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OLVIDÓ DE AMOR

OLVIDÓ DE AMOR

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / CEO / Romance
Popularitas:3.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa

Ottavia Silvestri lleva diez años de matrimonio con Nereo Lombardi. A pesar de que su relación ha atravesado momentos difíciles, Ottavia siempre ha creído que cada discusión, cada crisis y cada reconciliación fueron necesarias para construir el matrimonio que tiene hoy.

Madre de tres hijos adultos —Marco, Dario y Elena—, cada uno con su propia empresa y una vida establecida, Ottavia siente que lo tiene todo: una familia de la que está orgullosa, un esposo al que ama y una vida que no cambiaría por nada.
Hasta que una noche, durante el quinto aniversario de la empresa de su hijo menor, Dario, descubre la verdad que destroza todo lo que creía conocer.

Nereo la engaña. Y no con cualquier mujer.

Su amante es Beatrice Sorrentino, la mejor amiga de su hija Elena… una mujer mucho más joven que Ottavia.

Con el corazón hecho pedazos y una humillación que no piensa olvidar, Ottavia decide no enfrentarse a su esposo. En lugar de eso, prepara su venganza en silencio.

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Capitulo 22

La puerta se cerró tras ella y por fin soltó el aire que había estado conteniendo durante toda la cena. Lorenzo estaba allí, esperándola, y al verla entrar supo de inmediato que algo la había marcado. No preguntó de inmediato; simplemente se acercó, le tomó las manos y la guió hacia el sillón junto a la chimenea, donde la luz era cálida y suave.

—La vi —dijo Ottavia apenas se sentaron, con la voz temblorosa pero firme—. Beatrice estaba ahí, del brazo de mi hija, sonriendo como si nada. Y sentí unas ganas enormes de ponerme de pie y gritar la verdad. De decirle a todos quién es realmente.

Lorenzo la escuchó en silencio, sin interrumpirla, y cuando ella hizo una pausa para tragar el nudo en la garganta, la atrajo hacia sí y la abrazó con fuerza, rodeándola con sus brazos como un refugio seguro. No le dijo que no se preocupara, ni que todo saldría bien, ni que olvidara lo ocurrido. Simplemente la sostuvo, dejando que sintiera que no estaba sola con ese peso.

—Me dio rabia —continuó ella apoyando la frente en su hombro—. Rabia contra ella por fingir ser la mejor amiga de Elena mientras se acuesta con mi esposo. Rabia contra Nereo por ser tan ciego y tan egoísta. Y rabia contra mí misma por quedarme callada, por sonreírle, por tratarla como si fuera una invitada más.

—No fue debilidad callar —le dijo él con voz serena y firme, acariciándole la espalda despacio—. Fue valentía. La valentía de esperar el momento justo. Si hubieras hablado ahí, en medio de la cena familiar, habrías puesto a tus hijos en medio del dolor sin necesidad. Y tú eres más inteligente que eso. Más fuerte.

—¿Lo hice bien? —preguntó ella levantando la vista hacia él con los ojos brillantes—. Porque por dentro me estaba rompiendo en pedazos.

—Lo hiciste perfecto —respondió él besándole suavemente una lágrima que se le escapaba por la mejilla—. Te mantuviste de pie, digna, sin perder el control. Eso requiere una fuerza que muy pocas personas tienen. Y yo estoy aquí para recordártelo cada vez que lo olvides.

Se quedaron así un rato, abrazados, sin necesidad de más palabras. La casa estaba en silencio, solo el sonido suave de la madera ardiendo en la chimenea. Lorenzo la miró a los ojos y le acarició el rostro con infinita ternura.

—No tienes que explicarme nada —le dijo—. Conozco ese dolor. La traición duele el doble cuando viene de quien menos lo esperas. Pero no la cargues sola. Compártela conmigo. Yo la sostengo junto a ti.

Ottavia lo atrajo hacia sí y lo besó, no con la pasión urgente de antes, sino con una gratitud inmensa y profunda que las palabras no alcanzaban a expresar. En ese beso no había prisa ni miedo: era una promesa sin palabras de que seguían juntos, de que él era su apoyo y ella la suya. Lorenzo respondió con la misma ternura, rodeándola con sus brazos como si quisiera protegerla de todo el mal del mundo.

—Gracias —susurró ella contra sus labios—. Por escucharme sin juzgarme. Por abrazarme sin pedirme que sea fuerte todo el tiempo.

—Por eso estamos —respondió él besándola en la frente—. Para lo bueno y para lo difícil. No te lo dije al principio, pero ahora lo sé: no hay regla que diga que tenemos que estar solos con lo que nos duele. Compartimos también el dolor. No solo el placer.

Se acercaron más, perdiéndose el uno en el otro, y cada beso era una promesa silenciosa: estoy aquí, no te rindas, no estás sola. Sus caricias eran suaves y seguras, recorriendo su piel como si quisieran borrar cada rastro de amargura y reemplazarlo por certeza y cariño. No había prisa, ni exigencia, ni expectativa. Solo la calma de sentirse comprendida y cuidada.

—Me das fuerzas —le dijo ella mientras lo abrazaba con todo lo que tenía—. Cuando estoy contigo, siento que puedo enfrentarme a cualquier cosa. Incluso a ellos dos.

—Y las tendrás —respondió él mirándola a los ojos—. Pero no hoy. Hoy descansa. Hoy eres solo tú, y yo cuido de ti. El resto puede esperar. Eres importante, Ottavia. Tu bienestar importa. Y no voy a dejar que nadie te quite la paz que estás recuperando.

Se entregaron el uno al otro con una dulzura que sanaba más que cualquier consuelo. Y en cada roce, en cada respiración compartida, sentía la fuerza que necesitaba para seguir adelante. No era solo amor: era alianza. Era saber que no importaba cuán oscuro se pusiera el panorama, siempre tendría este lugar, estos brazos, este refugio donde nadie la juzgaba y nadie la traicionaba.

—Mañana sigo —susurró ella al oído cuando por fin se quedaron abrazados en la penumbra de la habitación—. Mañana sigo luchando. Pero esta noche… esta noche me quedo aquí, contigo.

—Y aquí te quedas —respondió él apretándola contra sí—. A salvo. Conmigo. Siempre.

—¿Alguna vez sientes que no podré aguantar más? —le preguntó Ottavia con voz suave, acurrucada entre sus brazos—. Que un día estallaré y todo se derrumbará.

Lorenzo le besó la sien con infinita ternura y la apretó con firmeza contra su pecho. —Sentirlo no significa que vaya a pasar. Eres mucho más fuerte de lo que crees. Y además… no lo cargas sola. Si un día flaqueas, yo te sostengo. Si quieres gritar, aquí estoy para escucharte. Y si quieres callar, te abrazo y guardamos silencio juntos. No tienes que ser invencible, Ottavia. Solo tienes que ser tú. Y eso basta.

Ella levantó el rostro y lo miró con los ojos llenos de gratitud. —¿Por qué lo haces? ¿Por qué me cuidas así?

—Porque te merecen que te cuiden bien —respondió él acariciándole la mejilla—. Y porque verte entera y en paz… eso es lo que más quiero. Más que cualquier venganza. Más que cualquier victoria. Tú primero. Siempre.

1
Mirna Vargas olortegui
Ya cansa con lo mismo que se dicen y hacen.
Monica Raquel Martin
es muy gracioso ella le reclama la traición pero ella no se queda atrás,
Leonela Soledad Trejo
como que recién se conocen y avanzaron como 20 pasos
Rossy Bta
Hola , estoy confusa como que 10 años de matrimonio y tiene hijos adultos algo no cuadra
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