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¡Suya!

¡Suya!

Status: En proceso
Genre:Venganza / Reencarnación / Traiciones y engaños
Popularitas:6.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Daemin

Ella murió a manos de su propia hermana. Pero el destino le dio una segunda oportunidad: despertó en el cuerpo de una mujer inteligente, carismática y casada con el hombre más poderoso y deseado. El mismo hombre por el que siempre había sentido admiración.

Todo parece un sueño hecho realidad. Hasta que descubre que el "amor del pasado" de su esposo no es otra que su asesina.

Ahora, atrapada en un matrimonio que cree una farsa, solo quiere una cosa: el divorcio y la libertad para vengarse. Pero su esposo, frío e implacable con el mundo, se convierte en un muro de fuego cuando ella pronuncia la palabra "Divorcio".

Él no piensa soltarla. Ella no piensa quedarse.

Y entre la venganza, los secretos y un deseo que ninguno de los dos puede controlar, comienza una guerra de poder donde el amor se disfraza de odio... y la verdad podría ser el arma más peligrosa de todas.

NovelToon tiene autorización de Daemin para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10: El Beso y la Invitación

Aquella tarde, Dante había llegado un poco temprano.

La puerta principal se abrió y su silueta alta apareció en el umbral, con el traje oscuro de la mañana, la corbata ligeramente aflojada y el cabello castaño apenas despeinado. Venía con el paso cansado de quien ha tenido un día largo, pero la expresión relajada, como si al cruzar esa puerta algo en él se aliviara.

Alessandra lo vio desde el salón. No lo pensó dos veces.

—¡Cariño! —gritó, y salió corriendo hacia él.

Sus pies descalzos golpearon el suelo de mármol mientras atravesaba el vestíbulo en segundos. Dante apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que ella se lanzara sobre él, sus brazos rodeando su cuello.

En su cabeza, una sola frase apareció con claridad: "Había llegado su moneda de la suerte".

Dante la sostuvo por la cintura con firmeza, evitando que el impulso la desequilibrara. Sus manos grandes se cerraron sobre la tela de su vestido, anclándola contra él.

Pero ella no se detuvo ahí.

Alessandra se puso de puntitas, estirando el cuello para alcanzarlo. Sus dedos encontraron la corbata de Dante y la jalaron hacia abajo, forzándolo a inclinarse. El movimiento fue rápido, casi brusco, y sus labios chocaron contra los de él con una intensidad que sorprendió incluso a ella misma.

El beso fue húmedo, profundo. La boca de ella se abrió contra la de él, reclamándolo sin permiso. Los dedos de ella seguían enredados en la seda de la corbata, tirando de ella como si fuera una rienda. La mano de él presionó su espalda baja, acercándola más, mientras la otra se enredaba en su cabello, sujetándola.

Los labios de ella se movían con urgencia, mordiendo el labio inferior de él con un tirón suave. Él respondió con una presión firme, su boca abriéndose para encontrarla, el calor de su aliento mezclándose con el de ella. Las puntas de los dedos de Alessandra se aferraban a la tela de la corbata, arrugándola, mientras él inclinaba ligeramente la cabeza para ajustar el ángulo del beso.

Sus cuerpos estaban pegados, la diferencia de altura obligándola a mantenerse en puntitas, los dedos de él hundiéndose en su cintura. El ruido de sus respiraciones entrecortadas llenaba el vestíbulo, rápidas y calientes.

Hasta que un carraspeo rompió el silencio.

—Ahem.

Alessandra y Dante se separaron de golpe. Ella casi pierde el equilibrio, soltando la corbata con un tirón que desajustó el nudo. Él la sostuvo con una mano mientras giraba la cabeza hacia la puerta.

Allí, en el umbral, estaba Elisa. Llevaba un vestido color crema y una bolsa de mano, y la expresión en su rostro era una mezcla de sorpresa y diversión contenida.

—No sabía que llegaba a una mala hora —dijo Elisa, con una sonrisa que delataba que sabía exactamente lo que estaba haciendo.

Alessandra sintió que el calor le subía al rostro. Pero no se soltó de Dante. En realidad, seguía aferrada a su camisa, los dedos aún arrugando la tela.

—Mamá —dijo Dante, con su voz grave y neutra, como si no acabara de ser besado con la intensidad de una tormenta—. No te esperaba.

—Ya veo —respondió Elisa, entrando con calma y cerrando la puerta detrás de ella—. Pero quería pasar a ver a Alessandra. Clara me dijo que el doctor ya la visitó y quería asegurarme de que estuviera bien. Y también tengo algo que darles.

Alessandra se separó por fin de Dante, aunque sus manos aún descansaban sobre su pecho. Se pasó los dedos por el cabello desordenado y tosió.

—Estoy bien —dijo, con la voz aún un poco ronca—. Muy bien.

Elisa soltó una risita suave.

—Sí, ya veo que estás muy bien. No sabía que el doctor te había recetado besos apasionados. Debo hablar con él para que me recomiende el mismo tratamiento.

—Mamá —dijo Dante, con un tono que no era de advertencia, solo de resignación.

Elisa levantó las manos en señal de paz, pero su sonrisa no desapareció. Luego, se acercó a ellos y sacó un sobre blanco de su bolso. Tenía un sello dorado en la esquina.

—Esto llegó a mi casa hoy —dijo, entregándoselo a Alessandra—. Una amiga, la señora Fernández, me lo envió. Es para toda la familia Moretti.

Alessandra tomó el sobre, sintiendo el peso del papel de alta calidad. Lo abrió con cuidado y extrajo una invitación formal.

Sus ojos recorrieron el texto.

"Los señores Ignacio Fernández y familia tienen el honor de invitar a la familia Moretti a la celebración del compromiso de su hija Fernanda Fernández con Alexander Santander. La velada se llevará a cabo el próximo sábado en el salón de eventos..."

—La señora Fernández —dijo Elisa, con un tono de complicidad—. Ella y yo somos amigas desde hace años. Nos conocimos en eventos benéficos. Siempre hemos mantenido el contacto, aunque últimamente no nos veíamos tanto. Me envió esta invitación con la esperanza de que pudiéramos asistir como familia.

Alessandra sintió que una sonrisa se formaba en sus labios. No era una sonrisa cálida. Era una sonrisa de anticipación.

—¿La celebración del compromiso de Fernanda? —preguntó, con la voz ligera—. Qué interesante.

Dante la miró sin expresión.

—¿Quieres ir?

Alessandra levantó la vista del sobre y lo miró a los ojos. En su interior, un plan comenzaba a formarse.

—Claro que quiero ir —dijo, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos—. Sería una pena perderme una celebración tan importante. Y además —añadió, mirando a Elisa—, es una oportunidad para que la familia Moretti esté presente. No podemos decepcionar a su amiga, ¿verdad?

Elisa asintió, complacida.

—Pensé que te gustaría. Por eso vine a entregártela personalmente.

Dante no preguntó más. Solo asintió y tomó un sorbo del café que Clara le había servido sin que él lo pidiera.

...----------------...

Los tres se sentaron en la sala. Alessandra en el sofá junto a Dante, Elisa en el sillón frente a ellos con su bolso apoyado en el regazo. El té humeaba en la mesa baja, pero nadie lo tocaba.

Alessandra no podía evitar pensar en el beso. Dios, no había podido evitar besar a Dante. Quizás aún no sentía algo profundo por su esposo, pero besarlo no era algo que se desperdiciara. Lo gracioso era que lo había hecho sin pensarlo tanto. En ese momento, solo había actuado por instinto.

Se pasó los dedos por los labios, todavía sintiendo el calor de la boca de él. Una sonrisa tonta amenazaba con formarse en su rostro, pero la reprimió a tiempo.

—Bueno —dijo Elisa, interrumpiendo sus pensamientos con un tono más serio—. Hay algo que quería comentarles. Algo que me tiene preocupada.

Alessandra levantó la vista, dejando atrás sus pensamientos.

—¿Qué pasa, Suegra?

Elisa suspiró, jugando con el borde de su bolso.

—Vi las noticias esta mañana. Sobre la muerte de una de las hijas de los Fernández. Ana... —hizo una pausa, como si el nombre le pesara—. Ana Fernández. La muchacha que murió al caer del edificio.

Alessandra sintió que el aire se le escapaba de los pulmones.

—Lo vi en las noticias —dijo, con la voz más neutra que pudo—. Fue muy triste.

Elisa asintió, con el rostro apenado.

—Sí, muy triste. La verdad es que conozco bien a esa familia. Sobre todo a Carmen, la madre. Hemos sido amigas durante años, desde que coincidimos en eventos benéficos. La conozco desde antes de que nacieran sus hijos. No me imagino el dolor que debe estar sintiendo. Perder a una hija... debe ser horrible.

Alessandra apretó las manos sobre sus rodillas. No dijo nada. No podía decir nada.

—El entierro será mañana por la mañana —continuó Elisa, con voz suave—. Algo discreto, según me enteré. La familia quiere despedir a la difunta en privado, sin demasiada atención de los medios.

El entierro de Ana. Su propio entierro.

Alessandra sintió una incomodidad en el estómago. Una mezcla extraña de dolor, rabia y algo más. Algo que no sabía cómo nombrar.

Elisa suspiró de nuevo.

—Me gustaría ir. Carmen es mi amiga. No podría faltar a algo tan importante para ella. Necesita apoyo en un momento como este.

Alessandra la miró. En la expresión de Elisa había una tristeza genuina. No era fingida. Ella realmente sentía pesar por su amiga.

—Suegra —dijo Alessandra, con la voz más firme de lo que esperaba—. ¿Puedo acompañarla?

Elisa levantó la vista, sorprendida.

—¿Quieres ir?

—Sí —respondió Alessandra, y la palabra salió con seguridad—. Quiero ir. Quiero acompañarla. Y quiero... quiero mostrar respeto.

No era una mentira. No del todo. Quería mostrar respeto. Por sí misma. Por la vida que había perdido. Por la mujer que había sido.

Pero también quería estar allí. Quería verlo con sus propios ojos. Ver el entierro de su propio cuerpo. Ver a su familia. Ver a Fernanda .

Dante, que había permanecido en silencio, la miró con atención.

—¿Estás segura? —preguntó, y su voz era neutra, pero sus ojos verdes la escudriñaban con intensidad.

—Sí —dijo ella, sin dudar—. Estoy segura.

Elisa le sonrió con gratitud.

—Gracias, hija. Me haría bien tener compañía. No me gusta ir sola a estas cosas. Y Carmen apreciará que la acompañemos.

Alessandra sintió un nudo en la garganta. Su madre no sabía quién era ella realmente. Para Carmen Fernández, Alessandra Moretti era solo la esposa de un hombre poderoso. Una desconocida.

Pero mañana, estaría allí. En el entierro de su propio cuerpo. Frente a la mujer que la había traído al mundo.

—No tiene que agradecer —respondió, con la voz un poco más baja—. Es lo mínimo que puedo hacer.

Dante no dijo nada más. Pero su mirada permaneció fija en ella un momento más, como si estuviera evaluándola. Luego, apartó los ojos y tomó su taza de café.

El silencio se instaló en la sala. Elisa comenzó a hablar de otros temas, de cosas más ligeras. Pero Alessandra apenas la escuchaba.

Su mente estaba en otro lugar.

En el entierro de una mujer que ya no era ella. En una familia que la había despedido sin saber la verdad. En una hermana que la había asesinado y que ahora fingiría dolor frente a una tumba vacía.

Alessandra apretó los puños bajo la mesa.

Mañana. Mañana iba a estar allí. Iba a ver a Fernanda . Iba a ver a su madre. A sus hermanos. A su padre.

Y aunque no pudiera hacer nada, aunque tuviera que quedarse en silencio y observar, algo en su interior le decía que ese momento era importante.

Que mañana sería el primer paso de algo más grande.

—Hija —dijo Elisa, interrumpiendo sus pensamientos—. ¿Estás bien? Te veo distraída.

Alessandra parpadeó y sonrió.

—Sí, Suegra. Solo estoy cansada. El día ha sido largo.

Elisa asintió comprensiva.

—Entonces descansa. Mañana te espero temprano. El entierro es a las nueve. Pasaré a recogerte.

—Estaré lista.

Elisa se levantó, despidiéndose con un beso en la mejilla de Alessandra y un apretón de hombro a Dante. Cuando la puerta se cerró tras ella, Alessandra se quedó mirando el espacio vacío donde su suegra había estado.

Dante no dijo nada. Solo se levantó y dejó su taza en la mesa.

—Voy a ducharme—dijo.

—Está bien —respondió ella, sin mirarlo.

Alessandra se quedó sola, en el silencio de la sala, con la imagen de Fernanda en la televisión y el recuerdo del beso de Dante quemando aún sus labios.

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Kim Nava
que guapo el Milo 🤭🤭
por que dejó así de rápido dieran con ella la descubrirán que ella es la dueña de esa agencia
😍❤️кαяєи🍀🇻🇪
espectacular. 😎😎🙌🏻🙌🏻
Lala
espero actualices más seguido y con más capítulos si puedes
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Sería bueno saber qué clase de persona fue Alexandra. 🤔🇨🇴
😍❤️кαяєи🍀🇻🇪
🤔🤔 porque tanto desprecio hacia Ana.!!??
será que ése viejo sabe que Fernanda mato a Ana y por eso no quiso investigaciónes.!!?? 😱
ary
yo pienso que Ana no era hija del papa o de la mamá
😍❤️кαяєи🍀🇻🇪
pobre inocente jajaja no sabes lo que se té viene cuando una mujer está molesta
karencitha
porque el tal Inacio odiaba y despreciaba a Ana si ella era su hija que clase de padre trata así a su propia hija
Kim Nava
osea que Alessandra es la hija que tuvo su padre fuera del matrimonio 😳😳😳hay por Dios eran medias hermanas 🤔
Jose Salazar
más capítulos
Kim Nava
exacto y mucho menos te hubieras dejado abrazar por la zorra esa no hiciste nada para apartarla
ary
me hubiera gustado ver más como pareja siendo ella x que si dice que si la quiere. entonces ama ala antigua
Kim Nava: si que la reconquista pero que lo haga sufrir mucho tiempo por imbécil 😡
total 2 replies
Myriam Hernandez
Excelente
MILAGROS Becerra
maratón 🙏
Kim Nava
y solo por quedarse cayado ante esa zorra
Alessandra mal interpretó todo o no puede que el todavía sienta algo por la zorra esa
ary
si si maraton
ary
bueno ki vienen los malos entendidos
Eli
regalen maratón plis
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Tiene el cuerpo y los recursos de Alexandra, pero le faltan los recuerdos y así la situación se complica. 🤔🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
👏👏👏👏👏👏👏🇨🇴
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