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Las Enseñanzas Del Bambú

Las Enseñanzas Del Bambú

Status: Terminada
Genre:Época / Completas
Popularitas:536
Nilai: 5
nombre de autor: Araceli Settecase

Lady Genevieve es la joven rebelde que escandaliza a la alta sociedad londinense. Lordian, un duque frío, metódico y perfecto, viaja de incógnito por la campiña inglesa cuando sus caminos se cruzan.
Sin conocer su verdadera identidad, Genevieve decide enseñarle las antiguas lecciones orientales que aprendió de su tío: fluir como el agua, encontrar el equilibrio y aprender a soltar. Entre risas, barro, estrellas y una atracción imposible de ignorar, ella descubrirá que incluso el corazón más rígido puede aprender a amar.

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Capítulo 17: Raíces en la tierra nueva

El otoño comenzó a teñir los bosques de Kent con una paleta de cobres, dorados y púrpuras profundos. La brisa que bajaba desde las colinas traía un aroma limpio a hojarasca húmeda y manzana silvestre, anunciando la llegada de los días frescos y las noches largas. En Blackwood Manor, el cambio de estación no vino acompañado de la habitual pesadumbre que solía envolver la propiedad; por el contrario, la mansión bullía de una actividad serena y constante.

​En el ala sur del palacio, donde antiguamente los salones de recibimiento permanecían cerrados bajo fundas de lienzo gris, las ventanas de arco gótico estaban abiertas de par en par para dejar entrar la luz dorada de la mañana. Decenas de planos, bocetos de arquitectura y muestras de madera se extendían sobre las amplias mesas de roble.

​Genevieve permanecía de pie junto al gran ventanal, vestida con un sencillo vestido de paño de lana en tono terracota que resaltaba la calidez de su cabello castaño. A su lado, el arquitecto de la provincia y dos maestros de obra locales repasaban los avances de la construcción del centro educativo y los almacenes comunitarios.

​—Si reforzamos los cimientos del ala oeste con piedra de la cantera de las colinas altas, el edificio de la escuela estará listo antes de que caigan las primeras heladas de diciembre, señorita Genevieve —explicó el maestro de obra, señalando con el dedo uno de los trazados sobre el papel.

​Genevieve analizó el plano con atención, inclinando levemente la cabeza.

​—La piedra de la colina es resistente, señor Thomas, pero asegúrese de que el patio central mantenga la orientación hacia el sur —indicó ella con voz dulce pero firme—. Los niños necesitan la luz del sol durante las mañanas de invierno. Un espacio cálido enseña mejor que cuatro paredes frías.

​El artesano sonrió con sincero respeto, asentintiendo de inmediato.

​—Se hará exactamente como indica. Es un privilegio trabajar con una visión que piensa en quienes habitarán el lugar y no solo en el costo de los materiales.

​En ese momento, los pasos firmes de Lordian resonaron en el corredor de mármol. El duque ingresó a la estancia luciendo su habitual atuendo de la campiña: botas de montar, pantalones oscuros y una camisa de lino blanco con las mangas enrolladas hasta los antebrazos. La corbata de seda continuaba siendo un objeto del pasado, sustituida por la libertad de su postura y la tranquilidad de su mirada.

​Al ver a Genevieve rodeada de planos y constructores, los ojos de Lordian se iluminaron con un matiz de profunda admiración. Se acercó despacio por detrás y apoyó una mano en la parte baja de su espalda, sintiendo la calidez de su presencia.

​—¿El consejo de arquitectura de Kent ha llegado a un acuerdo? —preguntó el duque con tono divertido, guiñándole un ojo al maestro de obra.

​—La señorita Genevieve ha corregido la disposición de los ventanales para aprovechar el sol de invierno, su gracia —respondió el arquitecto—. Una mejora impecable que no altera el presupuesto.

​—La señorita Genevieve siempre encuentra la manera de aportar luz donde otros solo ven estructuras —sentenció Lordian, inclinándose para rozar con sus labios la mejilla de la joven.

​Tras despedir a los artesanos, la estancia quedó en un apacible silencio. Lordian tomó a Genevieve de la mano y la guió hacia el gran balcón de piedra que dominaba el parque principal.

​—Harrison me ha entregado las últimas cartas de la capital —comentó Lordian, apoyando los antebrazos en la balaustrada de piedra—. Parece que la Cámara de los Lores ha aceptado finalmente la estabilidad de nuestras reformas. Francis ha decidido retirarse a la finca de su madre en el norte, y la marquesa de Pemberton ha cancelado sus visitas a la provincia por 'razones de salud'.

​Genevieve sonrió, apoyando la cabeza contra el hombro del duque.

​—El viento se llevó los murmullos, Lordian. Cuando las personas descubren que no pueden quebrarte, terminan por buscar otros lugares donde hacer ruido.

​—Así es —asintió él, rodeando su cintura con el brazo y atrayéndola contra su pecho—. Pero hoy no quiero hablar de la capital ni de la corte. Hoy quiero que vayamos a las tierras de la ribera. Los arrendatarios han preparado la celebración de la primera cosecha bajo los nuevos contratos, y nos están esperando.

​El trayecto hacia el poblado de la ribera transcurrió bajo la luz dorada del mediodía. En lugar de utilizar el carruaje ceremonial, Lordian y Genevieve viajaron a caballo, recorriendo los senderos flanqueados por hayas y robles cuyas hojas caían suavemente al paso de sus monturas.

​Al llegar a la plaza central del poblado, el ambiente era de auténtica festividad. Largas mesas de madera se alineaban bajo los aleros de los graneros, cargadas con panes recién horneados, hortalizas, quesos de la región y jarras de sidra dorada. Los niños corrían entre las mesas mientras los músicos locales tocaban melodías tradicionales con violines y flautas de madera.

​La llegada del duque y Genevieve fue recibida con aplausos y vítores espontáneos. Los campesinos, que durante años habían mirado a la autoridad ducal con temor y desconfianza, se acercaron con sonrisas francas para ofrecerles los primeros frutos de la tierra.

​El anciano juez de paz de la comunidad se adelantó con una copa de madera en la mano.

​—Su gracia, señorita Genevieve —expresó el anciano con voz emocionada—. Durante generaciones, esta cosecha significaba la angustia de calcular cuánto nos quedaría para sobrevivir al invierno tras pagar las cuotas. Hoy festejamos no solo el fruto del trabajo, sino la dignidad de saber que nuestros hogares están protegidos.

​Lordian alzó la copa que le habían ofrecido y miró a la multitud de hombres y mujeres que lo observaban con gratitud.

​—Esta tierra no prospera por el decreto de un duque ni por el sello de un documento —declaró Lordian con voz clara y potente que resonó en toda la plaza—. Prospera por el esfuerzo de las manos que la trabajan. Blackwood Manor ya no es un muro que separa a la aristocracia de la campiña; es el refugio que garantiza que cada familia de Kent camine con la cabeza alta.

​Los vítores resonaron con fuerza en la plaza, y los músicos reanudaron sus alegres melodías. Genevieve fue invitada por las mujeres del pueblo a unirse a la danza circular, y la joven aceptó con deleite, moviéndose con la misma gracia silvestre y espontánea que había enamorado a Lordian en los bosques.

​El duque permaneció junto a las mesas, observándola con una sonrisa serena. En sus ojos ya no quedaba rastro del hombre solitario y rígido que se ahogaba en la aridez de su cargo. Al ver a Genevieve reír entre la gente, comprendió que las verdaderas raíces de su vida finalmente habían encontrado tierra fértil donde crecer.

​Al caer la noche, el regreso a Blackwood Manor estuvo acompañado por el canto de los grillos y el susurro constante de la brisa de otoño.

​En la habitación principal, el fuego de la chimenea proyectaba sombras cálidas sobre las paredes de madera tallada. Lordian y Genevieve descansaban frente al fogón, sentados sobre una mullida alfombra con dos copas de vino entre las manos.

​Genevieve reclinó la espalda contra el pecho firme de Lordian, sintiendo los brazos del duque envolverla con una ternura protectora.

​—Has construido algo hermoso hoy, Lordian —susurró ella, acariciando con sus dedos la mano del duque que descansaba sobre su vientre.

​—Lo construimos juntos, Genevieve —corrigió él en un murmullo cálido, besando suavemente su sien—. Tú fuiste el viento que despejó la niebla y me mostró que la vida no se mide por lo que se posee, sino por la capacidad de amar y ser libre.

​Lordian dejó su copa a un lado y giró delicadamente a la joven para contemplar su rostro a la luz del fuego. Sus ojos oscuros reflejaban un fervor inquebrantable, una devoción que había superado la prueba de los salones, los juicios de la corona y la rigidez de las tradiciones.

​Inclinándose despacio, el duque buscó los labios de Genevieve en un beso profundo, pausado y lleno de una dulzura infinita. Ella respondió al abrazo con la misma entrega, enredando sus dedos en el cabello de él y dejando que el calor de la estancia los envolviera en una atmósfera de paz absoluta.

​Fuera de la mansión, el viento de otoño continuaba soplando con fuerza entre los cañizales de bambú junto al estanque, pero en el corazón de Kent, el roble y el bambú permanecían unidos, entrelazando sus raíces para siempre bajo el mismo cielo libre.

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Isabel Sandoval
Eso se cuenta? /Slight//NosePick//Grin/
Isabel Sandoval
Ya está en la bolsa
Isabel Sandoval
jajaja
Isabel Sandoval
Hago eso y me rompo un hueso /Facepalm//Scare/
Martha Divas Delgado
jajaja jajaja jajaja k chistosa y ya se enamoró ❤️
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