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El Monstruo Sin Nombre

El Monstruo Sin Nombre

Status: En proceso
Genre:Venganza / Romance / Mafia
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Black_Dragon

En las heladas tierras de Rusia nació un hombre destinado a conocer el verdadero significado del sufrimiento. Desde su infancia fue arrojado a un mundo de violencia, traición y muerte, donde cada día era una batalla por sobrevivir. Las cicatrices que cubrían su cuerpo eran solo una pequeña muestra de las heridas que consumían su alma. Después de perder todo aquello que alguna vez amó, se convirtió en una sombra de sí mismo: un guerrero despiadado que caminaba entre cadáveres y campos de batalla sin sentir miedo, compasión o esperanza. Para él, el mundo era un infierno interminable, y él mismo era uno de sus demonios. Sin embargo, cuando el destino parecía haber sellado su condena, una mujer apareció en su vida. A diferencia de los demás, ella no vio al monstruo que todos temían, sino al hombre roto que se ocultaba tras años de dolor. Con paciencia, valentía y una determinación inquebrantable, comenzó a derribar los muros que protegían su corazón.

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Capitulo 10: Mi nombre

Aquella cena fue extraña.

Muy extraña.

Y no porque la comida fuera diferente.

No porque la casa fuera diferente.

Ni siquiera porque estuviera sentado junto a personas que apenas conocía.

Lo extraño era lo que sentía.

Calor.

Tranquilidad.

Algo que jamás había experimentado.

Permanecí en silencio observando a aquella familia.

Los gemelos discutían por una tontería.

No entendí exactamente qué había ocurrido.

Solo sabía que uno había tomado algo del otro.

Y ahora ambos parecían convencidos de que el mundo iba a terminar por ello.

—¡Era mío!

—¡No era tuyo!

—¡Sí era mío!

—¡Mentiroso!

La madre soltó una pequeña risa.

El padre simplemente negó con la cabeza mientras seguía comiendo.

Y la chica a mi lado parecía completamente acostumbrada a aquello.

Yo me quedé observando.

Confundido.

Porque nadie gritaba.

Nadie golpeaba a nadie.

Nadie castigaba a nadie.

Simplemente discutían.

Y después seguían hablando como si nada.

¿Así eran las familias?

Era extraño.

Pero me gustaba.

---

Poco después descubrí otro problema.

No sabía comer correctamente.

Durante toda mi vida la comida había sido una necesidad.

Pan.

Agua.

A veces algo más.

Nada complicado.

Nada elegante.

Ahora había cubiertos.

Platos.

Normas.

Y yo no entendía ninguna.

Intenté imitar a los demás.

Fracasé inmediatamente.

La chica me observó unos segundos.

Luego soltó una pequeña risita.

Instintivamente pensé que se estaba burlando.

Pero no era así.

Su sonrisa era demasiado amable.

—No es así.

Tomó suavemente el cubierto.

—Mira.

Se inclinó ligeramente hacia mí.

Mostrándome cómo sujetarlo.

—Así.

Observé sus movimientos.

Intenté repetirlos.

Esta vez funcionó mejor.

—Bien.

Volvió a sonreír.

Aquella sonrisa comenzaba a ser peligrosa.

Porque cada vez que la veía ocurría algo extraño dentro de mi pecho.

Algo que no comprendía.

Algo que jamás me habían enseñado.

---

Cuando la cena terminó, los gemelos fueron enviados a dormir.

La madre los acompañó.

El padre se levantó poco después.

—Buenas noches.

—Buenas noches.

—Buenas noches.

Todos respondieron con naturalidad.

Como si fuera una rutina.

Como si aquello ocurriera cada día.

Probablemente era así.

Y de nuevo me encontré observando algo que nunca había tenido.

Normalidad.

---

La chica me miró.

—Ven.

Asentí.

Y la seguí escaleras arriba.

Llegamos a la habitación.

Entonces comprendí algo.

Solo había una cama.

Me quedé inmóvil.

Ella pareció no darle importancia.

Se quitó los zapatos.

Se acomodó bajo las mantas.

Y me observó.

—¿Qué pasa?

—Nada.

Mentira.

Todo pasaba.

Porque era una chica.

Yo lo sabía.

Y aunque apenas entendía las diferencias entre hombres y mujeres, estaba bastante seguro de que dormir juntos no era algo normal.

Al menos eso creía.

Pero ella parecía completamente tranquila.

Como si fuera la cosa más natural del mundo.

Finalmente me acosté.

Lo más lejos posible.

Pegado al borde de la cama.

Ella soltó una pequeña risa.

—No voy a morderte.

No respondí.

Solo observé el techo.

Intentando dormir.

Sin conseguirlo.

---

Escuché su respiración volverse lenta.

Constante.

Ya estaba dormida.

Yo seguía despierto.

Mirando la oscuridad.

Pensando.

Siempre pensando.

¿Por qué me ayudaban?

¿Por qué me habían recibido?

¿Por qué aquella chica seguía sonriendo?

No tenía sentido.

Nada tenía sentido.

Y sin embargo...

No quería que terminara.

Por primera vez en mucho tiempo deseaba que llegara un mañana.

Ese pensamiento me acompañó hasta que finalmente me quedé dormido.

---

Cuando desperté, ella ya no estaba.

Abrí los ojos lentamente.

La cama estaba vacía.

La habitación también.

Me incorporé.

Y salí.

El aroma de comida llegó inmediatamente.

Bajé las escaleras.

La madre estaba cocinando.

Tarareando una canción.

Cuando me vio sonrió.

Aquella familia sonreía demasiado.

—Buenos días.

No estaba acostumbrado a que me saludaran.

—Buenos días.

Mi respuesta salió torpe.

Ella pareció divertida.

—Rose está afuera.

Parpadeé.

—¿Rose?

—Mi hija.

Ah.

La chica.

Rose.

Por alguna razón el nombre le quedaba perfectamente.

---

Salí al patio trasero.

El aire era frío.

Pero agradable.

Muy diferente al frío de la mansión.

Entonces la vi.

Estaba recogiendo huevos de un pequeño gallinero.

Tarareando igual que su madre.

Cuando notó mi presencia levantó la vista.

Y sonrió.

Otra vez.

Siempre sonreía.

—Buenos días.

—Buenos días.

Me acerqué.

Sin saber muy bien qué hacer.

Entonces vi una cesta medio vacía.

Así que simplemente comencé a ayudarla.

Rose pareció sorprendida.

Pero también feliz.

---

Durante unos minutos trabajamos en silencio.

Hasta que ella habló.

—Por cierto.

La observé.

—¿Cuál es tu nombre?

La pregunta me golpeó más fuerte de lo que esperaba.

Mi nombre.

No tenía uno.

Nunca había tenido uno.

Solo un apodo.

Una burla.

Una etiqueta.

Proklyatyy Málchik.

Niño Maldito.

Pero aquello no era un nombre.

Era una condena.

Bajé la mirada.

—No tengo nombre.

Rose parpadeó.

—¿Cómo que no tienes nombre?

—No tengo.

Ella pareció pensar unos segundos.

—Entonces te llamaré Niño.

Negué inmediatamente.

—No.

—¿Por qué?

—Suena raro.

Rose soltó una pequeña risa.

—Tienes razón.

Su expresión se volvió pensativa.

Muy pensativa.

Tanto que incluso dejó de recoger huevos.

---

Pasaron varios segundos.

Luego un minuto.

Y de repente sus ojos brillaron.

—¡Ya sé!

Me señaló.

—Leon.

—¿Leon?

—Sí.

—¿Por qué?

Ella sonrió.

Aquella sonrisa cálida que parecía iluminar todo a su alrededor.

—Porque leí en un libro que los leones son fuertes.

Se acercó un poco más.

—Y tú eres fuerte.

El mundo se quedó extrañamente silencioso.

La observé.

Ella me observó.

Cara a cara.

Tan cerca que podía ver perfectamente sus ojos.

Aquellos ojos amables.

Aquellos ojos que jamás me miraban con miedo.

Y por primera vez en mi vida sentí calor en el rostro.

Muchísimo calor.

Desvié la mirada inmediatamente.

Confundido.

Rose soltó una risita.

—Entonces está decidido.

—Te llamarás Leon.

Leon.

Repetí el nombre mentalmente.

Una vez.

Dos veces.

Tres veces.

No era un apodo.

No era una burla.

No era una orden.

Era un nombre.

Mi nombre.

El primero que alguien me daba con cariño.

Y mientras Rose seguía sonriendo frente a mí, acepté algo que jamás pensé aceptar.

—Está bien.

Ella sonrió todavía más.

Y por alguna razón...

Yo también.

Aunque apenas fuera un poco.

Después de todo, aquel día no solo había encontrado un hogar.

También había encontrado quién quería ser.

Leon.

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