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DE SUPER AGENTE A MARIDO MANTENIDO

DE SUPER AGENTE A MARIDO MANTENIDO

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Fantasía épica / Aventura
Popularitas:423
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Victoria Hale tiene poder, dinero y un imperio millonario que defender. Lo último que realmente necesita es un marido mantenido, torpe y aparentemente inútil como Adrián Blake.
Para todos, Adrián es el hombre perfecto para una vida cómoda: cocina, hace bromas, come donas y deja que su esposa pague las cuentas. Victoria está convencida de que su mayor problema es tener que soportarlo.
Pero detrás de esa sonrisa ridícula existe otra verdadera realidad.
Adrián es un hombre audaz, estratega y peligrosamente inteligente. Su torpeza es una máscara. Sus accidentes son calculados. Y mientras Victoria intenta descubrir qué oculta su esposo, enemigos poderosos comienzan a acercarse a ellos.
Entonces, la máscara empieza a romperse.
Victoria descubre que el hombre que creyó mantener podría ser el único capaz de protegerla. Y que su matrimonio esconde un secreto mucho más peligroso de lo que jamás imaginó.
Porque Adrián no pertenece a este siglo.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La decisión del mediodía

El sol golpeó contra el ventanal mucho antes de que yo cerrara los ojos. Pasé toda la noche leyendo y releyendo el informe, memorizando cada dato, cada nombre, cada detalle que las autoridades habían decidido ignorar. Los frenos manipulados con precisión quirúrgica, el rastro de residuos químicos borrado del tanque de combustible, la llamada telefónica registrada minutos antes del accidente desde un número interno de la mansión. Alguien que vivía y trabajaba bajo este mismo techo había ordenado su muerte. Y ahora, esa misma persona seguía aquí, respirando el mismo aire, vigilando cada movimiento, esperando el momento exacto para terminar lo que empezó.

Bajé a desayunar temprano, guardando el informe en el interior de mi chaqueta, cerca del pecho, como si fuera un arma o un talismán. El comedor estaba en silencio, solo roto por el sonido de los cubiertos contra la porcelana. Martha sirvió el café con su habitual impasibilidad, los movimientos medidos, la mirada nunca fija demasiado tiempo en un mismo punto, pero siempre consciente de todo lo que ocurría a su alrededor. Cuando dejó la taza frente a mí, noté que sus dedos se quedaron un instante sobre el borde, más tiempo del necesario.

—Dormiste poco, señor Blake —dijo sin levantar la vista, la voz plana, sin inflexión, pero cargada de una observación que no esperaba—. Se le notan las ojeras. ¿Algo le preocupa?

—Solo los sueños raros —respondí tomando la taza, evitando cruzar miradas—. Esta casa tiene mucha historia. A veces siento que las paredes me cuentan cosas. Cosas que no debería escuchar.

Sus dedos se cerraron levemente sobre el borde de la mesa antes de retirarse.

—Las paredes no hablan, señor Blake. Solo escuchan. Y recuerdan. Lo que se dice aquí, se queda aquí. Para bien o para mal.

Se marchó sin añadir nada más, dejándome con el café humeante y la certeza creciente de que ella sabía. No sabía exactamente qué había pasado anoche, ni qué contenía el sobre que Miller me había entregado, pero sabía que algo había cambiado. Su vigilancia se había vuelto más intensa, más atenta, casi ansiosa.

Victoria entró poco después, vestida con un traje de negocios gris oscuro, el cabello recogido con firmeza. Se veía serena, pero sus ojos delataban la misma fatiga que yo sentía, la misma sensación de estar caminando sobre hielo delgado. Se sentó frente a mí y sirvió su propio café sin mirarme directamente.

—Tienes hasta mediodía —dijo en voz baja, sin levantar la vista de la taza—. Miller me envió un mensaje hace una hora. Dice que necesitas decidir. Que hay dos caminos y no puedes tomar los dos. ¿Qué sabe él, Adrian? ¿Qué decisión tienes que tomar?

La miré sorprendido. No esperaba que ella supiera algo tan pronto.

—¿Te dijo algo más? ¿Te explicó de qué trata?

—Dijo que tú sabrás de qué se trata. Y que si no vas, habrá consecuencias. Para mí. Para ti. Para todo lo que hemos logrado. —Levantó la vista entonces, sus ojos buscando los míos con desesperación contenida—. Me asusta, Adrian. Me asusta que él sepa algo que yo no. Me asusta que todo se esté desmoronando y yo no entiendo por qué.

—No te asustes —dije suavemente—. No voy a dejar que nada te pase. Pero hay cosas que necesito saber antes de hablar contigo. Cosas que duelen. Cosas que cambiaron todo lo que creíamos saber.

—¿Cosas sobre el accidente? —preguntó, y vi cómo se le humedecían los ojos, aunque no dejó caer ninguna lágrima—. Sospeché durante años. Mi padre nunca quiso hablar de ello. Decía que era mejor dejar el pasado descansar. Pero yo nunca pude. Sentía que algo no encajaba. Y ahora tú… tú lo sabes, ¿verdad?

Saqué el sobre lentamente del bolsillo y lo puse sobre la mesa entre los dos. No lo abrí. No podía. No todavía.

—Esto es lo que Miller me dio anoche. El informe completo. Lo que la policía ocultó, lo que nadie quiso que viéramos. Si lo abres, ya no hay vuelta atrás. La verdad duele, Victoria. Y a veces, saberla te pone en más peligro que ignorarla.

Se quedó mirando el sobre, el lacre negro intacto, como si fuera una bomba a punto de estallar. Su mano se acercó lentamente, se detuvo a centímetros del papel, y luego se retiró.

—Tú lo decides —dijo, levantándose—. Tú vas a verlo primero. Tú vas a hablar con él. Y luego… luego me dices qué debo saber. No quiero leerlo yo sola. No quiero que la verdad me rompa antes de entenderla. Confío en ti. En que sabrás qué decirme y qué protegererme de.

Se marchó dejándome solo con el sobre y el peso de su confianza. Eran las diez y media. Tenía hora y media antes de que se cumpliera el plazo. Y la decisión no era solo si aceptaba o no la alianza con Miller. Era a quién creer, a quién confiar, y hasta dónde estaba dispuesto a llegar para proteger a la mujer que empezaba a confiar en mí.

Me levanté y guardé el sobre. No lo abriría aquí. No donde cualquier persona pudiera entrar y verlo. Salí del comedor y caminé hacia la biblioteca, un ala alejada de la casa donde rara vez entraba alguien. Al llegar, vi que la puerta estaba entreabierta. Alguien estaba ahí. Empujé despacio y vi a Alice de pie junto a la ventana, mirando hacia el jardín, tensa como una cuerda a punto de romperse.

—No debes ir —dijo sin girarse—. Si vas a su despacho, caerás en su juego. No es quien dice ser.

—¿Y tú sí lo eres? —respondí cerrando la puerta tras de mí—. ¿La envió él o fuiste por tu cuenta? ¿Quién eres realmente, Alice? ¿Amiga, enemiga, o algo intermedio que aún no entiendo?

Se giró bruscamente, sus ojos llenos de angustia y determinación.

—Soy la única que te está diciendo la verdad sin pedir nada a cambio. Miller no busca justicia. Busca poder. Quiere controlar a Victoria a través de ti, manipularla usando el pasado, y cuando ya no le sirva… la destruirá. Igual que destruyó al verdadero Adrian.

Las palabras me golpearon como un puñetazo.

—¿Fue él? —avancé un paso—. ¿Mató a Adrian?

—No lo sé con certeza —confesó, la voz quebradiza—. Pero estuvo involucrado. Lo sé. Lo vi hablar con personas que no debería conocer, recibir dinero de cuentas ocultas, borrar registros la noche del accidente. Pero no tengo pruebas. Solo sospechas. Y eso no basta para detenerlo. Si vas a verlo, irás sin protección. Irás a su terreno, donde él manda. Y puede que no salgas.

—¿Y qué quieres que haga? —pregunté—. Quedarse aquí sentado esperando a que quien sea que esté detrás de todo venga por nosotros? Necesito respuestas, Alice. Y él tiene las respuestas que nadie más se atreve a dar.

—Entonces ve con cuidado. No firmes nada. No aceptes ninguna condición sin antes comprobarla. Y recuerda: la persona que quieres proteger está en más peligro si te alías con el lobo que ya conoce el camino hasta su puerta. —Sacó un pequeño dispositivo del bolsillo y me lo tendió—. Ponlo en tu bolsillo. Graba todo lo que diga. Todo. Si intenta tenderte una trampa, al menos tendremos la prueba de que lo hizo.

Lo tomé. Un dispositivo pequeño, frío, cargado de la misma incertidumbre que yo sentía.

—¿Por qué haces esto? ¿Qué ganas?

—Porque mi hermana murió en ese accidente —dijo con voz firme, aunque los ojos se le llenaron de lágrimas—. Iba con él. Y nadie me dio respuestas. Nadie me dijo la verdad. No quiero que Victoria pase por lo mismo. No quiero que tú seas el siguiente cadáver sin nombre en un informe sellado.

Salió de la habitación dejándome solo, con el dispositivo en una mano y el informe en la otra. Dos versiones de la verdad, dos caminos, dos personas que decían querer lo mismo pero señalaban en direcciones opuestas. Eran las once y media. Tenía media hora. Y la decisión definiría no solo mi destino, sino el de todos los que estaban en esta casa.

Caminé hacia la puerta, el dispositivo encendido en mi bolsillo, el informe pesando contra mi pecho. No sabía quién era el enemigo. No sabía quién era el aliado. Pero sabía una cosa con certeza: no podía quedarme esperando a que la verdad viniera a mí. Tenía que ir a buscarla. Incluso si eso significaba caminar directo hacia la boca del lobo.

—Que venga lo que tenga que venir —murmuré al salir—. Pero esta vez, yo llevo el arma. Y no voy a disparar sin saber a quién apunto.

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