Bajo el cielo de Madrid
Camila viaja a España con su pequeña hija buscando una nueva oportunidad. Lo que nunca imaginó era que su vida cambiaría al conocer a Nicolás Ferrer, uno de los futbolistas más importantes del mundo.
Él lo tiene todo... excepto paz. Ella solo busca empezar de nuevo. Pero cuando el destino insiste en cruzar sus caminos, ambos deberán decidir si están dispuestos a arriesgarlo todo por un amor que nunca debió existir.
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Celos silenciosos
Capítulo 19: Celos silenciosos
El viernes amaneció con un cielo completamente despejado sobre Madrid. En el Grupo Ferrer no era un día cualquiera. Después de semanas de preparación, finalmente había llegado la gala benéfica organizada por la fundación de Nicolás Ferrer.
Desde las primeras horas de la mañana, el salón era un ir y venir de empleados, decoradores y técnicos. Camila revisaba cada detalle con la misma dedicación de siempre.
—¿Ya comprobaste las mesas? —preguntó Laura.
—Dos veces.
—¿Y la lista de invitados?
—También.
Laura sonrió satisfecha.
—Sabía que podía confiar en vos.
Camila respiró aliviada. Todo estaba listo.
Al caer la tarde comenzaron a llegar los primeros invitados.
Empresarios, periodistas, deportistas y representantes de distintas fundaciones ocupaban lentamente el enorme salón decorado con luces cálidas y flores blancas.
Camila se había cambiado para la ocasión. Llevaba un vestido azul oscuro de tirantes, sencillo y elegante, con el cabello castaño claro recogido en un moño bajo. No buscaba llamar la atención, pero su elegancia natural hacía que muchas miradas se posaran sobre ella.
Cuando Nicolás entró al salón vestido con un impecable esmoquin negro, la vio inmediatamente.
Durante unos segundos dejó de escuchar las conversaciones a su alrededor.
Simplemente la observó.
Laura, que estaba a su lado, sonrió al notar la escena.
—¿Qué pasa?
Nicolás reaccionó.
—Nada.
Pero sí pasaba algo.
Camila estaba preciosa.
La gala comenzó con un cálido aplauso.
Nicolás subió al escenario para agradecer la presencia de todos y presentar los nuevos proyectos solidarios de la fundación.
Su discurso emocionó a los asistentes.
Camila lo observaba desde un costado del salón.
Era muy distinto al hombre que aparecía en las portadas de las revistas.
Hablaba con humildad.
Con pasión.
Y eso la hacía admirarlo todavía más.
Al terminar, el salón estalló en aplausos.
Enseguida comenzaron las entrevistas.
Periodistas y fotógrafos rodearon a Nicolás.
Entre ellos apareció Alba Medina, una reconocida presentadora deportiva.
—¡Nicolás! Una foto para la revista.
Él aceptó con una sonrisa profesional.
Alba tomó su brazo mientras los fotógrafos disparaban decenas de flashes.
Desde el otro lado del salón, Camila levantó la vista justo en ese momento.
Observó la escena durante unos segundos.
Sintió una punzada en el pecho.
No tenía motivos.
Nicolás era libre.
Podía hablar con quien quisiera.
Aun así, no pudo evitar sentirse incómoda.
Bajó la mirada y continuó revisando unas carpetas.
Un rato después, Nicolás consiguió alejarse de la prensa.
Instintivamente buscó a Camila con la mirada.
La encontró organizando unos documentos cerca del escenario.
Se acercó.
—¿Todo salió bien?
Ella sonrió con educación.
—Sí. Fue un éxito.
—Gran parte es gracias a vos.
—Solo hice mi trabajo.
Nicolás notó que su voz era diferente.
Más fría.
Más distante.
—¿Estás bien?
—Claro.
Pero él sabía que no era verdad.
En ese momento Laura volvió a llamarla.
—Camila, necesitamos acomodar las mesas del sector VIP.
—Ya voy.
Ella se marchó rápidamente.
Nicolás permaneció inmóvil observándola.
No entendía qué había cambiado.
La gala continuó entre música en vivo y conversaciones elegantes.
Mientras los invitados disfrutaban de la cena, Camila seguía pendiente de que todo funcionara correctamente.
Cada tanto levantaba la vista.
Y casi siempre encontraba a Nicolás mirándola.
Él también parecía buscarla entre la multitud sin darse cuenta.
En un momento, sus miradas volvieron a cruzarse.
Esta vez ninguno sonrió.
Solo permanecieron unos segundos observándose.
Como si ambos quisieran decir algo que todavía no encontraban el valor de expresar.
Muy cerca de ellos, la orquesta comenzó a tocar una melodía lenta.
Varias parejas se dirigieron hacia la pista de baile.
Camila observó la escena apenas unos segundos antes de volver al trabajo.
No imaginaba que, en pocos minutos, esa misma música cambiaría el rumbo de su historia para siempre.
Continuará...