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EL CONTRATO DEL ORGULLO. EN LOS BRAZOS DEL CEO.

EL CONTRATO DEL ORGULLO. EN LOS BRAZOS DEL CEO.

Status: Terminada
Genre:Sustituto/a / CEO / Romance / Completas
Popularitas:10.1k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Cinco años de luto familiar y silencio absoluto fue el precio que Leonor pagó por quedarse atrás mientras Héctor, su amigo de la infancia, triunfaba en el extranjero. Fiel a una promesa implícita, guardó su pureza en un santuario vacío... hasta que llegó el sobre dorado: la invitación de boda de Héctor con otra mujer. Atrapada por el orgullo y el pánico a dar lástima, Leonor miente asegurando que tiene una pareja estable. El destino mueve sus hilos cuando Adrián Valero, el imponente y frío CEO de su multinacional, se queda sin asistente para un viaje de negocios a la misma ciudad del enlace. Lo que empieza como un pacto de urgencia para salvar la dignidad de Leonor se convierte en una farsa de noche y oficina de día dentro de una suite compartida con una sola cama. Entre los celos viscerales del pasado y la protección feroz de un hombre inalcanzable, las amarras se rompen. ¿Podrá Leonor proteger su corazón cuando la farsa se convierta en la verdad más peligrosa de su vida?

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CAPITULO 6. PRIMER CONTACTO CON EL GIGANTE

El piso superior de las oficinas centrales siempre me había parecido un territorio prohibido, una especie de olimpo reservado únicamente para la alta dirección. El suelo de moqueta gris, densa y silenciosa, amortiguaba el sonido de mis pasos mientras caminaba con una carpeta apretada contra el pecho como si fuera un escudo protector. Media hora después de que Marcos saliera de su despacho, recibí la notificación interna: el señor Adrián Valero solicitaba mi presencia de inmediato en la planta noble. El estómago se me contrajo tanto que sentí náuseas. Aunque llevaba tres años trabajando en la firma, mis interacciones con el CEO se habían limitado a cruzar saludos cordiales y distantes en el ascensor o durante las juntas anuales. Él era el gigante invisible que manejaba los hilos de la multinacional, un hombre cuya reputación de líder implacable y meticuloso intimidaba a cualquiera.

Me detuve frente a la imponente puerta de madera de nogal. Inspiré hondo, me coloqué un mechón de pelo detrás de la oreja y llamé suavemente con los nudillos. Una voz profunda, con un timbre grave y seguro, resonó desde el interior autorizándome a pasar.

Al abrir la puerta, la luz del mediodía que entraba por los enormes ventanales me deslumbró por un instante. El despacho de Adrián Valero reflejaba fielmente su personalidad: sobrio, elegante, ordenado con una precisión casi matemática y desprovisto de cualquier adorno innecesario. Detrás de una mesa de cristal negro y acero, se encontraba él. Adrián estaba revisando unos documentos en una tableta digital, pero al notar mi entrada, levantó la vista. Tenía unos ojos oscuros, increíblemente analíticos, que parecían capaces de leer tus pensamientos con una sola mirada. Vestía un traje de tres piezas impecable, de un gris marengo que acentuaba su figura alta y atlética, y emanaba un magnetismo tan imponente que el aire de la habitación pareció volverse más denso de repente.

—Señorita... Leonor, ¿verdad? Tome asiento, por favor —dijo, señalando con un leve gesto de la mano una de las sillas de cuero frente a su escritorio. Su tono era estrictamente profesional, pero noté un matiz de curiosidad en su mirada que intentó ocultar de inmediato.

—Sí, señor Valero. Buenos días —respondí, sentándome en el borde de la silla para mantener la compostura, manteniendo la carpeta sobre mis rodillas—. Marcos me ha dicho que necesitaba que subiera.

Adrián se reclinó en su asiento, entrelazó los dedos de las manos sobre la mesa y me observó detenidamente durante unos segundos que se me hicieron eternos. Sentí que me examinaba de arriba abajo, no de una forma ofensiva, sino con la mirada de un estratega que evalúa la capacidad de sus recursos. Noté cómo sus ojos se detenían por un microsegundo en mis ojeras y en la ligera tensión de mis hombros, captando al instante que no estaba pasando por mi mejor momento emocional.

—Marcos le ha puesto al corriente de la situación de mi secretaría —comenzó a explicar Adrián, y el sonido de su voz llenó el espacio con una autoridad natural—. Como sabrá, Elena ha tenido que pedir una baja médica de urgencia debido a una apendicitis. Mañana por la tarde tengo que embarcar en un vuelo de negocios crucial hacia el extranjero para cerrar la fusión con el grupo inversor internacional. Es un viaje express de una semana, agenda cerrada y sin margen de error. Marcos me ha asegurado que usted es la asistente más eficiente, rápida y de absoluta confianza de toda la firma. Dice que su perfil bilingüe y su capacidad de organización son justo lo que necesito para cubrir este imprevisto.

El corazón me dio un vuelco. Entendí la jugada de Marcos en un segundo. Me estaba lanzando un salvavidas profesional y personal al mismo tiempo, poniéndome en el mismo avión que me llevaría a la ciudad de la boda.

—Agradezco mucho las palabras de Marcos, señor Valero —respondí, forzando una sonrisa profesional y tratando de que mi voz no temblara—. Sería un honor para mí asistirle en este viaje. Conozco los protocolos de la empresa y le aseguro que puedo encargarme de su agenda, los discursos y la coordinación de las reuniones sin ningún problema. Me adaptaré a su ritmo de trabajo.

Adrián asintió levemente, pareciendo satisfecho con mi respuesta directa y sin rodeos. Sin embargo, antes de que pudiera relajarme, una pequeña y enigmática sonrisa, casi imperceptible, asomó en la comisura de sus labios. Era una expresión que transformó por completo su rostro serio, dotándolo de un atractivo asombroso y de una calidez que me pilló totalmente desprevenida.

—Me alegra escuchar eso, señorita Leonor. Sin embargo... —añadió, inclinándose un poco hacia delante y bajando el tono de voz, adoptando un matiz mucho más confidencial—, Marcos también me ha mencionado, con esa indiscreción que tanto le caracteriza, que usted tiene un compromiso personal muy importante en esa misma ciudad este fin de semana. Una boda, si no me equivoco. Y que se enfrenta a un... pequeño dilema logístico con su acompañante.

El rubor me encendió las mejillas al instante. Quise que la tierra me tragara en ese mismo momento. Sentí una oleada de rabia interna hacia Marcos por haberle ventilado mis miserias al mismísimo director ejecutivo de la compañía. Bajé la mirada hacia mis manos, completamente avergonzada, sintiendo la humillación de que este hombre tan poderoso supiera que yo era una mentirosa desesperada.

—Yo... lo lamento mucho, señor Valero —balbuceé, sintiendo un nudo en la garganta—. Marcos no debió haberle molestado con mis asuntos privados. Le aseguro que mis problemas personales no van a interferir en lo más mínimo con mi rendimiento laboral durante el viaje. Cumpliré con mis obligaciones al cien por cien, se lo prometo. Si es necesario, cancelaré mi asistencia a ese evento para centrarme exclusivamente en sus reuniones. No quiero ser una carga.

Adrián guardó silencio, observando mi evidente incomodidad. Lejos de mostrarse molesto o severo, su expresión se suavizó por completo. Había algo en mi timidez y en la dignidad con la que intentaba defenderme que pareció despertar un interés genuino en él. Marcos tenía razón: Adrián aborrecía la altanería, pero la vulnerabilidad sincera de las personas trabajadoras siempre despertaba su lado más protector.

—No se disculpe, Leonor —dijo con suavidad, y por primera vez me llamó solo por mi nombre, haciendo que un escalofrío extraño me recorriera la nuca—. No considero que sus asuntos sean una molestia, y mucho menos una carga. Trabajar conmigo exige una dedicación absoluta, es cierto, pero también sé recompensar la lealtad de mi equipo. Deje que el papeleo del viaje lo gestione el departamento de recursos humanos esta tarde. Prepárese para salir mañana a primera hora hacia el aeropuerto. Volaremos en el jet privado de la compañía para adelantar trabajo durante el trayecto.

Se levantó de su asiento, revelando su imponente estatura, y me extendió la mano por encima del escritorio con una caballerosidad impecable.

—Bienvenida a bordo, Leonor. Resolvamos primero los negocios de la firma, y después... ya veremos cómo resolvemos ese dilema suyo.

Le tendí la mano, sintiendo el calor y la firmeza de su agarre, una sensación que me transmitió una seguridad que no había sentido en años. Al mirarlo a los ojos para despedirme, descubrí en su mirada una chispa de diversión oculta que me dejó desconcertada. El gigante invisible de la empresa acababa de abrirme la puerta de su mundo, y mientras salía de su despacho con las piernas temblando, me di cuenta de que el viaje de mi vida estaba a punto de comenzar.

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Doris C Medina Rivero
Comienzo a leerte autora y me gusta tu escritura, está interesante.
Adiana Navas
genial me encanto muy terna y dulce
Maria Jose PAlma
me encanta 😍
Monica R Briseño
Excelente y maravillosa novela, una historia de amor donde él protege, defiende y ama tanto a ka mujer, muy bien narrada y escrita...
Muchas felicidades autora!!!!!
Nora Rivoir
Muy linda historia
Perla Arbos
Hermosa historia!!!. Felicitaciones!!!
EM
espectacular
EM
ed
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