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Asado, Mate Y Destino

Asado, Mate Y Destino

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Romance / Yaoi
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: nuestros sueños

Valentín Bianchi, un omega porteño de veinticinco años, está acostumbrado al ritmo frenético de Buenos Aires. Su vida gira entre cafeterías, subtes, reuniones y el ruido constante de la ciudad.
Todo cambia cuando hereda una antigua estancia en plena pampa bonaerense. Su único objetivo es venderla cuanto antes, volver a la Capital y olvidarse del barro, las vacas y los caminos de tierra.
Pero la estancia no está vacía.
Tomás Ferreyra, un alfa gaucho nacido y criado allí, administra el lugar desde hace años. Es serio, orgulloso, amante de los caballos y defensor de las tradiciones. Para él, esa estancia no es un negocio: es su hogar.
Desde el primer encuentro, ninguno soporta al otro.
—¿Vos sos el nuevo dueño? Mirá vos... pensé que mandaban a alguien que supiera ensuciarse las botas.
—Y yo pensé que los gauchos eran más educados.
Entre mates compartidos a regañadientes, asados con los peones, cabalgatas interminables y noches bajo un cielo lleno de estrellas, ambos descubrirán que hay se

NovelToon tiene autorización de nuestros sueños para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10: La Fiesta de la Tradición

El sábado amaneció con un cielo completamente despejado.

Desde muy temprano, la estancia era un verdadero caos.

Marta iba de un lado a otro preparando empanadas para llevar.

Don Ramón revisaba el tráiler donde viajarían los caballos.

Nico no dejaba de silbar mientras acomodaba las monturas.

Y Tomás...

Tomás ya estaba listo desde hacía una hora.

Vestía una impecable camisa blanca, bombachas de campo negras, una rastra de plata heredada de su padre, botas de cuero lustradas y una boina oscura que terminaba de darle ese aire de gaucho elegante.

Cuando Valentín salió de la casa, se quedó inmóvil.

"Qué facha...", pensó sin darse cuenta.

Tomás levantó la vista.

También se quedó unos segundos observándolo.

Marta le había prestado a Valentín una camisa celeste clara, un pañuelo al cuello y unas bombachas de campo color beige. Aunque seguía sintiéndose extraño con esa ropa, había algo en él que encajaba perfectamente con el paisaje.

—¿Qué? —preguntó Valentín al notar que todos lo miraban.

Tomás sonrió.

—Nada.

—Mentira.

—Te queda bien la ropa de campo.

Valentín sintió cómo sus mejillas se calentaban.

—Gracias...

Marta apareció con una enorme sonrisa.

—¡Parecen salidos de una revista!

—¡Marta! —protestaron los dos al mismo tiempo.

Las carcajadas resonaron por toda la estancia.

El pueblo estaba irreconocible.

Las calles se habían llenado de banderas argentinas celestes y blancas.

Había puestos de artesanos, comidas típicas, dulces caseros, mates de todos los tamaños y músicos afinando guitarras.

Desde el escenario principal sonaban chacareras y zambas.

El aroma de los choripanes y del asado inundaba el aire.

—¡Tomás!

Varias personas comenzaron a saludar al alfa apenas lo vieron.

—¡Buen día!

—¿Todo listo para la carrera?

—¡Este año tenés que ganar!

Valentín observaba sorprendido.

—Sos famoso.

Tomás negó con una sonrisa.

—Nos conocemos todos.

—Eso ya lo dijiste.

—Y sigue siendo verdad.

Pampa también había ido con ellos.

El cachorro corría feliz entre la gente, robándose las caricias de todos los vecinos.

—¡Qué perro más lindo! —comentó una señora.

—Es de Valentín —respondió Nico.

—¿En serio?

Valentín sonrió orgulloso.

—Sí... creo que él me eligió a mí.

Pampa movió la cola como si entendiera cada palabra.

A media mañana comenzó la carrera de sortijas.

Tomás se acercó a su caballo.

Valentín lo siguió.

—¿Nunca te vi nervioso?

—Porque no lo estoy.

—Mentiroso.

Tomás acomodó las riendas.

—Un poco sí.

Valentín sonrió.

—Entonces suerte.

Tomás lo miró fijamente.

—Gracias.

Por un instante pareció querer decir algo más.

Pero el locutor anunció el comienzo de la competencia.

Uno tras otro, los jinetes salieron al galope intentando ensartar con un pequeño palillo una diminuta sortija colgada de un arco.

La gente aplaudía con entusiasmo.

Cuando llegó el turno de Tomás, todo el pueblo comenzó a alentarlo.

—¡Vamos, Ferreyra!

—¡Dale, Tomi!

Valentín sintió que también quería gritar.

—¡Vamos, gaucho!

Tomás escuchó perfectamente aquella voz.

Sonrió.

Espoleó al caballo.

Salió como una flecha.

El caballo parecía volar sobre la pista.

En el último segundo...

El pequeño aro quedó atrapado en el palillo.

—¡¡¡Sí!!!

La multitud estalló en aplausos.

Valentín también.

Aplaudía tan fuerte que le dolían las manos.

Tomás levantó la sortija en alto.

Por un instante, buscó con la mirada entre la gente.

Y encontró a Valentín.

Los dos sonrieron.

Después de la competencia llegó el concurso de asadores.

Don Ramón y Nico se hicieron cargo de la parrilla.

Mientras tanto, Marta acomodaba las empanadas.

Valentín ayudaba como podía.

—Che...

—¿Qué? —preguntó Marta.

—¿Siempre hacen todo esto?

—Todos los años.

—Es muchísimo trabajo.

—Pero también es una fiesta.

Valentín observó a las familias compartiendo mates, riendo y bailando.

Sintió una calidez difícil de explicar.

Cuando el sol comenzó a bajar, el locutor volvió al escenario.

—¡Ahora sí! ¡Que empiece el baile!

Valentín se quedó completamente quieto.

—No...

Tomás apareció detrás de él.

—Sí.

—No pienso subir.

—Prometiste practicar.

—Practicar, sí.

—Bailar también.

—No.

Tomás le tendió la mano.

—Confiá en mí.

Valentín miró aquella mano durante unos segundos.

Después suspiró.

—Bueno... pero si hago un papelón...

—Lo hacemos juntos.

Aquellas palabras hicieron que sonriera.

Tomó su mano.

La música comenzó a sonar.

Al principio, Valentín estaba rígido.

Pero poco a poco recordó los pasos que habían practicado en la estancia.

Tomás lo guiaba con suavidad.

—Muy bien.

—¿En serio?

—Sí.

—¿No me estás mintiendo?

—Esta vez no.

Valentín soltó una risa.

Ya no miraba sus pies.

Miraba a Tomás.

Y Tomás solo lo miraba a él.

Alrededor de ellos, la música y las voces del pueblo parecían desvanecerse.

Por un instante, solo existían los dos.

Hasta que...

—¡Eso, carajo!

La voz de Nico rompió el momento.

Todo el grupo de la estancia estaba aplaudiendo.

Marta tenía los ojos brillantes de emoción.

—¡Lo lograron!

Valentín, completamente avergonzado, escondió la cara en el hombro de Tomás para que nadie viera lo rojo que estaba.

Tomás soltó una risa baja.

—¿Te da vergüenza?

—Muchísima...

—Pero bailaste muy bien.

Valentín levantó la cabeza.

Sus rostros quedaron muy cerca.

Demasiado cerca.

Los dos dejaron de sonreír por un segundo.

Sus respiraciones se mezclaron.

Parecía que el tiempo se había detenido.

Sin embargo, antes de que cualquiera pudiera hacer o decir algo, una voz desconocida interrumpió el momento.

—Tomás Ferreyra...

Ambos se giraron.

Frente a ellos había un hombre alto, de unos treinta años, vestido con ropa de campo impecable. Su expresión era seria y sus ojos estaban clavados en Tomás.

El ambiente cambió de inmediato.

Tomás dejó de sonreír.

—¿Qué hacés acá... Julián?

Valentín miró de uno al otro, sin entender por qué el rostro del alfa se había endurecido de esa manera.

Algo le decía que la llegada de aquel hombre estaba a punto de cambiar la tranquilidad de la estancia... y poner a prueba todo lo que Tomás y Valentín habían empezado a construir juntos.

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Amparo Carvajal
historia diferente que relata la libertad de poder amar, sin señalamientos, además muestra el amor tierno de la pareja de amantes.
Pollo
Okeeeeeey, recién empiezo a leer pero ya quedé enganchada, me encanta 😁
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