Laura lo tenía todo: un esposo millonario, una carrera exitosa, y el amor de sus hijos. Pero el pasado no perdona. Y el suyo está a punto de volver para cobrarse el precio.
Un viaje soñado a Colombia se convierte en la peor de las pesadillas. Los Zetas los secuestran. Andrés, su hijo de cuatro años, es arrancado de sus brazos. Y Valeria, la ex esposa de Alfred, ha vuelto de la cárcel con una sola misión: hacerle pagar cada minuto que pasó encerrada.
En medio de la selva, sin armas, sin aliados y sin esperanza, Laura deberá tomar el mando. No es una heroína. Nunca quiso serlo. Pero cuando se trata de proteger a los suyos, no hay línea que no esté dispuesta a cruzar.
"El precio de tu amor 2: El regreso" — una novela de acción, romance y supervivencia. La espera terminó. La venganza comenzó.
NovelToon tiene autorización de Baudilio Smith Burgos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 10: La Espera.
CAPÍTULO 10: "La espera"
Las horas pasaron lentas. Laura se turnaba con Alfred para vigilar la puerta de la iglesia. Daniela y Sofía cuidaban de Andrés. Los otros dos secuestrados, una mujer llamada Patricia y un hombre llamado Roberto, descansaban en los bancos.
—¿Crees que vendrá alguien a buscarnos? —preguntó Patricia, con la voz débil.
—Margaret dijo que sí —respondió Laura.
— ¿Y si los Zetas llegan primero?
—Entonces nos escondemos.
— ¿Dónde? Esto es una iglesia, no tiene sótano.
Laura la miró con la seguridad de siempre.
—Confía en mí. Van a venir a rescatarnos.
Patricia no respondió, pero bajó la mirada. Al mediodía, un hombre entró a la iglesia. Era mayor de unos sesenta años, con la piel curtida por el sol y las manos callosas.
—El padre no está —dijo, mirándolos con desconfianza—. Se fue a la ciudad.
—No buscamos al padre —respondió Laura—. Buscamos refugio.
— ¿De quién huyen?
—De unos hombres armados.
El hombre arqueó una ceja.
— ¿De los Zetas?
—Anjá, ¿Los conoce?
—Aquí todos los conocemos porque ellos vienen, roban y se van. Pero lo bueno es que nunca se quedan.
—Esta vez pueden quedarse, porque nos están buscando.
El hombre guardó silencio.
— ¿Cuánto tiempo necesitan?
—Hasta que llegue la ayuda.
— ¿Y si no llega?
—Llegará, eso yo se lo garantizo.
El hombre la miró largamente. Luego asintió.
—Hay un sótano detrás del altar—dijo—. No es grande, pero pueden esconderse sin problemas.
—Gracias.
—No me agradezca. Solo quiero que se vayan antes de que los Zetas los descubran, y destruyan el pueblo.
El sótano era pequeño y oscuro, olía a humedad. Laura encendió la linterna de su teléfono. La batería estaba en rojo, marcando el quince por ciento.
—Dos días más —murmuró—. Tiene que alcanzar.
— ¿El qué? —preguntó Alfred.
—La batería tiene poca carga.
— ¿Y cuándo se apague?
—Entonces usaremos la imaginación.
Alfred sonrió. Era la primera vez que Laura lo veía sonreír desde el secuestro.
— ¿Te acuerdas de cuando nos conocimos?
—preguntó él.
—Sí.
— ¿Y de lo que me dijiste?
—No.
—Dijiste: "No necesito un héroe. Necesito un compañero".
Laura lo miró.
—Y lo encontré.
Se abrazaron en la oscuridad. En el campamento, Iván recibió una llamada.
—Los encontramos —dijo el hombre del otro lado—. Están en un pueblo llamado el Triunfo.
— ¿Seguro?
—Seguro. Un habitante nos llamó. Dijo que una mujer rubia andaba pidiendo un teléfono.
Iván sonrió.
— ¿Ves, Valeria? Dijiste que era astuta, pero no lo suficiente.
Valeria no respondió. Estaba mirando el mapa.
— ¿Cuántos hombres tenemos?
—Suficientes.
—Que rodeen el pueblo. No quiero que nadie entre ni salga.
— ¿Y la iglesia?
—La iglesia es donde tienen que buscar primero, porque ahí es donde la gente se esconde.
Iván dio la orden.
—Salgan ahora. Recuerden que quiero a Laura viva.
En la iglesia Laura no podía dormir. Algo le decía que el peligro estaba cerca. Se paró frente a la puerta y miró hacia la calle. El sol se ponía y las sombras se alargaban.
— ¿Todo bien? —preguntó Alfred, a sus espaldas.
—No.
— ¿Tienes algún presentimiento?
—Sí. Presiento que van a venir.
— ¿Esta noche?
—Esta noche.
Alfred tomó su mano.
—Entonces los esperamos.
— ¿Y si son muchos?
—Seremos más.
—No, Alfred, no seremos más.
—Pero seremos más rápidos.
Laura lo miró.
—Eres un tonto pero te quiero.
—Yo también.
Detrás de ellos, Andrés y Sofía dormían. Daniela, Patricia y Roberto también. La noche cayó sobre el pueblo. Y en la oscuridad, los Zetas se acercaban a El Triunfo. En ese momento Laura tuvo una incertidumbre…
— ¡Dios mío!, ¿Quién llegará primero? ¿La ayuda de Margaret o los hombres de Iván?
Entonces volvió a repetirse algo que había concientizado, desde que se convirtió en madre. ¡Si logran encontrarnos que no piensen que apresarnos va a ser un paseo. ¡Si llegara ese momento, Ios Zetas van a saber lo que es capaz una madre, para defender a sus hijos!