El antiguo Lycan King ha muerto en batalla, su lugar ha sido tomado por aquel que lo asesino. Una raza nunca antes vista. Los susurros hablan de un hombre con un poder tan grande como un dios, con un aura que logra pisotear a cualquiera que tenga la desdicha de estar ante el. Ha sido nombrado el nuevo King.
King Enigma.
Solare Billao es la Lider Alfa de la manada Eclipse. Una Alfa que ha sido reconocida entre las manadas del este como la mejor guerrera, ningun alfa antes ha logrado traspasar las barreras de su manada sin morir en el intento.
King Enigma ha llegado para apoderarse de todo lo que en el esté habita.
Y Solare es parte de ello.
Una batalla por el orgullo y el honor, ninguno dejara que el otro pisotee su ego.
Solare nunca se ha arrodillado ante nadie.
Un enigma nunca ha conocido el rechazo.
Pero siempre hay una primera vez para todo.
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Capitulo 10: Pesadilla
La oscuridad que me rodeaba estaba cargada del aroma de mi miedo, podia escuchar mi propio llanto como si no me perteneciera. La opresion en mi pecho.
Hace mucho tiempo que no tenia estos sueños, que no recordaba, que lo habia olvidado, como si nada de esto hubiera sucedido.
—Por favor, basta…
Las suplicas comenzaron, las mismas que salieron de mis labios cada noche por largos años.
Cada vez que creia olvidarlo mi mente me lo recordaba.
¿Era esto una tortura o un recordatorio de por que y en quien me converti?
Otra vez este sentimiento, como si las paredes de la habitacion me apresaran, a punto de caer sobre mi, no podia respirar, el dolor era insoportable, mi llanto se hacia cada vez mas fuertes.
Otra vez me hacia las mismas preguntas.
¿Alguna vez se acabara esta tortura?
Solare.
Podia escuchar mi nombre a la lejania.
Solare… Un nombre que me habian dado con una falsa esperanza.
¿Era mi culpa? ¿Habia fallado en ser lo que habia nacido para ser?
No fui una bendicion sino la maldicion que habia acabado con la vida de quien mas amaba
Pude sentir sus colmillos clavarse en mi piel, mis venas ardian por el veneno de su sangre, grite suplicando que parara y entonces… Desperte.
Lo primero que vi al abrir los ojos fueron sus ojos, naranjas, brillando en lo oscuro de la habitacion.
—Solare… ¿Estas bien?
Mis manos se movieron por si solas, empujándolo lejos de mi, me sente en la cama intentando calmar mi respiracion, mis manos se pasearon por mi rostro, mi cuello, mis brazos, estaba aquí, estaba bien, era solo un sueño, una pesadilla de algo que no volvería a pasar, de alguien que nunca va a volver.
—Solare…
Voltee observándolo, no dije nada, no podia, me pesaba la lengua, como si el veneno que nunca abandono mi sangre volviera a hacer efecto.
Las lagrimas bajaron por mi rostro, calientes.
—¿Estas bien? —susurro.
Aleje mi mirada de la suya.
No queria que me viera. Que conociera mis debilidades.
Me levante de la cama, fue entonces que me di cuenta que temblaba.
—Estoy bien… Solo… Una pesadilla
Camine hasta el baño, sintiendo su mirada en mi, abri la puerta y entre cerrando la puerta detras de mi, pegue la espalda de la madera, deslizándome hacia abajo.
Los temblores en mi cuerpo no cesaban, las lagrimas se sentían calientes mojando mi rostro, podia sentir a mi lobo acercarse a la superficie, no tenia fuerzas para resistirme, para negarme a dejarla tomar mi lugar.
El sonido de mis huesos crujiendo fue lo ultimo que escuche antes de que la oscuridad me tragara.
Unos golpes en la puerta me despertaron, parpadee estirandome, sintiendo las sabanas debajo de mi, fue entonces que abri los ojos, estaba en la cama, la realizacion me hizo sentarme sorprendida, miro a los lados, estaba sola en la habitacion.
Por el aroma en el lugar era evidente que el enigma habia estado aquí hace minutos.
—Solare
Otros toques fuertes en la puerta.
—Solare tienes que despertar.
La voz de Ilare al otro lado de la puerta se escuchaba preocupada. Me levante de la cama yendo a la puerta y cuando la abri, encontre a Ilare temblando.
—¿Que paso? ¿Que sucede? —pregunte preocupada.
—El consejo esta reunido.
—¿El consejo? ¿Que consejo? —dije todavia somnolienta.
—El consejo antiguo, el nuevo… Mis padres estan ahi —solto con voz temblorosa— El va a matarlos —sollozo— Por favor, tienes que hacer algo, Solare.
Parpadee suspirando.
No se acababa algo y comenzaba algo mas.
—Esta bien, Ilare, ire ahi —murmure cansada
No tenia deseos de salvar al hombre que me habia abandonado.
Volvi dentro de la habitacion solo para arreglarme por los menos un poco presentable. Cuando sali del baño ya Mary estaba ahi.
—Buenos dias, Alfa Solare, vine a buscarla para llevarla al almorzar.
—Llevame a la reunion del consejo primero.
Ella abrio los ojos con sorpresa, luego suspiro rendida y asintio.
Caminamos por los pasillos hasta llegar a unas puertas que eran custodiadas por dos alfas.
—Alfa Solare quiere entrar a la reunion.
Uno de los alfas dio un paso hacia nosotros, lo recordaba de la reunion en mi manada, uno de los idiotas que intento agarrarme.
—El rey no ha dicho nada sobre si ella puede estar adentro.
—¿Vas a detenerme? —gruñi— Quitate
El alfa se tenso en su lugar, pero no se movió.
El otro alfa se acerco mirándolo serio.
—Deja que entre.
Se miraron a los ojos por solo segundos, como si se comunicaran, luego se movieron los dos hacia un lado.
—Esperen afuera —les dije a Mary e Ilare.
Ilare parecia querer negarse, me tomo de la muñeca.
—Solare…
Le sonrei
—Tranquila, no dejare que los mate.
Ella parpadeo, la preocupacion grabada en su rostro.
—Tampoco voy a matarlos yo —bufe— No soy rencorosa.
Ilare solto su agarre suavemente.
Sabia que dudaba.
¿Cuantas veces habia soñado con asesinar al hombre que se hacia llamar mi padre?
Soñaba con arrancarle la garganta y verlo ahogarse con su propia sangre.
Ahora ella dejaba su vida en mis manos.
Pobre.
Abri las puertas con fuerza, el silencio reino dentro, todas las miradas en mi, habian mas de veinte personas en el lugar, divididos en dos diferentes mesas. Una en donde estaba el antiguo consejo real y otra donde estaban personas a las que no conocia.
Personas que habian sido traídas por el enigma.
Y el estaba arriba, sentando sobre el trono que alguna vez le perteneció a Damon.
—Mi reina —dijo sonriente— Bienvenida. No pense que nos honrarias con tu presencia.
No respondi.
Pasee mi mirada por la mesa del consejo hasta que lo vi, su mirada clavada en la mia, lo observe temblar en su lugar.
—Solare… —susurro.
Sonrei
—Padre… Que grata sorpresa.