Valeria solo quería encajar. Por eso aceptó ir a esa fiesta con sus compañeras de universidad, sin sospechar que su presencia molestaba más de lo que creía. Su brillante expediente académico y la atención involuntaria del chico más codiciado del campus la habían convertido en el blanco de una envidia silenciosa. Esa noche, una trampa meticulosamente diseñada destruyó su reputación en cuestión de horas y alteró el curso de su vida para siempre.
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Capítulo XXII Confesiones
El beso comenzó a profundizarse, volviéndose una marea lenta y sofocante que les hizo perder el control a ambos. Las manos de Dante, aún impregnadas por el calor de la ducha, recorrieron con una devoción casi reverente la cintura y la espalda de Valeria, guiándola instintivamente hacia la inmensa cama.
Cuando el cuerpo de Valeria rozó la suavidad de las sábanas y sintió el peso cálido de Dante sobre ella, una corriente de pánico helado le atravesó el pecho. La realidad la golpeó de golpe y abrió los ojos, sintiendo que el corazón le latía desbocado contra las costillas.
—Es… espera, por favor —logró decir, apenas con un susurro que tembló en el aire.
Dante se detuvo al instante. La confusión nubló sus ojos oscuros mientras la miraba desde arriba, intentando descifrar el temor en su rostro.
—¿Pasa algo? —preguntó, con la respiración entrecortada.
—Es que… —las palabras se le quedaron atoradas en la garganta, quemándole por dentro.
Creyendo que la estaba presionando o que ella actuaba por simple compromiso, el rostro de Dante se endureció. Se separó de ella con brusquedad, girándose para sentarse en el borde de la cama mientras se pasaba las manos por el cabello húmedo, frustrado consigo mismo.
—Vete, Valeria —dijo con la voz áspera y fría—. Si no quieres esto, no estás obligada a hacerlo. No voy a tomar nada que no quieras darme.
Valeria se incorporó despacio, quedándose sentada a su lado. El silencio de la habitación pesaba como una losa mientras ella buscaba hasta la última gota de valentía dentro de sí para revelar aquel último secreto.
—No… no es que no lo desee —confesó con el hilo de voz que le quedaba—. Muero por estar contigo, Dante… por hacer que este matrimonio sea real en todos los sentidos, pero…
La voz se le volvió a cortar, incapaz de articular la verdad.
Dante se giró para mirarla a los ojos, pero ella esquivó su mirada de inmediato, fijándola en sus propias manos enlazadas sobre el regazo. Él suspiró, suavizando el tono al ver la vulnerabilidad de su esposa.
—Dime lo que sea. Sabes que puedes confiar en mí, Valeria —le aseguró con firmeza—. Y si tiene que ver con tu pasado, te juro que no me importa. No soy de ese tipo de hombres que necesita ser el primero en la vida de una mujer.
Valeria dejó escapar una risa amarga y nerviosa, apretando los nudillos.
—A eso me refiero, Dante… yo… yo no…
—Te dije que eso no me importa —insistió él, creyendo sinceramente que intentaba protegerla de algún fantasma de su pasado—. Tu pasado es eso, solo pasado.
—¡Es que ese es el problema! —exclamó ella, armándose de valor y mirándolo por fin a los ojos con las mejillas ardiendo—. Tú eres un hombre experimentado, un hombre que ha vivido y que seguro está acostumbrado a mujeres que saben perfectamente qué hacer… y yo no tengo idea de nada. ¿Me entiendes? Nada.
Dante la miró en completo silencio, completamente sorprendido. Valeria continuó atropelladamente, descargando todo el peso que llevaba en el pecho:
—Toda mi vida se me fue cuidando a mi hermano, sirviendo en esa casa para Esperanza y matándome estudiando para lograr entrar a una universidad. Nunca tuve tiempo para pensar en novios, ni en salir, ni en… en esto. No tengo experiencia, Dante.
Dante pestañeó un par de veces mientras procesaba la revelación de su esposa. Una chispa de asombro y absoluta fascinación iluminó sus ojos oscuros, y sin poder evitarlo, una sonrisa cálida y una ligera risa de incredulidad se le escapó del pecho.
A Valeria se le cayó el mundo encima. Creyendo que se estaba burlando de su ingenuidad, sintió una punzada de humillación que le encendió la sangre.
—Sé que sueno como una tonta, pero tampoco es para que te burles de mí —dijo con un nudo de rabia en la garganta.
Se levantó de la cama a toda prisa, dispuesta a huir de la habitación sintiéndose ridícula, pero Dante fue más rápido. Su mano rodeó la muñeca de Valeria con una firmeza suave y, de un solo tirón decidido, la atrajo de regreso hasta hacerla caer sentada directamente sobre sus piernas.
Valeria ahogó un suspiro al sentir nuevamente el calor de su piel descubierta. Dante la envolvió por la cintura, pegándola a su pecho y mirándola con una ternura tan profunda y ardiente que le quitó el aliento.
—No eres ninguna tonta, mi amor —murmuró él cerca de sus labios, con la voz vuelta pura seda—. Y en cuanto a no tener experiencia… me va a encantar ser yo quien te enseñe absolutamente todo.
Sin darle tiempo a dudar, Dante se adueñó de la boca de Valeria en un beso lento, dulce y ferozmente apasionado. Ella dejó escapar un gemido ahogado contra sus labios, un sonido suave que terminó de encender el fuego implacable que quemaba dentro de él.
se me hizo tan corta y muy buena 👍😍