●Secuela De La Novela: {Tu Guardián Sádico}.
●Autora: 💐🌿Zuilin T.R 🌿💐
●Separados por el engaño, la ambición y los hilos de poder de la poderosa dinastía Courteney, el tierno omega puro Cyrus se ve obligado a huir a los Hamptons para proteger el futuro de su alfa, llevando en su vientre el fruto de su amor en solitario. Durante tres largos años, Cyrus sufre la agonía de un nido vacío, consumido por la melancolía y el aislamiento de su jaula de oro, con su pequeño cachorro Cassian como único ancla para seguir adelante.
Mientras tanto, en Suiza, el desamparado alfa huérfano del pasado se ha transformado en Ethan Blackburn: un colosal, implacable y sádico magnate corporativo que ha levantado un imperio de acero para llenar el vacío de su ausencia. Armado con informes confidenciales y movido por un instinto territorial indomable, Ethan descubre la verdad sobre el sacrificio de su omega y planea una emboscada quirúrgica en Manhattan. No va a negociar.
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Capítulo 10: La jaula de cristal y la gala benéfica
Capítulo 10: La jaula de cristal y la gala benéfica
Novela: El Secreto De La Golondrina.
Autora: 💐🌿Zuilin T.R 🌿💐
El perfume a flores de manzanilla dulce inundaba cada rincón del suntuoso nido de seda que Cyrus Courteney había edificado en el ala norte de la villa de los Hamptons. A sus veintiséis años, el joven omega puro poseía una belleza madura, serena y profundamente conmovedora, aunque sus grandes ojos claros conservaban esa eterna sombra de melancolía que la opulencia de su linaje no lograba erradicar.
Era entrada la medianoche. Cyrus se encontraba sentado en mitad de su inmensa cama, acurrucando contra su pecho al pequeño Cassian, quien estaba a solo unas semanas de cumplir sus primeros dos años de vida. El tierno cachorrito dormía plácidamente, aferrando sus pequeños dedos de porcelana a la pijama de raso de su madre, respirando con una cadencia perfecta.
Cyrus delineó con suavidad la línea de la mandíbula del bebé, sintiendo un nudo opresivo en la garganta. Cassian era idéntico a su padre; cada vez que el niño lo miraba, Cyrus veía el reflejo de la mirada intensa y magnética del alfa que había dejado atrás en los Alpes suizos.
—Mi tierno retoño... —susurró Cyrus en la penumbra de la habitación, con la voz quebrada por un llanto contenido—. Si supieras cuánto extraño a tu padre... Cada noche este nido se siente tan vacío sin su aroma a pino... Tuve que alejarme para salvarlo, mi amor, para no arruinar su brillante futuro... pero Dios sabe que daría hasta mi último aliento por estar entre sus brazos otra vez.
El joven omega pegó el rostro al cabello de su hijo, buscando en el suave olor a manzanilla el consuelo que el mundo le negaba, ignorando que a miles de kilómetros, el "alfa huérfano" al que creía proteger se había convertido en un monstruo corporativo que ya cruzaba el océano Atlántico tras su rastro.
Durante esos dos años de paternidad en solitario, Cyrus se había convertido en el soltero omega más codiciado y misterioso de la alta sociedad de Nueva York. Su belleza legendaria y el estatus de la dinastía Courteney atraían a decenas de alfas de linajes aristocráticos, magnates y herederos que intentaban con desespero ganarse su atención, enviándole costosos arreglos de flores exóticas y joyas extravagantes a la villa.
Sin embargo, Cyrus jamás aceptó a ninguno. Su glándula aromática y su corazón seguían perteneciendo, por derecho biológico y espiritual, al dueño de la tormenta alpina.
De la seguridad y de deshacerse de aquellos pretendientes molestos se encargaban sus hermanos mayores. Marisol, con su porte gélido de veintiocho años, y Cedric, con su imponente y volcánico temperamento de veinte, actuaban como los verdugos de cualquiera que osara respirar el aire de Cyrus. Bastaba una sola mirada de advertencia de Marisol en las reuniones de negocios o un sutil despliegue de las feromonas dominantes y hostiles de Cedric para que los alfas pretendientes dieran un paso atrás, aterrorizados por el implacable muro defensivo de la trinidad Courteney.
La única figura alfa que Cyrus permitía cerca de su cachorro era la del propio patriarca. Louie Courteney, a pesar de su egocentrismo sádico y su naturaleza despiadada con el mundo exterior, mostraba una retorcida y posesiva fascinación por su nieto. No era extraño ver al temible verdugo de Manhattan caminando por los jardines de los Hamptons, vistiendo sus impecables trajes a la medida, cargando en sus brazos al pequeño Cassian de casi dos años. Louie observaba al bebé con orgullo territorial; el niño era un omega puro de una línea perfecta, y Louie se encargaba de impregnarlo con su denso aroma a madera ahumada y cuero, un mensaje biológico para el mundo de que ese cachorro estaba bajo la absoluta protección de su imperio.
—Pronto será el momento de mostrarle al mundo el esplendor del nido, Cyrus —declaró Louie una tarde, entregándole el bebé a su hijo con una fijeza implacable en los ojos.
La gran oportunidad de la alta sociedad neoyorquina para ver a la misteriosa golondrina de los Courteney llegaría muy pronto. La familia entera se estaba preparando para asistir a la Gala Benéfica Anual de la Fundación Courteney, un evento de gala de etiqueta rigurosa en el centro de Manhattan donde se reunirían los apellidos más poderosos del continente. Cyrus asistiría del brazo de sus padres, Bahir y Louie, flanqueado por la imponente presencia de sus hermanos Marisol y Cedric.
Cyrus aceptó asistir con sumisión, vistiéndose con las sedas más finas que su papá Bahir había seleccionado para él, sin sospechar que esa misma gala benéfica sería el escenario de su exposición. Porque la prensa internacional ya estaba lista para capturar las fotos del evento, y una de esas imágenes viajaría directo a la suite ejecutiva de un viaje de negocios en Nueva York, donde unos ojos oscuros, fríos y sedientos de venganza estaban a solo un segundo de reconocer el rostro de la golondrina que le había robado el alma.