieto.

La anciana miró la distribución.

—Niños, cambien de lugar con su papá. Así él y su mamá se sientan juntos.

No era la primera vez que intentaba acercarlos.

La familia llevaba años viendo cómo Carmen buscaba cualquier oportunidad para sentar a Adrián junto a Elena. Nunca conseguía que él cambiara su manera de tratarla.

Beatriz sonrió con ironía. Esa noche ni siquiera se molestó en intervenir.

Adrián no dijo nada. Aunque no le gustara el arreglo, solía aceptar esas pequeñas peticiones de su abuela.

Los mellizos estaban a punto de levantarse cuando Elena habló.

—No hace falta. Estamos bien así.

Miró a Carmen y le sonrió con cariño.

No había mirado a Adrián.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play