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La Debilidad Del Mafioso

La Debilidad Del Mafioso

Status: En proceso
Genre:Madre soltera / Malentendidos / Traiciones y engaños / Reencuentro / Matrimonio arreglado / Amor-odio
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Dane Benitez

Dasha Lincor es la joven y exitosa heredera de un imperio canadiense, una mujer que usa el trabajo para construir un muro contra el dolor de un pasado trágico. Su única luz son los gemelos, Kiara y Kael, de quienes asume la tutela tras la muerte inesperada de su mejor amiga y madre de los niños. Pero la estabilidad de Dasha es atacada: una batalla legal por la custodia, liderada por una abuela implacable, amenaza con arrebatarle a los niños, forzándola a buscar desesperadamente la imagen de "familia" que el tribunal exige

Azrael Smirnova, el millonario ruso y temido lider de una organización criminal, ve en la desesperación de Dasha su oportunidad. Dasha acepta el pacto de conveniencia, sin sospechar que su esposo no solo es un hombre peligroso, sino que el nexo de Azrael con su pasado es un secreto tan oscuro que podría costarle su " nueva familia"

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CAPITULO 7

Hay golpes que no sirven para destruirte, sino para mostrarte lo fuerte que eres.

DASHA

La cabeza me da vueltas de la confusión. ¿Quién me ha traído? Lo último que recuerdo es haberme desmayado en el parque, nada más. Sin embargo, he despertado en una habitación de hospital con Tristán a mi lado.

—Los niños están bien, así que venga, que ya el médico dijo que podemos ir a casa —me dice Tristán ofreciéndome su mano para ayudarme a bajar de la cama—. Descansarás mejor en casa.

Dejo que mi vista se pierda en el paisaje hasta llegar a la residencia. Guardo bien la carta en el bolsillo de mi abrigo; es un tesoro que conservaré siempre. Intento parecer serena al entrar, ya que lo último que deseo es que los niños me vean así. Tris abre la puerta y una pequeña sonrisa brota de mí al ver a Kiara correr a mis brazos, seguida de Kael.

—Hola, mis amores —me agacho a su altura para abrazarlos.

—Te estábamos esperando, tía Dasha —suelta Kael con una sonrisa que deja ver sus hoyuelos.

Los tomo de las manos y dejo que me guíen hasta la cocina, donde hay unas galletas. Irma, una de las secretarias de la empresa, aparece también.

—Me han dicho que a usted le gustan mucho estas, y a ellos también —me dice.

—¿Cómo se han portado? —le pregunto alzando a Kiara en brazos mientras Kael se sube a la silla de la barra.

—Son unos niños muy bien portados —asegura ella.

—Gracias por haberlos cuidado, Irina.

—No ha sido nada, señorita Lincor.

—Está bien, Irina, si quieres espérame un momento y te llevo a tu casa —interviene Tristán.

—Denle las gracias a Irina y despídanse de ella, niños —les pido, y ellos obedecen.

—Señorita Lincor —dice Irina antes de salir—, en la empresa se le echa de menos.

Me limito solo a sonreír. Vuelvo con los niños cuando la puerta se cierra y cenamos en silencio. Los acuesto después de bañarlos y no tardan nada en quedarse dormidos. Me doy una ducha y, para cuando bajo, me encuentro con Tristán; tiene dos tazas de café sobre la encimera. Me siento frente a él y comienzo a contarle cómo ha ido todo el día. No omito ningún detalle de lo que dijo el abogado ni de lo que decía la carta de Sienna.

—Concuerdo con Sienna, lo harás genial, Dasha —dice él—. Eres lo mejor que tendrán esos niños. Nadie nace sabiendo, cariño, así que ser la madre que ellos necesitan vendrá poco a poco, con la experiencia.

—¿Y si no puedo?

—Como tía lo has hecho y lo estás haciendo muy bien, Dasha —toma mis manos sobre la mesa—. Por eso estoy seguro de que, como madre de esos pequeños, serás la mejor.

Sonrío, intentando por todos los medios convencerme de sus palabras.

—Mañana hablaré con ellos —le dejo saber—. Veré al abogado y, en cuanto tenga todos los papeles en orden, volveré a la empresa el lunes.

—Puedes tomarte el tiempo que necesites, Dasha. Yo te cubriré allí.

—Gracias, Tris, pero necesito hacer algo o perderé la cordura. Los niños volverán al colegio el lunes y no me hallo quedándome sola acá hasta que regresen.

—Haz lo que creas conveniente, sabes que estaré a una llamada de distancia.

—Glorifico el día que acepté tu currículum —bromeo y él me lanza un beso.

—Por cierto, ya que dices que volverás el lunes, debes saber que hay un empresario interesado en las nuevas líneas.

—¿De quién se trata?

—No recuerdo su nombre ahora mismo, pero había quedado en recibirlo el lunes. Aunque si quieres, puedo hacerlo yo.

—No, no, lo haré yo. Me servirá para ocupar la cabeza en otra cosa.

—Vale. Te enviaré todos los detalles de la reunión y pediré que preparen la sala de juntas.

...

Dejo a los niños desayunando en la cocina lo que he pedido a domicilio y voy al salón cuando suena el timbre. Es el señor Parker.

—Buen día, señorita Lincor —me saluda con cortesía.

—Pase y tome asiento, por favor.

Pasamos a la sala y él saca un sobre, tendiéndolo sobre la mesilla.

—¿Están listos ya? —pregunto. Él asiente con una sonrisa.

—Sí, ya es oficial. Puede revisarlo si gusta.

Tomo el sobre y saco las dos actas de nacimiento. El pecho se me estruja al ver los nombres sobre el papel: Kael Lincor y Kiara Lincor.

—Ya los niños están registrados bajo su apellido y en las actas figura usted como madre soltera.

—¿En serio era necesario? —pregunto—. No es que me disguste que lleven mi apellido, es solo que se siente raro ver que el nombre de Sienna y su apellido ya no figuran aquí.

—La entiendo, señorita Dasha, pero no se sienta mal. Si queríamos, podíamos dejar solo la custodia sin el cambio de apellido, pero la petición de Sienna fue muy clara: quería que sus hijos pasaran a ser suyos ante la ley. Por eso hicimos este trámite. Yo me encargaré de los cambios en el colegio y en su seguro.

—Si Sienna lo quería así, me quedo más tranquila entonces.

—El dinero que dejó su amiga será transferido a su cuenta en un par de horas.

—No, no lo depositen en mi cuenta. Quiero que ese dinero vaya en su totalidad a una cuenta de ahorros para los mellizos.

—Pero de allí se cubrirían sus gastos, es...

—No es necesario —lo interrumpo—. Yo me haré cargo de todos sus gastos. Ese dinero será para ellos, para lo que quieran cuando sean grandes. Incluso les ayudaré a duplicarlo, pero será solo suyo. Mis padres me dejaron una herencia que me permite vivir cómodamente y yo me he encargado de hacerla crecer. Si los mellizos son ahora legalmente mis hijos, debo actuar como una madre responsable y hacerme cargo de ellos.

El abogado sonríe.

—Una vez más, su amiga hizo lo correcto al dejarle a sus hijos, señorita Dasha.

—Haré lo mejor que pueda por ellos.

—Sin más que decir por ahora, me retiro. Seguiremos en contacto.

—Hey, se le queda esto —le acerco las dos actas originales.

—No, son suyas. Debe guardarlas en un lugar seguro. Recuerde que a partir de ahora cualquier trámite debe ser hecho por la madre: usted.

Lo acompaño a la puerta y, justo cuando pasamos frente al retrato de Sienna, él se detiene. No paso por alto el brillo en sus ojos al ver la imagen de mi amiga.

—Ella lo consideraba una persona maravillosa —le digo, recordando la carta.

—Fue bueno trabajar para ella —dice con una media sonrisa—. Pase un buen fin de semana, señorita.

Una vez sola, guardo las actas en la caja fuerte de mi despacho antes de volver con los niños.

 Están terminando de desayunar, así que me siento con ellos.

—Chiquillos, debo contarles algo.

Respiro profundo antes de empezar la conversación más difícil de mi vida. Les explico las cosas de la forma más sencilla posible y, para mi sorpresa, ambos tienen una sonrisa en el rostro.

—¡Ahora tendré dos mamás! —exclama Kael parándose en la silla—. ¡Una en el cielo y otra aquí!

—Sí, amor, siempre tendrán a su mamá Sienna.

Aunque Kiara no dice nada, parece gustarle la idea, pues me abraza sin dejar de sonreír. Los adoro tanto. Gracias al cielo, fue más fácil de lo que pensé.

Lunes por la mañana

Disfruto de un sueño reparador como no lo había hecho en días, hasta que algo me interrumpe.

—Ha salido el sol ya... —escucho una vocecita.

¡JODER! Salgo disparada de la cama al ver el reloj. ¡Me he quedado dormida! Los niños entran en veinte minutos al colegio.

—Se me olvidó la alarma —digo tomando a Kael para bajarlo de la cama—. ¡Rápido, se nos hace tarde!

En tiempo récord ya estoy en el auto camino a la escuela.

—Tengo hambre, tía Dasha —dice Kael. Me maldigo internamente; olvidé el desayuno.

—Se los compensaré luego, de verdad lo siento —digo mientras pongo el auto en marcha.

Paso por una cafetería frente al colegio, les compro algo rápido y llegamos cuando la hora de ingreso ya pasó. La maestra me asegura que no hay problema, que entiende la situación.

—Pasen un buen día, mis pequeños —me agacho a abrazarlos—. Estaré aquí a la salida.

—Adiós, tía Dasha —dice Kael antes de tomar la mano de la maestra.

Me giro hacia Kiara. Ella sonríe, pero sigue sin decir una sola palabra. No sé qué hacer.

—Pórtate bien, princesa, ¿sí? —ella asiente, levanta los pulgares y sonríe. Me abraza fuerte antes de irse.

Suelto una bocanada de aire al volver al auto.

—Bien, Dasha, primer día y no has sido del todo responsable —me recrimino.

Me maquillo un poco en el retrovisor antes de conducir a la empresa. La estructura imponente aparece frente a mí; por suerte no queda lejos de la escuela. El encargado de los coches me saluda con gusto y yo le correspondo. Entro al edificio ignorando todo lo que no sea llegar a mi oficina por un litro de café.

—Buen día, jefa —sale Tris desde su despacho—. ¿Cómo amaneces? ¿Cómo están los niños?

—Los he llevado al colegio, pero la alarma no sonó y me he quedado dormida. Se nos hizo tarde y hasta se me pasó el desayuno —suelto sentándome en mi silla.

—¡Oh, Dasha! ¿Acaso los has mandado sin comer?

—Claro que no, he pasado por una cafetería.

—¿Y les has comprado algo para la merienda? —pregunta él. Me llevo las manos a la frente.

—Se me ha olvidado completamente...

—Venga, tú tranquila, ya me encargo yo de enviarles algo.

—Te lo agradezco muchísimo, Tristán. No sé qué harías sin ti.

—Por cierto, la sala de juntas ya está lista. La reunión es en una hora y media.

—¿Cómo me dijiste que se llama?

—Azrael Smirnova —suelta.

Un escalofrío violento me recorre el cuerpo. No tengo idea de por qué ese nombre me afecta así.

—Un nombre potente —digo, asociándolo rápido con su significado oscuro.

—Lo mismo había pensado yo —sonríe antes de salir.

Me quedo sola en mi oficina, intentando ponerme al corriente con los pendientes, pero el nombre de Azrael retumba en mi cabeza.

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ana rosa cobos torres
que hermoso espécimen
Nayeli Chab Rodriguez
Su hija a de ser Sienna
Vidash: Te invito a que no te pierdas de ningún capítulo 🥰🤭🤭
total 1 replies
ShaLop
Hermoso el protagonista 🤭🤭
Ana VR
yo siempre me pregunto, de donde salen estos dioses griegos 😍😍
alegra: loo mismo me preguntó yo🤔🥰
total 2 replies
Tere Jimenez
muy guapo gracias por compartir tu novela
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