Tras ser masacrada junto a su familia por orden de su ambiciosa prima Silvia y el frío magnate Patrick, Elena muere en la ruina. Habían arriesgado todo para rescatar a Silvia de la mafia, pero ella borró todo rastro de su deshonra asesinando a sus salvadores.
Milagrosamente, Elena despierta en el pasado, justo la noche del ataque. Con el odio ardiendo en sus venas y dispuesta a todo, simula un colapso para evitar que su hermano intervenga, dejando que Silvia sufra las desgarradoras consecuencias de su propia trampa.
Determinada a no repetir su trágico destino, Elena orquesta una fría y metódica venganza corporativa. Entre alianzas estratégicas, secretos oscuros y manipulación, destruirá paso a paso a Silvia y a Patrick, arrastrándolos al mismo infierno al que la condenaron. En esta vida, las lágrimas de Elena serán el veneno de sus enemigos.
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LAS MENTIRAS QUE NOS SALVAN
Lucas me esperaba en un bar discreto del West Village. Uno de esos lugares donde la luz es tenue, el whisky es caro y los clientes saben que lo que se habla aquí, se queda aquí.
Llevaba tres copas encima. Lucas no bebía. Nunca. Decía que necesitaba la cabeza clara para los números. Así que cuando lo vi con el vaso medio vacío y los ojos enrojecidos, supe que lo que iba a decirme no era bueno.
—Hermanita —dijo cuando me senté—, no vas a creer esto.
—Empieza por el principio.
Lucas sacó su tablet. La giró hacia mí. En la pantalla, una serie de transferencias bancarias. Todas con el mismo destino: una cuenta en las Islas Caimán.
—Nora —dijo, y el nombre me golpeó como un puñetazo—. Nora Whitmore. Tu futura cuñada. La heredera de Whitmore Technologies. La mujer que se va a casar conmigo en tres meses.
—¿Qué hizo?
—Lleva seis meses transfiriendo dinero de la empresa de su padre a esa cuenta. —Lucas cerró los ojos—. Tres millones de dólares, Elena. Y el destinatario final...
Hizo clic en otro archivo.
Y el nombre que apareció en pantalla me heló la sangre.
*Marcus Kane.*
—No —susurré—. No es posible.
—Es posible. Y es real. —Lucas se pasó una mano por el rostro—. Nora ha estado trabajando para Marcus. Desde antes de que cayera. Desde antes de que supiéramos que era el verdadero padre de Patrick.
—¿Por qué?
—Porque Marcus la chantajeó. —Lucas sacó otra carpeta. Fotografías—. Nora tenía un amante. Hace dos años. Un hombre casado. Con hijos. Con reputación. Y Marcus descubrió el secreto. La obligó a trabajar para él. A filtrar información de Whitmore Technologies. A lavar dinero.
—¿Y tú no sabías nada?
—Nada. —La voz de Lucas se quebró—. Me iba a casar con ella, Elena. Me iba a casar con una mujer que ha estado traicionando a mi familia durante meses.
No dije nada.
Porque no había nada que decir.
Porque en ese momento, entendí algo que me persiguiría el resto de mi vida.
Que la venganza no distingue entre inocentes y culpables.
Que todos pagamos el precio de las decisiones de otros.
Que el amor, a veces, es solo otra forma de ceguera.
—¿Qué vas a hacer? —pregunté finalmente.
—No lo sé. —Lucas me miró, y en sus ojos vi lágrimas—. La amo, Elena. A pesar de todo. La amo. Y eso me hace sentir el hombre más estúpido del mundo.
Le tomé la mano. La apreté.
—Respira. —Mi voz salió más firme de lo que me sentía—. Primero, vamos a asegurarnos de que esto es real. Segundo, vamos a hablar con Nora. Tercero, vamos a decidir qué hacemos.
—¿Y si no quiere hablar?
—Entonces —dije, con la voz baja—, vamos a destruirla. Como hicimos con Silvia. Como hicimos con Victoria.
Lucas me miró. Y en sus ojos vi algo que no había visto antes.
Miedo.
No de Nora.
De mí.
De la mujer en la que me había convertido.
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Salí del bar con la cabeza dando vueltas.
Nora. La mujer que iba a ser mi cuñada. La mujer que había elegido Lucas. La mujer que, en otra vida, había sido mi única aliada.
Ahora resultaba que era otra traidora.
Otra Silvia.
Otra Victoria.
Otra mentira.
Saqué el teléfono. Marcus Kane estaba en prisión. ¿Cómo había seguido operando? ¿Quién era su contacto afuera?
Y entonces, la respuesta me golpeó como un rayo.
*Richard Sterling.*
El padre biológico de Patrick. El hombre que supuestamente estaba en Buenos Aires. El hombre que, según las pruebas de ADN que Clara había encontrado, no era el padre de Patrick.
Pero si la prueba de ADN era real, entonces Richard había mentido.
Y si Richard había mentido, entonces todo lo que creíamos saber era falso.
Marcé su número. El que Patrick me había dado. El que supuestamente era de Buenos Aires.
Sonó una vez. Dos. Tres.
Y entonces, una voz contestó.
Pero no era una voz argentina.
Era una voz que reconocí al instante.
La voz de Nora Whitmore.
—Señorita Vasquez —dijo, con una calma que me heló la sangre—. Me preguntaba cuándo llamaría.
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Llegué al apartamento de Nora en media hora.
No me anunció. No pedí permiso. Simplemente entré, con la llave que Lucas me había dado "por si pasaba algo".
Nora estaba sentada en el sofá, con una copa de vino en la mano, vestida con una bata de seda. Como si me hubiera estado esperando.
—Elena. —Sonrió—. Llegaste rápido.
—¿Dónde está Lucas?
—En su oficina. Trabajando hasta tarde. —Nora dio un sorbo al vino—. No te preocupes. No le he dicho nada.
—¿Qué estás haciendo, Nora?
—Lo que tengo que hacer. —Se puso de pie, y en sus ojos vi algo que no había visto antes. Determinación—. Sobrevivir.
—¿Sobrevivir de qué?
—De Richard Sterling. —La frase cayó como una bomba—. Porque Richard no está en Buenos Aires, Elena. Richard está en Nueva York. Y lleva seis meses chantajeándome. A mí. A Lucas. A toda tu familia.
No respiré.
—¿Qué dices?
—Digo que Richard —continuó Nora, con la voz baja—, no es el padre biológico de Patrick. La prueba de ADN que Clara encontró es real. Patrick es hijo de Marcus. Y Richard lo sabe. Lo ha sabido todo este tiempo.
—Pero Richard confesó... —Mi voz se quebró—. En el Plaza. Confesó que era el padre.
—Mintió. —Nora me miró, y en sus ojos vi lágrimas—. Richard mintió para proteger a Victoria. Para proteger el legado. Para protegerse a sí mismo. Porque si Patrick supiera que es hijo de Marcus, el hombre que mató a tu padre, Patrick se destruiría.
Cerré los ojos.
Porque en ese momento, todo lo que creía saber sobre Patrick, sobre su padre, sobre mi venganza, se desmoronó otra vez.
—¿Y por qué me cuentas esto ahora?
—Porque Richard me obligó a lavar dinero para Marcus. —Nora dejó la copa—. Porque me amenazó. Porque me dijo que, si no obedecía, le contaría a Lucas lo de mi amante. Y yo... yo no podía perder a Lucas, Elena. No podía.
—Entonces, ¿por qué no me lo dijiste antes?
—Porque tenía miedo. —Las lágrimas corrían libremente ahora—. Porque Richard me dijo que, si hablaba, te destruiría. A ti. A Lucas. A Patrick. A todos.
No dije nada.
Porque no sabía qué decir.
Porque en ese momento, entendí algo que me persiguiría el resto de mi vida.
Que Richard Sterling no era el hombre que creíamos.
Que era peor que Victoria.
Que era peor que Marcus.
Que era el verdadero monstruo detrás de todo.
—Nora —dije finalmente—, ¿dónde está Richard ahora?
—No lo sé. —Nora negó con la cabeza—. Pero sé una cosa.
—¿Qué?
—Sé que va a destruir a Patrick. —Nora me miró, y en sus ojos vi terror puro—. Y sé que, si no hacemos algo, Patrick va a descubrir la verdad. Y cuando la descubra, se va a destruir.
Mi teléfono vibró.
Patrick.
*"Elena, necesito verte. Ahora. En mi casa. Hay algo que tienes que saber. Algo sobre mi padre. Algo sobre Richard."*
Levanté la vista. Nora me observaba con preocupación.
—¿Qué pasa?
No respondí.
Porque no sabía qué decir.
Solo sabía que, otra vez, el juego había cambiado.
Y esta vez, no estaba segura de que pudiéramos sobrevivir.
Leee