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LA MUJER DEL AVERNO

LA MUJER DEL AVERNO

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Villana / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:873
Nilai: 5
nombre de autor: MeilymCZ

Belleza Angelical, Inteligencia Peligrosa.

Desde niña, Haniel descubrió que una sonrisa podía abrir puertas y que una mirada podía hacer que los demás olvidaran sus propias intenciones. A los dieciséis años solo soñaba con vivir una vida extraordinaria junto a sus mejores amigas.
Pero crecer cambiaría las reglas.
Entre secretos, hombres, dinero, traiciones y poder, Haniel aprenderá que su mayor arma no es su belleza… Sino la facilidad con la que consigue que todos crean en su inocencia.
Porque hasta los ángeles pueden tener un lugar en el Averno.

NovelToon tiene autorización de MeilymCZ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cap2

Haniel ya había aprendido algo que no se enseñaba en ningún colegio:

Las personas podían ser predecibles, no todas. Pero sí la mayoría.

Había quienes buscaban aprobación, quienes necesitaban sentirse importantes, quienes tenían miedo de quedarse solos y quienes podían hacer cualquier cosa por recibir un poco de atención.

Haniel todavía no sabía ponerles nombre a esas debilidades. Pero sabía reconocerlas y sabía utilizarlas.

No siempre lo hacía con malas intenciones.

A veces simplemente le divertía comprobar hasta dónde podía llegar.

Aquella tarde, las tres estaban en la cafetería del colegio, sentadas en una mesa apartada.

Olivia hablaba emocionada sobre una fiesta que tendría lugar el sábado.

—Va a ir todo el mundo.

—Eso dices siempre —respondió Zamira.

—Porque siempre termina yendo todo el mundo.

Haniel escuchaba mientras revisaba distraídamente su teléfono.

—¿Y quién la organiza?

—Los hermanos Salvatierra.

Haniel levantó la mirada.

—¿Los que viven en la casa grande?

Olivia asintió.

—Esos mismos.

Zamira sonrió.

—Ya sé esa cara.

—¿Cuál?

—La cara que pones cuando estás pensando en hacer algo.

Haniel soltó una pequeña risa.

—No estoy pensando en nada.

—Haniel.

—Está bien.

Dejó el teléfono sobre la mesa.

—Quiero ir.

—¿Y cuál es el problema? —preguntó Olivia.

Haniel suspiró.

—Mi madre.

Las tres guardaron silencio.

Doña Irina no era una mujer fácil de convencer. Quería a su hija, pero también sabía perfectamente de qué era capaz cuando se le metía una idea en la cabeza.

—Dile la verdad —propuso Zamira.

Haniel la miró como si hubiera dicho la cosa más absurda del mundo.

—¿Y perder la oportunidad de mentir?

Olivia comenzó a reír.

—No puedo creer que seas así.

—No soy así.

—Eres exactamente así.

Haniel sonrió.

—Solo necesito una buena estrategia.

Y la encontró.

Esa misma noche, cuando Doña Irina estaba preparando la cena, Haniel entró a la cocina con una expresión tranquila.

No pidió permiso inmediatamente.

Primero ayudó a poner la mesa.

Después preguntó por su día.

Le contó algo divertido del colegio.

Esperó.

Cuando su madre estaba de buen humor, lanzó la pregunta.

—Mamá, el sábado unas amigas quieren hacer una reunión.

Doña Irina continuó cocinando.

—¿Dónde?

Haniel respondió con naturalidad.

—En casa de una compañera.

(No era exactamente mentira)

Solo omitía algunos detalles.

—¿Quiénes van?

Haniel mencionó varios nombres.

—¿Y a qué hora regresas?

—Antes de las once.

Doña Irina la observó.

—¿Segura?

Haniel sonrió.

—Segura.

Su madre suspiró.

—Está bien.

Haniel casi sonrió demasiado.

—Gracias.

Subió a su habitación y cerró la puerta.

Inmediatamente tomó el teléfono.

Conseguido.

Olivia respondió primero.

Sabía que podías.

Zamira escribió:

¿Qué le dijiste?

Haniel sonrió frente a la pantalla.

La verdad.

Pasaron unos segundos.

Eso es imposible.

Haniel soltó una carcajada.

Las tres comenzaron a escribir al mismo tiempo, así eran ellas. Un pequeño grupo que había comenzado casi por casualidad y que ahora parecía imposible de separar.

Pero esa noche ocurrió algo distinto.

Haniel recibió un mensaje de un muchacho del colegio, era uno de los estudiantes más conocidos. Guapo, seguro de sí mismo y acostumbrado a que las chicas intentaran llamar su atención.

Le había escrito varias veces.

Ella casi nunca respondía.

No porque no le gustara.

Precisamente por eso.

Le gustaba saber que él insistía.

¿Vas a la fiesta?, preguntó él.

Haniel miró el mensaje.

Podía responder simplemente que sí.

Pero decidió jugar un poco.

No sé.

(La respuesta llegó inmediatamente)

Tienes que ir.

Haniel sonrió.

¿Por qué?

(Tardó menos de un minuto)

Porque quiero verte.

Haniel dejó el teléfono sobre la cama.

No necesitaba responder.

Ya había conseguido lo que quería.

La atención.

La confirmación.

El pequeño placer de saber que alguien esperaba verla y aquella sensación comenzó a gustarle demasiado.

Al día siguiente, durante el recreo, el muchacho se acercó a ella.

—Entonces, ¿vas?

(Haniel lo miró.)

—Quizás.

—¿Qué tengo que hacer para convencerte?

Ella inclinó ligeramente la cabeza.

—No lo sé.

—Puedo pasar por ti.

—No.

—Entonces puedo conseguirte una invitación especial.

(Haniel sonrió.)

—Ya tengo invitación.

(El muchacho se quedó pensando.)

—Entonces dime qué quieres.

Haniel lo observó durante unos segundos.

No quería nada.

Ese era precisamente el punto.

Quería comprobar cuánto estaba dispuesto a hacer por ella.

—Sorpréndeme.

Y se marchó.

Olivia, que había presenciado todo desde lejos, se acercó.

—Tú eres peligrosa.

Haniel se encogió de hombros.

—Solo estaba hablando.

(Zamira apareció detrás de ellas.)

—No.

(Haniel la miró.)

—¿No qué?

—Tú sabías perfectamente lo que estabas haciendo.

Por primera vez, Haniel no respondió.

Porque sabía que Zamira tenía razón.

No había obligado al muchacho a hacer nada.

No le había prometido nada.

Ni siquiera le había pedido algo.

Simplemente había descubierto que podía moverlo con unas cuantas palabras.

Y aquello le produjo una sensación extraña.

No era amor, tampoco era atracción.

Era poder.

Uno pequeño.

Inofensivo.

O eso creyó.

Esa noche, frente al espejo, Haniel se arregló para la fiesta. Se observó durante unos segundos, el vestido, el cabello, los labios, la mirada, sonrió.

Había algo en ella que todavía no comprendía completamente.

La gente veía su belleza.

Sus amigas veían su carácter.

Su familia veía a una muchacha que necesitaba aprender a comportarse.

Pero nadie veía todavía todo lo que Haniel podía llegar a ser.

Y quizás ni siquiera ella lo sabía.

Tomó su bolso y salió de la habitación.

—¿Lista? —preguntó Olivia desde la puerta.

(Haniel sonrió.)

—Siempre.

Las tres salieron juntas, sin saber que aquella noche sería el comienzo de muchas otras.

Porque a partir de entonces, Haniel comenzaría a descubrir que conquistar la atención de alguien era fácil.

Lo difícil sería aprender qué hacer después de tenerla.

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