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EL SUSURRO DEL BOSQUE

EL SUSURRO DEL BOSQUE

Status: En proceso
Genre:Posesivo / Mundo de fantasía
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Lariel Flowers

Holaaa regrese con una nueva hosyrtoa que espero que les encante

NovelToon tiene autorización de Lariel Flowers para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

7

El sendero se volvió cada vez más estrecho conforme se internaban entre los árboles. La luz del sol apenas conseguía atravesar el espeso follaje, dibujando pequeños destellos dorados sobre el suelo cubierto de hojas.

Laira caminaba unos pasos delante de Asterion.

De vez en cuando se detenía para recoger alguna planta o examinar una flor con el mismo cuidado con el que un joyero observa una piedra preciosa.

—No… todavía no —murmuró mientras soltaba una rama de hojas plateadas—. Le falta una semana para florecer.

Continuó caminando hasta encontrar un grupo de pequeñas flores violetas.

Sus ojos se iluminaron.

—Estas sí.

Se arrodilló sobre la tierra.

Con delicadeza apartó el cabello hacia un lado para que no estorbara mientras inclinaba la cabeza.

Fue entonces cuando Asterion la vio.

Justo debajo de la nuca.

Oculta entre los mechones castaños.

Una marca.

No era una cicatriz.

Tampoco un tatuaje.

Parecía un antiguo símbolo grabado directamente sobre su piel.

Tres líneas curvas rodeaban un pequeño círculo dorado que emitía un brillo tan tenue que cualquier otra persona habría pensado que era un simple reflejo del sol.

Pero él sabía que no lo era.

Su respiración se detuvo durante un instante.

—No puede ser...

Había visto aquel símbolo siglos atrás.

En manuscritos prohibidos.

En ruinas anteriores al nacimiento del Imperio.

Era una marca que jamás debía volver a aparecer.

Laira, ajena a la mirada del Archimago, terminó de cortar las flores.

—¿Ocurre algo?

Asterion recuperó la compostura de inmediato.

—Nada.

Mentía.

Aquello lo cambiaba todo.

Mientras ella guardaba las plantas en su cesta, el Archimago volvió a observar discretamente la marca.

No...

No podía equivocarse.

"¿Quién eres realmente?"

Un viento helado atravesó el bosque.

Los pájaros dejaron de cantar.

Las hojas comenzaron a girar formando pequeños remolinos alrededor del sendero.

Asterion alzó lentamente la cabeza.

Demasiado tarde.

Tres figuras encapuchadas descendieron desde las ramas como sombras vivientes.

No caminaban.

Flotaban.

Sus rostros permanecían ocultos bajo máscaras de madera negra.

Una de ellas levantó una mano.

Del suelo surgieron gruesas raíces que atraparon los tobillos de Laira.

—¡¿Qué...?!

La joven apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que otra sombra apareciera detrás de ella.

Una mano cubierta por un guante oscuro se cerró sobre su boca.

—La Heredera nos pertenece.

Asterion dio un paso al frente.

Su expresión no cambió.

Pero el aire alrededor comenzó a vibrar.

—Suéltenla.

La figura encapuchada soltó una risa seca.

—El Bosque Oscuro reclama lo que es suyo.

Las sombras comenzaron a envolver a Laira.

Su cuerpo desaparecía poco a poco entre aquella oscuridad líquida.

Entonces...

Las runas bajo los pies del Archimago estallaron.

El bosque entero tembló.

Las ramas de los árboles se inclinaron como si una tormenta invisible hubiera caído sobre ellas.

Los encapuchados quedaron inmóviles.

No por decisión propia.

Sino porque el espacio alrededor de ellos había dejado de obedecer las leyes del mundo.

Asterion caminó despacio.

Sin prisa.

Como si aquellos seres no representaran amenaza alguna.

—Han cometido un error.

Su voz fue tan serena que resultaba mucho más aterradora que un grito.

Con un ligero movimiento de su mano derecha...

Uno de los secuestradores salió despedido contra un enorme roble.

El impacto partió el tronco por la mitad.

El segundo intentó escapar.

Nunca lo consiguió.

Un círculo de fuego azul apareció bajo sus pies.

Desapareció envuelto en una columna de luz.

El tercero sujetó con más fuerza a Laira.

—¡No te acerques!

Asterion ni siquiera respondió.

Lo observó durante un segundo.

Después...

El encapuchado cayó de rodillas.

Comenzó a gritar.

No había fuego.

No había sangre.

Solo un dolor invisible que lo hacía retorcerse sobre el suelo.

Laira aprovechó el momento para soltarse y retroceder varios pasos.

Todo terminó en cuestión de segundos.

Los tres atacantes huyeron perdiéndose entre la espesura.

Asterion ni siquiera intentó perseguirlos.

Sabía que regresarían.

Laira respiraba agitadamente.

Todavía trataba de comprender lo ocurrido.

—¿Quiénes eran?

—No importa.

—Claro que importa.

—Lo único importante es que vuelvan a intentarlo.

Ella frunció el ceño.

—¿Y por qué iban a querer secuestrarme?

Asterion guardó silencio.

No podía responder esa pregunta.

Porque él mismo aún no conocía la respuesta.

Observó a la joven acomodar nuevamente las plantas dentro de la cesta.

Ni siquiera parecía consciente de lo cerca que había estado de desaparecer.

Y, por primera vez en siglos...

Un pensamiento completamente absurdo cruzó por la mente del Gran Archimago.

"Es igual que una gallina tratando de cuidar a un pollito..."

Negó para sí mismo.

No.

Peor.

"Yo soy la gallina..."

Miró a Laira, que en ese preciso momento se alejaba del sendero para recoger otra planta.

"...y ella es un pollito tan ingenuo que sería capaz de acercarse a un lobo solo porque le parecieron bonitas las flores que crecían a su alrededor."

Aquella idea le resultó ridícula.

Molesta.

Inaceptable.

Él, el Gran Archimago del Imperio...

Protegiendo a una campesina distraída.

Soltó un leve suspiro.

—Laira.

Ella volvió la cabeza.

—¿Sí?

—No se aleje más de tres pasos de mí.

Ella sonrió con una inocencia desesperante.

—¿Está preocupado por mí?

Asterion respondió sin mirarla siquiera.

—Estoy preocupado por el tiempo que perdería si tuviera que volver a salvarla.

Laira soltó una pequeña risa.

—Claro... eso sonó muy convincente.

Y, por primera vez en mucho tiempo, Asterion descubrió algo todavía más peligroso que la magia antigua.

Aquella muchacha tenía la extraña capacidad de hacerlo perder la paciencia... y eso era un poder que ningún hechizo le había otorgado jamás.

1
Maria Luisa Campa Rosabal
me gusta
Ana19
Me ha encantado el comienzo
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