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El bebé que nunca fue de mi esposo

El bebé que nunca fue de mi esposo

Status: En proceso
Genre:Doctor / Vientre de alquiler / Amante arrepentido
Popularitas:177
Nilai: 5
nombre de autor: Angel_fr_Hell



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Capítulo 10

Capítulo 10 — La verdad sobre Adrián y Sofía

El instituto ocupaba las tres últimas plantas de un edificio nuevo de vidrio y acero, con vistas al río. Valeria Montes llegó temprano, con el corazón latiéndole como no lo hacía desde la universidad.

En la recepción la esperaba una cara conocida.

—¿Doctora Montes? ¡No puedo creerlo! —Un joven de bata blanca y anteojos se levantó de un salto—. Soy Daniel Cruz. Coincidimos en la universidad, yo estaba unos cursos por debajo. Ahora hago el doctorado con el profesor Ferrer.

—Daniel Cruz, claro que te recuerdo. —Ella sonrió—. Me alegra ver una cara amiga.

El muchacho la guió por los pasillos con una mezcla de admiración y curiosidad.

—Así que usted es la doctora Montes. —Bajó la voz, como quien comparte un secreto sagrado—. En cinco años, ¿sabe cuántos alumnos ha tomado el profesor Ferrer? Ninguno. Cero. Rechazó a media docena de candidatos brillantes. Decía que ya tenía una discípula y que le bastaba. —La miró de reojo—. Todos nos preguntábamos quién sería. Y resulta que existe de verdad.

Valeria Montes no supo qué responder. Algo se le apretó en el pecho.

Gabriel Ferrer la recibió en su despacho, de espaldas al ventanal, la ciudad entera a sus pies. Le indicó una silla con un gesto. Ella se sentó, súbitamente consciente de sus propias manos.

—Sé que estás capacitada —dijo él sin preámbulos—. Nunca lo dudé. —La miró con esa intensidad tranquila que la desarmaba—. Solo tengo una pregunta antes de que firmes.

—Dígame.

—Tu esposo. Adrián Del Valle. —El nombre salió de su boca con una neutralidad demasiado perfecta—. ¿Va a interferir? Hace cinco años, cuando te ofrecí llevarte al extranjero, elegiste a Adrián Del Valle por encima de tu carrera. No te lo reprocho. —Una pausa—. Pero necesito saber que esta vez, cuando el trabajo exija todo de ti, no habrá un hombre esperándote en casa para exigirte que renuncies.

Valeria Montes sostuvo su mirada. Y decidió, en ese instante, no mentirle. A él no.

—No habrá tal hombre —dijo—. Voy a divorciarme de Adrián Del Valle.

Algo cambió en el rostro de Gabriel Ferrer. Fue apenas perceptible —una quietud que se volvió más quieta—, pero ella lo notó.

—Él me engaña —continuó ella, con una calma que le costó sostener—. Lleva tiempo con otra mujer. Lo descubrí hace unas semanas. Estoy embarazada y, aun así, planea rehacer su vida con ella. —Levantó la barbilla—. No voy a quedarme a interpretar el papel de esposa engañada. Voy a trabajar, voy a criar a mi hijo y voy a irme cuando tenga todo listo. Eso es lo que hay, profesor. Si eso lo cambia todo, lo entenderé.

Gabriel Ferrer no dijo nada durante un largo momento. Valeria Montes vio cómo, sobre el escritorio de vidrio, su mano se cerraba lentamente en un puño hasta que las venas del dorso se le marcaron como cuerdas tensas. Los nudillos se le pusieron blancos.

Cuando habló, su voz era perfectamente serena, y por eso mismo más aterradora.

—Ese hombre —dijo despacio— no tenía ni la mitad de lo que hacía falta para merecerte. —Abrió el puño con esfuerzo visible—. Nada cambia, doctora Montes. Al contrario. —Empujó un contrato hacia ella—. Trabajarás directamente conmigo. Como mi asistente principal. Nadie más.

Valeria Montes tomó la pluma. Y por primera vez en cinco años sintió que firmaba algo que era suyo.

Ojalá supieras, pensó Gabriel Ferrer mirándola inclinada sobre el papel, con una furia fría que ella no podía ver, lo que le voy a hacer a Adrián Del Valle por cada lágrima que te ha costado. Pero su rostro no delató nada. Aún no era el momento.

Salió del instituto a media tarde, con el contrato firmado y una credencial nueva colgando del cuello, y el teléfono le vibró en cuanto pisó la calle. Adrián Del Valle. Llamada tras llamada. Había recibido el informe del doctor Ortega.

Contestó.

—Vale, ¿estás bien? ¿El bebé está bien? Amenaza de aborto, dice el papel, ¿por qué no me avisaste? —Su angustia sonaba casi real. Casi—. Voy ahora mismo.

—Estoy en reposo, Adrián. No vengas. —Ella dejó que el silencio se estirara—. Aunque, ya que llamas… hay algo que quiero preguntarte. Y quiero que me digas la verdad, porque el doctor dice que los disgustos podrían costarme al niño.

—Lo que quieras. Pregunta.

—Sofía Mendoza. —Pronunció el nombre con suavidad, como quien deja caer un cuchillo sobre la mesa—. Esa mujer que vino al hospital. La que tu propia madre no soporta. La que aparece en cada foto que subes y borras. —Bajó la voz hasta un susurro helado—. Dime, Adrián. ¿Qué eres tú de Sofía Mendoza, exactamente?

Al otro lado de la línea se hizo un silencio tan largo que ella pudo oír su respiración.

—Es… es solo una amiga —dijo él al fin, y la mentira le tembló en la voz—. Una amiga de la infancia, nada más. Vale, no te llenes la cabeza de ideas en tu estado.

Valeria Montes sonrió sola en medio de la acera, con los videos y las fotos guardados a buen recaudo, con un contrato nuevo en el bolso y una vida que empezaba a pertenecerle.

—Claro —dijo—. Una amiga. Qué tonta soy.

Y colgó, dejándolo con la palabra en la boca y con la incómoda certeza de que, por algún motivo, ya no le creía nada.

1
Yuleima Lucena
más capítulos esta emocionante
Yuleima Lucena
excelente
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