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Te Encontré En Mis Sueños

Te Encontré En Mis Sueños

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Malentendidos / Romance
Popularitas:599
Nilai: 5
nombre de autor: inkdreams

Unidos por sueños compartidos y separados por oscuras mentiras, Alexander y Alana deberán luchar contra la traición para descubrir que el amor verdadero siempre encuentra el camino a la realidad.

NovelToon tiene autorización de inkdreams para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4: La ciudad de las luces y las sombras

Punto de vista: Alana

El murmullo constante de voces en inglés, los anuncios por altavoz y el brillo impecable del Aeropuerto Internacional de Los Ángeles nos dieron la bienvenida mientras caminábamos hacia la cinta de reclamo de equipaje.

Ajusté la correa de mi bolso de mano sobre el hombro, sintiendo un cosquilleo helado en el estómago. El viaje en avión había sido largo, pero la adrenalina me mantenía completamente despierta. Miré a través de los enormes ventanales de cristal: afuera, la tarde caía sobre California con un cielo teñido de tonos anaranjados y purpúreos, enmarcando las palmeras y las autopistas abarrotadas.

—¿Sintiéndote abrumada, eh? —preguntó Mateo a mi lado, acomodándose la mochila con una sonrisa leve mientras estiraba los brazos.

—Un poco... no te voy a mentir —admití, sonriéndole de vuelta mientras buscábamos nuestras maletas entre la marea de pasajeros—. Es la primera vez que estoy tan lejos de casa. Todo se siente gigantesco.

—Pues vete acostumbrando, Mendoza —bromeó Mateo, tomándome del brazo con delicadeza para esquivar a una familia que caminaba a prisa—. Esta es tu nueva realidad. Ganaste la beca más codiciada de la facultad y estás a punto de entrar por la puerta grande a una de las empresas más importantes del continente. Tienes todo para brillar.

Sus palabras me reconfortaron, como siempre. Mateo tenía esa capacidad única de transmitirme seguridad cuando la duda amenazaba con invadirme.

—Gracias por estar aquí, Mateo. De verdad... no sé qué habría hecho si hubiera tenido que venir sola.

—Nunca vas a estar sola si depende de mí —respondió en un tono suave, mirándome fijamente por un segundo con esos ojos café cálidos antes de disimular señalando la banda transportadora—. Mira, allá viene tu maleta roja.

Caminamos hacia la cinta y Mateo se adelantó para levantar mi equipaje pesado sin el menor esfuerzo, haciendo gala de su complexión atlética. Luego sujetó la suya y caminamos juntos hacia la salida, donde el aire fresco de la tarde nos golpeó la cara.

El departamento que la fundación de la empresa me había asignado estaba ubicado en una zona bastante céntrica, no muy lejos del distrito financiero. Mateo, haciendo valer las facilidades de su familia, había alquilado un departamento en el mismo edificio para estar cerca.

El trayecto en taxi fue un espectáculo de luces. Los rascacielos del downtown se alzaban como gigantes de acero y cristal que tocaban el cielo nocturno. No pude evitar pegar la frente al cristal de la ventanilla, fascinada por la arquitectura de la ciudad.

—Mañana a las ocho en punto es la presentación oficial en la torre de Hale Developments —comentó Mateo desde el asiento de al lado, revisando su teléfono—. Nos darán el recorrido, conoceremos al equipo de diseño y, según el itinerario, el mismísimo CEO dará la bienvenida al grupo de pasantes.

El pulso se me aceleró ligeramente.

—Alexander Hale... —murmuré el nombre que había leído docenas de veces en los correos corporativos y en los artículos de revistas de arquitectura.

—El heredero del imperio —agregó Mateo con una mueca de desdén sutil—. Dicen que es un tipo implacable, frío y obsesionado con la perfección. Un tiburón corporativo de veintiocho años que no perdona ni el más mínimo error.

—Bueno, mientras evalué nuestro talento y no nuestras vidas personales, creo que nos llevaremos bien —sonreí, intentando restarle tensión al ambiente.

Una hora después, ya estaba instalada en mi nuevo departamento. Era un espacio acogedor, de concepto abierto, con un pequeño balcón que ofrecía una vista parcial de los edificios iluminados a lo lejos. Mateo me ayudó a subir las cosas y, tras cenar algo rápido, se despidió para ir a descansar a su departamento.

—Que descanses, futura estrella. Mañana empezamos con todo —se despidió con un beso dulce en mi mejilla antes de salir.

—Descansa, Mateo.

Cuando la puerta se cerró, el silencio envolvió el lugar.

Me duché con agua tibia para quitarme la fatiga del viaje y me puse una playera cómoda para dormir. Me acerqué al ventanal del balcón y contemplé las luces de Los Ángeles. La ciudad era una alfombra dorada que se extendía hasta donde alcanzaba la vista.

Un temblor involuntario me recorrió la piel.

Esa vista... esa perspectiva de rascacielos e iluminación nocturna se parecía espantosamente a la terraza de mis sueños.

Apreté los labios y cerré las cortinas con rapidez, sacudiendo la cabeza para ahuyentar el pensamiento.

—Basta, Alana —me regañé en voz baja mientras me metía bajo las cobijas—. Es solo una coincidencia. Estás sugestión por el estrés del viaje. El hombre de tus sueños no existe. Es solo una fantasía que inventaste.

Cerré los ojos, sintiendo el cansancio pesado adueñarse de mis músculos. Pero en el fondo de mi mente, la expectativa me carcomía. ¿Volvería a soñar con él esta noche? ¿Volvería a sentir esos ojos azules devorándome en la penumbra?

Mañana por la mañana cruzaría las puertas de Hale Developments. Un nuevo capítulo comenzaba en mi vida... y no tenía idea de que el hombre que creía haber imaginado me esperaba al otro lado de la mesa de juntas.

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