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PACTO DE PIEL Y SANGRE

PACTO DE PIEL Y SANGRE

Status: En proceso
Genre:Romance / Posesivo / Venganza
Popularitas:802
Nilai: 5
nombre de autor: Paula_noches de tintas

Empezó como una partida silenciosa de ajedrez, un juego peligroso de miradas calculadas, provocaciones sutiles y movimientos estudiados para ver quién caía primero. Cada palabra era un peón avanzado con premeditación; cada roce, una jugada de distracción en un tablero invisible donde ninguno de los dos estaba dispuesto a ceder el primer jaque mate.

Pero se descuidaron. En el juego de adivinar las intenciones del otro, el orgullo se fracturó y el tablero terminó por romperse. Ya no quedaban estrategias ni tácticas de defensa, solo la certeza desesperada de que, de tanto jugar a lastimarse, habían terminado enredados en un amor tan intenso y ciego que quemaba, incapaces de rendirse aunque perder significara entregarlo todo.

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Revelaciones entre tazas de té

El rugido grave de la motocicleta de Axel cortó el aire tranquilo de la tarde, desacelerando con elegancia antes de detenerse por completo frente a la imponente entrada de la mansión. La jornada había dado un giro imprevisto: de una madrugada de tragos y broncas en el club pasamos a un fin de semana maratónico entre sábanas desordenadas, vapor de ducha y miradas que decían mucho más de lo que nuestras orgullosas bocas estaban dispuestas a admitir.

Pero las horas de tregua y complicidad en su departamento se evaporaron en el preciso instante en que cruzamos los portones de la propiedad.

Apenas Axel apagó el motor de la motocicleta y me saqué el casco, sacudiendo un poco mi melena revuelta, alcé la vista hacia el porche principal. Allí estaba Noah: cruzado de brazos, con los hombros rígidos, la mandíbula apretada y una expresión que combinaba el pánico de un hermano mayor sobreprotector con la furia contenida de quien ya ha sumado dos más dos y no le gusta para nada el resultado.

Axel se bajó de la moto con una calma insultante, colgándose el casco del antebrazo con total parsimonia mientras me dedicaba una media sonrisa socarrona. Sabía perfectamente lo que se nos venía encima, pero parecía disfrutarlo tanto como yo disfrutaba ponerlo contra las cuerdas.

Noah dio tres zancadas rápidas desde la escalinata, acortando la distancia con actitud amenazante. Sus ojos azules, oscurecidos por el coraje, pasaron rápidamente de la chaqueta arrugada de Axel a mi cabello despeinado, deteniéndose en los rastros evidentes de una noche que no tuvo ni un solo minuto de descanso.

—¿Se puede saber dónde demonios estabas, Natalia? —estalló Noah con la voz temblando de ira, señalándonos con un dedo acusador—. ¡Llevamos desde la madrugada llamándote! Y tú... —giró bruscamente el rostro para fulminar a Axel con la mirada—, ¡más te vale que tengas una maldita y brillante excusa antes de que decida romperte la cara por andar metiéndote con mi hermana menor!

El silencio que siguió a su grito fue casi cómico. El viento de la tarde sacudió las copas de los árboles mientras Axel, lejos de amedrentarse o intentar balbucear una justificación inocente, soltó una carcajada baja, relajando los hombros con absoluta insolencia.

—Tranquilízate, cuñado, respira hondo que te va a dar un infarto a los treinta —le soltó Axel con una serenidad exasperante, dándole una palmadita condescendiente en el hombro a Noah que casi hace que a mi hermano se le salieran los ojos de las órbitas.

—¡A mí no me digas cuñado, imbécil! —rugió Noah, dando un paso al frente dispuesto a lanzarse sobre él, mientras yo intervenía de inmediato interponiéndome entre ambos con un suspiro de fastidio y una sonrisa divertida.

—Bájale dos rayitas al melodrama, Noah. No soy ninguna niña de cristal y puedo cuidarme solita —le espeté con los brazos cruzados, clavándole una mirada retadora que lo hizo frenar en seco, aunque su rostro seguía rojo de furia—. Además, si quieres culpar a alguien por la odisea de anoche, búscate otro culpable, porque fui yo quien salió corriendo detrás de él.

Noah abrió la boca y la volvió a cerrar, totalmente estupefacto. Miraba de mí a Axel, y de Axel a mí, como si de repente habláramos en un idioma desconocido. Para él, yo seguía siendo la hermana menor a la que había que proteger de los lobos, la chica seria centrada en la moda y en sus propios asuntos, incapaz de fugarse a altas horas de la madrugada para perseguir a su mejor amigo en un arrebato de adrenalina y deseo.

—¿Tú... tú lo seguiste? —balbuceó Noah, señalándome con incredulidad, perdiendo fuerza ante la revelación—. Natalia, ¿tienes idea de la hora que es? ¡Desapareciste de la discoteca sin avisar, no contestas el teléfono y apareces un domingo por la tarde vestida exactamente igual que ayer, montada en la moto de mi mejor amigo convertido en cómplice! ¿Se puede saber qué demonios pasa por tu cabeza?

—Pasan muchas cosas, Noah, la mayoría de las cuales preferirías no saber para conservar la paz mental —le contesté con serenidad glacial, dándole una palmada en el brazo al pasar junto a él hacia la entrada—. Y dejen el drama de telenovela barata, que Axel solo tuvo la amabilidad de traerme de vuelta. ¿Verdad, cachorro?

Me giré un segundo para dedicarle una mirada cargada de complicidad a Axel, quien asintió lentamente con una sonrisa torcida, disfrutando del espectáculo.

—Exacto, un servicio de chófer a domicilio de primera clase —respondió Axel con desparpajo, acomodándose las gafas de sol sobre el puente de la nariz—. Bueno, cuñado, veo que ya está en buenas manos y con el sermón asegurado, así que creo que es hora de retirarme. Tengo cosas que hacer... y una moto que limpiar.

Sin esperar a que Noah volviera a abrir la boca para soltar otra tanda de insultos o amenazas vacías, Axel se subió de nuevo a su máquina, dio un acelerón que hizo retumbar los vidrios de la fachada y salió disparado por el camino de entrada, dejándonos solos en el porche.

Noah se quedó rígido, mirando el rastro de polvo que había dejado la motocicleta, antes de volverse lentamente hacia mí con una expresión de profunda derrota.

—Te vas a arrepentir de esto, Natalia —masculló entre dientes, frotándose las sienes con frustración—. Estás jugando con fuego con alguien que no se anda con rodeos. Axel es mi mejor amigo, lo conozco de toda la vida, sé cómo destruye todo lo que toca cuando se aburre y no voy a permitir que te arrastre a sus desastres.

Me detuve en el umbral de la puerta, girando la cabeza para mirarlo con una mezcla de ternura y absoluta firmeza. No le iba a decir que el fuego ya nos había quemado a ambos hacía horas, ni que sus advertencias sobre los peligros de Axel se quedaban cortas frente a los verdaderos monstruos y amenazas invisibles que me venían acechando desde la llamada anónima.

—No te preocupes tanto por mí, hermano —le dije con una sonrisa suave pero impenetrable—. A lo mejor, el que termine quemándose no es quien tú crees.

Sin darle oportunidad de responder, empujé la puerta principal y entré a la mansión, dejando a Noah plantado en el porche con sus sermones a medias.

El interior de la casa estaba en completo silencio. Caminé por el pasillo principal con paso firme, sintiendo el cansancio acumulado en cada músculo del cuerpo, pero con una extraña ligereza en el pecho. Sabía que las horas siguientes no iban a ser fáciles: tendría que lidiar con las preguntas de mi familia, esquivar las sospechas de Fabián antes de su viaje a Italia y, por si fuera poco, mantener las alertas encendidas ante cualquier nuevo movimiento de ese enemigo invisible que amenazaba desde las sombras.

Pero mientras subía las escaleras hacia mi habitación y recordaba el calor de las sábanas de Axel, una certeza me recorrió de arriba abajo: ya no estaba jugando a la defensiva. El tablero se había movido, las reglas se habían roto y, pase lo que pase, iba a encargarme de ganar esta partida hasta el final... aunque para ello primero tuviera que inventar una coartada perfecta para explicar por qué mi auto seguía abandonado en el estacionamiento de un bar de mala muerte.

Antes de alcanzar mi dormitorio, el aroma dulzón y característico a vainilla y café me guió directamente hacia la sala de estar, donde Laila estaba cómodamente recostada en el sofá con una tableta en las manos, revisando los últimos catálogos de tendencias para la próxima temporada.

Laila se había mudado a la mansión unas semanas atrás, y tenerla viviendo bajo el mismo techo se había convertido en mi mejor refugio para escapar del caos familiar y de los interrogatorios de mis hermanos.

—Vaya, al fin apareces, fantasma —me saludó Laila levantando la vista de la pantalla, con una ceja arqueada y una media sonrisa divertida al ver mi ropa ligeramente arrugada y el cabello rebelde—. Desapareces toda la madrugada, Noah monta en cólera amenazando con llamar a la Interpol y tú llegas muy campante un domingo por la tarde como si nada hubiera pasado. ¿Se puede saber qué clase de aventura te traes entre manos?

Solté un suspiro fingido de cansancio, dejándome caer en el sillón contiguo mientras estiraba las piernas y tomaba una taza de té que había sobre la mesa.

—Digamos que la noche se puso un poco más interesante de lo planeado —le respondí con una sonrisa pícara, jugándome las cartas justas para no soltar todos los detalles de mi maratónica estancia en el departamento de Axel—. Pero sobreviví para contarlo, que es lo que cuenta.

Laila soltó una carcajada cristalina, sacudiendo la cabeza con incredulidad antes de cambiar de tema con un brillo curioso en los ojos.

—Pues hablando de dramatismos y de la fauna que habita esta casa, ¿te has fijado últimamente en tu hermano Noah? —comentó enarcando las cejas, mientras dejaba la tableta a un lado y se inclinaba hacia adelante—. Te juro que está insoportable. No hace más que rondar por los pasillos, vigilar a qué hora salgo, preguntar qué estoy haciendo y asegurarse de que todo en la casa esté bajo control. A este paso voy a tener que cobrarle honorarios de mánager personal o pedirle una orden de alejamiento.

Me quedé en completo silencio por un segundo, parpadeando un par de veces mientras las piezas del rompecabezas encajaban de golpe en mi mente. Las actitudes extrañas de Noah durante las últimas semanas, sus miradas furtivas cuando Laila entraba a una habitación y esa sobreprotección tan selectiva cobraron un sentido totalmente distinto.

Dejé escapar una risita ahogada, apoyando la barbilla en la palma de la mano con una expresión de absoluta diversión.

—¿En serio no te has dado cuenta, Laila? —le solté con una sonrisa socarrona, mirándola fijamente a los ojos.

—¿De qué hablas? —preguntó ella frunciendo el ceño, genuinamente desconcertada por mi reacción.

—De que Noah no te está vigilando por fastidiar, querida —le insinué bajando la voz con tono cómplice, disfrutando de la revelación—. Llevas semanas viviendo aquí y el pobre está completamente flechado. Lo que pasa es que es demasiado terco y orgulloso como para admitir que está enamorado perdidamente de ti, y prefiere disimularlo con ese papel de protector amargado.

Las mejillas de Laila se tiñeron de un rubor repentino y abrió los ojos de par en par, boquiabierta ante una sospecha que, al parecer, jamás se le había cruzado por la cabeza.

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Michel Yandi
me encanta esta historia 🦆✨
Paula Nuñez: ¡Muchísimas gracias por tu apoyo! Me alegra un montón que te esté gustando la historia. Si te atrapó, te invito a pasar por mi perfil para que le eches un vistazo a mis otras novelas. ¡Seguro que también te van a encantar! ❤️✨
total 1 replies
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