"Él fue mi primer amor y yo el suyo, estuvimos juntos en nuestros peores y mejores momentos, sin embargo ahora me estaba cambiando por alguien más joven."
Karla nunca estuvo preparada para descubrir la infidelidad del hombre que consideraba el amor de su vida, y mucho menos para ser echada a la calle tras una vida entera de entrega. Por si fuera poco, el desprecio de sus propios hijos —al no encajar en su ideal de madre— termina de destrozar su mundo. Con el corazón roto y la vida en ruinas, Karla se encuentra en un punto de no retorno: dejar que el dolor la consuma o reunir las fuerzas para sanar y reconstruirse desde cero.
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Soy humano
Me sentí avergonzada de mí misma por haberlo juzgado mal. Mientras pensaba en qué decir, me prometí no volver a dejarme llevar por mis propios prejuicios, tal como lo hicieron las personas del barrio que me juzgaron por mi trabajo y por mi forma de actuar.
— Estaba pasando por un momento difícil... Bueno, aún lo sigo pasando. Mi esposo me engañó con otra mujer mucho más bonita y joven que yo, me echó de la casa y les hizo creer a todos que yo era la que lo estaba engañando. Incluso mis hijos fueron manipulados. ¿Puedes creerlo? —solté de golpe.
Como si aquel sujeto, del que ni siquiera sabía el nombre, me hubiese administrado el suero de la verdad mediante su sonrisa, pronto empecé a contarle mi vida y todos mis problemas.
— Eso suena duro.
Bien dicen que a veces las personas necesitan hablar de sus angustias con alguien ajeno para desahogarse. Ahora podía entender la razón por la que acudían al psicólogo.
Todos queríamos ser entendidos.
— Sí, esto es tan difícil. Mi perfecta vida se vino abajo. Pensé que íbamos a envejecer juntos, pensé que él sería mi para siempre, que jamás me engañaría.
— Pero lo hizo —dijo con un tono de voz que me hizo sentir ofendida.
— Sí, lo hizo. No sé por qué te estoy diciendo todo esto. Disculpa si te molesté, puedes seguir bebiendo.
Ante mi tono a la defensiva, aquel hombre levantó una ceja antes de sonreír de manera suave. ¡Iug! No sabía qué tenía esa sonrisa suya que me dejaba indefensa, como si me estuviera golpeando con algodón.
— Lo siento si soné brusco, no estoy en contra de escucharte desahogar tu desamor. Mi nombre es Johan —me ofreció su mano, la cual acepté a regañadientes.
Después de todo, hablar de mis problemas familiares con extraños no era algo que haría normalmente; siempre había sido la parte receptora, y muchas veces pensé, de manera arrogante, que la gente a la que le gustaba ventilar sus experiencias a desconocidos era ridícula. Pero heme aquí, haciendo exactamente lo mismo.
— Soy Karla. Y ya se me quitaron las ganas de hablar.
— Tranquila. Dime, ¿denunciaste a tu exesposo?
— ¿Para qué lo haría? ¿Para que al final le den la razón a él? Mis hijos no quieren regresar conmigo. Mi corazón ya fue roto una vez, no quiero arriesgarme a que me lo rompan de nuevo —comenté mientras le daba un sorbo suave a mi bebida.
Johan fijó sus ojos oscuros en mí, haciéndome sentir juzgada. Quizás estaba pensando en lo cobarde, tonta y patética que estaba siendo.
¿Pero qué podía hacer? Al menos quería conservar mi dignidad en una batalla que estaba más que perdida. Conocía a Armando, sabía la influencia que tenía y las personas con las que se codeaba en su trabajo. Ya lo había demostrado en la policía y delante de los vecinos.
¿Quién iba a creer en una simple mecánica?
Quizás dije aquello último en voz alta, porque Johan soltó un suspiro, sacó un pañuelo de su bolsillo y empezó a secar mis mejillas. Tal parece que había empezado a llorar sin darme cuenta.
— Otra vez estás llorando —susurró mientras se inclinaba hacia mí—. Estás tan herida... Sientes que el mundo entero te ha fallado.
Solté una risa amarga.
— Tienes razón. Siempre traté de ser la mujer perfecta, hice todo lo posible para complacer a mi esposo, pero no fue suficiente. Nunca era suficiente para él, siempre encontraba algo que recriminarme. Dice que me dejó porque me había descuidado, cuando él siempre estaba en contra de que me arreglara o de que me comprara ropa bonita. Quise ser la madre perfecta para mis hijos: me levantaba cada mañana a hacerles desayunos deliciosos, jugaba con ellos, los ayudaba con sus tareas y siempre estaba pendiente de que nadie los maltratara... pero ahora dicen que quieren a una mamá que no huela a gasolina, que no los reprenda. ¿Acaso hice mal en corregirlos? Nunca los golpeé ni los insulté.
Traté de guardar la compostura, pero me fue imposible. Todo lo que había guardado, todo lo que no le pude decir a Regina y a los demás, todo lo que había sufrido se lo estaba desbordando a Johan.
Quizás, inconscientemente, pensé que como era hombre podría decirme en qué había fallado, qué había hecho tan mal para merecer este trato.
Pero Johan no me dio la respuesta que esperaba; él solo me abrazó.
— Llora, desahógate si eso te hará sentir mejor —susurró suavemente.
Me mordí el labio tratando de contenerme, de no llorar, de no hacer el ridículo, pero quizás eso era lo que necesitaba: que alguien me me sostuviera con fuerza, que me diera refugio en sus brazos, que me hiciera sentir protegida y escuchada sin que le importara mi llanto ni mis balbuceos heridos.
— Yo lo amaba... Lo amaba tanto —sollocé.
— Bueno, él es el que se lo pierde.
— Ahora lo odio tanto. Dejé tantas cosas por él...
— Aún eres joven, puedes lograr más cosas sin él —me consoló.
— Ni siquiera pude asistir al funeral de mi papá por su causa. No pude pedirle perdón por haberlo decepcionado —mascullé.
— Estoy seguro de que nunca fuiste una decepción para él —murmuró mientras me daba ligeras palmadas en la espalda.
— Incluso me peleé con mi mamá por su culpa. Ella me odia —solté.
— No creo que lo haga. Quizás ella solo espera tu llamada.
No pude evitar reír entre sollozos por su forma algo torpe y linda de consolarme.
— ¿Acaso eres un ángel? ¿Por qué no mandas mi tonto culo borracho a la mierda? De seguro en tus planes para esta noche no estaba consolar a una mujer destruida como yo. Estoy arruinando tu noche.
— La última vez que lo comprobé no tenía alas. Y soy humano, no puedo evitar empatizar con tu situación. No te preocupes, Karla. No estás arruinando mi noche, solo estás cambiando mis planes.
Resoplé ante su forma de hablar mientras me alejaba de sus brazos de manera renuente. Había algo en su aroma que le agradaba a mi nariz; aunque su apariencia era demasiado varonil y no parecía el tipo de persona cálida, curiosamente sus brazos sí lo eran.
No sé si era por el alcohol o porque había decidido ser impulsiva. Quizás era mi forma de tomar venganza de Armando... aunque ¿a quién engaño? A Armando poco le importaría que besara a otro hombre; es más, me imagino que se alegraría, pues así sus mentiras se convertirían en realidad.
Sea lo que sea, miré fijamente los labios carnosos de Johan. Tenían forma de corazón, con un arco de Cupido muy pronunciado; se veían provocativos.
Johan me miró con curiosidad antes de fijar la vista en mis labios, lo que tomé como una señal. Me acerqué suavemente y, sin pensarlo dos veces, le di un beso tierno que poco a poco se fue profundizando.
Los manipulo también a los chicos obvio que quieren a su madre.
Por algo pasa las cosas, para hacerte más fuerte, para valorarte más.
Armando y Cristel que quieren ahora 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
Ahora llegará acompañada de Johan y Armando se agarrará de allí veremos qué pasará en la fiscalía.
Karla lo mejor que te ha pasado es haber salido de ese parásito bueno para nada tienes ahora a tus hijos, a Johan que te está conquistando y de paso te ganas la lotería mejor imposible.